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  • De la percepcin popular a la reflexin erudita. La transmisin de la cultura de la catstrofeen la Espaa del siglo XVIII

    ISSN 1773-0023

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    De la percepcin popular a la reflexin erudita. La transmisin dela cultura de la catstrofe en la Espaa del siglo XVIII

    El temor a las consecuencias que pueda deparar cualquier tipo de catstrofe es algo

    consustancial al ser humano. A lo largo de los siglos, las sociedades siempre han estadoatentas, entre otros motivos de preocupacin y alarma, a los episodios atmosfricos o

    naturales de carcter extraordinario con el fin de poder, si no conjurar los efectos

    desastrosos que suelen deparar s, al menos, minimizarlos en la medida de lo posible1.De ah que tambin tuvieran especial inters en trasmitir, ya fuera oralmente o por

    escrito, lo que la observacin y la experiencia les haban ido enseando con el fin degarantizar la seguridad de vidas y haciendas. Y ello tiene su evidente reflejo en la

    documentacin oficial que histricamente se ha ido generando y que se traduce, por

    ejemplo, en infinidad de actas de cabildo, informes de expertos, peticiones de socorro o derebaja de impuestos, cartas, recomendaciones, memoriales e, incluso, resoluciones del

    Consejo de Castilla. La documentacin oficial surgida como consecuencia de este tipo deacontecimientos, junto con las decisiones adoptadas por las instancias polticas de turno y

    Este estudio se ha elaborado en el marco del proyecto de investigacin denominado Catstrofesnaturales, ciencia, tcnica y poltica en la Espaa mediterrnea durante el siglo XVIII (HUM2006-08769), que cuenta con financiacin del Ministerio de Educacin y Cultura del Gobierno de Espaa y delos fondos FEDER.1 Rodrguez Snchez, A. y Roodrguez Cancho, M., El miedo y la catstrofe en la Edad Moderna(aproximacin metodolgica), en Castillo, A., Forcadell, C., Garca-Nieto, M C. y Prez Garzn, J. S.(Coords.), Estudios de Historia de Espaa. Homenaje a Manuel Mun de Lara, UniversidadInternacional Menndez Pelayo, Madrid, 1981, p. 417-433. Delumeau, J., La peur en Occident, XVIe-XVIIIe sicles, Fayard, Pars, 1978. Muchembled, R., Societ, cultures et mentalits dans la Francemoderne. XVIe-XVIIIe sicles, Armando Colin, Pars, 1994 (2 ed.), p. 57-63.

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    que custodian los archivos municipales, notariales y generales; se completa con la relativa

    a la solicitud y celebracin de rogativas conservada en los archivos eclesisticos2. La

    informacin que proporcionan es rica y jugosa desde diferentes puntos de vista, aunquemediatizada en todos los casos por el sesgo providencialista caracterstico de una sociedad

    sacralizada que tenda a explicar cualquier fenmeno natural como una manifestacin de laclera de Dios que persegua llamarle la atencin e, incluso, castigarla por la comisin de

    actos indebidos.

    Pero junto a este tipo de informacin documental, imprescindible para conocer losdetalles e interpretar la dimensin del desastre, disponemos de otra que, impresa en los

    momentos inmediatos a la catstrofe con mayor o menor riqueza formal, proporciona loque podramos considerar como una instantnea del impacto causado en el colectivo

    humano que la ha sufrido de manera directa. Estos impresos, modestos en su factura y

    habitualmente parcos en contenidos, podan tener sin embargo la virtud de hacer msperceptible un acontecimiento de consecuencias desastrosas que, en condiciones normales,

    quiz no habra desbordado los estrechos lmites de la poblacin o la comarca que lo

    padecieron. Por lo general, se limitaban simplemente a referir los hechos observados y noofrecan mayores problemas de comprensin a un pblico poco habituado a disquisiciones

    profundas, pues su relato suele ser lineal y conciso, empleando la prosa o el verso segncriterio de su autor. Tenan un pblico adicto entre las capas ms populares y, aunque

    generalmente brillen por su ausencia en los inventarios de bienes y bibliotecas, conocieron

    una difusin amplia. Explicaciones ms prolijas y profundas acerca de las causas deldesencadenamiento de cualquier fenmeno natural o atmosfrico de rango extraordinario

    se hallaban ya en otro tipo de textos mucho ms amplios y con aspiraciones cientficasdesde tiempo atrs; aunque estos tambin florecan a impulsos de la oportunidad derivada

    del acontecimiento desastroso y, las ms de las veces, luctuoso.

    2 Giralt I Ravents, E., "A correlation of years, numbers of days of rogation for rain at Barcelona, and theprice of one quartera whet in sous and diners of Barcelona", Ponencia presentada en el Congreso de Aspen,1969, cifr. en Le Roy Ladurie. E., Historia del clima desde el ao mil, Fondo de Cultura Econmica,Mxico, 1991. Del mismo autor "En torno al precio del trigo en Barcelona durante el siglo XVI",Hispania, tomo XVIII (1958), n LXX, p. 38-61, reeditado en Giralt I Ravents, E., Empresaris, nobles ivinaters. 50 anys de recerca histrica, Universitat de Valncia, 2002, p. 93-114. Martn Vide, J. yBarriendos, M., "The use of rogation ceremony records in climatic reconstruction: a case study fromCatalonia (Spain)", en Climatic Change, 30 (1995), p. 201-221. Barriendos, M., Climatic variations in theIberian Peninsula during later Maunder Minimum (ad 1675-1715): an analisis of data from rogationceremonies, en The Olocene, n 7, 1 (1997), p. 105-111. Alberola Rom, A., Temps de sequera, rogatives iavalots al sud del Pas Valenci (1760-1770), en Homenatge al doctor Eme. Giralt i Ravents-EstudisdHistria Agrria, n 17 (2004), p. 35-48.

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    Esta literatura catastrfica, si es que se la puede denominar de esta manera, no surgi

    por casualidad pues temor e inters por el conocimiento y dominio de la naturaleza,

    entendiendo esta en el sentido ms amplio del trmino, son tan antiguos como el propioser humano; aunque las primeras reflexiones formales relativas a la relacin entre este y

    su entorno fsico y climtico se hallan en los planteamientos filosficos y cientficos dela Antigedad clsica. Con el paso del tiempo estos primeros razonamientos de tenor ya,

    digamos, ambientalista, fueron evolucionando y, en sucesivas etapas, alcanzaron

    diferentes formulaciones que el siglo XVIII se encargara de compendiar para, a su vez,aportar nuevas teoras nacidas a la luz de las posibilidades propiciadas por los avances

    tcnicos y cientficos3.En esa dialctica hombre-naturaleza, en ese deseo humano por comprender el medio

    ambiente que le rodeaba, por conocer su historia y todo aquello que la compona,

    surgiran diferentes teoras a las que sucesivos pensadores dotaran del correspondienteaparato doctrinal. Y la nocin del designio adquirira gran predicamento. Esta

    concepcin teleolgica, asumida con prontitud por el primer pensamiento cristiano y

    desarrollada en profundidad entre los siglos XII y XIII, pretenda zanjar las dudas opreguntas que se pudieran plantear respecto de la naturaleza o de su devenir histrico,

    apelando a la creatividad y actividad divinas. La naturaleza estaba, pues, ordenada porDios y los accidentes y desastres que pudieran producirse y afectar a los hombres,

    tenan como causa ltima la voluntad divina. Al margen de ello, una segunda idea

    tendi a considerar que las fuerzas naturales, y ms concretamente el clima, el suelo o laorografa, influan vigorosamente no slo en la propia naturaleza de los hombres sino,

    incluso, en sus comportamientos morales. A esta concepcin determinista se le aadira,a finales del siglo XVIII, otra corriente de futuro, en la que el hombre apareca ya

    como un ser capacitado para modificar el medio natural gracias a su trabajo y

    creatividad4. No obstante, dado el contexto religioso en que se inserta esta opcin,corresponde a Dios, como creador, la decisin de dejar algunas cosas inconclusas

    permitiendo, con ello, que el hombre las pudiera perfeccionar.Como indicaba lneas atrs, la preocupacin del hombre por el conocimiento de la

    naturaleza gener una corriente publicstica de enorme inters en la que participaron los

    3 Glacken, C. J., Huellas en la playa de Rodas. Naturaleza y cultura en el pensamiento occidental desdela Antigedad hasta finales del siglo XVIII, Ediciones del Serbal, Barcelona, 1996.4 Idem, p. 479-508 y captulo 12.

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    ms destacados pensadores de cada perodo histrico. Por motivos de espacio no aludir

    a la abundancia de textos que, desde el medievo, comienzan a ofrecer planteamientos de

    tenor ambientalista; cierto que dirigidos a lectores muy concretos y minoritarios, atravs de unos canales de circulacin selectos puesto que la comprensin de sus

    contenidos y formulaciones no estaban al alcance del comn de las gentes.Durante la Edad Moderna el pensamiento ambiental estara presente en muchos

    autores que tenderan a construir, en torno al mismo, formulaciones de signo econmico

    y poltico5. Pero no es este el territorio en el que quiero adentrarme sino en otro algodiferente aunque complementario, y al que me ha conducido mi dedicacin al estudio de

    la temtica catastrfica en la Espaa del XVIII6. La documentacin manuscritacustodiada en los archivos, aparte de proporcionar informacin minuciosa y de gran

    valor cualitativo, va configurando en la poca en que se gesta una corriente de opinin

    que trasluce un estado de preocupacin que, al poco, va calando entre la sociedad delmomento, adquiriendo entidad y que se va transmitiendo en principio de manera oral

    pero que acaba pasando al papel impreso. A