Cuentos de Italo Calvino

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Cuentos del autor italiano Italo Calvino

Text of Cuentos de Italo Calvino

  • Todo en un punto, Italo Calvino

    Con arreglo a los clculos iniciados por Edwin P. Hubble sobre la velocidad del alejamiento delas galaxias, se puede establecer el momento en que toda la materia del universo estaba con -centrada en un solo punto, antes de empezar a expandirse en el espacio.

    Naturalmente que estbamos todos all dijo el viejo Qfwfq-, y dnde bamos a estar, si no?Que pudiese haber espacio, nadie lo saba todava. Y el tiempo, dem: qu quieren quehiciramos con el tiempo, all apretados como sardinas?He dicho apretados como sardinas por usar una imagen literaria: en realidad no haba espa-cio, ni siquiera para estar apretados. Cada punto de nosotros coincida con cada punto de losdems en un punto nico que era aquel donde estbamos todos. En una palabra, ni siquieranos molestbamos, salvo en lo que se refiere al carcter, porque, cuando no hay espacio, tenersiempre montado en las narices a un antiptico como el seor Pbert Pberd es de la ms car-gante. Cuntos ramos? Bueno, nunca pude saberlo, ni siquiera aproximadamente. Para contar hayque poder separarse por lo menos un poquito uno de otro, y nosotros ocupbamos todos elmismo punto. Contrariamente a lo que podra parecer, no era una situacin que favoreciesela sociabilidad; s que por ejemplo en otras pocas los vecinos se frecuentan; all, en cambio,como todos ramos vecinos, no haba siquiera un buenos das ni un buenas noches. Cada uno terminaba por tener trato solamente con un nmero restringido de conocidos. Losque yo recuerdo son sobre todo la seora Phi(i)Nk0, su amigo De XuaeauX, una familia de emi-grados, los Zzu, y el seor Pbert Pberd que he nombrado. Estaba tambin la mujer de lalimpieza adscripta a la manutencin la llamaban-, una sola para todo el universo dado loreducido del ambiente. A decir verdad, no tena nada que hacer en todo el da, ni siquieraquitar el polvo dentro de un punto no puede entrar ni un granito de polvo- y se desahoga-ba en continuos chismes y lamentos. Con estos que he nombrado ya hubiera habido supernumerarios; aada, adems, las cosas quedebamos tener all amontonadas: todo el material que despus servira para formar el uni-verso, desmontado y concentrado de manera que no conseguas distinguir lo que despuspasara a formar parte de la astronoma (como la nebulosa de Andrmeda), de lo que estabadestinado a la geografa (por ejemplo, los Vosgos) o a la qumica (como ciertos istopos delberilio). Adems, se tropezaba siempre con los trastos de la familia Zzu, catres, colchones, ces-tas: estos Zzu, si uno se descuidaba, con la excusa de que eran una familia numerosa hacancomo si no hubiera ms que ellos en el mundo, pretendan incluso tender cuerdas a travs delpunto para poner a secar la ropa. Pero tambin los otros tenan su parte de culpa con los Zzu, empezando por la calificacin deemigrados basada en el supuesto de que mientras los dems estaban all desde antes, elloshaban venido despus. Me parece evidente que ste era un prejuicio infundado, pues noexista ni un antes ni un despus ni otro lugar de donde emigrar, pero haba quien sostenaque el concepto de emigrado poda entenderse al estado puro, es decir, independiente-mente del espacio y del tiempo. Era una mentalidad, confesmoslo, limitada, la que tenamos entonces, mezquina. Culpa delambiente en que nos habamos formado. Una mentalidad que se ha mantenido en el fondode todos nosotros; fjense: sigue asomando todava hoy, cuando por casualidad dos denosotros se encuentran en la parada del mnibus, en un cine, en un congreso internacionalde dentistas- y se ponen a recordar aquellos tiempos. Nos saludamos a veces es alguien queme reconoce, a veces yo reconozco a alguien- y de pronto empezamos a preguntar por ste ypor quel (aunque cada uno recuerde slo a algunos de los que recuerda al otro) y as sereanudan las disputas de una poca, las maldades, las difamaciones. Hasta que se nombra a laseora Phi(i)Nk0 todas las conversaciones van a parar siempre all- y entonces de golpe se

  • dejan de lado las mezquindades y uno se siente como elevado por un enternecimiento beat-fico y generoso. La seora Phi(i)Nk0, la nica que ninguno de nosotros ha olvidado y que todosaoramos. Dnde ha ido a parar? Hace tiempo que he dejado de buscarla: la seoraPhi(i)Nk0, su pecho, sus caderas, su batn anaranjado, no la encontraremos ms, ni en este sis-tema de galaxias ni en otro. Que quede bien claro, a m la teora de que el universo, despus de haber alcanzado un gradoextremo de enrarecimiento, volver a condensarse y que, por lo tanto, nos tocar encon-trarnos en aquel punto para recomenzar, despus, nunca me ha convencido. Y, sin embargo,son tantos los que cuentan solamente con eso, los que siguen haciendo proyectos para cuan-do estemos todos de nuevo all. El mes pasado entro en el caf de aqu de la esquina, y aquin veo? Al seor Pbert Pberd. -Qu cuenta de bueno? Qu anda haciendo por aqu? Me entero de que tiene una representacin de material plstico de Pava. Est tal cual, con sudiente de oro y los tirantes floreados. Cuando volvamos all me dice en voz baja- habr quefijarse para que esta vez cierta gente quede afueraUsted me entiende: esos ZzuHubiera querido contestarle que esta conversacin ya se la he escuchado a ms de uno, con elaadido: Usted me entiendeel seor Pbert Pberd Para no dejarme arrastrar por la pendiente, me apresur a decir: -Y a la seora Phi(i)Nk0, creeque la encontraremos?-Ah, s A ella s -dijo enrojeciendo. El gran secreto de la seora Phi(k)Nk0 es que nunca ha provocado celos entre nosotros. Ni tam-poco chismes. Que se acostaba con su amigo, el seor De XuaeauX, era sabido. Pero en unpunto, si hay una cama, ocupa todo el punto; por lo tanto, no se trata de acostarse, sino deestar en la cama, porque todo el que est en el punto est tambin en la cama. Por consigu-iente, era inevitable que ella se acostara tambin con cada uno de nosotros. Si hubiera sidootra persona, quin sabe cuntas cosas se habra dicho a sus espaldas. La mujer de la limpiezaestaba siempre dando rienda suelta a la malidecencia, y los otros no se hacan rogar para imi-tarla. De los Zzu, para no variar, las cosas horribles que haba que oir: padre hijas hermanoshermanas madres tas, no haba insinuacin retorcida que los parara. Con ella, en cambio, eradistinto: la felicidad que me vena de la seora Phi(i)Nk0 era al mismo tiempo la de escon-derme yo puntiforme en ella, y la de protegerla a ella puntiforme en m, era contemplacinviciosa (dada la promiscuidad del converger puntiforme de todos en ella) y al mismo tiempocasta (dada la impenetrabilidad puntiforme de ella). En una palabra, qu ms poda pedir?Y todo esto, as como era cierto para m, vala tambin para cada uno de los otros. Y para ella:contena y era contenida con la misma alegra, y nos acoga y amaba y habitaba a todos porigual. Estbamos tan bien todos juntos, tan bien, que algo extraordinario tena que suceder. Bastque en cierto momento ella dijese: -Muchachos, si tuviera un poco de espacio, cmo me gus-tara amasarles unos tallarines! Y en aquel momento todos pensamos en el espacio quehubieran ocupado los redondos brazos de ella movindose adelante y atrs con el rodillosobre la lmina de masa, el pecho de ella bajando lentamente sobre el gran montn de hari-na y huevos que llenaba la ancha tabla de amasar mientras sus brazos amasaban, amasaban,blancos y untados de aceite hasta el codo; pensamos en el espacio que hubiera ocupado laharina, y el trigo para hacer la harina, y los campos para cultivar el trigo, y las montaas delas que bajaba el agua para regar los campos, y los pastos para los rebaos de terneras quedaran la carne para la salsa; en el espacio que sera necesario para que el Sol llegase con susrayos a madurar el trigo; en el espacio para que de las nubes de gases estelares el Sol se con-densara y ardiera; en la cantidad de estrellas y galaxias y aglomeraciones galcticas en fugapor el espacio que seran necesarias para tener suspendida cada galaxia, cada nebulosa, cadasol, cada planeta, y en el mismo momento de pensarlo ese espacio infatigablemente se forma-ba, en el mismo momento en que la seora Phi(i)Nk0 pronunciaba sus palabras: -los tallarines, eh, muchachos!-; el punto que la contena a ella y a todos nosotros seexpanda en una irradiacin de distancias de aos-luz y siglos-luz y millones de milenios-luz, y

  • nosotros lanzados a las cuatro puntas del Universo (el seor Pbart Pbard hasta Pava), y elladisuelta en no s qu especie de energa luz calor, ella, la seora Phi(i)Pk0, la que en medio denuestro cerrado mundo mezquino haba sido capaz de un impulso generoso, el primerMuchachos, qu tallarines les servira!, un verdadero impulso de amor general, dandocomienzo a la vez al concepto de espacio y al espacio propiamente dicho, y al tiempo, y a lagravitacin universal, y al universo gravitante, haciendo posibles millones de soles, y de plan-etas, y de campos de trigo, y de seoras Phi(i)Nk0 dispersas por los continentes de los plane-tas que amasan con los brazos untados y generosos y enharinados y desde aquel momentoperdida y nosotros llorndola.

    Un signo en el espacio, Italo Calvino

    Situado en la zona exterior de la Va Lctea, el Sol tarda casi 200 millones de aos en cumpliruna revolucin completa de la Galaxia.

    Exacto, es el tiempo que se tarda, nada menos -dijo Qfwfq-, yo una vez al pasar hice un sig-no en un punto del espacio, a propsito, para poder encontrarlo doscientos millones de aosdespus, cuando pasramos por all en la prxima vuelta. Un signo cmo? Es difcil decirlo,porque si uno dice signo, ustedes piensan en seguida en algo que se distingue de algo, y allno haba nada que se distinguiese de nada; ustedes piensan en seguida en un signo marcadocon cualquier instrumento o con las manos, instrumento o manos que despus se quitan y encambio el signo queda, pero en aquel tiempo no haba instrumentos todava, ni siquiera ma-nos, ni dientes, ni narices, cosas todas que hubo luego, pero mucho tiempo despus. Qu for-ma dar al signo, ustedes dicen que no es un problema, cualquier