Continúa el siglo del corporativismo? Schmitter

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corporativismo en el siglo xxi

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  • Contina el siglo del corporatismo?*PHILIPPE C. SCHMITTER

    El siglo veinte ser el siglo del corporatismo de la misma forma en que elsiglo diecinueve fue el siglo del liberalismo

    Mihal Manolesco

    Hasta tiempos recientes, la confiada prediccin de Manolesco poda ser fcilmente descali-ficada como un ejemplo ms de tendencia ideolgica, pensamiento cargado de deseo y retri-ca inflada de los treinta, una respuesta vnementielle a un ambiente y un periodo peculiares(Manolesco, 1936). Con la derrota subsecuente del fascismo y el nacional-socialismo, el espec-tro del corporatismo no pareca seguir rondando el escenario europeo de manera tan fatalista.Por un tiempo, el concepto mismo fue retirado virtualmente del lxico activo de los polticos,aun cuando se le dej como un objeto de exhibicin conductual, por decirlo as, en algunosmuseos de prcticas atvicas como Portugal y Espaa.

    En los ltimos tiempos, sin embargo, el espectro se encuentra de nuevo entre nosotros(verbalmente al menos), rondando las preocupaciones de los cientficos sociales contem-porneos con creciente frecuencia y bajo mltiples apariencias. Casi cuarenta aos despusde que Manolesco (1936:7) declarara que el curso inevitable del destino implica la trans-formacin de todas las instituciones sociales y polticas de nuestros tiempos en direccindel corporatismo, quiz deberamos nuevamente tomar su prediccin con seriedad y ave-riguar si acaso siguiramos en el siglo del corporatismo y apenas comenzamos a darnoscuenta.

    Los propsitos de este ensayo son explorar los diversos usos del concepto de corporatismo,para sugerir una definicin operacional de ste como un sistema particular moderno de repre-sentacin de intereses; discutir la utilidad de distinguir subtipos de desarrollo y prcticas cor-porativas y, finalmente, presentar algunas hiptesis generales para explicar el contexto pro-bable de su emergencia y persistencia.

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    Retomando el debate de ayer para fortalecer el actual

  • IEl primer paso, propongo, es rescatar el concepto de corporatismo de entre los varios usosde ste que se han colado en la literatura y que (me) parecen hacer ms por disolver o disfra-zar, que por reforzar su utilidad. Por un lado, se ha hecho un fenmeno de fronteras tan vagasque, como el clientelismo, puede ser encontrado en todas partes y, por tanto, en ninguna estde manera clara. Por otro lado, ha sido asociado tan estrechamente a una sola cultura poltica,de configuracin del tipo rgimen o macro social, que el concepto se convierte, en el mejorde los casos, en especialmente descriptivo, ms que comparativamente analtico.

    Sin duda, la tarea ms difcil es despojar al concepto de su tono e implicaciones peyorati-vas. Esto se hace aun ms difcil por el hecho de que (a diferencia de los treinta) en la actua-lidad hay muy pocos regmenes que abierta y orgullosamente se pronuncian a s mismos comocorporativos. Es tentador por tanto, descubrir y denunciar como coporativistas, prcticas quelos regmenes condenan o promueven bajo otras etiquetas, tales como participacin, plani-ficacin colaborante, representacin mixta, y consulta permanente. Por otra parte, si al cor-poratismo se le deja el significado simple de comportamiento de grupos o sistemas de intersque no me gustan o es utilizado como sinnimo de eptetos tales como fascista y represi-vo, puede entonces hacerse de poca o nula utilidad para los propsitos de comparacin sis-temtica. Esto no quiere decir que, a quienes usan el concepto, se les deba prohibir de algu-na forma el expresar frases valorativas o fuertes reacciones normativas respecto a su papel oconsecuencias. He estudiado varios sistemas corporativos y he llegado a juicios personales bas-tante firmes acerca de cada uno de ellos. Pero espero que aquellos que estn en desacuerdocon su deseabilidad, puedan por lo menos llegar a algn acuerdo previo acerca de los referen-tes empricos que identifican su estructura y comportamiento bsicos. Pueden entonces deba-tir en cuanto los costos y beneficios y los beneficios y males que produce.

    He encontrado til en este trabajo el considerar al corporatismo como un sistema de repre-sentacin de intereses y/o actitudes, un arreglo institucional modal o ideal-tpico particular paravincular los intereses organizados de manera asociativa de la sociedad civil, con las estructu-ras de decisin del Estado. Como tal, ste es una de las muchas posibilidades de configuracinmodernas de la representacin de intereses, de las cuales, el pluralismo es quiz la alternativamejor conocida y ms frecuentemente reconocida (pero hablaremos de ello ms delante).

    Restringir el concepto, por decirlo as, para hacer referencia slo a un conjunto concreto yespecfico de prcticas o estructuras institucionales que involucren la representacin (o falsarepresentacin) de intereses grupales empricamente observables, tiene un nmero importan-te de implicaciones. stas diferencian tajantemente mi utilizacin preferida del trmino dediversos usos dados por otros a la misma etiqueta conceptual.

    En primer lugar, al definir el corporatismo en trminos de su praxis, el concepto se libera desu empleo en cualquier ideologa o sistema de ideas particular1. Mientras que, como se harmanifiesto en secciones posteriores de este ensayo, estoy bastante interesado en los argumen-tos presentados por proponentes particulares del corporatismo moderno o neocorporatismo, milectura de su uso en la historia reciente de las ideas sugiere que una extraordinaria variedad detericos, idelogos y activistas lo han defendido por diversos motivos, intereses y razones.

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    Lecturas sobre el Estado y las polticas pblicas:

  • Tales tericos, idelogos y activistas van desde los intelectuales romnticos y orgnicos delEstado como Friedrich Schlegel, Adam von Mller, G. W. Friedrich Hegel y Rudolf Kjellen, hastalos pre-marxistas y protosocialistas como Sismondi, Saint-Simn y Proudhon; pasando por elpensamiento social cristiano, ticamente tradicionalista de Wilhelm von Ketteler, Karl vonVogelsang, el Marqus de la Tour de Pin, Albert de Mun y, por supuesto, los papas Len XIII yPo XI; por el autoritarismo fascista de Giuseppe Bottai, Guido Bartolotto, Giuseppe Papi yFrancesco Vito; por el nacionalismo secular modernizante de Mihal Manolesco; por el solida-rismo burgus radical (en el sentido francs) de Len Duguit, Joseph-Paul Boncour, GeorgeRenard y Emile Durkheim; por el universalismo mstico de Ottmar Spann; por el funcionalismointernacionalista de Giuseppe de Michelig y David Mitrany; por el integrismo reaccionario pseu-docatlico de Charles Maurras, Oliveira Salazar, Marcello Caetano y Jean Brthe de la Gressaye;por el reformismo tecnocrtico procapitalista de Walter Rathenau, Lord Keynes y A. A. Berle Jr.;por el sindicalismo anticapitalista de Georges Sorel, Sergio Panunzio, Ugo Spirito, EdmondoRossoni, Enrico Corradini y Gregor Strasser; por el socialismo gremial de G. D. H. Cole, el jovenHarol Laski, S. G. Hobson y Ramiro de Maeztu; por el comunitarismo o socialismo burgus deun Franois Perroux o un Henri de Man por no mencionar a aquellos de sus defensores con-temporneos como Bernard Crick, W. H. Ferry, Pierre Mendes-France y David Alter.

    Todos ellos y la lista de ninguna manera est completa, ni las agrupaciones arriba men-cionadas se distinguen de manera tajante2, han convergido en la defensa de una relacininstitucional entre los sistemas de la toma autoritaria de decisiones y la representacin de inte-reses que puede ser considerada como genricamente corporatista por mi definicin praxiol-gica (y definida frecuentemente como tal por los mismos autores), aun cuando conceban aeste arreglo como uno capaz de involucrar estructuras radicalmente diferentes de poder einfluencia, beneficiar a clases completamente distintas, y promover polticas pblicas diametral-mente opuestas.

    Un estudioso francs del corporatismo describi la situacin muy adecuadamente al decir que:

    El ejrcito de los corporatistas es tan dispar que uno es conducido a pensar que la palabracorporacin es ella misma una etiqueta puesta sobre una gran cantidad de botellas que luegoson distribuidas entre diversos productores, cada uno de los cuales las llena con la bebida desu preferencia. El consumidor debe mirar cuidadosamente (Baudin, 1942:4-5).

    La situacin se confunde aun ms por el hecho de que muchos de los tericos contempo-rneos, idelogos y activistas distribuyen la misma bebida utilizando otras etiquetas.

    El corporatismo no slo es definido como una ideologa (o peor, como unaWeltanschauung) difcil de precisar en un conjunto central de valores o creencias y aun msdifcil de asociar con las aspiraciones de un grupo social especfico, sino que virtualmente todaslas investigaciones empricas detalladas de la praxis corporatista han mostrado que su desem-peo y comportamiento varan considerablemente (si no es que se oponen diametralmente)respecto a las creencias manifestadas por sus defensores verbales. Como observara otro acad-mico francs de los cuarenta (l mismo un defensor del corporatismo sa manire), la reali-dad del corporatismo existente es, sin duda, infinitamente menos seductora que la doctrina(Murat, 1944:206)3. Las conceptualizaciones contemporneas del corporatismo basadas exclu-

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    Retomando el debate de ayer para fortalecer el actual

  • sivamente en los motivos y metas explcitas de los actores o sus apologistas tienden slo a ofus-car esta menos que seductora realidad en la praxis.

    En breve, encuentro que existe simplemente demasiada variedad normativa e hipocresaconductual en el uso de la etiqueta ideolgica corporatista como para hacerla un instrumentooperacionalmente til para el anlisis comparativo.

    Tampoco encuentro muy productivo el considerar al corporatismo como una parte exclusi-va de un producto distinto de una cultura poltica particular, especialmente una vinculada aalgn rea geogrficamente circunscrita tal como la P