El Emperador y el Mesías: Sobre el destino constantiniano ...· Constantino, el primer emperador

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Text of El Emperador y el Mesías: Sobre el destino constantiniano ...· Constantino, el primer emperador

  • Boletn ENCUENTRO 11

    2009 Seminario Evanglico Unido de Teologa Apdo. 7, El Escorial, Madrid www.centroseut.org

    El Emperador y el Mesas: Sobre el destino constantiniano de la cristologa

    Antonio Gonzlez

    El da veinte de mayo del ao 325, un concilio de los obispos cristianos, convocado por el emperador Constantino, se reuni en Nicea, la actual Iznik. Nicea era una pequea ciudad de Bitinia donde el empera-dor tena su palacio de verano, muy cerca de la nueva capital del imperio: Constantinopla. Al concilio fueron llamados los obispos de todo el imperio. Unos dos-cientos, procedentes sobre todo del Oriente, se hicie-ron presentes. El mismo emperador cubri los gastos de sus viajes, ofreciendo a los obispos el servicio im-perial de postas y animales de carga. Segn nos cuen-ta Eusebio de Cesarea, Constantino se asegur de que todos los obispos fueran surtidos copiosamente de alimento durante el concilio. De acuerdo con Eusebio, el emperador habra inaugurado las sesiones, y habra conducido las discusiones. La situacin no dejaba de ser paradjica, pues muchos de los obispos presentes todava llevaban en su cuerpo las cicatrices de las per-secuciones. Ahora, en cambio, el imperio los agasajaba con todo su fasto. Y, al mismo tiempo, el emperador Constantino les exiga alcanzar la unanimidad en los asuntos que les dividan. Ante todo, se trataba de po-ner fin a la controversia desatada por Arrio, un pres-btero de Alejandra. Arrio haba afirmado que Jess era una criatura, si bien la ms excelsa de todas, y por tanto no era Dios en un sentido pleno. El concilio tambin tena que decidir sobre otros asuntos de di-versa importancia, entre los que destacaba la bsque-da de una misma fecha para la celebracin de la Pas-cua en todo el imperio.

    Los debates no fueron siempre pacficos. Otro Eu-sebio, Eusebio de Nicomedia, que era el jefe del parti-do arriano, fue interrumpido en su discurso, y al pa-recer algunos de los presentes le arrancaron su texto, lo hicieron pedazos y lo pisotearon. El mismo empe-rador Constantino amenaz con el exilio a los diecisie-te obispos que no queran aceptar el credo elaborado por el concilio. Algunos de los asistentes, como Eusta-cio de Antioqua, se quejaron despus de que no se les permiti el uso de la palabra. Finalmente, la presin imperial logr que todos los obispos presentes, excep-tuando a dos, suscribieran el credo de Nicea, en el que se proclama que Jess es de la misma entidad (homousios) que el Padre. Cuando concluyeron los debates, el emperador Constantino ofreci un rico fes-tn a todos los participantes:

    Y no falt ningn obispo al festn imperial. El evento result de una grandiosidad superior a cualquier intento de descripcin: dorforos y hoplitas, con las hojas de sus espadas desenvai-nadas, en crculo, velaban en guardia los acce-sos al palacio. Por en medio de ellos, pasaban libres de temor los hombres de Dios, y se inter-naban en lo ms ntimo de la mansin. Des-pus, mientras algunos se tendan junto al em-perador, otros se recostaron en los lechos de madera, instalados a ambos costados. Uno po-dra imaginarse que se estaba representando una imagen del reino de Cristo, y que lo que es-taba ocurriendo era un sueo, que no la reali-dad1.

    Finalmente, el emperador obsequi a los presentes con ddivas personales, de acuerdo al rango de cada uno. El primer concilio ecumnico haba terminado. Los obispos que no firmaron las resoluciones de Nicea fueron condenados y depuestos de sus cargos. A esta condena de los obispos se aadi el castigo de Cons-tantino, quien orden que los obispos depuestos abandonaran sus ciudades y fueran exiliados a Ilrico. Tambin Arrio sufri el exilio.

    Como es sabido, el concilio de Nicea no se impuso con facilidad. Aunque sus decretos estaban ahora ava-lados por la autoridad imperial, el favor de Constan-tino y de sus sucesores fluctu entre los dos bandos. Los partidarios de los decretos de Nicea, entre los que destacaba Atanasio de Alejandra, todava tendran que sufrir ellos mismos la persecucin y el exilio. El mismo Osio de Crdoba, quien fue la mano derecha de Constantino en Nicea, tuvo que firmar bajo presio-nes del hijo de Constantino, Constancio, una confe-sin de fe arriana. A esto hay que aadir la reaccin pagana bajo el emperador Juliano, el apstata. Sin embargo, tras la muerte de Juliano, los emperadores volvieron a hacer profesin de fe cristiana, y tras la paulatina derrota del arrianismo, el concilio de Nicea pas a ser reconocido como el primero de los concilios ecumnicos. Su credo, que proclama que Cristo y el

    1 Eusebio de Cesarea, Vida de Constantino III, 15.

  • 12 Seminario Evanglico Unido de Teologa

    Padre tienen la misma entidad, es todava hoy uno de los ms universalmente aceptados por las iglesias2.

    1. Los problemas de Nicea

    Pese a su universal aceptacin, el credo de Nicea no deja de plantearnos algunas cuestiones interesan-tes. Constantino, el primer emperador cristiano, ni siquiera estaba bautizado cuando convoc y organiz el concilio de Nicea. Su conversin al cristianismo haba tenido lugar durante las guerras contra Majen-cio y Licinio, el las cuales obtuvo el poder absoluto sobre todo el imperio. Sin embargo, Constantino no se bautiz inmediatamente. Siguiendo una costumbre de la poca, esper a bautizarse en el lecho de muerte. Esto le permita posponer hasta entonces el perdn de sus pecados. Paradjicamente, fue Eusebio de Nico-media, lder del partido arriano en Nicea, quien le bautiz. La ausencia de bautismo tuvo adems una ventaja para Constantino, y es que como simple sim-patizante del cristianismo, los obispos deban agrade-cer sus favores, pero no podan aspirar a dirigirle co-mo a un fiel cristiano ni a condenarle por alguno de sus opiniones o comportamientos. Al mismo tiempo, como emperador, Constantino segua siendo el Pon-tfice Mximo de la religin pagana, y repetidamente particip, aun despus de su conversin, en los ritos paganos a los que no podan acudir los cristianos. Constantino parece haber pensado que el Sol Invicto de los paganos y el Dios cristiano eran compatibles3. Por eso poda aspirar tambin a ser una especie de protector del cristianismo. Constantino, en los aos posteriores a Nicea, se describi a s mismo como obispo para el exterior de la iglesia, y como el en-cargado de garantizar que entraran en vigor los decre-tos del concilio4.

    Puede parecer en principio bastante problemtico que una persona no bautizada como Constantino haya sido tan determinante en la configuracin de lo que los cristianos tendran que creer sobre Jess. Cierta-mente, se puede relativizar de diversas formas esta dificultad. En primer lugar, se puede sostener que el papel de Constantino no fue tan determinante en las

    2 Cf. J. L. Gonzlez, Historia del cristianismo, Miami, 1994, vol. 1, pp. 169-176; K. Schatz, Allgemeine Konzilien -Brennpunkte der Kirchengeschichte, Padeborn, 1997, pp. 27-36; H. J. Sieben, Vom Apostelkonzil zum Ersten Vatikanum. Studien zur Geschichte der

    Konzilsidee, Padeborn, 1996, pp. 9-27.

    3 Cf. J. L. Gonzlez, op. cit., vol. 1, pp. 137-138.

    4 Cf. Eusebio de Cesarea, Vida de Constantino IV, 24; A. Grillmeier, Jesus der Christus im Glauben der Kirche. Band 1: Von der Apostolischen Zeit bis zum Konzil von Chalcedon (451), Freiburg i. B., 1979, pp. 398-399.

    decisiones del concilio como se puede deducir del tes-timonio de Eusebio de Cesarea. Este Eusebio, como idelogo del giro constantiniano, estaba interesado en hacer un panegrico del emperador, y por tanto de destacar su papel. Incluso lleg a sugerir, en una carta a los cristianos de su ciudad, que haba sido el propio emperador quien haba introducido la expresin de la misma entidad (homousios) en el credo de Nicea, y present la interpretacin que Constantino haca de esa frmula como la interpretacin vinculante para sus fieles5. Sin embargo, los testimonios del propio Constantino sobre su participacin en la gnesis del dogma de Nicea son ms moderados, de tal manera que algunos piensan que Constantino se limit a im-pulsar la bsqueda de una frmula de concordia pero sin determinar cul habra de ser el resultado de las deliberaciones6. Es posible que a Constantino sola-mente le importara la unidad religiosa de los cristia-nos, y no la manera concreta de alcanzarla. En este sentido, podra haber dejado bastante libertad a los obispos para que ellos mismos resolvieran la contro-versia en la manera que ellos juzgaran ms convenien-te. Pero tambin es posible que Constantino impulsara una frmula concreta, sugerida por alguno de sus ase-sores ms directos en el concilio, como el obispo Osio de Crdoba. La ausencia de ms testimonios directos que el de Eusebio de Cesarea impide sacar muchas conclusiones.

    Otros problemas se refieren a la frmula elegida por el concilio. Hoy en da resulta bastante claro que el homousios (de la misma entidad) era un concepto utilizado en ambientes gnsticos para indicar que dis-tintos entes pertenecan al mismo nivel del ser7. Esto puede apuntar de nuevo a la mano de Constantino, en el sentido de que las cartas de ste revelan ciertos in-flujos gnsticos8. Sin embargo, la frmula misma pue-de haber sido sugerida por el mismo Arrio. En su es-crito Thaleia, Arrio haba afirmado que Jess no tena ninguna caracterstica de Dios en su sustancia (hyps-tasis) individual, y que por lo tanto no poda ser con-siderado como de la misma entidad (homousios) que Dios9. Lo que habra hecho el concilio de Nicea habra sido responder directamente al desafo de Arrio, afir-mando lo que el negaba, con los mismos trminos con los que l lo negaba. De ah la afirmacin de que el

    5 Cf. Eusebio de Cesarea, Epistola IV.

    6 Cf. Grillmeier, Jesus der Christus im Glauben der Kirche, op. cit., pp. 399-403.

    7 Cf. Grillmeier, ibid., p. 409.

    8 Cf. Grillmeier, ibid., p. 400.

    9 Cf. Grillmeier, ibid., p. 409.

  • Boletn ENCUENTRO 13

    Hijo y el Padre eran de la misma