Albarracin 1996 Tiwanaku Segment Aria Akapana

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Juan Albarracin-Jordan; Tiwanaku: Arqueologa Regional y Dinmica Segmentaria, Editores Plural, 1996, p. 383, La Paz Bolivia.

Presentacin

Los famosos monumentos megalticos de Tiwanaku han dado motivo a numerosas interpretaciones, siendo las contingencias de la sociedad colonial y la republicana las que crearon un espectro de ideas primarias acerca de ellos. Se debe considerar hoy que el avance de la ciencia arqueolgica, por su base emprica y su metodologa, necesita desplazar a las especulaciones subjetivas existentes. La evaluacin de la historia del pensamiento acerca de Tiwanaku, no obstante, muestra que existe una amplia gama de ideas, las cuales se enmarcan dentro de diferentes paradigmas.

En un extremo se encuentran las creaciones imaginarias, los caprichos fantasiosos y el misticismo; en esta literatura slo se muestran interpretaciones de efigies y de formas atribuidas a seres extraterrestres o criaturas fantasmales que habran edificado secretamente los recintos de Tiwanaku. En esta corriente se esconden prejuicios sociales profundos del aventurerismo ideolgico que niega la historia de las sociedades nativas y hasta la misma condicin cultural, intrnseca a su entorno social.

Desde otra ptica, tambin existe una corriente indigenista que busca explicar el pasado prehispnico con analogas de una sociedad ideal, llena de virtudes, de insuperable eticidad y de moral universal. Utilizando la historia oral y la memoria colectiva se pretende superar los obstculos del sincretismo cultural y ponderar su carcter social prehispnico. Sobre esta base metodolgica se intenta mistificar el pasado y caracterizarlo como un ciclo de leyendas proyectadas hasta nuestro tiempo. La arqueologa es vista por esta corriente como una extraa creacin del pensamiento occidental, siendo desestimada como medio de investigacin eficaz para autenticar la nocin de la "historia" de los ancestros. (ix).

La arqueologa, frente a estas formas, tiene funciones cientficas y trabaja para identificar la trayectoria de las sociedades a travs de los restos materiales que la cultura produce. Esta base emprica (registro arqueolgico) y su interpretacin se encuentran unidas por la estructura metodolgica de la investigacin. Son los procedimientos de estudio los que generan nuevas perspectivas en la inferencia de las relaciones que existen entre los restos arqueolgicos y la explicacin del fenmeno social que los contiene. La arqueologa, en tal sentido, opera con un cuerpo de tcnicas y herramientas metodolgicas que, de acuerdo al enfoque del estudio, le permite extraer informacin, de los restos materiales, acerca de las sociedades del pretrito; si bien existen varias alternativas de explicacin dentro del margen emprico, son la contrastacin y el rigor de las pruebas materiales los procedimientos que finalmente justifican la formulacin de su interpretacion. (ix-x).

El trabajo de prospeccin realizado en el Valle Bajo de Tiwanaku, aqu presentado, fue inicialmente concebido como un estudio del rea circundante al antiguo centro prehispnico. Mediante esta investigacin se buscaba comprender la amplitud de la red de asentamientos que Tiwanaku estableci en la regin as como sus dimensiones productivas. Los trabajos en Pampa Koani (Kolata 1986), ubicada a 12 kilmetros de este valle, muestran un cuadro impresionante de antiguos campos de cultivo que esta cultura habra utilizado para la produccin agrcola y el sustento de su extensa poblacin. Si bien esta regin cercana al valle presenta estas notables caractersticas, no se conoca la naturaleza de esta base agraria construida en la regin.

El enfoque original de la investigacin fue transformndose con el avance del trabajo; primero, debido a la cantidad de sitios arqueolgicos que, cronolgicamente, trascienden al desarrollo de la hegemona Tiwanaku, y, segundo, debido a que existe un nmero considerable de sitios de data posterior a la fragmentacin de esta hegemona. Esta diversidad de asentamientos humanos descubiertos en el valle no poda quedar al margen del objetivo principal de este estudio. Por un lado, los antecedentes arqueolgicos del Periodo Formativo forman una base inferencial fundamental para comprender los procesos de transformacin y continuidad que caracterizaron el surgimiento de entes sociopolticos ms extensos. Por otro, los procesos de fragmentacin del sistema organizativo de Tiwanaku no pueden entenderse, cabalmente, sin una comparacin de los elementos que caracterizan a las manifestaciones culturales posteriores.

Es dentro de esta perspectiva arqueolgica ms amplia en la que resaltan las diversas etapas de su desarrollo. La periodificacin que se utiliza aqu, para precisar estas etapas, surge como resultado de las recientes investigaciones que se han realizado en la regin y en zonas aledaas, hacindose una reevaluacin y un replanteamiento de las categoras que tradicionalmente se han empleado en los esquemas cronolgicos. Histricamente, los aportes que se han hecho en la formulacin de secuencias de desarrollo para Tiwanaku han tenido un significado dentro de determinado momento del avance investigatorio. En la actualidad, este avance contina por nuevos caminos, siendo que los trabajos sistemticos no cesan, ni cesarn, en su constante aporte al mejor entendimiento de los cambios sociales que acontecieron en el pasado prehispnico. Estas consideraciones son importantes debido a que no se puede afirmar que el estado actual del conocimiento acerca del orden temporal y sus manifestaciones materiales especficas en la regin sea ptimo. Por el contrario, existen varios aspectos de la secuencia cultural que no han sido resueltos. En este sentido, el cuadro evolutivo de los asentamientos en el valle se manifiesta en varias tendencias y en trayectorias generales. (x).Son las dimensiones histricas del pensamiento producido acerca de Tiwanaku las que se describen y analizan en el segundo captulo de este trabajo. Desde los primeros aos del siglo XVI, se esbozaba una visin hiperblica acerca de un "nuevo mundo" como estmulo para abandonar el orbe conocido y familiar del "viejo continente". Ella se form con las especulaciones de unos cuantos aventureros que descubrieron en Amrica una constelacin de horizontes imaginativos. En Amrica del sur, el descubrimiento y la conquista de las etnias aborgenes contribuyeron a dar forma a la opulencia de las primeras "fbulas" que Pizarro y Almagro haban escuchado desde comienzos de la dcada de los1520s (Salas et a1.1987). En las numerosas expediciones realizadas despus por los cuatro confines del Tawantinsuyu, surgieron los personajes letrados que acompaaban la marcha fatdica de los conquistadores. (x-xi).

Fue en 1549 que Pedro de Cieza de Len recorre Tiwanaku y efecta las primeras descripciones del sitio, recogiendo, asimismo, los mitos existentes acerca del origen de los pobladores del rea, quienes atestiguan con entereza el rol primordial desempeado por Tiwanaku en el pasado. La sociedad aymara que con Tiwanaku glorificaba su pasado, fue blanco de incesantes intentos de enajenacin para despojarla de su conciencia histrica y de la solidez de sus estructuras poltica, econmica e ideolgica, tratndose as de quitarle continuidad con sus races culturales. No obstante de estas circunstancias, sus principios de organizacin, que forman parte de su ancestral filosofa acerca del mundo y la sociedad, han perdurado hasta nuestros das. Esta continuidad muestra que la formacin de las distintas estructuras sociales andinas a travs del tiempo y del espacio se ha fundamentado en estrategias recurrentes. Es por ello que la etnohistoria y la etnografa constituyen fuentes primordiales del conocimiento de estos principios organizativos y de algunas de sus estructuras que han sido registradas en documentos.

En los captulos tres y cuatro se proyecta un cuadro histrico del movimiento de la sociedad andina durante la colonizacin espaola, mostrando un panorama de los principios de organizacin que rigieron, y actualmente todava tienen vigencia, en la colectividad aymara, desde sus formas ms simples de agrupamiento hasta la formacin de extensas y poderosas confederaciones. En este trabajo se analizan los resultados obtenidos por varios etnohistoriadores y etngrafos. Los estudios de Xavier Alb (1972,1976a,1987a, 1987b), Joseph Bastien (197R), Roberto Choque (1990, 1992), Xavier Izko (1986, 1992), Carlos Mamani Condori (1991), Tristan Platt (1982,1987) y Silvia Rivera Cusicanqui (1984,1992), entre otros, son apropiados para este propsito. Las conclusiones obtenidas por stos, acerca del ayllu y de la marka, por ejemplo, dan cuenta del carcter complejo de estas estructuras, tanto en sus niveles polticos, econmicos e ideolgicos.

No se puede concebir al ayllu como una masa amorfa de familias, vinculadas exclusivamente por lazos consanguneos y carentes de autoridades formales. Esta caracterizacin, sin las consideraciones oportunas, ha primado negativamente en algunos estudios arqueolgicos que no han profundizado en su anlisis. Es ms, el ayllu ha sido proyectado, tal cual, hacia el pasado prehispnico, sin ninguna evaluacin de los elementos que condicionaron otro tipo de necesidades que, durante la poca colonial espaola y el periodo republicano, determinaron la formacin de estructuras jerrquicas diferentes a las de tiempos precolombinos. Respecto a la cuestin del ayllu, en el captulo cuatro se analiza la estructuracin jerrquica poltica del mismo, visto desde la dinmica segmentaria que caracteriza a la fisin y a la fusin de segmentos sociales. Desde esta perspectiva tambin se analiza la naturaleza de los nucleamientos poblacionales, o markas, constituidos stos por determinados niveles del ayllu.

Los primeros cuatro captulos, entonces, forman la primera parte de esta obra y constituyen un marco de referencia, establecindose as los parmetros de interpretacin que encierran la temtica de los posteriores captulos. (xi).

En la segu