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ORIGEN Y MOVIMIENTO DE LA ÉPICA COLOMBIANA Clarín de vientos épicos ha sido Colombia dentro de sus derroteros históricos. Sobre modelos clásicos se intentó escribir la epopeya de la conquista imperial. Tal intento épico se esboza fragmentariamente en las Elegías de varones ilustres de Indias de Juan de Castellanos, cuyo modelo de inspiración fue La Araucana de Alonso de Ercilla. Cabe señalarse, por lo tanto, que ha Araucana y las Elegías son así eslabones de la épica novomundana que en su temática y en la resistencia de sus héroes colectivos indígenas, une la voluntad de lucha corajuda de las dos razas: la de los araucanos de Chile y la de los aborígenes de la Nueva Granada. Ambas razas de bronce enfrentadas contra el imperialismo de entonces: el español. Castellanos, actuando como cronista-juglar tuvo un pro- pósito de poetizador épico de la historia al elegir como sus modelos a Ercilla, Ariosto, Virgilio y acaso a Lucano. Además el acriollado autor de las Elegías, familiarizado con los viejos romances y con el Cantar del Mío Cid, hubo de hacerse eco de los entusiasmos de la historia legendaria, para poner a marchar en su octavas reales, a las nuevas huestes hispánicas empeñadas en abrirse derroteros épicos hacia la conquista de El Dorado. Habiendo Castellanos emulado a Ercilla, con éste se le compara, resaltándose la americanidad temática que los hace campear en escenarios donde se origina una nueva épica: la indo-americana. Si Ercilla forja en el yunque de la raza indo-america- na la reciedumbre y la heroicidad de su epopeya, "Castellanos, sin crearla poéticamente, acarrea el rico filón de la epopeya de los pueblos americanos cantados en las Elegías". Filón también de la épica colombiana, son los capítulos que el ero-

Epica Colombiana

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  • ORIGEN Y MOVIMIENTO DE LA PICACOLOMBIANA

    Clarn de vientos picos ha sido Colombia dentro de susderroteros histricos. Sobre modelos clsicos se intent escribirla epopeya de la conquista imperial. Tal intento pico se esbozafragmentariamente en las Elegas de varones ilustres de Indiasde Juan de Castellanos, cuyo modelo de inspiracin fue LaAraucana de Alonso de Ercilla. Cabe sealarse, por lo tanto,que ha Araucana y las Elegas son as eslabones de la picanovomundana que en su temtica y en la resistencia de sushroes colectivos indgenas, une la voluntad de lucha corajudade las dos razas: la de los araucanos de Chile y la de losaborgenes de la Nueva Granada. Ambas razas de bronceenfrentadas contra el imperialismo de entonces: el espaol.

    Castellanos, actuando como cronista-juglar tuvo un pro-psito de poetizador pico de la historia al elegir como susmodelos a Ercilla, Ariosto, Virgilio y acaso a Lucano. Ademsel acriollado autor de las Elegas, familiarizado con los viejosromances y con el Cantar del Mo Cid, hubo de hacerse ecode los entusiasmos de la historia legendaria, para poner amarchar en su octavas reales, a las nuevas huestes hispnicasempeadas en abrirse derroteros picos hacia la conquista deEl Dorado. Habiendo Castellanos emulado a Ercilla, con stese le compara, resaltndose la americanidad temtica que loshace campear en escenarios donde se origina una nueva pica:la indo-americana.

    Si Ercilla forja en el yunque de la raza indo-america-na la reciedumbre y la heroicidad de su epopeya, "Castellanos,sin crearla poticamente, acarrea el rico filn de la epopeyade los pueblos americanos cantados en las Elegas". Filntambin de la pica colombiana, son los captulos que el ero-

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    nista-juglar escribe en verso, para resaltar la lucha entre elconquistador que acomete y el an no conquistado que seresiste al vasallaje en las tierras de la Nueva Granada. Sinproponrselo, Castellanos contribuye a mitificar la accin blicade aquellos indios que "no queriendo con su bestial linaje,reconocer a nadie vasallaje", inicia la epopeya de la resistenciaque en el futuro no tendr un solo autor sino varias intrpidasplumas que se unirn al "Canto General" de la poesa co-lombiana.

    La epopeya no escrita sino apenas esbozada en escritosfragmentarios, ha de verse desde su origen hasta nuestros das,en su constante movimiento, representada en hitos histricosy legendarios. Selense como efemrides dignas del canto:las primeras guerreras de resistencia indgenas, la insurreccinde los comuneros, las gestas de la emancipacin, los clarinazosanti-imperialistas y las luchas populares contemporneas. Agre-gese como hecho ficcional el poema pico sobre Gonzalo deOyn, que no deja de ser un reflejo de una realidad criolla:la rebelda de los hijos de los espaoles nacidos en nuestrosricos latifundios, unos en favor de la Corona y otros en contrade la intromisin en lo que comenzaba a convertirse por he-rencia ancestral en un nuevo Dorado para los de arriba.

    A travs de tales rebeldas, pudiera decirse que la evolu-cin de la pica como surtidor temtico cubre etapas paralelasa los acontecimientos poetizados. Selese como primera etapaaquella que marca con enconadas flechas aborgenes la his-toria de la resistencia india.

    Cabe observar que si la pica no ha tomado la dimensinesperada en pluma del escritor colombiano, encomendero deuna historia dirigida a su gusto y pauta elitista, no es por au-sencia de un gran tema tenso y palpitante, sino porque laliteratura popular ha sido una corriente subrepticia o suplan-tada por el conformismo lrico del cantor oficial poco solidariocon las luchas populares. Se quiere ignorar acaso que la picade la resistencia desde antes de la insurreccin de los comu-neros, ha sido una constante popular que los historiadores,ms interesados en temas de prosopopeya ancestral, han dejado

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    al margen de sus textos y pesquisas. Si a las pesquisas nosremitimos, hay que volver a las pginas legendarias de Juande Castellanos, para encontrar el eco retrospectivo de la picacolombiana en aquellas estrofas donde el cronista-juglar, mi-tifica, sin quererlo, a La Gaitana, smbolo actualizado de laresistencia contra el invasor forneo. La intrpida mujer-caudi-llo, representa a esa muchedumbre dispersa, pero unida ensu meta, que arma la resistencia en Timan contra el usurpa-dor de aquellos territorios que los indios haban heredadode sus dioses. Capaz de convocar a un ejrcito de doce milmujeres tras del cual, ha de suponerse, se doblara la cifracon otros doce mil hombres de todas las comarcas, la Gaitanaes mirada con respetabilidad, incluso por el mismo cronista-juglar, quien as la describe:

    Era Seora de las ms potentes,

    Viuda regalada que tenaUn hijo que mandaba muchas gentes,Al cual por no acudir como vasallo,Aasco procur de castigallo

    (Canto Quinto, pg. 467).

    En los versos de Castellanos se describe el sacrificio delhijo de la Gaitana, sometido al suplicio de la hoguera. Rojapira que flamea en la voz de su madre, como una antorcha,para encender, al mismo tiempo, el fuego de su iracundianegativa. Su voz tirtica fue capaz de amotinar, macanas enalto, la furia de su pueblo. Mujer de armas tomando, asumehoy dimensin de herona nacional. Pero ya el poeta-juglar lahaba agigantado sin quererlo, comparndola con clebres mu-jeres de la historia universal. Al parangonarla con aquellas quetantos estragos han causado en el mundo, como Medea, Sciia,Tulia (hija de Tarquino), y otras matronas audaces no slocontribuye el poeta a unlversalizarla sino a sealar sus poderesultraterrenos. Y as se pregunta:

    Qu podremos decir de La Gaitanarevestida de furias infernales?

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    El punto clave lo toca el cronista-juglar cuando denuncia,sin que ste sea su propsito, el hecho de que una minoraquiera suplantar los derechos de la gran mayora. Y es eneste sentido como se establece en sus estrofas una de las causasde la resistencia indgena al destacar al cacique Piganza granSeor de la comarca, portavoz de su pueblo, quien arenga atodas las tribus a peticin de La Gaitana. Su protesta amotinalos sentimientos de la muchedumbre cuando denuncia que losinvasores quieren quitarle la libertad y los estados, agregando:

    Consentrselo ser de locossiendo nosotros muchos y ellos pocos.

    Razones sociales y hasta reflexiones metafsicas se aducenpor boca del caudillo indio, para plantearse el tema de la igual-dad del ser humano sin que quiera aceptar la superioridadde la raza blanca sobre la raza prieta u oscura. Y asreza la estrofa:

    Antes tenamos otros conceptos,juzgndolos por hombres inmortales,. . . de suerte que los blancos y los prietossomos en el morir todos iguales.

    La insistencia del caudillo indio en el sentido de la igual-dad, le hace ver que frente al espaol, en lid de hombre ahombre, en nada puede aventajar al indgena.

    No aventajan una pajaen fortaleza y animosos pechos.

    Y si la ventaja de los espaoles pudo radicar en la cantidadde pertrechos, en sus caballos y en sus armas tajantes, los indiosse sienten superiores o iguales en intrepidez pica. Fogueadosy terribles en el combate, el poeta los ve derribando a jinetesde piafantes corceles con su musculosa armadura.

    Todas las tribus en alianza pica vense desfilar por lasestrofas de Castellanos hasta concentrarse en Timan, fortale-

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    za de una raza bravia formada por paeces, yalcones, aspiramasy pijaos. Es all en Timan, donde Piganza agigantado,dirige su arenga a un ejrcito pujante. Frente a sus legiones,hace nfasis en la causa comn que a l lo mueve. Como grancomandante instruye, igualmente, a sus huestes a que peleencon orden y observancia, sin rendirse aunque se sientan mal-heridos. Ha de procurarse, advierte, que si algn compaeroes abatido, el escuadrn, no obstante, debe estar ms firme.Reconoce que el caballo es lo nico superior que tienen losespaoles. Por lo tanto, recomienda que hay que atravesarde lanzas a las bestias, puesto "que pie con pie mejores somosquellos". Luego distribuye a su ejrcito en tres frentes: los ar-mados de flechas venenosas, los armados de dardos y losarmados de hondas. Y nuevamente insiste en que no sedesordenen los escuadrones y que si cae alguien muerto o mal-trecho, hay que seguir con la meta siempre adelante:

    Esto dicho, la turba de gentilesque la razn oy con advertencia,alzaron con belgeros astiles,All se muestran Hctores y Aquiles

    Tal es el temor de los espaoles ante la poderosa fuerzaque logra reunir para su general La Gaitana, como secuelade su convincente campaa de agitacin popular, que laadvertencia se deja or del bando contrario:

    No hay que dormir noche ni siesta.Porque la mala vieja que os molestaHa congregado bravas compaas

    Y como el pueblo unido jams ser vencido, el cronista-juglar atiza el fuego del fervor popular en una de sus estrofas,para describir el arrojo y decisin de los indios en sus hazaasblicas por la recuperacin de sus tierras. Y as rompen filasen la estrofa:

    Rompen los aires grita y alarido;hierve la furia con ardor funesto

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    El escuadrn no puede ser rompidopara dar a caballo lugar presto,pues al instante que uno ven cadoel vivo sucesor estaba puesto:cuantos ms mueren, tanto ms se cierra,y as los indios van ganando tierra

    (Canto Octavo, pg. 485).

    Finalmente la batalla se da con tal bizarra indgena,reconocida por el cronista-juglar, que ya en el poema se leoye cantar victoria en favor de las picas milicias popularesde la indiada:

    Canta victoria ya brbara trompa

    Circungiran caballos con la pompade armas, y manera no se hallacon tanta muchedumbre de pertrechoscomo se les ponan a los pechos

    (pg. 485).

    La resurgencia de La Gaitana en la literatura contempo-rnea, ha contribuido a plantear el problema del indio actual,postrado y vilipendiado frente a su imagen legendaria en vade mitificacin, destacndose, de paso, el origen remoto denuestra rebelda en lucha armada contra la opresin del pue-blo. Simblicamente La Gaitana, como madre de la revolu-cin colombiana, si se acepta su penacho indio, revive en laliteratura actual, convencida de que la lucha no es slo conel invasor forneo sino tambin contra la tirana de losdspotas.

    En su lucha enconada contra el extranjero invasor de laspetrolferas tierras de Barrancabermeja en el Departamentode Santander, el escritor Luis Torres Almeida, nos presentala efigie del Cacique Pipatn, iracundo guerrero, caudillode los indios yariguies. De increble belicosidad, estos indios,luchando cuerpo a cuerpo, hacan morder tierra a los inva-sores. Pipatn, dice el escritor citado, al dramatizar y actualizarsu legendaria hazaa, es quizs el nico entre los reyes in-

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    dgenas de su tiempo que logra doblegar la crueldad espaolapara salvar a su pueblo del cautiverio y la esclavitud. Sobre-vive su imagen entre los suyos como un dios mitolgico depaz y de guerra.

    Cuenta la leyenda que, al cortarle cruelmente los talones, lograescaparse del suplicio hacia los bosques, habiendo recorrido por laspera tierra sus piltrafas ms de sesenta leguas, para reintegrarse asus huestes combatientes. Es cuando organizando un ejrcito suici-da lo enfrenta nuevamente al extranjero, cruzndolo de flechas mor-tferas hasta lograr expulsarlo de sus tierras invadidas.

    Otro caudillo indio, Aquimen, El Zaque, vuelve a actua-lizarse con la reciente reimpresin de la obra de PrsperoPer eir Gamba, publicada en su primera edicin, en 1858.Aquimen, El Zaque es la primera obra de propsito picosobre la conquista de la ciudad de Tunja. Hay en sta y enotras obras indianistas la motivacin romntica de nostalgiapor el glorioso pasado, que las impulsa al enfoque sentimentalcon aires picos. Al respecto sostiene Ignacio Torres Giraldoque "el enfoque de la cuestin indgena se ha hecho desdeel marco del idealismo romntico o de un indigenismo bur-gus paternalista, caracterstico de los intelectuales liberales".No obstante en la obra de Pereira Gamba la imagen del indiose mira con orgullo y con la hiperblica satisfaccin de quenuestros abuelos zaques o chibehas no eran unos pobres dia-blos. Por el contrario; eran poderosos seores, dotados deincrebles riquezas, moradores de "bellos alczares pajizos".Y era precisamente en un "auripalacio" donde rega los des-tinos el rey indio Aquimen, El Zaque. La dignificacin dela nobleza india como reflejo de su esplendor y bonanzade su dorado se pone de manifiesto en el escritor orgulloso desu penacho ancestral. Al respecto apunta Armando Solano:"nosotros no tenemos, si no acaso en divagaciones muy tenues,en fugaces e imperceptibles relmpagos, el recuerdo estimu-lante de la realeza aborigen, de las dinastas indias, de la pocaen que la raza posea tierra y la seoreaba sin intromisionesextraas". Un siglo antes ya el cantor de la epopeya de Aqu-men, El Zaque, haba jerarquizado verso tras verso la digni-

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    dad y realeza india. Logra as prender el entusiasmo del orgulloracial cuando nos hace ver pomposamente al soberano Zaquellevado en andas por sus cortesanos. Con pompa se trasladaal cuartel general del invasor, para trabar un dilogo de iguala igual en demanda de sus derechos. Desafortunadamente elyugo espaol se impuso con su despotismo y tirana, comolo anota el poeta, protestando por que al indio se le tratecomo bestia. En su actitud de defensa de los aborgenes, elpoeta acusa a los espaoles de sanguinarios, opresores y decontradictorios en cuanto pretenden propagar la religin asangre y fuego. Semejantes muestras de crueldad hacen re-flexionar al bardo sobre el hecho de que el pueblo cultotambin se salvajiza, al instaurar una nueva esclavitud enla naciente sociedad. Y as su estrofa resulta recriminatoria:

    [... ] el sordo rechinar de las cadenasera el santo comps de las plegariasy al Dios de libertad bueno y jocundose consagr la esclavitud del mundo!

    La gnesis de esa esclavitud comienza con la destruccinde la dinasta del Zaque y el suplicio a muerte de Aquimen,para verse sustituido por el conquistador Gonzalo SurezRendn, quien desde la cada del Zaque instaura una tiranapara los indios sometidos bajo su poder. La voz del soberanoAquimen, antes de ser sacrificado, puede orse rescatada porel vate:

    Yo era Seor y grande y poderoso,sin otro superior que Sogamoso,sin otro culto que la luz de sol.Mi voz que cual espritu del truenoen la conciencia pblica sonaba,es hoy lmpara dbil que se acabaahogada por la fuerza de otra voz

    A travs de los doce cantos de resonancia pica, la imagendel Zaque sobresale por su nobleza, dignidad y orgullo ances-tral. Frente al soberano erguido en su historia legendaria, dosbroncneos perfiles guerreros se imponen blicamente en las

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    estrofas del poeta: uno es el rebelde Boyac y el otro el pro-feta Modn. Ambos luchan por salvar la dignidad de losaborgenes sometidos, y arman la resistencia, como se paten-tiza en la siguiente octava real, digna de las evocacioneshomricas:

    que el Mariscal mand con Luis Lancheroy en la vanguardia estaba, sucumbabajo la maza de Modn certero,y sobre el flanco de Rendn llovade flechas y hondas fnebre aguacero,mortferos y gruesos proyectiles,nmenes dignos del cantor de Aquiles

    Ferozmente las fuerzas castellanas logran imponerse porsu superioridad caballar sobre las huestes indgenas comanda-das por el legendario Modn, smbolo de la resistencia. Perosus huestes caen, este profeta indgena, deja en el aire comoclarn, su voz vaticinadora, all en Boyac, donde tres siglosdespus se dar la gran batalla de la libertad de Amrica,reivindicando de paso el nombre del indio aguerrido: Boyac!Desde las picas estrofas el vaticinio libertario de Modn,heraldo del reino de Hunzahu, se canta anunciando el ad-venimiento, en los campos de Boyac, del futuro libertador:

    mas de Hunzahu los nietos, aqu mismo,bajo del sol que mi martirio alumbresacudirn la imbcil servidumbreen los brazos de un Gran Libertador

    Habiendo sido Colombia el centro estratgico militar deeste gran libertador, Simn Bolvar, cuyas hazaas heroicasculminaron con la Batalla de Boyac, infunde sorpresa elhecho de que ningn poeta colombiano haya cantado laepopeya de las gestas bolivarianas. Cantos alusivos a Bolvary a la libertad abundan, sin embargo, siendo el tema que anvibra desde Jos Fernndez Madrid {Himno a Bolvar) has-ta La Bolivarada de Dora Castellanos y el canto pico a lalibertad de Fernando Aparicio, incluyndonos, si se nos per-mite, con los an inditos Cantos de pica bolivariana.

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    Siendo Colombia un pas de lricos, en la poesa "ventiju-liera" se ha recogido el sentimiento bolivariano nacional y,sin embargo, hay toda una pica dispersa y fragmentaria decuantas plumas han contribuido a la gran epopeya en marcha.Merece destacarse La Bolivarada de la poetisa Dora Castella-nos, quien entre lrica y pica resalta el pensamiento, lavida y las glorias del Libertador dentro de lo que ella definecomo "Epopeya con Musas". Pero tambin es una epopeyacon el pueblo, como hroe colectivo. Con aquellos que comie-ron plvora por las heridas, como ella lo reconoce y lo cantaal dirigirse al libertador:

    Tus guerreros desnudos,tus huestes sostenidas,por la ilusin tan solo,tus mrtires tenaces,tus cclopes hambrientos,comieron la plvora por las heridas,albergaron la plvora en el pecho,detuvieron el plomo con sus huesos,respiraron aliento de caones,bebieron humaredas dclectreasse embriagaron de muertey se murieron tristes y tasajeadoscon la caricia de las bayonetas

    (pgs. 80-81).

    Traicionado el ideario de Bolvar, la revisin de la his-toria descubre con los aos, que la independencia de Amrica,ms que suponer una liberacin del sistema medieval colonia-lista impuesto por las castas espaolas, fue el desenlace deuna rivalidad trabada entre espaoles peninsulares y criollosamericanos, es decir, entre padres e hijos de la raza castiza,para disputarse el poder y el dominio del emporio americano.Lo que fue en el fondo una guerra civil entre hermanos dela misma sangre, lo poetiza Julio Arboleda en el picoGonzalo de Oyn. Un conflicto entre hermanos, Alvaroy Gonzalo, ste defensor de la corona espaola y aqul un re-belde que la combate, inspiran el relato pico del poeta

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    dentro de un escenario colombiano en tierras conquistadaspor Sebastin de Belalczar. Las luchas y enfrentamientosde los dos hermanos que guerrean por su causa, constituyenla clave del poema escrito con pretensiones de epopeya clsica.El poeta, simpatizante de la Madre Patria, idealiza al hroevencedor, don Gonzalo de Oyn por su lealtad al rey. A surival, Alvaro, por el contrario, se le califica de mal vasallo,de revolucionario, de ambicioso. No se descarta, por serhijo de tan preclara estirpe, la ponderacin racial de su tit-nica estatura de perfil desafiante:

    Es su estatura la del trunco robleque, entre altos olmos, en su pecho asiento,burla robusto, silencioso, innobledel huracn el mpetu violentoboca del len, y a la impotente y noblevoz del rey, de las selvas es su acento:de guila el ojo, la actitud serena,hspida barba y recia la melena

    "De la Espada a la Espada" y "La Disputa", temas quecorresponden a los cantos xn y xm, dinamizan la tensinpica de los protagonistas principales sin que los caracteresindios dejen de contribuir, ora para reconocer el atractivode la india Pubenza por la que rivalizan los conquistadores,ora para poetizar picamente el robusto y desafiante perfildel indio. As lo ve el poeta:

    [... ] cacique impvido y esbeltode enorme talla y fuerza gigantea,de torva faz y corazn resuelto,quien la destruccin goza y recrea,manda en los Huilas

    La Epopeya del Cndor, Premio Internacional otorgadopor Rubn Daro en 1914, podra considerarse como el intentopico-lrico de ms resonancia de la poesa colombiana con-tempornea. Aurelio Martnez Mutis, su autor, se conviertecon su epopeya en el poeta-clarn, en el poeta-cndor. Comosimblico cndor, el vate representa la raza de bronce, el pue-

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    blo tenso, listo para la epopyica marcha. Como clarn, elpoeta recoge el clamor colectivo y es, por lo tanto, la vozde la Amrica mestiza que vibra sobre los Andes cuandolanza a los vientos huracanados su mensaje de alarma yadvertencia frente al guila imperialista. La trascendencia deLa Epopeya del Cndor se seala como gran poema por elimpacto pico, por su multitudinario eco de solidaridad con-tinental, aunque en Colombia se le haya desterrado de lasantologas claudicantes. Frente a la poltica del Gran Garrote,La "Epopeya del Cndor marc el hito histrico de ser unavibrante protesta de Colombia ante el mundo por la prdidade Panam bajo la amenaza armada y poderosa presin delColoso del Norte. Es as como despus de Rafael Pombo(vase su poema Los filibusteros), el poeta Martnez Mutisvuelve a prender la chispa de la literatura anti-imperialistade impacto pico en su lucha contra la amenaza de un nuevocolonialismo en tierras de Bolvar. Martnez Mutis, se anticipacon su poema a Pablo Neruda al profetizar en sus estrofasla nueva pica novomundana inspirada en la epopeya vivadel pueblo insurgente, y as lo dice:

    Un poetapequeo como el tomo infelicepero grande y vidente por que cantade pie sobre la Amrica, predicela epopeya del pueblo,que crece y se agiganta.

    La epopeya del pueblo, que est en marcha, ha reivindi-cado en Colombia a su hroe mximo, el mestizo Jos AntonioGaln, el comunero. Frente a ciertos escritores criollos quehan escrito pginas ensaysticas para destruir al hroe campe-sino, Galn es hoy una estatua que camina en la concienciarevolucionaria colombiana. Varios poetas han exaltado suimagen legendaria como Guillermo Crdoba Romero, CarlosCastro Saavedra, Fernando Soto Aparicio, Gerardo Valencia,Daro Samper, Helcas Martn Gngora, Hugo Salazar Val-ds, Rafael Ortiz Gonzlez, Antonio Lagos. Y si se nos

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    permite incluirnos, ya en la vanguardia de una nueva picasocial, ha de mencionarse como aporte de solidaridad nuestrosCantos de gesta comunera, 1981, cuyo enjuiciamiento crticoinspira el ensayo de Rafael Daz Borbn, pica y revolucincomunera. As revivido Galn, vsele en recientes cantos picos,tomando nuevamente su bandera,

    para armar una y mil revolucionesentre balazos, donde est cautivomi pueblo comunero que, al fin, pudoarmar su ejrcito leal y rudo.

    La poesa de la violencia poltica, anterior a la que posible-mente exalte la lucha armada de los movimientos de liberacinnacional, repercute en la Poesa Liberada y Deliberada de Co-lombia (1976). All se antologan los romances referentes alos guerrilleros legendarios como Guadalupe Salcedo y ElseoVelsquez, escritos por los poetas Gustavo Cote Uribe, DaroSamper y Emilio Rico. Vase el perfil pico de un guerrilleroliberal llanero en Romance de Guadalupe Salcedo del poetaCote Uribe:

    Jinete de pecho en arcoy un lucero en punta de asta,el casco de su caballolos horizontes ensancha

    La lucha cruenta de los dos partidos polticos colombianos,el liberal y el conservador, genera una poesa politizada sinque se excluya del canto al guerrillero conservador. Y asasoma su perfil como campeador racial en El Galope de unromance del poeta Rafael Ortiz Gonzlez, haciendo avanzarla pica con este y otros romances en Las Comarcas del Canto:

    Tu fuiste un campeador franco,en tus comarcas campales,y en la ciudad de las guilascomo un guila peleaste,contra cinco compaasy t, solo, en el combate!

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    El poeta colectiviza la imagen del heroe-pueblo que luchaen Latinoamrica contra los poderes opresores, y ya habrotros bardos que destaquen la imagen de Bolvar como uncaudillo popular en cuyo brazo erguido se enarbolen todas lasbanderas de los movimientos liberadores traicionados o exter-minados por oscuros poderes. As con la pica bolivarianade los tiempos que corren hemos tratado de inaugurar conCantos de pica Bolivariana (1982) una nueva epopeya co-lectiva en marcha.

    RAMIRO LAGOS

    BIBLIOGRAFA BSICA

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    CampoTexto: THESAURUS. Tomo LII. Nms. 1, 2 y 3 (1997). Ramiro LAGOS. Origen y movimiento de la ...