JESÚS EL MESÍAS - Parte III y Final

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Las evidencias históricas, filosóficas, psicológicas y morales demuestran que Jesús no fue un mentiroso, ni un impostor, ni un iluso enajenado, sino que fue verdaderamente quien dijo ser. En este artículo intentamos probar en contexto y con el testimonio de connotados investigadores que Jesús, el hombre histórico cuyo ministerio conocemos a través de los Evangelios, es verdaderamente el Hijo de Dios, el Mesías prometido que profetizaron los escritos sagrados del pueblo de Israel.

Text of JESÚS EL MESÍAS - Parte III y Final

  • Blog Fenmalos La Quinta Esencia, por Carlos Jimnez Fajardo. Febrero 26, 2014. Pg. 1

    JESS EL MESAS, Parte III y Final

    Porque al Padre agrad que en l habitara toda la plenitud, y por

    medio de l reconciliar consigo todas las cosas, as las que estn en la tierra como las que estn en los cielos, haciendo la paz

    mediante la sangre de su cruz.

    Epstola a los Colosenses (1:19 y 20)

    FUE JESS EL MESAS PROMETIDO?

    En este artculo intentaremos probar en contexto que Jess, el hombre histrico cuyo

    ministerio conocemos a travs de los Evangelios, sera verdaderamente el Hijo de Dios, el

    Mesas prometido que profetizaron los escritos sagrados del pueblo de Israel.

    MESAS: Era el nombre hebreo para el liberador prometido a la Humanidad, papel

    asumido por Jess y otorgado a l por los cristianos. El trmino se deriva del

    hebreo Mashaj, que significa ungido. En la versin griega de la Biblia hebrea, la Versin

    de los Setenta o Septuaginta, este trmino se traduce por la palabra Jristos, de la cual se

    deriva Cristo. De ah que el nombre de Jesucristo identifica a Jess como el

    Mesas,... aunque el judasmo afirma que el Mesas todava no ha venido.

    El concepto de Mesas combina el ideal hebreo de un rey davdico con la tradicin

    sacerdotal ejemplificada por Moiss. Sin embargo, el profeta Isaas revela una tercera

    caracterstica del Mesas, la del manso y humilde sirviente que sufre (Isaas 11:1-5; Isaas

    52:15; y captulo 53 completo). En la teologa cristiana, Jess es contemplado como la

    realizacin de los tres conceptos.

    En el tiempo en que vivi Jess, ms que nunca, se esperaba la venida del Mesas, pero se

    haba falseado el concepto que de l haban dado los profetas. En su gran mayora, los

    judos contemporneos de Jess, esperaban un Mesas que les traera prosperidad, un gran

    jefe poltico que levantara a la nacin.

    Las tres concepciones errneas sobre el Mesas eran:

    1. El reino mesinico sera un perodo de prosperidad material obtenida sin cansancio ni molestias y en la

    liberacin del dominio extranjero. Los mismos

    apstoles no conceban que Jess hablara de muerte

    en la cruz para atraer a s todas las cosas.

    2. Los rabinos conceban el Mesas futuro como un jefe poltico, el restaurador de la dinasta davdica.

    3. La tercera corriente haca coincidir la venida del Mesas con el fin del mundo. El reino mesinico se

    realizara en la otra vida (visin escatolgica).

    A pesar de estas concepciones falsas, haba un "pequeo resto" de personas que tenan una

    idea exacta del Mesas: El Mesas, sacerdote y vctima al mismo tiempo, sacrificara su

    vida para liberarnos del pecado y para restaurar la amistad entre Dios y los hombres. En

    este grupo encontramos a Mara con su prima Isabel (Lucas 1:41-46), al viejo Simen

    (Lucas 2:30-32), a la profetisa Ana (Lucas 2:38), a Juan el Bautista (Mateo 3:2-12) y a la

    secta de los esenios.

  • Blog Fenmalos La Quinta Esencia, por Carlos Jimnez Fajardo. Febrero 26, 2014. Pg. 2

    Declar Jess ser el Mesas prometido?

    Jess proclam en forma clara su mesianidad, aunque a causa de estas deformaciones haya

    usado una tctica prudente para no despertar demasiado escndalo para demostrarla en

    pblico, tomando el ttulo de "Hijo del Hombre" utilizado por el profeta Daniel (Dn 7:13-

    14). Sin embargo acepta el testimonio de Juan Bautista (Juan 1:29-30), la declara

    abiertamente ante la samaritana (Juan 4:25-26) y ante Nicodemo (Juan 3:13-18). Su

    mesianidad la apreciamos tambin en la confesin de fe de Pedro (Mateo 16:18) y al

    presentarse ante sus discpulos como el Hijo de Dios: "Nadie conoce al Padre sino el

    Hijo" (Mateo 11:27), revelando su ntima unin con el Padre con el cual se identifica.

    Sin embargo, la manifestacin ms clara y

    contundente de la divinidad de Jess que

    tenemos en los evangelios sinpticos est en la

    respuesta que dio ante el sumo sacerdote Caifs

    durante su propio juicio en el Sanedrn: "Te

    conjuro por el Dios vivo que nos digas si t eres el

    Cristo, el Hijo de Dios". Jess respondi: "T lo

    has dicho. Y os declaro que desde ahora veris al

    Hijo del hombre sentado a la diestra del Padre, y

    venir sobre las nubes del cielo." (Mateo 26:63-64).

    En la mente de los que lo enjuiciaban no haba duda de que l estaba afirmando ser el

    Mesas. Un anlisis de ese testimonio demuestra que l afirm ser: 1) el Hijo de Dios. 2) el

    que se ha de sentar a la diestra del poder, y 3) el Hijo del Hombre que vendr en las nubes

    del cielo. Cada una de estas afirmaciones es especficamente mesinica. El efecto

    acumulativo de los tres es tan significativo que el Sanedrn capt los tres puntos y el sumo

    sacerdote respondi rasgando su vestidura, diciendo: qu ms necesidad tenemos de testigos? (Mateo 26:65).[1]

    Comprendieron que mediante su declaracin Jess estaba afirmando ser el

    Mesas, por lo que les quedaba solo dos alternativas que enfrentar: o sus afirmaciones

    eran una blasfemia y por ello mereca la

    muerte segn la Ley de Moiss, o era su

    Dios encarnado y deban reconocerlo y

    postrarse ante l. Se decidieron obstinada

    e incrdulamente por la primera,

    arrastrando con su autoridad religiosa al

    pueblo judo que lo conden despus ante

    Pilato: Dcenle todos: sea crucificado Y respondiendo todo el pueblo dijo: Su

    sangre sea sobre nosotros, y sobre

    nuestros hijos (Mateo 27:22-25)[2].

    Nos queda adems como testimonio la misma actuacin de Jess durante su vida

    pblica. En primer lugar habla de perfeccionar la Ley que Dios le dio al pueblo judo

    (Yavh [Jehov] a Moiss en el monte Sina) dando a entender que slo el Mesas puede

    tener dominio sobre las cosas de Dios (Mateo 24:34-36). Tambin se proclama el fin

    mismo de la Ley Moral, cosa que nicamente Dios puede pretender. Por otro lado se

    proclama ms digno de amor que todos los seres queridos, ms an que de nuestra propia

    vida (Mateo 10:37 y 16:25). Por consiguiente Jess se presenta como Dios.

    El lenguaje de algunas expresiones evanglicas slo se comprende si se tiene esta

    perspectiva de la divinidad de Jess:

    "Y el Verbo era Dios" (Juan 1:1)

    "Yo y el Padre somos una sola cosa" (Juan 10:30)

  • Blog Fenmalos La Quinta Esencia, por Carlos Jimnez Fajardo. Febrero 26, 2014. Pg. 3

    "Yo soy la resurreccin y la vida" (Juan 11:25).

    "Yo soy la luz del mundo" (Juan 8:12).

    "Yo soy el camino y la verdad y la vida" (Juan 14:6).

    "El que no recoge conmigo, desparrama" (Mateo 12:30).

    Cuando cura a los enfermos, etc., obra directamente

    por propia virtud: "Quiero, queda limpio" (Mateo

    8:3). Asume tambin el derecho a perdonar los

    pecados que es algo que solamente compete a

    Dios: "Confa, hijo, tus pecados te son

    perdonados" (Mateo 9:2). Acta como Dios cuando

    la tempestad sacude la barca y amenaza con hundirla

    y Jess despierta ordenando al mar: "Calla!

    Clmate!" (Marcos 4:39).

    Por ltimo, durante toda su vida Jess nunca tiene

    una duda, ni titubea. Pronuncia los juicios ms

    decisivos y comprometidos sobre los problemas

    humanos ms graves sin que nunca su inteligencia acuse el mnimo esfuerzo, sin verse

    obligado a reflexionar antes de responder, ya que lo que sabe no es en virtud del estudio o

    del razonamiento.

    Pudo Jess ser un impostor o un iluso?

    Si Jess fue un impostor, solo pudo deberse a una las las siguientes razones: o se trataba de

    un mentiroso descarado o bien de un iluso que crey sinceramente que era Dios. La primera

    revelara un carcter inmoral y la segunda facultades mentales perturbadas. Pudo haber

    sido eso posible en l?

    Este testimonio, si no es cierto, tiene que ser una absoluta blasfemia o una locura. La primera hiptesis no puede permanecer ni un momento ante la pureza moral y dignidad de

    Jess, reveladas en cada una de sus palabras y obras, y reconocidas por el consenso

    universal. El autoengao en una cuestin tan

    importante, y con un intelecto tan claro en todos los

    aspectos, y tan sano, est igualmente fuera de toda

    cuestin. Cmo poda ser un entusiasta o un loco uno

    que nunca perdi la calma, que naveg serenamente

    por encima de todas las aflicciones y persecuciones

    como el sol sobre las nubes, que siempre contest de

    la manera ms sabia las preguntas tentadoras, que

    calmada y deliberadamente predijo su muerte en la

    cruz, su resurreccin al tercer da, el derramamiento

    del Espritu Santo, la fundacin de la Iglesia, y la

    destruccin de Jerusaln, predicciones que se

    cumplieron literalmente todas? Un Personaje tan original, tan completo, tan consistente,

    tan perfecto, tan humano y, sin embargo, tan superior a toda la grandeza humana, no

    puede ser un fraude ni una ficcin.El poeta, como bien se ha dicho, en este caso hubiera

    sido ms grande que el hroe. Se necesitara ms que un Jess para inventar a Jess.[3]

    Si recurrimos al testimonio de la Historia, su juicio es plenamente positivo para Jess. En

    primer lugar es la nica figura histrica que ha hecho que sta se centre en l, ya que la

    Historia se divide en a.C. o d.C. (inclusive los historiadores que prefieren separar el tema

    religioso de sus investigaciones no pueden evitar hacer alusin a este acontecimiento al

    clasificar las eras antes o despus de Cristo como a.e.c. = antes de la era comn,

    y e.c. = era comn). En segundo lugar, es su doctrina la que ha influenciado

    definitivamente la conci