Goldman William - La Princesa Prometida

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    11-Nov-2015

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La princesa prometida

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La Princesa Prometida

William GoldmanLa princesa prometida

William GoldmanLa princesa prometida

Ediciones Martnez Roca

Traduccin: Celia FilipettoDiseo cubierta: Compaa de DiseoFoto: El prncipe entrando en el bosque de Briar, Burne JonsNinguna parte de esta publicacin, incluido el diseode la cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitidaen manera alguna ni por ningn medio, ya sea elctrico,qumico, mecnico, ptico, de grabacin o de fotocopia,sin permiso previo del editor.Ttulo original: The princess bride William Goldman 1999, Ediciones Martnez Roca, S. A.Enric Granados, 84, 08008 BarcelonaPrimera edicin en esta coleccin: enero de 1999ISBN 84-270-2424-XDepsito legal B. 47.269-1998Fotocomposicin: Pacmer, S. A.Impresin: A & M Grfic. S. L.Encuademacin: Encuademaciones Balmes, S. L.Impreso en Espaa - Printed in Spain

Versin Digital Diciembre 2003

Scan de elfowar / Edicin de Kory

Indice1. La prometida............................................................................................ 232. El prometido............................................................................................. 393. El cortejo.................................................................................................... 424. Los preparativos....................................................................................... 485. El anuncio.................................................................................................. 496. Los festejos................................................................................................ 1107. La boda...................................................................................................... 1448. Luna de miel............................................................................................. 167

ste es el libro que ms me gusta de todo el mundo, aunque nunca lo he ledo.Cmo puede ser semejante cosa? Har lo imposible por explicarlo. Cuando era nio, los libros no me interesaban nada. Detestaba leer, no se me daba nada bien, y, adems, cmo dedicarse a la lectura cuando haba montones de juegos que esperaban ser jugados? El baloncesto, el bisbol, las canicas: era incansable. Incluso llegu a ser bastante bueno, pero si me daban una pelota y un patio vaco, era capaz de inventarme triunfos en el ltimo segundo, triunfos que hacan saltar las lgrimas. El colegio era una tortura. La seorita Roginski, que fue mi maestra desde los cursos tercero al quinto, no paraba de decir a mi madre: Tengo la impresin de que Billy no se esfuerza todo lo que debiera. O: Cuando le pongo un examen, Billy lo hace realmente muy bien, sobre todo si tenemos en cuenta su actitud en la clase. O, con ms frecuencia: Seora Goldman, no s qu vamos hacer con Billy.Qu vamos a hacer con Billy? Esa pregunta me persigui durante aquellos primeros diez aos. Finga que no me importaba, pero en el fondo, me senta petrificado. Todo el mundo y todas las cosas me dejaban de lado. No tena amigos de verdad, ni una sola persona que compartiera conmigo mi desmesurado inters por los deportes. Pareca ocupado, muy ocupado, pero supongo que, de apurarme, habra reconocido que, a pesar de tanto frenes, me encontraba muy solo.Qu vamos a hacer contigo, Billy?No lo s, seorita Roginski.Cmo es posible que suspendieras esta prueba de lectura? Yo misma te he escuchado utilizar cada palabra con mis propios odos.Lo siento, seorita Roginski. A lo mejor es porque no estaba pensando.Siempre ests pensando, Billy. La cuestin es que no estabas pensando en la prueba de lectura.Lo nico que poda hacer era asentir.Qu ha ocurrido esta vez?No lo s. No me acuerdo.Estaras otra vez pensando en Stanley Hack?(Stanley Hack era el tercer base de los Cubs de esa y de muchas otras temporadas. Lo haba visto jugar en una ocasin, desde las gradas, e incluso a esa distancia, tena la sonrisa ms dulce que haba visto jams, y hasta el da de hoy, jurara que me sonri varias veces. Lo adoraba. Adems, bateaba como los dioses.)No, en Bronko Nagurski. Es un jugador de ftbol. Un gran jugador, y el peridico de anoche deca que a lo mejor vuelve a jugar otra vez para los Bears. Se retir cuando yo era pequeo. Pero si volviera y si yo lograse que alguien me llevase a un partido, podra verlo jugar y, a lo mejor, si quien me llevara lo conociese, tal vez lograra que me lo presentasen despus, y a lo mejor, si tuviese hambre, podra convidarle a un bocadillo de los mos. Trataba de imaginarse qu tipo de bocadillo le gustara a Bronko Nagurski.La seorita Roginski se hundi en el asiento.Tienes una soberbia imaginacin, Billy.No s qu le contest. Probablemente gracias o algo por el estilo.Aunque no logro sacarle partido prosigui. Por qu ser?Creo que a lo mejor es porque necesito gafas y no puedo leer, ya que veo las palabras muy borrosas. Eso explica por qu me paso todo el rato pestaeando. A lo mejor, si fuese a un mdico de los ojos, podra recetarme gafas y, entonces, sera el mejor lector de la clase y usted no tendra que hacerme quedar tanto despus de hora.Se limit a sealar detrs de ella y a ordenarme:Ponte a borrar las pizarras, Billy.S, seorita.Lo de borrar pizarras se me daba de maravilla.Las ves borrosas? me pregunt la seorita Roginski al cabo de un rato.No, qu va! Me invent la historia.Tampoco pestaeaba nunca. Pero la seorita Roginski pareca muy mosqueada. Siempre lo pareca. Llevbamos as tres cursos.No s por qu, pero no logro llegarte al fondo.Usted no tiene la culpa, seorita Roginski.(No la tena. A ella tambin la adoraba. Era regordeta, pero recuerdo que por aquel entonces deseaba que fuera mi madre. Nunca logr que la cosa funcionara, a menos que hubiera estado casada con mi padre y despus se hubieran divorciado y mi padre se hubiera casado con mi madre que estaba bien, y como la seorita Roginski tena que trabajar, yo qued bajo la custodia de mi padre: todo tena sentido. Pero la cuestin era que nunca llegaron a intimar, me refiero a pap y a la seorita Roginski. En las ocasiones en las que se vean, cada ao para la celebracin de Navidad, cuando venan los padres, yo los vigilaba como loco con la esperanza de descubrir alguna mirada furtiva que significara algo as como: Qu tal? Cmo te ha ido desde que nos divorciamos?, pero no haba caso. No era mi madre, sino simplemente mi maestra, y yo era en su vida su zona personal de creciente desastre.)Ya vers como mejoras, Billy.Eso espero, seorita Roginski.Eres de los que tardan en florecer, eso es todo. Winston Churchill tard en florecer, y t tambin.Estuve a punto de preguntarle en qu equipo jugaba, pero hubo algo en su tono de voz que me convenci de que era mejor que no lo hiciese.Y Einstein.A se tampoco lo conoca. Tampoco saba lo que quera decir con eso de tardar en florecer. Pero dese con fervor ser de los que tardan en hacerlo.A los veintisis aos, mi primera novela, titulada The Temple of Gold (El templo del oro) apareci en Alfred A. Knopf. (Que ahora forma parte de Random House, que a su vez forma parte de la RCA, y que es parte de lo que no funciona en esto de publicar libros en Estados Unidos, cuestin que no forma parte de esta historia.) En fin, antes de que saliera la novela, los del departamento de publicidad de Knopf estaban hablando conmigo, tratando de dilucidar qu hacer para justificar sus sueldos, y me preguntaron a quines podan enviar ejemplares del libro para que pudieran erigirse en fuente de opinin. Les contest que no conoca a nadie que pudiera hacerlo. Entonces ellos me replicaron: Piensa, todo el mundo conoce a alguien. Me entusiasm mucho cuando se me ocurri la idea y les dije: De acuerdo, enviadle un ejemplar a la seorita Roginski. Cosa que me pareci lgica, porque si alguna vez ha existido una persona que me forjara las opiniones, sa fue la seorita Roginski. (Por cierto, aparece a lo largo de toda la novela El templo del oro, slo que le puse seorita Patulski; entonces tambin era creativo.)Quin? me pregunt aquella chica de publicidad.Es una antigua maestra que tuve. Le envas un ejemplar y yo se lo firmar, y puede que incluso le escriba una...Estaba realmente entusiasmado hasta que aquel to de publicidad me interrumpi dicindome:Nos referamos ms bien a alguien del panorama nacional.Envale un ejemplar a la seorita Roginski, por favor. Vale? insist en voz muy baja.S repuso l. Claro, faltara ms.Os acordis que no pregunt en qu equipo jugaba Churchill por el tono de su voz? En aquel momento, creo que a m tambin me sali aquel tono. En fin, algo debi de ocurrir, porque el tipo apunt de inmediato el nombre de mi maestra y me pregunt si se escriba con i latina o con y griega.Con i latina contest.De inmediato hice un repaso de aquellos aos, tratando de pensar una dedicatoria fantstica para mi maestra. Ya sabis, algo inteligente, modesto, brillante, perfecto. Algo as.Y su nombre de pila?Eso me hizo volver a la realidad. No saba su nombre de pila. Siempre la haba llamado seorita. Tampoco saba su direccin. Ni siquiera saba si segua viva o no. Haca diez aos que no iba a Chicago; era hijo nico, mis padres haban fallecido, a quin le haca falta Chicago?Envalo a la Escuela Primaria de Highland Park le dije.Y lo primero que se me ocurri escribirle fue: Para la seorita Roginski, una rosa de quien tard en florecer, pero despus me pareci demasiado presuntuoso, o sea que decid que: Para la seorita Roginski, una mala hierba de quien tard en florecer sera ms humilde. Demasiado humilde, decid luego, y por ese da me dej de ideas brillantes. No se me ocurri nada. Despus me asalt la idea de que tal vez no se acordara de m. Al final, ya al borde de la desesperacin, termin escribiendo: Para la seorita Roginski de William Goldman. Usted me llamaba Billy y deca que era de los que tardan en florecer. Le envo este libro; espero que le guste. Fue usted mi maestra en tercero, cuarto y quinto cursos. Muy agradecido. William Goldman.El libro se public y fue un fracaso; me encerr en casa y me derrumb, pero uno acaba adaptndose. El libro no slo no me erigi en lo ms novedoso desde Kit Marlowe, sino que para colmo nadie lo ley. Bueno, a decir verdad, lo ley un cierto nmero de personas a las que yo conoca. Pero me parece que es ms prudente sealar que ningn extrao lleg a saborearlo. Fue una experiencia demoledora y reaccion como ya he dicho. O sea que cuando me lleg la nota de la seorita Roginski tarde, porque la enviaron a Knopf y ellos la retuvieron durante un tiempo necesitaba realmente que alguien me subiera la moral.Apreciado seor Goldman: Gracias por el libro. Todava no he tenido tiempo de leerlo, pero estoy segura de que es un bonito esfuerzo. Por supuesto que me acuerdo de usted. Me acuerdo de todos mis alumnos. Atentamente, Antonia Roginski.Qu desilusin. No se acordaba de m. Me qued sentado con la nota en la mano, completamente deshecho. La gente no se acuerda de m. De verdad. No es paranoia; simplemente tengo la costumbre de pasar por las memorias y no dejar huella. No me importa demasiado, aunque supongo que miento; s que me importa. No s por qu motivo, en esto del olvido obtengo una muy alta puntuacin.O sea que cuando la seorita Roginski me envi aquella nota que la igualaba al resto de la gente, me alegr de que nunca se hubiese casado; de todos modos nunca me haba cado bien, siempre haba sido una psima maestra, y se tena ms que merecido que su nombre de pila fuera Antonia.No iba en serio, dije en voz alta en ese mismo momento. Me encontraba solo en mi despacho de una sola habitacin, en el maravilloso West Side de Manhattan, hablando conmigo mismo. Lo siento, lo siento prosegu, tiene que creerme, seorita Roginski.Lo que ocurri entonces fue que por fin haba ledo la posdata. Apareca en el dorso de la nota de agradecimiento y deca as: Idiota. Ni siquiera el inmortal S. Morgenstern pudo sentirse ms paternal que yo.S. Morgenstern! La princesa prometida. Se acordaba de m!Escena retrospectiva.1941. Otoo. Estoy un tanto irritable porque mi radio no capta los partidos de ftbol. El Northwestern se enfrenta al Notre Dame; empezaba a la una, es ya la una y media y no hay manera de sintonizar el partido. Msica, noticias, radionovelas, de todo menos el gran acontecimiento. Llamo a mi madre. Viene. Le digo que mi radio est averiada, que no logro sintonizar el Northwestern-Notre Dame. Te refieres al partido de ftbol?, me pregunta. S, s, s, le contesto. Pues hoy es viernes me dice. Cre que jugaban el sbado.Si ser idiota!Me echo en la cama, escucho las radionovelas y al cabo de un rato intento volver a sintonizarlo, y la estpida de mi radio va y capta todas las emisoras de Chicago menos la que transmite el partido de ftbol. Me pongo a gritar a voz en grito, y mi madre entra otra vez hecha una fiera. Tirar la radio por la ventana digo yo. No lo coge, no lo coge! No logro sintonizarlo! Sintonizar qu?, pregunta mi madre. El partido de ftbol contesto yo. S que eres borde, el paaaartiiidooo. Que lo dan el sbado, y cuidadito con lo que dices, nio me advierte mi madre. Ya te he dicho que hoy es viernes. Vuelve a marcharse.Alguna vez ha existido un infeliz tan grande?Humillado, giro la sintona de mi fiel Zenith, y trato de encontrar el partido de ftbol. Fue tan frustrante que me qued ah acostado, sudando y con el estmago raro, aporreando la parte superior de la radio para hacerla funcionar bien. Y as fue como se dieron cuenta de que deliraba a causa de la pulmona.Las pulmonas de ahora no son lo que eran antes, sobre todo cuando yo la tuve. Estuve como diez das ingresado en el hospital y despus me enviaron a casa para el largo perodo de convalecencia. Me parece que me pas otras tres semanas ms en cama, un mes quiz. No me quedaban energas, ni siquiera para mis juegos. No era ms que un pelmazo en perodo de recuperacin de fuerzas. Punto.As es como tenis que imaginarme cuando me encontr con La princesa prometida.Era la primera noche que pasaba en casa despus de salir del hospital. Exhausto; segua siendo un enfermo. Entr mi padre, supuse que a darme las buenas noches. Se sent al pie de mi cama.Captulo uno. La prometida dijo.Slo entonces levant la vista y vi que llevaba un libro. Eso, por s solo, era sorprendente. Mi padre era casi, casi, analfabeto. En ingls. Vena de Florn (donde se desarrolla La princesa prometida) y all no haba sido ningn tonto. En cierta ocasin dijo que habra acabado siendo abogado, y puede que fuera cierto. La cuestin es que a los diecisis aos prob suerte y se vino a Amrica, apost por la tierra de las oportunidades y perdi. Aqu nunca encontr nada que le viniera bien. No era de aspecto atractivo: muy bajito, calvo desde joven, y le costaba mucho aprender. Una vez que captaba una idea, se le quedaba grabada, pero las horas que tardaba en metrsele en la cabeza eran algo increble. Su ingls siempre fue ridiculamente inmigrante, y eso tampoco le ayud mucho. Conoci a mi madre durante un viaje en barco; ms tarde se casaron y cuando crey que podan permitirse el lujo, me tuvieron a m. Trabaj toda la vida como segundo barbero en la barbera de menos xito de Highland...