Bessieres, Albert - La Beata Ana Mar­a Taigi madre de

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  • ALBERT BESSIRES, S. I.LA BEATA ANA MARA TAIGI

    MADRE DE FAMILIA

    TRADUCCIN DILUIS ECHIVARRICON PROLOGO DIL

    R. P. PIERRE CHARLES, S. LBuenos Aires, 28 de marzo de 1942

    Puede imprimirseMONS. DR. ANTONIO ROCCA

    Obispo de Augusta y Vicario General

    ES PROPIEDAD, QUEDA HECHO EL REGISTROY DEPSITO QUE DETERMINAN LAS LEYES

    EN TODOS LOS PAISES.

    nica traduccin autorizada del original en francsLA BIENHEUREUSE ANNA MARA TAIGI

    PRLOGO

    A LAS MADRES CRISTIANASEn el espritu humano no hay espacios vacos, como no los hay en las aguas ocenicas. All donde falta

    una nocin verdadera, no tiene lugar el vaco, sino una idea falsa. Y pensar con ideas falsas, es peor que nopensar en absoluto.

    Qu es la santidad? Como la de toda palabra sencilla, es difcil encontrar su definicin. El pblico engeneral, y aun los mismos cristianos, se contentan con tener de ella una vaga nocin, lo conceptan como algoexcepcional, en la categora de las hazaas heroicas, o una cosa as como las pruebas de atletismo o como laejecucin de una obra maestra. Llama la atencin que San Francisco de Sales, al escribir un verdadero Manualde la Santidad para las personas de su tiempo, le diera de intento y sin duda para mitigar el escndalo, elsencillo ttulo, Introduccin a la Vida Devota. Se nos podr presentar, es verdad, innumerables "tratados deperfeccin cristiana", "manuales de vida interior", "catecismos espirituales", pero nadie se atrevera a ofrecer,en doscientas o trescientas pginas, un tratado tan completo sobre la santidad, con indicacin del autor, editory precio de la obra. Sin duda, porque la santidad no es nicamente una sabidura que pueda aprenderse por labuena lectura. En la obra de la santidad somos dos, y el segundo o mejor dicho el primero, es aquel Espritu dequien el Seor dijo que es como el soplo de la brisa nocturna, que no acostumbra ir por la huella de loscaminos.

    As que para tener ideas claras sobre la santidad, recurrimos a las vidas de los santos, a las Leyendasureas de la Edad Media, a los infolios pavorosamente extensos de los Bolandistas, a las biografas de todognero y valor; desde los libros de ilustraciones con escenas de Martirios, hasta las publicaciones cientficas,precedidas de un estudio crtico de las fuentes y seguidas de una abundante bibliografa. Buscamos la santidaden los hechos, ms que en teoras. Pero cuntas veces no nos quedamos espantados y desorientados, desde lasprimeras pginas de la narracin de esos hechos!

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    Le ha parecido evidente al piadoso autor de biografas de santos que la santidad es algo anormal; de talmodo, que su primer cuidado ha sido probarnos, que su hroe nada hizo como los dems hombres. Nio, eraya viejo: ab infantia ad senile gessit. Todava lo amamantaban, y ya se preocupaba de ayunar los mircoles ylos viernes, como se nos refiere de San Nicols, quien ms adelante, se apartaba de los juegos de suscompaeros para meditar. Nunca se rea. No le interesaban los pajaritos, ni los perros, ni las mariposas ymucho menos el alimento. A fuerza de ser sobrehumano, jams haba sido verdaderamente humano. Lo cualno se parece empero a la juventud de San Pablo, ni a la de San Agustn, San Jernimo, San Ambrosio, SanBasilio, San Francisco de Ass, San Ignacio, San Francisco Javier, San Felipe Neri, San Alfonso de Ligorio, nia la de cien santos ms. No obstante, semejantes vidas como la de San Nicols, constituyen un modeloimprescindible, principalmente despus de la rfaga de estoicismo pagano que trajo el Renacimiento. ElEspritu de Dios es infinitamente ms amplio que todos los convencionalismos acadmicos y reglas deescuela. l busca sus elegidos, entre los nios inocentes, sin consultar nuestros caprichos arbitrarios.' haformado y forma constantemente verdaderos santos. El Verbo encarnado, Jesucristo, jams dijo que los niossolo podran entrar en el cielo a condicin de parecerse a los adultos. Dijo cabalmente todo lo contrario. Jamsdijo que una madre de familia, una buena esposa muy atareada en su casa no pueda llegar a la santidad, sinpasar antes por la viudez. l sabe muy bien que la tradicin de la fe y de la piedad se mantiene en su Iglesiapor medio de las madres. Tampoco ignora que si los curas prrocos pueden y deben instruir a sus feligreses,no tienen tiempo, ni disposicin, ni poseen los medios adecuados para depositar en el alma de los pequeueloslas simientes eternas, que slo la mano cariosa de la madre cristiana es capaz de alternar con las primerasimpresiones del alma que despierta a la vida.

    Santa Perpetua era santa y sin embargo se la venera como mrtir. Santa Mnica, Santa Juana deChantal son dos viudas. Una inmensa legin de nuestras santas cristianas son vrgenes. Aqu, por primera vez,en la buena y modesta Taigi, vemos asociarse la santidad con la simple vocacin de esposa y madre. Y no esciertamente la gloria del marido la que hace resplandecer a su mujer; como tampoco son los hijos gloriosos losque exaltan el nombre de su madre. No, todo lo que la Iglesia ha querido reconocer como santidad eminente essencillamente el conjunto de virtudes de una mujer casada, honesta y valiente, agobiada por los mltiplescuidados de un hogar y de una familia.

    Tal vez los millones de madres cristianas esparcidas por el mundo, encontrarn, en esta vida de esposay madre, el consuelo de saber que en lo sucesivo contarn con una patrona, y que nada, absolutamente nada,puede cerrarles el camino hacia la ms elevada santidad, en la prctica de su magnfico ministerio.

    Pierre Charles, S.I. Profesor de Teologa

    BIBLIOGRAFA Y FUENTES

    La fuente esencial a que deben referirse los historiadores de la Beata Taigi es la Prueba Judicial quesirvi de base para la discusin de la causa. Esta prueba -muchos millares de pginas-, comprende lasdeclaraciones de los 21 testigos que haban conocido ntimamente a Ana Mara: el sacerdote "confidente",Monseor Natali; Domenico, marido de Ana Mara; Sofa y Mara, sus hijas; el cardenal Pedicini,vicecanciller de la Iglesia romana, prefecto de la Propaganda; l P. Felipe Luis de San Nicols, carmelitadescalzo, confesor de la Beata durante 30 aos, etc.

    Todos estos documentos, las Memorias de los Postuladores, han sido analizados o ampliamentereproducidos por Monseor Chaillot en los Analecta juris Pontificii (Roma, 1864-1877); entregas: 54, 60, 62,106, 112, 118, 129, 146.

    Estos documentos constituyen la fuente comn a que han acudido los principales bigrafos de laBeata:

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    1. Monseor Luquet, obispo de Hsbon, primer postulador de la Causa, cuyo opsculo (1), a pesar desus vacos, tuvo un gran xito y fue traducido a muchos idiomas.

    2. El R. P. Bouffier, S. J., cuyo libro, muy incompleto tambin, alcanz un xito parecido (2). 3. El R.P. Calixto de la Providencia, trinitario. Su obra ms extensa (Toumai, Casterman, 1869; 5' edicin, 1878) fuetraducida a muchos idiomas y particularmente al italiano.

    El Decreto de Beatificacin promulgado por Benedicto XV, el 30 de mayo de 1920, dio motivo adiversas publicaciones que (salvo las del cardenal Salotti) agregan poco a los estudios antedichos.

    Pero el mismo texto del Decreto tiene al respecto una importancia capital: todos los hechos de estavida prodigiosa son en l recordados, resumidos y por lo tanto investidos de una autoridad excepcional.

    Monseor Luquet haba titubeado en dar a conocer al pblico muchos de estos hechos. El Decreto deBeatificacin nos dispensa de esta prudencia.

    Entre los volmenes publicados con posterioridad a la Beatificacin, el de Monseor Carlo Salotti, hoycardenal Salotti: La Beata Ana Mara Taigi (423 pgs., Grottaferrata, 1922), es el ms documentado de todos(3). Sin embargo, Monseor Luquet, primer postulador, y ms cercano a los hechos, recogi muchasinformaciones de que no dan cuenta los Procesos.

    Lo mismo sucede con el P. Calixto. Si bien se muestra muy difuso (como el P. Bouffier, el P.Balzofiore y el P. Silvestre de la Addolorata) con sus sermones, sus dilogos, los cuadros que se imagina.Sera un nuevo error ver realizado el ideal de la historia en una serie de textos. No obstante, su trabajo hizonecesarios los suplementos crticos del cardenal Salotti.

    (1) Roma, Patern, calle San Ignacio, 1849, in-16, 190 pgs. 2 edicin. Pars, Putois-Crett, 1863.(2) Retaux; 5 edic. Reeditado por Tqui, 6 edic., 1935. No he comprobado cambios en esta edicin pstuma.(3) El Cardenal Salotti ha publicado tambin un resumen de tan grueso volumen.

    Lleno de amor por "la gran patrona de Roma", "la sua grande patrona", este compuls todos losTestimonios del Proceso ordinario (1852-1855) (3.500 pginas); del Proceso Apostlico (1863-1880) (3.700pginas); diversos manuscritos, en conjunto, segn nos dice, 14.000 pginas... No debe sorprender que a veceshaya tenido la impresin de ahogarse bajo esa ola de papeles. Cuando los documentos se contradicen, ha dadorazn, con justo ttulo, a los ms antiguos, a las declaraciones "de los testigos ms ntimos y ms familiares".

    En lo que me concierne, adems de acudir a las fuentes, lo que no constituy un trabajo mediocre,estim que mi tarea consista en intentar una sntesis aligerada, no solo de los discursos piadosos yamencionados, sino tambin de las digresiones sobre muchos temas de importancia local: monumentosromanos, familias mezcladas con el relato, etc. Por la misma razn he omitido, con propsito deliberado, elcargar mis pginas con notas y referencias, sobrecarga opresiva para el lector ordinario e intil para loscrticos habituados a consultar los textos originales.

    No obstante, los historiadores encontrarn aqu documentos todava inditos. Debo su descubrimientoa Monseor Flogard, obispo de Limoges, que fue profesor del Gran Seminario de Langres, y al eruditoarchivero de ese mismo Seminario, abate Dufy. Monseor Luquet, obispo de Hsbon, originario de Langres,primer historiador de la Beata Taigi, instituy heredero de sus manuscritos al Seminario mayor: eran ms de50 volmenes! Documentos i