Italo Calvino

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Maquetación del libro Italo Calvino

Text of Italo Calvino

  • EL VIZCONDE DEMEDIADOItalo Calvino

  • 4

  • 5Italo Calvino

    EL VIZCONDE DEMEDIADO

    Ttulo original: IL VISCONTE DIMEZZATO Traduccin: Francesc Miravitlles Editorial Bru-guera, S. A.

  • ILUSTRACIONES:

    Hugo Mrquez, [57-112-124]

    Rosa Reyes, [1-118]

    Alba Anais Castro, [23-84 -40]

    Ana Cruz, [22-36-142]

    Carmen Vzquez, [51-96-123-154}

    Efram Cruz, [144]

    Elena Moreno, [28-52-159]

    Jose Manuel Chves, [40]

    Jose Manuel Torices, [20]

    Manuel Garrido, [22-]

    Paloma Bentez, [38-88-114]

    Sandra Muoz, [26-150]

    Abraham Rincn, [34]

    DISEO Y MAQUETACIN

    Sandra Muoz

  • INDICE

    Captulo I ........................................................ 19

    Captulo II ....................................................... 33

    Captulo III ..................................................... 47

    Captulo IV ...................................................... 59

    Captulo V ....................................................... 71

    Captulo VI .................................................... 109

    Captulo VII .................................................. 127

    Captulo VIII ................................................. 155

    Captulo IX ................................................... 172

    Captulo X ..................................................... 187

  • Prlogo

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    Italo Calvino, uno de los ms originales narra-dores del actual panorama de nuestra Europa como lo confirm la atribucin en 1976 del Premio del Estado para la Literatura Europea del gobierno austraco, es, desde el punto de vista biogrfico, un autor oscuro. Apenas sabemos de l sino su nacimiento en Cuba en 1923, hijo de padres italianos, su educacin en San Remo hasta los 20 aos, su afiliacin al PCI y su participacin en el movimiento guerrillero de la Resistencia, su amistad con Pavese y Vittorini, que apadrinaron sus in-cursiones iniciales en el mundo literario, su trabajo como asesor de la Editorial Einaudi, su baja del Partido Comunista en 1957 los sucesos de Hungra, y paremos de contar. Para compensarlo, disponemos en cambio del testimonio que nos aporta su obra, una colec-cin de fabulaciones animadas perennemente por una intencin moral e incluso polmica.Tras una inicial vinculacin al Neorrealismo la novela corta II sentiero dei nidi di ragno, los cuentos de Ultimo viene il corvo con

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    narraciones que contaban historias de partisa-nos, que se derivaban de la experiencia vivida, que eran realistas, pronto Calvino descubre en s tarea en la cual le ayud la crtica, al sealarlo en su obra desde sus comienzos un espritu fabulador, un fantstico transfigura-dor de la realidad.El vizconde demediado es el primer fruto de este descubrimiento. En el Prefacio que Calvino escribi en junio de 1960 para la edicin de I Nostri antena-ti (Nuestros antepasados), que recoge tres novelas de una alegora de lo contemporneo, novelas que tienen en comn el hecho de ser inverosmiles y de desarrollarse en tierras imaginarias y en pocas remotas (El vizconde demediado, El barn rampante y El caba-llero inexistente), el autor analiza su materia con tan rigurosa lucidez que no me resisto a transcribir aqu algn prrafo:...Hastiado de m mismo y de todo, me puse a escribir, como pasatiempo privado, El vizconde demediado en 1951. No tena el menor propsito de defen-der una potica en lugar de otra, ni la menor intencin de alegora moralista, ni mucho me-nos poltica en sentido estricto. Reflejaba, s, aunque sin darme mucha cuenta, la atmsfera de aquellos aos. Estbamos en el corazn de la guerra fra, en el aire haba una tensin, un desgarramiento sordo, que no se manifestaban en imgenes visibles pero dominaban nuestros nimos. Y he aqu que al escribir una historia

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    completamente fantstica, me encontraba ex-presando sin advertirlo no slo el sufrimiento de ese momento particular, sino el impulso a salir de l; esto es, no aceptaba pasivamente la realidad negativa, sino que consegua sumer-girme de nuevo en el movimiento, la fanfarro-nera, la economa de estilo y el despiadado optimismo que haban sido los de la literatura de la Resistencia. Partiendo de ese impulso, y de una imagen en la cabeza la de un hom-bre cortado en dos por una bala de can, Calvino desarrolla esta parbola del vizconde Medardo, que simboliza a la perfeccin el hom-bre contemporneo, incompleto, demediado, no reconciliado consigo mismo.

    Para salir del callejn sin salida en el que se vea metido como narrador realista, Calvino acude tambin a su aficin a ciertas novelas de aventu-ras, como las de R. L. Stevenson

    y el doctor Trelawney de El vizconde deme-diado resulta elocuente sobre este homenaje de Calvino al novelista anglosajn: recurdese el personaje homnimo el Squire Trelaw-ney de La isla del Tesoro, y, en definiti-va, a su constante inters por los cuentos po-pulares, infantiles o no, inters concretado en la monumental edicin de las Fiabe Italiane que nuestro autor prepar en 1956. Aunque en todo esto haya una idea matriz: la importancia

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    de la literatura de tradicin oral, de los cuen-tos populares, como material novelesco. En un artculo, II midollo del leone, que Calvino public en la revista Paragone en junio de 1955, esta filiacin es evidente: La impronta de las fbulas ms remotas: el nio abandona-do en el bosque, o el caballero que debe supe-rar encuentros con fieras y encantamientos, sigue siendo el esquema insustituible de todas las historias humanas, sigue constituyendo el plan de las grandes novelas ejemplares, en las cuales una personalidad moral se realiza mo-vindose en una naturaleza o en una sociedad despiadadas.

    Pero no quisiera que de todo lo anterior se desprendiese una falsa imagen de Calvino: el autor puramente fantstico, que despliega sus fantasas como una evasin. El desquiciamiento de la razn que presentan las tres novelas de Nuestros antepasados, su aire descabellado e irreal, vienen siempre hilvanados por una lgica implacable; en ese mundo aparentemente ima-ginativo subyace, de la mano del humor, una realidad que nos presenta hechos y situaciones muy reales, muy de hoy, recamando de continuo el smbolo con el hilo de la realidad. El resultado final puede parecer un tapiz fantstico, con afili-granados arabescos, una brillante explosin co-lorista, pero lo que Calvino nos cuenta es siem-pre algo esencial en la vida humana: la soledad,

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    el miedo, la lucha, la liberacin. Con las fbulas va ligada constantemente una intencin moral, afirmada sin la menor re- ticencia por nuestro autor cuando dice creer en una literatura que sea presencia activa en la historia, en una litera-tura como educacin.

    Una muestra de lo que pretendo decir est en que en la misma dcada del 50, en la cual Calvino idea las tres novelas del ciclo que nos retrata a nuestros ancestros, y con ellos a nosotros, se publican tambin La especula-cin inmobiliaria (1957) y La nube de smog (1958), cuyos temas vuelven a injertarse en el realismo; son, en ltimo trmino, literatura de denuncia de esta sociedad moderna que hace pesar sobre el individuo unos condicionamien-tos polticos y econmicos que desconocen, en nombre de una lgica objetiva, las motivacio-nes humanas, y que consideran la destruccin de la naturaleza y del hombre quizs no sea ajeno al tema de la especulacin inmobiliaria el desastre urbanstico que hoy infesta la Riviera adolescente de Calvino como medios legti-mos para alcanzar sus finalidades de poder.

    Volviendo a nuestro vizconde, al escindido Me-dardo de Terralba, su historia, que no pienso desvelar al lector, para no privarle del gozo del suspense y recuerdo a este respecto que le propuse a Calvino desplazar el Prefa-

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    cio de I Nostri Antenati a Postfacio en la traduccin castellana del ciclo completo, con objeto de no destripar la narracin desde el comienzo, se organiza sobre un esquema perfectamente geomtrico: el protagonista, mutilado y satisfecho con su mutilacin, en la que cree ver una superacin de la obtusa e ignorante integridad de los seres enteros; el narrador, un yo nio que puede ver todo lo que a su alrededor ocurre con lmpidos ojos in-fantiles; los dos coros de los leprosos y los hu-gonotes, irresponsables y decadentes los enfer-mos, intransigentes moralistas los protestantes, que no se apoyan sobre una base religiosa autntica, sino sobre memorias de memorias; ms dos personajes singulares, cada uno en su estilo: el inicialmente stevensoniano doctor Trelawney, que a lo largo de la novela se carga de psicologa propia, y el maestro carpintero Pietrochiodo, capaz de construir perfectos ins-trumentos de tortura y radicalmente incapaz de dar cuerpo a mquinas benficas, paradig-ma, en palabras de Calvino, del cientfico o el tcnico de hoy que construye bombas atmicas o dispositivos cuyo destino social ignora, y a quien el inters exclusivo de hacer bien su ofi-cio no puede bastarle para quedar en paz con su conciencia. Con estos ingredientes, Calvino ha acertado a construir una fbula en la que campea por encima de todo la stira, el humor, como si el autor se burlase en cierta medida de

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    lo que est escribiendo, y que bajo los ropajes de la imaginacin librrima configura una de las tragedias fundamentales del hombre de nuestros das: la mutilacin, la escisin de la personalidad, en suma, la alienacin.

    Unas palabras finales sobre la traduccin de Francesc Miravitlles. Imperativos editoriales han impedido que Bruguera pudiera ofrecer al lector en esta edicin de bolsillo mi traduccin de hace ya unos aos. Aunque parezca superfluo repetir un trabajo tan creador como puede ser el de una traduccin, la que el lector tiene ahora en sus manos es una buena muestra de cmo las lecturas de un texto son, no ya dobles o triples, sino infinitas, y enriquecedoras en su multipli-cidad