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  • Hitler: La Conspiracin de las Tinieblas Trevor Ravenscroft

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    HITLER: LA CONSPIRACIN

    DE LAS TINIEBLAS

    TREVOR RAVENSCROFT

    BIBLIOTECA FUNDAMENTAL

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    BIBLIOTECA FUNDAMENTAL AO CERO Director de coleccin: Luis Maggi Diseo de cubierta e ilustraciones: Vital Garca HITLER: LA CONSPIRACIN DE LAS TINIEBLAS Ttulo original: The Spear of Destiny Traduccin: Jos Manuel Pomares Copyright The estate of Trevor Ravenscroft 1991 Ediciones Robin Book, S.L. 1994 de la presente edicin Editorial Amrica Ibrica S.A. Miguel Yuste 26,28037 Madrid Traduccin cedida por Ediciones Robin Book, S.L. Fotocomposicin: Grficas ngel Gallardo (Madrid) Impresin y encuadernacin: Josmar S.A. ISBN: 84-88337-95-7 Dep. Legal: M-27717-1994 Impreso en Espaa Printed in Spain, Octubre 1994 Distribuidor exclusivo para Mxico: Distribuidora Intermex, S.A. de C.V. Lucio Blanco N 435, Col. San Juan Tlihuaca 02400 Mxico, D.F. Tel. (525) 352 6444 Fax (525) 352 8218 Importador para Argentina: Red Editorial Iberoamericana Argentina S.A. (REI Argentina), Moreno 3362 (1209) Buenos Aires. Fax (541) 864-0434 Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorizacin escrita de los derechos del

    "copyright", bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproduccin total o parcial de la obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografa y el tratamiento informtico y la distribucin de ejemplares de ella mediante alquiler o prstamo pblicos.

    Por la presente edicin electrnica, para biblioteca.d2g.com

    Scan & OCR el_gato

    Correccin y Edicin Perola

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    CONTENIDO

    PREFACIO ...................................................................................... 6 INTRODUCCIN ........................................................................... 9

    PRIMERA PARTE EL TALISMN DEL PODER Y LA REVELACIN ................... 15 SEGUNDA PARTE

    EL HOMBRE QUE ERA SUAVE ENTRE LAS PIERNAS........... 67 TERCERA PARTE

    LA SANGRE Y LAS CENIZAS .................................................. 124 EPLOGO .................................................................................... 202 BIBLIOGRAFA.......................................................................... 218

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    Si las mujeres no lo interpretaran como una muestra de adulacin, aadira ms palabras desconocidas a esta historia tuya, continuara esta aventura por ti. Pero si alguien me lo pide, no le dejes que considere esto un libro. No s una sola letra del abecedario. Muchas personas obtienen su material por este camino, pero esta aventura avanza sin libros. Antes de permitir que alguien creyera que es un libro, preferira sentarme desnudo sin siquiera una toalla, del mismo modo en que me siento cuando me doy un bao... si no he olvidado la hoja de parra.

    Wolfram von Eschenbach, Parsifal.

    Lanza con que el centurin romano Longino traspas el costado de Cristo.

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    PREFACIO

    El molde de una leyenda

    Pero uno de los soldados le traspas el costado con una lanza, y seguidamente sali sangre y agua.

    Y el que lo vio, da testimonio, y su testimonio es veraz, l sabe que dice la verdad, para que vosotros creis.

    Pues todo esto sucedi para que se cumpliera la Escritura: No se le romper hueso alguno.

    Y tambin otra Escritura dice: Vern al que traspasaron.

    Evangelio segn San Juan, 19, 34-37

    En el ltimo captulo del Evangelio segn San Juan se narra la historia del soldado que atraves el costado de Jesucristo con una Lanza. El nombre de este soldado era Gayo Casio, y asisti a la crucifixin como representante oficial del procnsul, Poncio Pilatos. Las cataratas que tena en los ojos impedan a este veterano soldado tomar parte en las batallas con su legin, y en lugar de ello, se ocupaba de informar acerca del panorama poltico y religioso de Jerusaln.

    Durante dos aos, Gayo Casio haba observado e investigado las actividades de un tal Jess de Nazaret, el cual deca ser el Mesas y daba la impresin de negar la autoridad de la ocupacin romana de Israel.

    El centurin romano observ cmo los legionarios llevaban a cabo la ejecucin de Jesucristo y al igual que ellos, se sinti impresionado por la valenta, la dignidad y la compostura del nazareno en la cruz.

    Isaas haba profetizado en relacin al Mesas: No se le romper hueso alguno. Anas, el anciano consejero del Sanedrn, y Caifas, el Sumo Sacerdote, pretendan mutilar el cuerpo de Cristo a fin de probar ante el pueblo que Jess no era el Mesas, sino un simple hereje y un potencial usurpador de su propio poder.

    Las horas pasaban y este hecho les proporcion la excusa que necesitaban, ya que Anas era una autoridad en lo que a la ley se refiere, y la ley juda decretaba que ningn hombre deba ser ejecutado el da del Sabbath. Sin pensrselo dos veces, solicitaron a Poncio Pilatos que les concediera la autoridad para quebrar los huesos del hombre crucificado, a fin de que muriera el viernes por la noche (5 de abril, ao 33 de nuestra era).

    Al objeto de cumplir este propsito, un grupo de la guardia del templo fue enviado al monte de Glgota, nombre que significa Monte de la Calavera. A la cabeza del grupo, el capitn llevaba la Lanza de Herodes Antipas, rey de los judos, la cual constitua el smbolo que confera autoridad para llevar a cabo la misin encomendada; sin ella, los soldados romanos no le hubieran dado permiso para mover un dedo cuando lleg al lugar de la ejecucin.

    Fineas, el anciano profeta, haba mandado forjar dicha Lanza para que se convirtiera en el smbolo de los poderes mgicos inherentes a la sangre de los Elegidos de Dios. Cuando ya se haba convertido en un antiguo smbolo de poder, fue alzada en la mano de Josu cuando ste orden a sus soldados lanzar el gran grito que derrib las murallas de Jeric. El rey Sal arroj la misma Lanza a David en un arranque de celos.

    Herodes el Grande haba sostenido esta insignia de poder sobre la vida y la muerte cuando orden ejecutar la masacre de bebs en Judea en un intento de eliminar a Jess,

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    que crecera y sera nombrado rey de los judos. En el momento en que los enviados del templo se dirigan al Glgota, llevaban la Lanza en nombre del hijo de Herodes el Grande, en calidad de smbolo de la autoridad para quebrar los huesos de Jesucristo.

    Cuando el grupo del templo lleg al escenario de la crucifixin, los romanos se volvieron de espaldas manifestando su repugnancia. Tan slo Gayo Casio fue testigo de la escena en que los soldados aporrearon y aplastaron los crneos y los miembros de Gestas y Dimas, los ladrones que estaban clavados en sendas cruces levantadas a ambos lados de la de Jesucristo. El centurin romano se sinti tan espantado ante la brutal mutilacin de los cadveres de los dos ladrones y tan conmovido ante la resignacin humilde y valerosa de Cristo a la crucifixin que decidi proteger el cuerpo del nazareno.

    El centurin gui a su caballo hasta la gran cruz del centro y clav la Lanza entre la cuarta y la quinta costilla del nazareno. Esta forma de clavar la Lanza era la que se empleaba en el campo de batalla cuando queran asegurarse de que un enemigo herido haba muerto; porque la sangre no fluye de un cuerpo sin vida. Aun as seguidamente sali sangre y agua, y en aquel instante milagroso en el que flua la sangre redentora del Salvador, los ojos enfermos de Gayo Casio quedaron curados por completo.

    No se sabe si el veterano oficial arrebat el talismn del poder de las manos del capitn israel para hacer lo que hizo, o si llev a cabo esta accin de misericordia con su propia Lanza. No hay prueba histrica alguna que deje constancia del arma que utiliz para cumplir sin darse cuenta la profeca de Ezequiel: Vern al que traspasaron.

    En el templo, donde Caifas y Anas esperaban noticias acerca de la mutilacin del cuerpo del Mesas, el Velo del Santo de los Santos fue rasgado de arriba abajo para poner al descubierto el Cubo Negro del Antiguo Testamento, cuyos bordes se estaban agrietando para tomar la forma de la cruz. El culto sin imgenes a Jehov haba terminado; comenzaba la religin de los cielos abiertos.

    La Lanza, como un catalizador de la revelacin, constitua la prueba viva de la resurreccin, ya que la herida fsica producida por su filo haba cicatrizado misteriosamente cuando Jesucristo resucitado se apareci a la visin de sus apstoles reunidos. Tan slo el escptico Tomas, el cual confiaba nicamente en las apariencias exteriores de la visin fsica, fue incapaz de percibir al Dios-Hombre que haba traspasado puertas cerradas para aparecrsele.

    Entonces l dijo a Toms: "Trae tu mano aqu, mira mis manos; trae tu mano y mtela en mi costado, y no seas incrdulo, sino creyente".

    Dado que las heridas terrenales y las seales de los clavos aparecan en el Cuerpo Fantasma de Cristo resucitado, los primeros cristianos cre