INTERNATIONAL POLITICAL SCIENCE ASSOCIATION IPSA ?· Si en el inicio del siglo XX, el sistema democrático…

  • View
    212

  • Download
    0

Embed Size (px)

Transcript

  • INTERNATIONAL POLITICAL SCIENCE ASSOCIATION IPSA XXIInd WORLD CONGRESS OF POLITICAL SCIENCE

    Panel

    NUEVAS DEMANDAS CIUDADANAS: INSTITUCIONES DEMOCRTICAS A PRUEBA?

    Ponencia

    PARTICIPACIN POLTICA Y NUEVAS DEMANDAS DEMOCRTICAS: ESTATUTO DE LA CIUDAD Y TOMA DE DECISIONES

    EN LA GESTIN URBANA

    Ponente

    JEFFERSON O. GOULART

    Doctor en Ciencia Poltica por la Universidad de So Paulo (USP), profesor del Departamento de Ciencias Humanas de la Universidad Estadual Paulista

    (UNESP) e investigador del Centro de Estudos de Cultura Contempornea (CEDEC). E-mail: .

    Resumen

    La versin hegemnica de la democracia tiene abordaje schumpeteriana, tradicin del pluralismo liberal que la reduce a formacin de mayoras legtimas por la representacin. Sin embargo la democratizacin de pases que pasaron por autoritarismo proporcion experiencias innovadoras de presencia de la sociedad civil en nuevos formatos participativos. En el Brasil, esa experimentacin tiene especial expresin en el nivel municipal. As, el Estatuto de la Ciudad presenta gran originalidad y preconiza formatos participativos de polticas pblicas: gestin democrtica por medio de la participacin de la poblacin y de asociaciones representativas. Esa Agenda Setting resulta de imposicin institucional, refleja decisin gubernamental y demandas de la sociedad civil. Cumple analizar los procedimientos prcticos de participacin y su alcance para compartir prerrogativas con las instituciones estatales (Ejecutivo y Legislativo) e identificar si esos formatos participativos dependen de los gobiernos y de la disposicin de estos de compartir decisiones o bien constituyen la implantacin de nuevos paradigmas de gestin urbana. El abordaje requiere anlisis terico y emprico de los procesos, de la legislacin urbanstica y de los Planes de Ordenacin Urbana Participativos. Metodolgicamente, son utilizados tres referenciales: (i) los trminos en que la participacin se organiza; (ii) en qu medida y con cual alcance el Estado incorpora (o no) la participacin; (iii) cual la influencia del marco institucional.

  • 1

    PARTICIPACIN POLTICA Y NUEVAS DEMANDAS DEMOCRTICAS: ESTATUTO DE LA CIUDAD Y TOMA DE DECISIONES

    EN LA GESTIN URBANA *

    Jefferson O. Goulart Universidade Estadual Paulista (UNESP), Brasil

    Contexto histrico y perspectivas tericas

    El tema general de esta reflexin es la participacin, delimitado por el examen de experiencias concretas de Planes de Ordenacin Urbana Participativos en ciudades medias del interior del estado de So Paulo, en Brasil. Antes de una apreciacin ms detallada sobre los formatos y el desempeo de esos arreglos y de los correspondientes procesos de institucionalizacin de la participacin, es indispensable proceder a una caracterizacin ms general de los trminos en que ese debate transcurre y ver su evolucin reciente.

    La participacin est presente en la agenda de la investigacin acadmica hace tiempo y particularmente en Brasil tiene gran relevancia por lo menos desde la dcada de 1970, periodo en que proliferaron los movimientos organizados originarios de la sociedad civil con lo cual gan impulso la lucha contra el rgimen autoritario bajo tutela militar.

    Esa constatacin ampli bastante el campo analtico del correspondiente proceso de democratizacin. De un lado, porque la transicin no se limitaba a un cambio estrictamente institucional de rgimen poltico de una dictadura para una democracia , sino tambin porque implicaba una profunda reordenacin del modelo de desarrollo frente al colapso del modelo desarrollista (Sallum Jr., 1996). De otro, porque la democratizacin tambin incorpor los movimientos, por veces subterrneos, de la sociedad brasilea que invadieron la escena poltica (Sader, 1988).

    Emerge as un vigoroso conflicto entre la poltica institucional y la poltica no institucionalizada, traducido en la literatura sociolgica por las teoras del Proceso Poltico y particularmente por la nocin de Estructuras de Oportunidades Polticas. As, en determinadas circunstancias histricas, se abre una ventana de oportunidades que, si bien percibidas e interpretadas por los movimientos sociales y por la poblacin potencialmente activa, pueden estimular el surgimiento y la ebullicin de nuevas movilizaciones sociales (Brando, 2011, p.24). Pero las fronteras entre lo institucional y lo no-institucional, entre la sociedad poltica y la sociedad civil, ni siempre fueron fciles de delimitar.

    Desde la ptica de los movimientos sociales, la ambigedad se traduca bsicamente en la tensin entre dos concepciones. Por un lado, se manifestaba el carcter integrado-corporativo, por medio del cual buscaban * El presente trabajo es una primera reflexin provisoria y por lo tanto no definitiva del proyecto de investigacin financiado por la Fundacin de Amparo a la Investigacin del Estado de So Paulo (FAPESP): Procesos contemporneos de desarrollo urbano en ciudades medias: Estatuto de la Ciudad, expansin inmobiliaria, engranaje econmico y dinmica decisiva poltico-institucional [2001- 2011] (Proceso 2011/14082-3).

  • 2

    conquistar mayores niveles de integracin social por el acceso a bienes y servicios, posicin, digamos, ms negociadora y, por lo tanto, (pre)dispuesta a institucionalizarse.

    Por otro, deseaban el carcter expresivo-disruptivo, por medio del cual se manifiestan valores morales o llamamientos tico-polticos tendientes a deslegitimar la autoridad poltica (Doimo, 1995, p.69), en el cual podemos identificar un componente de fondo de fuerte connotacin anti estatal.

    Esa visin ms dura, inflexible y desconfiada de las instituciones polticas tuvo una interpretacin sociolgica llamada de anarco-sepulturalista justamente por su concepcin gentico-finalista, es decir, ayuda mutua, estrategias de supervivencia y solidaridad comunitaria constituyen procesos importantes, pero ciertamente no son la prefiguracin de una nueva sociedad, de modo que la visin de base que diluye los actores en una multiplicidad de escenarios y agendas acaba por hacer con que ellos conquisten una libertad que no los lleva a parte alguna (Kowarick, 2000, p.128).

    Sintticamente, durante la dcada de 1970 operan de forma complementaria, pero no sin tensiones, tres matrices discursivas: la teologa de la liberacin (de fuerte impulso movilizador y de connotacin de base); la de los grupos de izquierda restantes de la resistencia armada (en sus diversas acepciones e influencias marxistas); y la del nuevo sindicalismo (Sader, 1988). No se trata aqu de examinar exhaustivamente los fundamentos tico-polticos de cada una de ellas, tampoco aclarar cules eventualmente fueron ms actuantes, slo registrar las influencias, races y contradicciones de la emergencia del tema de la participacin.

    Probablemente el ms expresivo de esos ejemplos dialcticos sea el surgimiento del nuevo sindicalismo, digno del calificativo de original, precisamente por las diferencias en relacin al sindicalismo de los tiempos populistas porque ya nace en franca ruptura con la tutela estatal y porque migra de la arena social para la poltica con gran autonoma. No por casualidad, ese movimiento da origen a la Central nica de los Trabajadores (CUT) y al Partido de los Trabajadores (PT).

    En ese contexto, gana fuerza un campo que, anclado en instituciones de porte como la Iglesia Catlica, el ecumenismo secular y entidades de cooperacin internacional, no sin enraizamiento en la intelectualidad y grupos de izquierda, se constituye en la base de extensas redes movilizadoras, predispuestas al incremento de acciones-directas de tipo reivindicativo (Doimo, 1995, p.32). Algunas de esas concepciones tambin contaminaron sus intrpretes, como los que identificaban en la sociedad civil la clave para la plena autonoma de los movimientos (asociados a las teoras de la nueva sociedad civil). Como desdoblamiento de esa acepcin, los movimientos sociales seran portadores de una inmanente capacidad de universalizacin de derechos y no cargaran los vicios de las instituciones tradicionales del sistema poltico.

    Esa visin prosper mucho tanto por absorber cierta tendencia de la satanizacin del Estado y de las instituciones polticas (partidos, Congreso, representacin etc.), cuanto porque se instituy determinada idealizacin de que los nuevos formatos participativos seran suficientes para democratizar la sociedad a partir de la gestacin de una sociedad civil igualmente nueva.

    Esa perspectiva identifica el problema en la inefectividad del derecho, o sea, se reportan a la ineficacia de campaas civiles como mtodo suficiente

  • 3

    para reconfigurar el padrn de relacin entre sociedad civil y sociedad poltica, enfatizando que los movimientos sociales no consiguieron xito integral en el intento de generalizar intereses en la esfera poltica (Goulart, 2008, p. 102). No por casualidad, atribua peso excesivo al potencial transformador de los actores sociales y de cierta forma despreciaba las instituciones polticas, posicin a la cual agregaba una postulacin normativa de que los movimientos sociales seran capaces de promover distribucin de bienes materiales e inmateriales y de democratizar los procesos decisivos.

    El tiempo y la Historia se encargaron de dirimir cualesquier dudas sobre tales creencias, tendencias y posibilidades, y como observa Lavalle, [la participacin] alcanz niveles de institucionalizacin importantes, o sea: no perdi su registro simblico original, pero adquiri nuevo registro dominante porque se encontraba insertada en los llamados espacios participativos. Los actores sociales se ubicaron en esos nuevos espacios y la literatura acadmica migr con ellos (Lavalle, 2011, p.13-14). En sntesis, la participacin se institucionaliz.

    La constatacin emprica de que los formatos participativos contemporneos pasaron a i