Hermann Cohen - La idea de Mes­as

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  • La idea de Mesas*

    Kntre las emociones humanas hay una en particular a la que ni siquie-ra los ms estrictos moralistas modernos le niegan todo su derecho y Valor la esperanza. Aun as, esta valoracin de la esperanza no es en modo alguno comn a todas las pocas o a todos los pueblos. En cam-bio, la esperanza parece ser esa emocin en la que se hace reconocible algo ms que una diferencia psicolgica: la distincin entre una fe po-litesta y una fe monotesta. Para los griegos ms antiguos la esperan-za no significaba ms que vana especulacin. Recin tras las guerras contra los persas dej de ser slo lo opuesto al miedo, dej de pertene-cer exclusivamente a la caja de Pandora. Desde entonces, el trmino aparece aqu y all en el sentido de fe en Dios. Pero incluso durante la alad de oro griega, la esperanza indica simplemente un sentido de ali-vio personal que afecta slo a la imaginacin del individuo pobre o desdichado. En ninguna instancia del paganismo el concepto de espe-mnza sugiere una orientacin de la conciencia hacia una elevacin de Inda la existencia humana. Esta expansin hacia el dominio imperso-nal, tico, esta espiritualizacin de una emocin bsicamente materia-lisia y personalista, es el efecto y ciertamente una de las marcas ms M)guras de la idea de la unidad de Dios o, lo que significa lo mismo, de I >ios como espritu. En el lenguaje del Antiguo Testamento, la esperan-za se oculta tras la fe. Las ltimas palabras del patriarca moribundo: I spero la llegada de tu tiempo" [Gnesis 49:18], hacen a la salvacin

    M sustancia de la esperanza, y a la vez convierten a la esperanza en la IMirunta de la salvacin. En tanto "esperanza y futuro", la esperanza es

    ri)ic Mcssiasidee" (1892), en Hermann Cohens Jdische Schrften, Berln, C. A. * IiwiMHV hkc \ Snlin. 1924. T. I. pp. 105 124.| Traducc in: Pablo Preve.

    bibliotecaTexto escrito a mquina

    bibliotecaTexto escrito a mquinaCohen, Hermann. Mesianismo y razn: escritos judos.Buenos Aires, Lilmod,2010.

  • 62 Mesianismo y Razn. Escritos judos

    la ms alta recompensa que puede ofrecer el profeta, y es el nimo sub-yacente a la fe religiosa del salmista: "Mi alma espera al Seor, ms que los centinelas a la maana" [Salmos 130:5-6].

    Cmo lograron los israeles esta espiritualizacin, esta purificacin conceptual que los idealistas pueblos griegos nunca consiguieron a pe-sar de todo su arte y amor por la patria? Es cierto que la esperanza no se corresponde con el nimo en el drama griego. Su tragedia se basa en el temor y la compasin, mientras que su comedia es el contrario mismo de la esperanza, es decir la irona. Pero ms all de estos provechosos datos acerca de los grandes logros artsticos de los griegos, slo encontramos una explicacin negativa para su falta de esperanza. Para formularlo po-sitivamente, la esperanza es el producto y la expresin de la fe en la di-vina providencia. Y la divina providencia no significa una preocupacin, en primer lugar y por sobre todo, por el individuo, ni exclusivamente por el propio pueblo, sino ms bien por toda la humanidad en tanto hijos de Dios. La esperanza en el bienestar propio lleva a la vanidad. La esperan-za en el bienestar y la permanencia del pueblo y el Estado propios, aun-que posiblemente lleva al desarrollo del coraje y la abnegacin, tambin puede caer fcilmente en el orgullo. Y cuando la patria padece una larga miseria, toda esperanza parece ser en vano y llevar a una sensacin de frustracin y rechazo. Pero la esperanza del hombre es transformada en fe cuando ya no piensa slo en s mismo, esto es, en su salvacin presen-te, o en su salvacin eterna (esta ltima, si se me permite decirlo, con calculada solemnidad). La esperanza se transforma en fe cuando el hom-bre asocia el futuro con la emergencia de una comunidad cuya existen-cia no puede asimilarse al presente y la realidad, una comunidad que es ms que el yo, que la familia, los amigos, ante todo ms que los correli-gionarios de la propia fe, ms que la misma patria: esa comunidad es la humanidad. La fe en la humanidad es la fe de Israel, por eso la fe de Israel es la esperanza. Este apogeo de la profeca de Israel, la esperanza en el futuro de la humanidad, es el contenido de la idea de Mesas. Aqu queremos examinar su desarrollo histrico dentro de las fuentes religio-sas judas, as como su significado en la historia de la cultura y las cos-tumbres.

    Todas las ideas, incluso aquellas ms profundas y generales, y las que llegan a conquistar el mundo, se originan dentro de las limitacio-nes nacionales, condiciones de una poca y hasta contingencias perso-nales. El nacimiento de la idea de Fausto en el joven Goethe es gradual

  • La id*a dt Mesas 63

    ir it|Mienlemente involuntario. Por un lado, esta idea tan universal lo m mu a Job, Prometeo y Hamlet, pero por otra paite la idea es tan per-d

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    sas sera el liberador de Israel contina afectando las emociones pa-triticas del pueblo, el profeta pasa gradualmente a ver el estado judo, el reino de David, y la ciudad de Jerusalem como el reino de Dios en la tierra. As el Mesas, designado para establecer este reino de Dios, ya no es considerado como un emisario poltico, sino mas bien como el garante de una fe en que los postulados divinos pueden realizarse en la tierra. Esto le da a la idea de Mesas su eminente significacin his-trica. El Mesas, una vez que su imagen cambia de sacerdote y rey convencional a un individuo libre con derechos y responsabilidades, deja de estar sujeto a las ambigedades del culto al hroe. Es cierto que contina siendo persona, pero este concepto personal se disuelve gra-dualmente, transformndose en smbolo de una poca. Por decirlo en forma algo brusca, el Mesas se vuelve un concepto de calendario, y luego, en lugar de la persona del Mesas, se trata de "los das del Me-sas". El ungido es as idealizado en un perodo histrico de la huma-nidad.

    Ya en su origen poltico el Mesas contiene la disposicin en pos de una disolucin humanitaria y propiamente religiosa de un elemento poltico-nacional. En efecto, la primera condicin del Mesas no es el apogeo del Estado sino su hundimiento. Y esta destruccin, segn pro-clama el profeta, vendr como castigo y juicio divino por un modo de vida en el que incurrieron el pueblo elegido y sus lderes polticos, quienes se burlan de sus enseanzas. Estas exhortaciones profticas pareceran sediciosas, pero son el primer logro indispensable del Me-sas. Slo despus de que el pueblo haya perdido su Estado estar lis-to para recibir el consuelo, generalmente considerado como funcin propiamente mesinica. El pueblo deber atravesar un perodo de due-lo y arrepent i miento nacional antes de que el Mesas lo restablezca. Y ser restablecido con un propsito: la renovada glorificacin del nom-bre de Dios. El restablecimiento del pueblo no debe ser entonces con-siderado como un objetivo puramente poltico o nacional, sino como lina obra apostlica. Tambin resulta bastante claro que el levanta-miento poltico, aunque esperado con fervor y solicitado con confian-lii, no es en ltima instancia ms que un medio secundario para obte-MM In meta ltima: el reconocimiento unnime de la unidad de Dios I B ptirte de la humanidad. La idea resultante no fue una consecuencia p i 0 inevitable del pensamiento monotesta, cuyo surgimiento fue BpIlHiulo por el Exilio: el Mesas pas de ser un hroe y liberador na-

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    luiuil a un smbolo de la poca de una humanidad unida en el recono- lmenlo del Dios nico.

    I .a disolucin del Mesas personal en una poca histrica se inicia yii con los Profetas ms antiguos. Este pasaje es aclarado por el hecho ti* que el da del juicio es designado como "da del Seor". " Ay de los i|iic anhelan el da del Seor!", exclama Amos, "Para qu queris este llii del Seor? Ser da de tinieblas, y no de luz" (5:18). No obstante, el pueblo elegido es favorecido por Dios. "Hijos de Israel, no me sois vo-niros como hijos de etopes? [...] Mirad que los ojos de Yahv el Se-

    or estn contra el reino pecador, y yo lo asolar de la faz de la tierra; mus no destruir del todo la casa de Jacob. [...] En aquel da yo levan-tar la choza cada de David" (9:7). Si bien aqu no se profetiza an la unificacin de la humanidad, aparece ya el smil de la paz en la natura-leza, al menos en el mundo vegetal. "Mirad que llegan das, dice el Se-or, cuando el que ara seguir de cerca al segador, y el que pisa uvas al sembrador" (9:13).

    Oseas retoma este smil y lo lleva ms lejos: "En aquel tiempo har para ti pacto con las bestias del campo, con las aves del cielo y con las nerpientes de la tierra; y quitar de la tierra arco y espada y guerra, y le har dormir segura. Y te desposar conmigo para siempre; te despo-nar conmigo en justicia, juicio, benignidad y misericordia. Y te des-posar conmigo en fidelidad, y conocers al eterno" (2:20). Ms ade-lante, refirindose a este pacto, Oseas reprende a los pecadores. "La piedad vuestra es como nube de la maana, y como el roco de la ma-drugada, que se desvanece. Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios ms que holocaustos" (6:6). Pero cuando es-tos pecadores finalmente se conviertan, entonces "buscarn al Seor su Dios, y a David su rey" (3:5).

    Tambin Joel profetiza la destruccin, en expresa oposicin al mensaje tranquilizador de los sacerdotes nacionales: "Y lacerad vues-tro corazn, y no vuestros vestidos; y convertios al Seor vuestro Dios [...] y digan los sacerdotes, ministros del Seor: perdona, oh Seor, a tu pueblo, y no pongas en oprobio tu heredad, para que las gentes se enseoreen de ella. Por qu han de decir entre los pueblos: Dnde est su Dios?" (2:13). "Y despus de esto derramar mi Espritu sobre toda carne [...] Y tambin sobre los siervos y sobre las siervas derramar mi Espritu en aquellos das [...] Y todo aquel que invocare el nombre del Seor ser salvado" (3:1). Joel, sin embargo, no aclara qu ocurrira s