Cruzar la línea: la tentación de lo imposible

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  • 1. Cruzar la lnea: la tentacin de lo imposibleTituloFollari, Roberto - Autor/a;Autor(es) LugarCIC-UNCUYO, Centro de Investigaciones CientficasEditorial/Editor2000 Fecha ColeccinTeora; Filosofa; Espacio;TemasDoc. de trabajo / Informes Tipo de documentohttp://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/Argentina/cic-uncuyo/20121212113935/follari.pdf URLReconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.0 Genrica Licenciahttp://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.0/deed.esSegui buscando en la Red de Bibliotecas Virtuales de CLACSOhttp://biblioteca.clacso.edu.ar Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO)Conselho Latino-americano de Cincias Sociais (CLACSO) Latin American Council of Social Sciences (CLACSO)www.clacso.edu.ar

2. Follari, Roberto. Cruzar la lnea: la tentacin de lo imposible. Centro de InvestigacionesCientficas. Facultad de Ciencias Polticas y Sociales, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza,Argentina. 200?. p. 23.Cruzar la lnea: la tentacin de lo imposibleRoberto Follari(*) El presente es un texto de carcter filosfico, cuyo campo de apertura temticapuede tener aplicaciones diversas, adems de lo que hace de por s a su insercinen lo filosfico mismo. Est producido dentro del proyecto de investigacin acercade los estudios culturales en Latinoamrica, dirigido por el autor en la Fac. deCiencias Polticas y Sociales de la Univ. Nacional de Cuyo. Su insercin en talproyecto es explcita, aunque el trabajo sin duda remite tambin a cuestionesotras que las exclusivamente referidas a tal investigacin. Sostenemos ese valorautnomo del uso posible del artculo, pero tambin su definida articulacin conla problemtica del proyecto, tal cual se mostrar claramente en el texto queacompaa al presente.1.Moebius o la finitudLo hemos visto hasta el cansancio en no pocos autores de la tradicin y elejercicio filosficos: se trata de buscar siempre un horizonte ltimo desde el cual elemisor supere a los dems, hable ponindolos como objeto de un anlisis quedesborda a estos. En una solapada metafsica de la subjetividad, el hablante (oescribiente) presupone su lugar epistmico privilegiado desde el cual opera enanaloga a los hroes de los films de aventuras: l es la mirada constitutiva quecrea el mundo, por ello no puede ser vulnerable, ni morir. Vulnerables son slolos otros. Si se es el protagonista, la victoria est asegurada de antemano, si nocmo seguira el guin? De tal modo, quien escribe se traspone a un lugar 1 3. pseudo-trascendental desde el cual los otros son no sujetos en igualdad decondiciones dentro de la radical contingencialidad de los intercambios simblicos,sino meros objetos del propio tratamiento, sometidos desde la mirada externa aesa cosificacin que tan bien supo en su tiempo captar Sartre.Es el anlisis sistmico (Von Bertalanfly, Morin) uno de los modos en que sedesnuda esta falacia del sujeto dado al representar (Heidegger), sujeto causadorno causado o veedor invisible. All se muestra muy bien cmo hay que objetivar lasituacin del autor dentro de una serie de condiciones concretas dentro de lascuales l es slo uno ms, co-determinado por los otros y por la situacin deconjunto. As, se desfonda a este privilegiado objetivador que se pone por fueradel campo de lo que l mismo analiza. La bsqueda de Bourdieu de objetivar elsujeto objetivante, haciendo una sociologa del lugar del socilogo, marcha en lamisma direccin. Pero ni los sistmicos ni los socilogos alcanzan peso dentro del mundo de lafilosofa. All, la vieja costumbre del fundamentar, del poner la base de lacertidumbre, no se deja abandonar con facilidad, incluso a pesar de laposmodernizacin que ha puesto en crisis la subjetividad propia de los tiemposabiertos por el cartesianismo. Adems, tratndose la filosofa de una disciplina sinobjeto (Althusser, Lenin y la filosofa), se hace evidente que en ella opera aligual que en el arte- una nocin no-lineal del desarrollo. Es decir: no puedehablarse de progreso en la direccin de la lnea del tiempo, porque si bien es obvioque la matemtica de Cantor supera a la de los griegos, no lo es que las filosofasde Habermas o Rorty sean superiores a la de Platn. Lo anterior afecta la continuidad entre los diferentes autores. En filosofa no haynecesidad de seguir en el punto donde el otro dej, se puede simplemente ignorarlos aportes de alguien en la medida en que se los advierta insuficientes,irrelevantes, o ajenos al punto de partida que el filsofo asume como vlido.2 4. A partir de all, puede entenderse la radical arbitrariedad (no-necesariedad) delpunto de partida desde el cual cada filsofo realiza sus desarrollos. Pero laarbitrariedad repele a la filosofa, e incluso a la necesidad humana de instalarse enel aseguramiento. No slo Heidegger, tambin Castoriadis de otra manera, hanhecho notar que tal necesidad de aseguramiento impide la radical asuncin de locontingente, del caos ltimo sobre el cual se edifica cualquier organizacin delsentido. De modo que la arbitrariedad se disfraza de exigencia lgico-necesaria:cada filsofo har notar que su punto de partida es el mejor de los posibles, eladecuado, o el verdadero. Pero esta tarea de legitimacin de la propia palabra por deslegitimacin implcitao explcita de la de los dems, exige una operacin discursiva, un trabajoargumentativo. Y es en el espacio de dicho trabajo, que encontramos la apelacina estar ms all, a situarse por fuera o por encima del alcance de las posicionesde los dems autores. Para ser justos, no es esta condicin exclusiva de la filosofa. Tambin apareceen otros campos, no con intensidad menor en el del psicoanlisis donde con totaldesatencin al conocimiento sobre el imaginario que la teora provee- nunca hafaltado el endiosamiento de las figuras paternas (Freud primero, y luego -paramuchos- J.Lacan).Pero como ya sealamos, la filosofa es el campo ms propicio para lasfundaciones, las rupturas frontales con lo anterior. En ciencias esto no es factible,ms all de las pretensiones de ruptura epistemolgica con que nos saturara elalthusserismo hace un cuarto de siglo. Las rupturas en ciencia son parciales, lossaltos de problemtica estn obligados a dar cuenta del material anterior. Lafilosofa, en cambio, requiere dialogar con lo anterior, pero puede ignorar porcompleto su pertinencia. Si el propio punto de vista es diferente, l mismo define el 3 5. horizonte de visibilidad desde el cual los dems discursos pueden quedar en untrasluz de irrelevancia. Es en tal contexto donde podemos entender la obsesin del ir ms all de. Estafrase se encuentra muy a menudo en determinados filsofos, y resulta unaasuncin implcita de muchos otros. Hay casos en que la apelacin se ha hechomuy continuada: tal es el del filsofo argentino Enrique Dussel (sobre todo perono exclusivamente- en sus obras heideggerianas de los aos setentas), como eldel argelino-francs J.Derrida. El ir ms all de propone la iconoclasia como lema, asume la posibilidad dedesbordar lo realizado por terceros como si fuera una evidencia, desnuda unaretrica segn la cual se pisa campos inexplorados que otros no han sabidobarruntar. Tal vez lo primero a sealar sea la facilidad del recurso. As como Freudsealaba que desear no cuesta nada (en relacin a los deseos de que tengasfelices fiestas, que te vaya bien, etc.), podemos sostener que situarsediscursivamente ms all de los dems, tampoco cuesta nada, no ms que elsolo gesto de afirmarlo. Y sin embargo, ofrece fuertes gratificaciones desde elpunto de vista de los resultados en los receptores.Recordamos que en su Para una de-struccin de la historia de la Etica,Dussel proclamaba reiteradamente haber llegado ms all de Heidegger, luegode haber seguido a este largamente en sus desarrollos. Pero cuando el ontlogoalemn se detena en el indiscriminable espacio de lo Mismo, aquello donde yaninguna diferencia puede ser pensada, Dussel propona encontrar lo Otro,inspirado en Levins y la teologa juda. De esta manera, tal radicalidad de lo otromostrara lo no pensado por Heidegger, y el autor argentino se autoproponacomo quien haba llegado ms all de l. 4 6. Pero por el camino de Heidegger no entendemos que pueda llegarse ms all deHeidegger: pueden hacerse otros caminos, pero obviamente estos no estarn msac ni ms all de donde lleg el autor, sino situados en una diferente direccin.No cuesta advertir que la radical otredad dibujada por Dussel, dentro de laconceptuacin heideggeriana estaba simplememente ms ac: en los campos dela relacin con el otro tal cual ella aparece delineada en Ser y tiempo. Y que lasuperacin implicaba simplemente el estar hablando en trminos diferentes delos del autor alemn. En fin: es como si Heidegger se hubiera pretendido en unasuperacin de su maestro Husserl. La tortuosa relacin entre los dos grandesmandarines de la filosofa alemana, puede entenderse en la colusin entre ellospor la atribucin del mximo prestigio dentro del campo filosfico de la poca, perono como que uno hubiera llegado ms all del otro. Son filosofas conpretensiones y objetivos diferentes. Slo una implcita teleologa (rotundamentemetafsica, en el sentido de platnica) puede justificar la idea de que habra apriori una especie de camino que termina donde el segundo filsofo lleg, y quepermite as post factum establecer el punto de llegada a que el primero no habraarribado y debiera haberlo hecho. Por supuesto, no estamos sugiriendo que no existan criterios para establecer auna teora como mejor que otra. Aunque ello no es simple de establecer siquierapara las ciencias (el tema del progreso ha aparecido con fuerza desde Kuhn, yluego permanecido como problemtico a travs de por ejemplo- Lakatos,Stegmller y Laudan), la aceptacin de teoras en estas dista de ser una decisinsin justificaciones. En el caso de la filosofa, no se cuenta con las apelaciones alos hechos para ayudar a zanjar cuestiones (aun cuando es sabido que enciencias no es obvio qu se entienda por hechos, y menos an hechosrelevantes). Es decir: la cuestin es ya difcil en ciencias, y lo es an ms enfilosofa. Pero en esta ltima, es a partir de la justifi