Burckhardt, Jacob - Reflexiones sobre la historia universal

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Jacob Burckhardt - De las Reflexiones sobre la historia universal

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Jacob Burckhardt

De las Reflexiones sobre la historia universalPrimera edicin alemana en 1905. Las reflexiones fueron dadas como lecciones universitarias. Las seis continuidades (III), y el extracto de De las tres potencias (II), pertenecen al curso 1868-1885. Sobre la dicha y el infortunio en la historia universal (VI) fue pronunciada en 1871. Se toman de la versin castellana de 1943, Fondo de Cultura Econmica.

Indice

I. Las seis condicionalidadesEl estudio de las seis condicionalidades carece de valor sistemtico y es dudoso desde el punto de vista lgico, pues la accin condicionante y lo condicionado alternan entre s con gran rapidez y de un modo insensible y a veces apenas es posible averiguar, sobre todo cuando se trata de pocas muy antiguas, qu es lo esencial y lo que prevalece. Sin embargo, este planteamiento brinda una envoltura muy adecuada para una serie de observaciones histricas del ms distinto rango y de todos los tiempos, observaciones sobre las cuales tiene cierto inters pararse a reflexionar y que no tendran cabida con otro planteamiento. Trtase, usando otra imagen, del golpe dado en el vaso de agua y que hace cristalizar el hielo. La historia es en realidad la menos cientfica de todas las ciencias, aunque nos transmita muchas cosas dignas de ser conocidas. Los conceptos bien perfilados tienen su cabida en la lgica, pero no en la historia, donde todo es fluctuante y aparece sujeto a constantes transiciones y mezclas. Los conceptos filosficos e histricos tienen un carcter y un origen esencialmente distintos; los primeros deben ser tan fijos y tan cerrados como sea posible, los segundos por el contrario lo ms flexibles y abiertos. Desde un punto de vista sistemtico el planteamiento que queda sealado es inofensivo y esto es precisamente lo que puede alegar en su favor. La rpida transicin de unas pocas y de unos pueblos a otros permite establecer paralelos efectivos, cosa que no es posible en una filosofa de la historia expuesta cronolgicamente. sta hace ms hincapi en los contrastes entre las pocas y los pueblos que se suceden, mientras que nosotros insistimos por el contrario en las identidades y las afinidades; all se trata ms bien de destacar lo que separa, aqu de subrayar lo que une. En pocas o en pueblos muy separados entre s se manifiesta a veces el mismo fenmeno con caractersticas sorprendentemente iguales, por lo menos en cuanto a su sustancia, aunque bajo una forma muy distinta. Jams ha existido nada que no se hallase condicionado o fuese puramente condicionante; lo condicionante o lo condicionado predomina simultneamente segn el aspecto que se destaque; trtase siempre de un simple a potiori, de lo que predomine en cada caso. El planteamiento ms racional, en apariencia, sera el siguiente: 1) la cultura, condicionada por el estado; 2) el estado, condicionado por la cultura; 3) la cultura, condicionada por la religin; 4) la religin, condicionada por la cultura; 5) el estado, condicionado por la religin; 6) la religin, condicionada por el estado. Esta ordenacin tendra la ventaja de que cada trmino ira seguido por su anttesis. Sin embargo, ofrece mayores ventajas el planteamiento en que se presentan conjuntamente las dos condicionalidades de cada potencia, empezando por la cultura, siguiendo con el estado y acabando con la religin. Es un mtodo ms cronolgico, en el que -aunque esto no deba considerarse fundamental-, al menos en bloc, lo anterior aparece al comienzo y lo posterior al final.

1. Cultura y estadoPrescindamos una vez ms de investigar los comienzos y dejemos a un lado incluso el problema de si debe concebirse el estado o la cultura como lo anterior histricamente o si hay que considerar a ambos como nacidos simultneamente. Tampoco haremos ms que apuntar aqu el problema de hastaComunistas por la Autoliberacin Integral - comautolib@gmail.com - http://cai.xtreemhost.com

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qu punto el derecho debe ser considerado como un reflejo del estado en la cultura. Teniendo en cuenta que el derecho puede ser fuerte como un conjunto de usos sociales aun con la ausencia casi total del estado y sin la asistencia de ste (como ocurra por ejemplo entre los antiguos germanos), no sera difcil llegar a la conclusin de que el estado no es su nica premisa. Asimismo debemos advertir que nos fijamos solamente en los estados que representan ya una verdadera fase de cultura, prescindiendo por ejemplo de los nmadas, aunque stos tomen a veces contacto con la cultura en algunos centros de intercambio, en ciertos puntos de las costas, etc., y tambin de los estados satlites con una especie de semicultura, como la tenan por ejemplo los celtas. El tipo fundamental nos lo brinda indiscutiblemente el Egipto, que fue tal vez el prototipo y modelo de los otros despotismos asiticos de la Antigedad, y luego comparativamente Mxico y el Per. All donde nos encontramos con una cultura completa hasta manifestarse en una vida urbana refinada, el estado es siempre, en estos periodos primitivos, la parte, con mucho, ms fuerte, sin que entremos a prejuzgar si es tambin la ms antigua. A favor del estado habla tal vez el indicio claro de que surgi como producto de esfuerzos formidables, a travs de miles de aos de forcejeos y de luchas terribles, y no como una cristalizacin evidente por s misma y espontnea. La religin viene a vigorizarlo con el nimbo de un derecho sagrado y le confiere un imperio verdaderamente incondicional. Todo el saber y todo el pensamiento, toda la fuerza fsica y todo el esplendor se ponen al servicio de este doble poder. Las mayores inteligencias -sacerdotes, caldeos, magos- rodean el trono. La clara caracterstica del predominio del estado sobre la cultura la tenemos en el modo unilateral de enjuiciar y paralizar sta. En la parte en que esto sea obra de la religin trataremos de ello en el captulo siguiente. Pero tambin el estado como tal toma parte en ello. Aqu nos encontramos con el problema del comercio cerrado. Este tipo de comercio responde al mandato del estado o tiene ms bien su base en la soberbia nacional1 o en el odio, el temor y la repugnancia instintivos? La cultura de por s tiende siempre a comunicarse y a compensarse, pero el estado civilizado cost tantos esfuerzos y sacrificios hasta conseguir que las cosas se encauzasen un poco, que de fuera slo se teman perturbaciones y no se esperaba nada bueno. All donde exista primitivamente este modo de pensar, el estado se encarga de irlo sistematizando legalmente con el tiempo. Su indicio ms claro es la carencia de navegacin en los pueblos del litoral como lo eran los egipcios y los mexicanos, mientras que otros pueblos en estado de naturaleza (como los de las Antillas antes de llegar Coln) la posean. En Egipto exista en cambio una navegacin muy perfecta por el Nilo. Los persas, en cambio, llegaron incluso a dotar todo el valle inferior del Tigris de cataratas artificiales para que ninguna flota extranjera pudiera abordar su pas.2

La negacin de lo individualLa institucin de las castas tuvo probablemente un origen doble: los sacerdotes y los guerreros deban de existir ya al nacer el estado; las dems castas, correspondientes a otras funciones, debieron de haberse creado con posterioridad. Lo esencial de las castas, a saber, la obligacin de dedicarse a la misma ocupacin de sus padres, debi de obedecer ms bien a rdenes del estado que a rdenes de los sacerdotes, pues si realmente hubiese sido por mandato de stos habran suprimido tambin el derecho de connubio entre las castas, lo que, si prescindimos de los pastores de cerdos que representaban una especie de parias, no ha podido probarse, al menos en cuanto a Egipto, a diferencia de lo que ocurre en la India, donde rige dicha prohibicin.3 De esta fuerte negacin de lo individual brota luego, tal vez, una cultura parcial relativamente alta, que si bien puede tener su razn de ser en el aspecto tcnico, en la perfeccin heredada de las habilidades externas (aunque tambin las artes textiles, la carpintera, la fabricacin del vidrio, etc., permanecen completamente estacionarias), en el aspecto espiritual trae consigo al menos el estancamiento, la limitacin, la oscuridad haca fuera. Este sistema rompe con la libertad del individuo, la cual no consiste precisamente en el capricho de hacer lo que a cada cual se le antoja, sino en la inexistencia de barreras para el conocimiento y la comunicacin y en el libre impulso para la creacin, que es precisamente lo que aqu se entorpece. Paralelamente con esto tenemos el hecho de que las dos castas superiores, en un principio, tendan a estancar violentamente el arte y la ciencia superiores en Egipto, declarndolas sagradas del modo1 2

Recordemos que las palabras hospes (husped) y hostis (extranjero, enemigo) tienen la misma raz.

Arriano VII, 7, 7, donde se cuenta cmo Alejandro se burlaba de esto. Sobre el viraje dado en Egipto bajo Psamtico y la enorme prosperidad del pas en aquel entonces, vase Curtius, Griechische Geschichte, t. I, pp. 345 ss.3

Las castas principales aqu son los vaicias y los sudras, la gran masa de los arios y no arios.Comunistas por la Autoliberacin Integral - comautolib@gmail.com - http://cai.xtreemhost.com

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ms dudoso. El estado, con su derecho sagrado, encuadraba de este modo el saber y el arte permitidos dentro de un sistema y pona lo ms esencial al servicio de una determinada casta, aunque el arte segua ciertamente sirviendo a los que mandaban por todos los medios y con el mayor entusiasmo. Por este camino, consegua las ms altas manifestaciones de lo monumental y, adems, dentro de su estancamiento, la mayor seguridad de estilo, aunque unido ciertamente a un proceso de lenta agona interior y de incapacidad de rej