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THEORIA 77 (2013): 303-327 La primera recepción española de la epistemología histórica francesa: Gaston Bachelard (1940-1959) * (The First Spanish Reception of the French Historical Epistemology: Gaston Bachelard [1940-1959]) Francisco VÁZQUEZ GARCÍA Recibido: 30.10.2011 Versión final: 22.01.2012 BIBLID [0495-4548 (2013) 28: 77; pp. 303-327] RESUMEN: La primera recepción española de la obra epistemológica de Gaston Bachelard tuvo lugar en las décadas de 1940 y 1950. José Pemartín y especialmente Carlos París y Roberto Saumells fueron los filósofos espa- ñoles más relevantes que leyeron y utilizaron los escritos históricos y epistemológicos de Bachelard. Estos fueron utilizados para respaldar un realismo ontológico más sofisticado pero no incompatible con el rea- lismo escolástico que prevalecía en la filosofía académica española de esa época. En este artículo explora- mos el contexto de esta recepción desde una perspectiva sociofilosófica. Palabras clave: Bachelard; recepción; filosofía española; franquismo. ABSTRACT: The first Spanish reception of Gaston Bachelard’s epistemological work took place in the 1940s and 1950s decades. José Pemartín and particularly Carlos París and Roberto Saumells were the most important Spanish philosophers who read and made use of the historical and epistemological writings of Bachelard. These were used in order to support an ontological realism more sophisticated but not incompatible with the scholastic realism prevailing in the Spanish academic philosophy of the time. We explore the context of this reception from a sociophilosophical scope. Keywords: Bachelard; reception; Spanish philosophy; Francoism. 1. Introducción: ¿una tradición interrumpida? Cuando se habla de la tradición francesa de epistemología histórica, el primer nombre que viene a la cabeza es el de Gaston Bachelard (Brenner 2003, 2), bien como eje de la tríada formada por Cavaillès, Bachelard y Canguilhem—una marca consagrada por los discípulos de Althusser desde los años setenta (Fichant y Pécheux 1969; Lecourt 1972; Fichant 1973; Balibar 1978), bien como momento de fractura con la herencia espiritualista recogida por Bergson (Worms 2009, 339-354). Suele olvidarse entonces que ese estilo de reflexión epistemológica sobre la actualidad científica, proclive a re- currir a la historia antes que a la lógica, tiene en Francia raíces profundas. Se trata de una larga estela que, partiendo de Condorcet y pasando por Comte, atraviesa la escuela convencionalista (Duhem, Milhaud, Poincaré, Le Roy), el continuismo histórico de * Este trabajo se ha realizado gracias a la financiación de la Dirección General del Ministerio de Ciencia e Innovación, dentro del proyecto “Vigilancia de fronteras, colaboración crítica y reconversión: un es- tudio comparado de la relación de la filosofía con las ciencias sociales en España y Francia (1940- 1990)”, referencia FF12010-15196 (subprograma FISO). Agradezco a David Teira y a los revisores anónimos de THEORIA, su ayuda para mejorar este texto.

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    La primera recepcin espaola de la epistemologa histrica francesa: Gaston Bachelard (1940-1959) *

    (The First Spanish Reception of the French Historical Epistemology: Gaston Bachelard [1940-1959])

    Francisco VZQUEZ GARCA

    Recibido: 30.10.2011

    Versin final: 22.01.2012

    BIBLID [0495-4548 (2013) 28: 77; pp. 303-327]

    RESUMEN: La primera recepcin espaola de la obra epistemolgica de Gaston Bachelard tuvo lugar en las dcadas de 1940 y 1950. Jos Pemartn y especialmente Carlos Pars y Roberto Saumells fueron los filsofos espa-oles ms relevantes que leyeron y utilizaron los escritos histricos y epistemolgicos de Bachelard. Estos fueron utilizados para respaldar un realismo ontolgico ms sofisticado pero no incompatible con el rea-lismo escolstico que prevaleca en la filosofa acadmica espaola de esa poca. En este artculo explora-mos el contexto de esta recepcin desde una perspectiva sociofilosfica.

    Palabras clave: Bachelard; recepcin; filosofa espaola; franquismo.

    ABSTRACT: The first Spanish reception of Gaston Bachelards epistemological work took place in the 1940s and 1950s decades. Jos Pemartn and particularly Carlos Pars and Roberto Saumells were the most important Spanish philosophers who read and made use of the historical and epistemological writings of Bachelard. These were used in order to support an ontological realism more sophisticated but not incompatible with the scholastic realism prevailing in the Spanish academic philosophy of the time. We explore the context of this reception from a sociophilosophical scope.

    Keywords: Bachelard; reception; Spanish philosophy; Francoism.

    1. Introduccin: una tradicin interrumpida?

    Cuando se habla de la tradicin francesa de epistemologa histrica, el primer nombre que viene a la cabeza es el de Gaston Bachelard (Brenner 2003, 2), bien como eje de la trada formada por Cavaills, Bachelard y Canguilhemuna marca consagrada por los discpulos de Althusser desde los aos setenta (Fichant y Pcheux 1969; Lecourt 1972; Fichant 1973; Balibar 1978), bien como momento de fractura con la herencia espiritualista recogida por Bergson (Worms 2009, 339-354). Suele olvidarse entonces que ese estilo de reflexin epistemolgica sobre la actualidad cientfica, proclive a re-currir a la historia antes que a la lgica, tiene en Francia races profundas. Se trata de una larga estela que, partiendo de Condorcet y pasando por Comte, atraviesa la escuela convencionalista (Duhem, Milhaud, Poincar, Le Roy), el continuismo histrico de

    * Este trabajo se ha realizado gracias a la financiacin de la Direccin General del Ministerio de Ciencia e

    Innovacin, dentro del proyecto Vigilancia de fronteras, colaboracin crtica y reconversin: un es-tudio comparado de la relacin de la filosofa con las ciencias sociales en Espaa y Francia (1940-1990), referencia FF12010-15196 (subprograma FISO). Agradezco a David Teira y a los revisores annimos de THEORIA, su ayuda para mejorar este texto.

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    Brunchsvicg, Meyerson y Rey, hasta llegar a la mencionada tradaincluido Koyry an ms all, alcanzando a las obras de Michel Foucault y Michel Serres. La continuidad de esta tradicin empeada en articular la epistemologa a partir de la historia de las ciencias, y que Poincar caracterizaba como racionalismo francs (Castelli Gattinara 1998, 57), contrasta con la accidentada trayectoria espaola en el te-rreno de la epistemologa de la Fsica y de las Matemticas. En el caso espaol hay que esperar a las dcadas de 1920 y 1930 para encontrar una reflexin sobre estos saberes emancipada de la aeja polmica ideolgica sobre la ciencia espaola. La conformacin de este mbito epistemolgico fue paralela a la constitucin de un campo filosfico profesional y de una Universidad relativamente autnoma respecto a los poderes polticos y eclesisticos, un proceso que acab crista-lizando en la constitucin de las escuelas de Madrid y de Barcelona. Esta reflexin epistmica sobre la ciencia en curso, esto es, principalmente sobre el alcance de la crisis de la fsica clsica, las teoras de la relatividad y la teora de los quanta, la protagonizaron cientficos como Blas Cabrera y Rey Pastor (Glick 1986, 18-20, 113-17; Snchez Ron 1999, 213-23) y filsofos como Ortega, Zubiri y Garca Bac-ca (Ronzn 1983, 39; Glick 1986, 196-205). Ortega se interes especialmente por los problemas de la teora de la relatividad,1 con la que lleg a estar bastante familiarizado, participando activamente en su difusin a travs de Revista de Occidente y de la editorial Calpe (Madrid 2005). El caso de Zubiri y de Garca Bacca, resulta bastante peculiar. Formados como sa-cerdotesenraizados familiarmente en el acendrado catolicismo vasco y navarro, y en una lnea afn al neotomismo representado por la Universidad de Lovaina, su punto de partida lo constitua el intentodefinido programticamente por el padre Domin-go Lzaro (Moreno Pestaa 2008, 23)de conciliar las aportaciones de la ciencia postclsica con los principios fundamentales de la fe catlica. Ms an, en vez de con-traponer la ciencia y el dogma, se conminaba a los telogos para que estudiaran las ciencias, con objeto de demostrar que stas tenan tantas fragilidades como la religin. Zubiri y Garca Bacca se aplicaron a la tarea con ahnco. Ambos conocieron de cerca el trabajo realizado en el Instituto de Fsica Terica de Munich, donde se haba formado buena parte de la generacin de fsicos tericos que haba revolucionado la disciplina (Corominas y Vicens 2005, 217-37; Garca Bacca 1982, 4-8; Ayala 2005). Es-te capital cientfico, combinado en el caso de Zubiri con importantes recursos de his-toria de la filosofa, y en el de Garca Bacca con una slida formacin en lgica simb-lica, les permiti trascender los propsitos meramente apologticos de su motivacin inicial, retraduciendo los debates de la revolucin fsica en curso al lenguaje especfico de la filosofa.2

    1 Especialmente en textos como El sentido histrico de la teora de Einstein (1924, incluido como

    apndice en El tema de nuestro tiempo) y Bronca en la Fsica (1937). 2 Garca Bacca se doctor en 1935 con una tesis titulada Ensayo sobre la estructura lgico-gentica de las ciencias

    fsicas. Zubiri se ocup de la nueva fsica en la tercera parte de Naturaleza, Historia y Dios, editada en 1944, donde se recuerda que sus reflexiones se remontaban a 1934 (Zubiri 1978, 244, 273).

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    Esta autonoma y buen nivel alcanzados por la reflexin epistemolgica espaola, se vieron afectadas por el impacto de la Guerra Civil, las depuraciones del medio uni-versitario y la reordenacin de los estudios de filosofa dictada por la Administracin franquista. En las dcadas de 1940 y 1950, toda una plyade de eclesisticosespecialmente jesuitas desde Pensamiento y Razn y Fe, y dominicos desde La Ciencia Tomista y Estudios Filosficos, e intelectuales afines a Falange o al Opus Dei, retomaron la tarea de descifrar el alcance filosfico de las revoluciones experimentadas por la fsi-ca contempornea. El discurso epistemolgico pareca convertirse en una pobre eu-femizacin de la apologtica religiosa o de la propaganda poltica. Se trataba de mos-trar que la crisis del determinismo y de los modelos mecanicistas revalidaba, desde la nueva fsica, la doctrina teolgica del libre arbitrio; de avalar el providencialismo de la cosmologa catlica sobre la base de la teora de la relatividad; de manifestar la fragili-dad de la verdad cientfica, otrora soberbia, frente a la teologa, o de compatibilizar la mecnica cuntica con la metafsica de la sustancia de inspiracin aristotlico-tomista. Desde el polo poltico se trataba de casar el metarrelato nacionalcatlico (Juli 2004, 287-97) que legitimaba al rgimen con el advenimiento de una era espiritual, postcarte-siana y antiilustrada, encarnada por la nueva Espaa y simbolizada por la crisis de la f-sica clsica. A pesar de esta prdida de autonoma en el discurso epistemolgico, la continuidad con la etapa anterior no se desvaneci. Garca Bacca se exili mientras que Ortega y Zubiri permanecieron al margen del mundo universitario, pero el primero consigui conectarse con los jvenes filsofos del interior a travs de sus colaboraciones en THEORIA (Ronzn 1992, 641) y el segundo prosigui la elaboracin sistemtica de su filosofa de la razn vital en medio de la incomprensin e incluso de campaas de re-chazo (Morn 1998; Zamora Bonilla 2002). El caso de Zubiri es diferente. Sus refle-xiones sobre la nueva fsica, formando parte de Naturaleza, Historia, Dios, se editaron en 1944, pero recogan reflexiones anteriores, editadas respectivamente en Cruz y Raya (Zubiri 1934) y en Escorial (Zubiri 1941). El libro mencionado, como suceder con los cursos privados impartidos por el filsofo vasco a partir de octubre de 1945 (Coromi-nas y Vicens 2005, 523-40), tendrn bastante resonancia, dando lugar a un grupo de jvenes intelectuales afines al falangismo y aglutinados por la relacin discipular con Zubiri, entre los que destacaron Lan Entralgo, Javier Conde y Gmez Arboleya. En esta continuidad con la etapa anterior a la Guerra y preservando cierta autono-ma para el discurso epistmico sobre la actualidad cientfica, se inscribe el proyecto de la revista THEORIA, nacida primero como un cuadernillo anexo a la revista Alcal (Ronzn 1983, 12), publicada en el entorno de los crculos seustas. La publicacin fue respaldada institucionalmente por la seccin de Filosofa e Historia de la Ciencia del Instituto Luis Vives,3 que se haba fundado en 1950 y estaba patrocinada por la Secre-

    3 La mayora de los estudiosos (Jimnez Garca 1982, 45-46; Ronzn 1983, 23; Pea 1993, 321-23) la de-

    signan como seccin de Filosofa e Historia de la Ciencia, que es el nombre que recibi desde su fundacin hasta que se produjo el exilio de Snchez-Mazas en 1957. Carlos Pars (2006, 99-100) en sus Memorias lo denomina Departamento de Epistemologa e Historia de la Ciencia, denominacin que obtuvo despus de este episodio. Agradezco estas precisiones a uno de los informantes annimos del presente trabajo.

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    tara General del Movimiento. A comienzos de la dcada de 1950, todava no se haba producido la ruptura entre este proyecto, vinculado al grupo de los zubirianos falan-gistas (Conde, Gmez Arboleya, Lan), y el alentado por el opusdesta Calvo Serer, nucleado en torno a la revista Arbor, tambin editada dentro del organigrama del CSIC. La cooperacin entre los intelectuales de ambos grupos era frecuente, de ah la presencia, a fines de los aos cuarenta y comienzos de los cincuenta, de jvenes filso-fos de ambos ndulos como colaboradores en las mismas revistas, publicando artcu-los y reseas sobre filosofa de la naturaleza, lgica simblica o epistemologa de la f-sica y de las matemticas.4 Un rasgo de continuidad entre el discurso epistemolgico propio de esta unidad generacional5 y el representado por Ortega y Zubirino tanto en el caso de Garca Baccaes la preponderancia de las referencias francesaso francfonassobre las anglosajonas y germnicas. La interpretacin orteguiana de las teoras de Einstein se atiene bastante fielmente a los supuestos convencionalistas de Duhem y de Poinca-r6autor ampliamente traducido en Espasa Calpe en los primeros aos cuarenta.7 Duhem y Poincar son asimismo referencias fundamentales en las consideraciones de Zubiri sobre la nueva fsica.8

    4 Las pruebas de esta cooperacin son indiscutibles. Jos Luis Pinillos form parte del equipo de base en

    la redaccin de Arbor (Daz Hernndez 2008, 92) y al mismo tiempo colabor en la fundacin de THEORIA (Ronzn 1983, 11). Snchez-Mazas (con numerosas reseas en la primera mitad de la dca-da de los 50) y Carlos Pars (con varios artculos) colaboraron en Arbor. Cuatro hombres muy vincu-lados a Arbor (Raimundo Pniker, Milln Puelles, Prez Ballestar y Jos Luis Pinillos) colaboraron con artculos en THEORIA (Ronzn 1992, 639-42). Una obra de Milln Puelles fue reseada en esta misma revista y otra de este mismo autor fue recensionada por Carlos Pars en la Revista de Filosofa. Por otro lado, Carlos Pars public su tesis doctoral, Fsica y Filosofa (1952a) en la coleccin de publicaciones del Departamento de Filosofa de la Cultura, dirigida por Rafael Calvo Serer. A esta colaboracinentre el grupo de Arbor y los falangistas zubirianosalude (Daz Hernndez 2008, 205-206), aunque la sita a finales de la dcada de los 40. Es evidente que se prolonga ms all de esta fecha.

    5 Sobre la distincin, originariamente establecida por Karl Mannheim, entre localizacin generacional, unidad generacional y complejo generacional, vase (Mannheim 1993)

    6 Con independencia de que la perspectiva de Ortega sobre la fsica sea o no propiamente gnoseolgi-catal como niega (Ronzn 1983, 40), se ha argumentado desde hace tiempo (Pars, 1957a, 98), (Madrid 2005), su afinidad con los planteamientos convencionalistas de estos epistemlogos france-ses.

    7 En 1943 se verti al castellano en la casa argentina de Espasa Calpe, La ciencia y la hiptesis, que fue se-guida por Ciencia y mtodo (1944) y El valor de la ciencia (1946). Este inters no era nuevo; Poincar ya haba sido traducido al castellano en Espaa. En 1906 vio la luz El valor de la Ciencia; en 1907 Ciencia e Hiptesis y en 1909 Ciencia y Mtodo. Agradezco esta informacin a uno de los evaluadores del presente trabajo.

    8 En el captulo que Naturaleza, Historia, Dios dedica a la reflexin sobre la nueva fsica, estos dos auto-resjunto a Machson los nicos epistemlogos citados, el resto son fsicos tericos, (Zubiri, 1978, 277). Gonzlez Fernndez (1994, 79) alude a la importancia de estos autores ya en la tesis doctoral de Zubiri, defendida en 1921 y publicada en 1923. Adems, Zubiri considera que fueron voces aisladas y desodas que advirtieron con tinoy frente a los propios fsicosla incompatibilidad de la nueva fsica con el realismo cosista.

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    Esta pregnancia de la tradicin francesa se mantiene asimismo en el grupo de THEORIA. Ciertamente las consideraciones epistemolgicas de Snchez-Mazas se sus-tentan ms en el anlisis lgico que en la historia de las ciencias, pero la referencia primera de su inters por Leibniz y por la lgica procedi de Couturat, que le condujo tambin a Russell, y no al revs (De Lorenzo 2002, 11-14).9 Gustavo Bueno, vinculado tambin al proyecto de THEORIA y a la clebre tertulia de la cervecera Gambrinus, tambin era buen conocedor de esta tradicin francesa de epistemologa histrica (Meyerson, Brunchsvicg, Bachelard) (Bueno 1955, 245, 260-261, 270). En el caso de Carlos Parscuyo primer libro, anterior a su tesis doctoral, es un alegato contra el positivismo lgico (Pars 1951-52)esta filiacin francesa es indiscutible. Pues bien, en este contexto se produce la primera recepcin espaola de Bache-lard. Este hecho ha permanecido prcticamente en el olvido. El triunfo de una filoso-fa del lenguaje y de la ciencia de matriz emprico-analtica, evidente en grupos filosfi-cos como los nucleados por Manuel Garrido, por los herederos de Aranguren (Mu-guerza, Hierro Pescador), por Manuel Sacristn o por el propio Snchez-Mazas en la segunda etapa de THEORIA,10 ha eclipsado por completo esta presencia francesa, lle-vando incluso a interpretar retrospectivamente el grupo de THEORIA como una suerte de islote analtico en medio de un ocano escolstico.11 A esto se uni el redescubri-miento de Bachelard y de la epistemologa francesa en el curso de los aos 70, a la sombra de la recepcin fulgurante y relativamente efmera de la obra de Althusser.12

    9 En Snchez-Mazas, como sucede en Drudis Baldrichotro importante colaborador de THEORIA, las re-

    ferencias a Russell, Wittgenstein, el Crculo de Viena y la escuela de Berln resultan predominantes, lo que resulta coherente con las preferencias de estos autores por la lgica antes que por la historia de las ciencias. Sin embargo Snchez-Mazas concede mucha importancia a la epistemologa francfona, comentando elogiosamente el llamado movimiento dialctico, un grupo radicado en Zurich, editor de la revista Dialectica y en el que se engloba a epistemlogos como Gonseth, Destouches y el mismo Bachelard (Snchez-Mazas 1952, 71). Este agrupamiento, un tanto peculiar como se ver ms adelan-te, es fundamental en la obra epistemolgica de Carlos Pars. Tambin resulta relevante el hecho de que Rey Pastorprimer director de la seccin de Filosofa e Historia de la Ciencia del CSIC, que re-gres a Espaa desde Argentinaestuviera muy vinculado con el Grupo de Historia y de Filosofa de la Ciencia de la Sociedad Argentina de Filosofa, nucleado en torno al profesor Raymundo Pardo, y donde las referencias de la epstemologa francesa (Bachelard incluido) resultaban cruciales (lvarez de Linera 1953, 162-63). Por otra parte, el nmero de obras en francs, recensionadas en THEORIA, resulta bastante considerable: 16 obras en castellano, 12 en ingls, 9 en francs y 5 en alemn.

    10 Sobre estos grupos, (Vzquez Garca 2009). 11 Vase el excelente estado de la cuestin sobre el grupo de THEORIA expuesto por (Ronzn 1983). El

    mismo Snchez-Mazas, en el monogrfico de THEORIA publicado con motivo de los cuarenta aos de la revista, efectu esta lectura retrospectiva, sesgadamente analtica: merced al esfuerzo de aquellos jvenes espaoles, la lgica matemtica, las ideas de Russell y el Wittgenstein del Tractatus brillaron con sbito destello en el madrileo ambiente de oscuridad cultural (Snchez-Mazas 1992, 6).

    12 Aparte de esta recepcin posterior vinculada al althusserianismo, hay que mencionar, en el terreno de la renovacin pedaggica de las matemticas, la importancia de Bachelardprincipalmente a travs de la obra de Brosseauen la escuela de Granada, liderada por el profesor Luis Rico y por su esposa. Agradezco esta informacin a uno de los evaluadores del presente trabajo.

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    2. Bachelard y la ontologa poltica del nacionalcatolicismo: Jos Pemartn

    En la circulacin internacional de los bienes intelectuales, toda importacin de una obra o de un autor implica su descontextualizacin del campo original y de las luchas simblicas correspondientes y su recontextualizacin en el propio campo, integrando los planteamientos importados en un marco de combates tericos y de estrategias ar-gumentativas completamente extraas a las del territorio original. En este sentido, las diferencias entre recepcin y creacin, entre consumo y produccin, quedan fuerte-mente atenuadas (Pinto 2009b, 9-15). Estudiar la recepcin de una obra filosfica im-plica por ello dar cuenta de las estrategias de lecturanecesariamente selectivas y ses-gadasque fueron utilizadas, reconstruyendo al efecto las trayectorias de los importa-dores para dilucidar las disposiciones que engendraban esas estrategias, as como las diversas aleaciones de capital (acadmico, poltico, intelectual) que conformaban esas disposiciones. Esas trayectorias se emplazan dentro de un campo filosfico de destino, marcado por las luchas entre los distintos grupos intelectuales que lo constituan y que pugnaban por conservar o transformar la jerarqua entre los objetos simblicos que vertebraban ese campo (jerarqua estipulada entre las disciplinas, canon de autores, men de opciones tericas disponibles, etc).13 Es el caso de la obra epistemolgica de Bachelard, trasplantada, desde mediados de los aos cuarenta, a un medio filosficoel espaolcuya autonoma respecto al campo poltico y religioso se encontr consi-derablemente mermada al hilo de la reestructuracin del mundo intelectual y universi-tario emprendida por las autoridades franquistas. Toda obra filosfica, como seala Pierre Bourdieu a propsito de Heidegger (Bourdieu 1991, 12-17), tiene una condicin estrbica; remite por un lado a un horizonte especfico, tcnico y profesional de pro-blemas filosficos; por el otro abre la posibilidad de connotaciones y valencias polti-co-ideolgicas. Pues bien, en el caso de las aportaciones epistemolgicas de Bachelard, que remi-ten a estudios muy especializados sobre la historia de los conceptos cientficos, esas connotaciones entroncan con los valores de seriedad y rigor propios de la tradicin ra-cionalista francesacomo en el caso de su maestro Brunchsvicg (Pinto 2009a, 20-3)y con el laicismo y el igualitarismo universalista, disposiciones caractersticas de intelectuales franceses de origen provinciano y relativamente modesto como Cavaills, Bachelard o Canguilhem, verdaderos oblatos de la escuela republicana (Bourdieu 1997, 49-50). En Espaa, sin embargo, las primeras referencias relevantes a la epistemologa ba-chelardiana se encuentran en Jos Pemartn (1888-1954), uno de los padres intelectua-les del nacionalcatolicismo espaol (Quiroga Fernndez de Soto 2007). Nacido en una familia de bodegueros y terratenientes jerezanos, su formacin transcurri en Pars du-rante casi toda la primera dcada del siglo XX, donde se titul como ingeniero meta-

    13 Sobre las estructuras del campo filosfico espaol en la poca mencionada, incluido el mapa de las ins-

    tituciones, revistas, redes y grupos filosficos en liza, (Vzquez Garca 2009, 83-86).

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    lrgico y tuvo ocasin de asistir, en 1904, a los cursos impartidos por Bergson en el Collge de France.14 Durante la Dictadura primorriverista desempe diversos cargos polticos y se convirti en uno de los intelectuales orgnicos ms importantes de este rgimen, for-mando parte del comit de la Unin Patritica, el partido fundado por Primo. Confe-renciante y ensayista poltico, form parte de diversas iniciativas de la derecha espao-la, como la fundacin de la Unin Monrquica Nacional en 1930 y de Renovacin Es-paola en los aos de la Repblica; asimismo fue un asiduo colaborador, desde sus inicios, con la publicacin derechista, Accin Espaola. Una constante de su trayectoria la constituye el intento de aunar la tradicin catlico-integrista espaola (desde Dono-so Corts, Vzquez de Mella y Menndez Pelayo) con el elemento modernizador del fascismo. Amigo personal de Jos Antonio, desempe, tras el inicio de la Guerra Ci-vil y en el Gobierno de Burgos, los cargos de Jefe del Servicio nacional de Enseanza Superior y Media y miembro del Consejo Nacional de FET y de las JONS. Public tambin algunos textos de pedagoga, sosteniendo que de la Institucin Libre de En-seanza no ha de quedar piedra sobre piedra (Rodrguez Purtolas 2008, 462). Dotado de una formacin tcnica muy exigente, Pemartn estuvo desde muy joven interesado por la filosofa y por los desarrollos revolucionarios de la fsica contempo-rnea. En 1933 public un artculo en Accin Espaola, donde arremeta contra la inter-pretacin orteguiana de la teora de la relatividadOrtega subrayaba el antirraciona-lismo y anticartesianismo einsteinianos- sealando en cambio el entronque de Eins-tein con el pensamiento de Descartes (Glick 1986, 199-200). Por iniciativa de Acccin Espaola, Pemartn tena previsto impartir en el verano de 1936 un curso abierto dirigido a estudiantes universitarios de Madrid. Recogidas en el volumen titulado Introduccin a la filosofa de lo temporal. Doce lecciones sobre espacio-tiempo-causalidad (1937), estas conferenciasque debido a las circunstancias no pudieron fi-nalmente pronunciarsemuestran el entrelazamiento del discurso filosfico de Pemartn sobre la ciencia con elementos propios del fascismo europeo del momento as como con el metarrelato de la historia de Espaa de hondas races en el conserva-durismo catlico espaol. Siguiendo un tpico ya recogido por Ortega (Moreno Pes-taa 2008, 31-33) y reconfigurndolo a partir de Heidegger, el vitalismo occidental (Nietzsche, Bergson) y la fenomenolga (Pemartn 1941, 179), contrapone la primaca de lo cualitativo, propia de la existencia autntica, al imperio de lo cuantitativo caracte-rstico del pensamiento moderno. Pemartn proyecta estas polaridades conceptuales en su diagnstico de la nueva fsica. Contrasta la fsica de la relatividad, que conducira a radicalizar la espacializacin del Universo, con las aportaciones de la mecnica ondula-toria (De Broglie, Schrodinger, Heisenberg, Dirac), que parecen en cambio rebasar los privilegios de lo espacial y lo material enfatizando la textura temporal del cosmos. De este modo, las contribuciones ms recientes de la fsica anunciaran tambin la des-

    14 Toda la informacin sobre la trayectoria de Pemartn est tomada de (Quiroga Fernndez de Soto 2007;

    Rodrguez Purtolas 2008; y Daz Hernndez 2008, 50-51). Asimismo, agradezco a lvaro Castro, que prepara una monografa sobre Pemartn, las informaciones que me ha proporcionado sobre este personaje.

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    composicin de la mentalidad cientfica moderna, caracterizada por el mecanicismo, el materialismo y la geometrizacin. En la Introduccin a la filosofa de lo temporal, Pemartn no cita an a Bachelard, pero bosqueja las estrategias argumentativas que le van a permitir utilizarlo en el marco de una ontologa poltica de corte nacionalcatlico. A partir de la dcada de 1940, Pemar-tn estuvo muy vinculado al Instituto Luis Vives de Filosofa (CSIC). Durante los aos cincuenta fue socio de nmero de la Sociedad Espaola de Filosofa (como Miguel Snchez-Mazas o Aranguren), ligada a este organismo, interviniendo en distintas se-siones cientficas de la misma (Ronzn 1983, 21-22) y publicando varios artculos en la Revista de Filosofa, rgano del Instituto Luis Vives, as como en la revista Arbor e inclu-so en el primer nmero de THEORIA (Pemartn 1952). Tras la fundacin de la seccin de Filosofa e Historia de la Ciencia, colabor tambin como conferenciante en las se-siones cientficas de este departamento, llegando a presidir la que inaugur el curso 1953-54 (Ronzn, 1983: 123). La primera referencia relevante de Pemartn a la obra de Bachelard se localiza en un artculo publicado en 1944 (Pemartn, 1944). Una vez ms, el trasfondo de la ar-gumentacin lo constituye el metarrelato nacionalcatlico, evocado esta vez a travs de la versin del mismo dada por el padre Ceferino Gonzlez. Se hace referencia a la hegemona del cartesianismo, representando, no slo un sistema filosfico, sino to-da una herencia civilizatoria marcada en lo poltico por el absolutismo y la revolucin; en lo religioso por el descreimiento anticristiano; en lo cultural por la primaca france-sa y el espritu ilustrado. Pemartn quiere mostrar la quiebra de este legadoverdadera encarnacin de lo antiespaolen el terreno cientfico. Para ello busca respaldo en un captulo de Le Nouvel Esprit Scientifique (1934), donde Bachelard diagnostica el perfil epistemolgico de la fsica contempornea, calificndolo de no cartesiano (Pemartn 1944, 439). El anlisis de Bachelard se presenta con un signo ambivalente. Por una parte con-tribuye a corroborar magistralmente la disolucin de los supuestos cartesianos operada en la fsica actual. Pero al mismo tiempo, su insistencia en el puro carcter abstracto y matemtico de las entidades de la nueva fsicadonde el simbolismo algebraico no es, como en la mecnica clsica, un instrumento descriptivo sino constitutivo de los fe-nmenos- lo llevara a apostar por una suerte de realismo pitagrico-platnico (Pemar-tn 1944, 451). Esta estrategia consistente en incluir la epistemologa bachelardiana en las huestes del realismo tendr,15 como se ver, un porvenir prolongado. No obstante, Pemartn rechaza ese realismo matemtico, que considera una recada en la cartesianizacin a ultranza (Pemartn 1944, 458). Esta opcin reduce el papel de la experiencia a la mera materializacin de lo estipulado por los sistemas axiomticos que conforman la teora. Por eso contrapone el realismo sustancial de Meyerson, ms consonante con la tradi-cin aristotlico-tomista, al realismo pitagrico-platnico de Bachelard.

    15 Sobre la problemtica inclusin de la epistemologa bachelardiana en el realismo y su posible compati-

    bilidad con el racionalismo aplicado, (Tiles 1984, 42-44, 127-128, 216-217).

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    El segundo pecado imperdonable de Bachelard consistira en sugerir una hertica subversin de las jerarquas disciplinares. Calificando de antifilosfico el intento ba-chelardiano, Pemartn seala que el filsofo francs pretende, errneamente, deducir la epistemologa a partir de la ciencia experimental, cuando justamente habra que pro-ceder al revs. Las hechuras de las teoras fsicas deben derivarse a partir de funda-mentos epistemolgicos previos que, a su vez, descansan sobre slidos principios on-tolgicos y en ltimo trmino metafsicos (Pemartn 1944, 464). Esta acusacin de trastocar el orden de los saberes tambin tendr continuacin, como ms adelante se comprobar. Bachelard tampoco parece percatarse, segn Pemartn, del contraste entre la mar-ginacin de la temporalidad entraada en la formulacin einsteiniana de la relatividad y su asuncin en la teora de los quanta. La primera entroncara con la extratemporali-dad tpica del cartesianismo, mientras que la segunda anunciara la recuperacin del tiempo en el pensamiento actual. Por un juego de analogas salvajes, este contraste se equipara al establecido entre una tica, una poltica y una sociologa abstractas y geo-mtricas, propia de ilustrados, liberales y revolucionarios, contrapuesta a las inspiradas por los vitalismos, historicismos y existencialismos, que exaltan lo temporal. Como caba esperar, esta vindicacin de lo temporal se asimila a la recuperacin de la teleo-loga. Esta ltima maniobra retrica le permite a Pemartn enlazar de nuevo, al final de su texto, con el gran relato nacionalcatlico. La herencia cartesiana habra conducido a la disyuntiva moderna entre un idealismo abstracto, sin cuerpo y un positivismo grose-ro, sin alma. La crisis de esta mentalidad, que encarnara todas las virtualidades de la anti-Espaa, anunciada en fsica por la recuperacin de una temporalidad irrebasable y teleolgica, reacia a toda forma de mecanicismo, implicara al mismo tiempo la restau-racin de los valores inherentes a la autntica tradicin espaola. Entre ellos, y en primera fila, la filosofa perenne, invocada como la referencia que debe fundar onto-lgicamente el rumbo de la fsica actual para sacarla definitivamente de una pendiente deshumanizadora propiciada por el lastre cartesiano. En otras intervenciones posteriores, Pemartn abunda en su interpretacin hacien-do hincapi en esta retrica acerca de la deshumanizacin. En 1946 public en la Revista de Filosofa un artculo donde elogiaba la lectura que el filsofo E. A. Milne haca de las teoras generalizada y restringida de la relatividad (Pemartn 1946). Frente a la presentacin einsteiniana, que tiende a sacrificar la temporalidad en una suerte de hi-perespacializacin del Universo, Milne propone un acercamiento que trata de compa-tibilizar la teora de la relatividad con la experiencia temporal del observador real. Se vuelve a citar Le Nouvel Esprit Scientifique presentndolo como un agudo diagnstico del hipermatematismo propio de la fsica actual (Pemartn 1946, 483); pero en vez de reconocer esta condicin como un valor, al modo bachelardiano, se advierte en ella una prdida del horizonte temporal, considerado por Pemartnen la estela de Berg-son y de Heidegger- como lo especficamente humano. En ese esfuerzo para rehumanizar la nueva fsica se inscribe una tercera contri-bucin de Pemartn, tambin recogida en la Revista de Filosofa (AAVV, 1953). La refe-rencia a Bachelard se reitera: Le Nouvel Esprit Scientifique capta muy bien el hiperpita-

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    gorismo de la fsica actual, pero olvidadebido a la desacertada mana de subordinar la filosofa a la cienciaponderar sus peligros. Este matematismo extremo lleva a re-legar el papel de la experiencia, convertida en mera ilustracin de complejas construc-ciones axiomticas.16 Se rompe as el equilibrio gnoseolgico entre teora y experiencia, en detrimento de la segunda, pero tambin el equilibrio antropolgico entre las di-mensiones del conocimiento y de lo sensible-vital. Para corregir esta hipertrofia in-telectualista, Pemartn apela a una filosofa de la naturaleza avalada por la posicin antropolgica tomista (AAVV 1953, 153).

    3. Bachelard y el realismo abstractivo: Carlos Pars

    Carlos Pars (n. 1925) pertenece a una unidad generacional diferente a la de Pemartn. No forma parte de los que hicieron la Guerra sino de los que empezaron a ocupar po-siciones de responsabilidad pblica cuando el rgimen trataba de salir de la situacin de aislamiento propiciada por la derrota de las potencias del Eje, a travs de los acuer-dos con el Vaticano y con la Administracin norteamericana. Por otra parte, la trayectoria y el perfil de Carlos Pars difieren mucho de los que presentaba Jos Pemartn. En la dcada de los cincuenta, Pars era ya un filsofo uni-versitario, no un intelectual orgnico como Pemartn; sus cargos se emplazaban en los aledaos del mundo acadmico, no en la cpula poltica del rgimen. Hijo de un direc-tor de sucursal bancaria prximo a la CEDA, Carlos Pars fue inscrito como flecha y siendo bachiller perteneci al Frente de Juventudes, pero nunca lleg a militar en la FET de las JONS (Marsal 1979, 206). Director de un Colegio Mayor del SEU en San-tiago de Compostela (1954-58) (Pars 2006, 94-97), estuvo desde su poca de estudian-te vinculado al Instituto de Cultura Hispnica, a travs de su pertenencia a la Asocia-cin Cultural Iberoamericana, dirigida por Lan (Pars 2006, 71-73). El Instituto, diri-gido sucesivamente en esa poca por los acenepistas Ruiz-Gimnez y Snchez Bella constitua uno de los grupos intelectuales que, a finales de los aos 40, pugnaba, junto al Instituto de Estudios Polticos dirigido por Javier Conde y el grupo Arbor regido por Calvo Serer, por la hegemona en el campo intelectual. En esa poca exista una alianza tcita entre los dos primeros grupos. Carlos Pars colabor desde muy pronto en las publicaciones vinculadas al SEU, como fue el caso de Alfrez y especialmente de La Hora y Alcal. Adjunto en la Facultad de Filosofa de la Universidad Central de Madrid poco des-pus de finalizar la carrera (1946), consigui el doctorado en 1950, con una tesis diri-gida por Yela Utrilla (1893-1950), fallecido en abril de ese mismo ao. Este era un fa-langista ortodoxo y con importantes mritos de guerra que en 1942, con motivo del aniversario de la muerte de Galileo, arremeta contra la interpretacin orteguiana del personaje, desmontaba su condicin de supuesto mrtir de la ciencia y resaltaba su papel en el pensamiento descarriado y sin sentido que arranca del Renacimiento (Yela Utrilla 1942, 117). Un ao despus del doctorado, Carlos Pars consigui la cte-

    16 Pemartn (AAVV 1953, 157) tiene aqu muy presente la tesis doctoral de Carlos Pars, Fsica y filosofa,

    leda en 1950 y publicada en 1952, aunque obvia por completo el modo en que Pars incorpora la dialctica bachelardiana para dar cuenta de la relacin entre teora y experiencia

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    dra de Fundamentos e Historia de la Filosofa en la Universidad de Santiago. De este modo acumul, en muy poco tiempo, todos los signos de la excelencia acadmica. Esa coyuntura diferente y esa extensa cultura filosfica profesional explican en par-te que la reflexin de Carlos Pars sobre la ciencia, en contraste con la de Pemartn o con la de su director de tesis, ofrezca un tono mucho ms tcnico y distanciado res-pecto al discurso puramente ideolgico, donde la presencia del metarrelato nacionalca-tlico se hace prcticamente invisible. Esto no significa que su amplia obra epistemo-lgicaen la dcada que nos interesa, entre 1949 y 1958tenga el perfil de una filo-sofa de la ciencia plenamente adelantada a su tiempo, como la que habra de hacerse a partir de los aos setenta en ncleos como las Universidades de Valencia, Barcelona, Oviedo o Autnoma de Madrid. Lo que Carlos Pars defiende en los escritos de la mencionada dcada es una filosofa de la naturaleza, esto es, una ontologa y una meta-fsica coherentes a la vez con la tradicin aristotlico-tomistafinalmente renovada a travs del dilogo con la obra de Amor Ruibaly con los datos de la actualidad cient-fica.17 En el corpus relativamente extenso, que constituye la obra filosfica de Carlos Pars entre 1949 y 1958, se advierte el intento de crear una posicin propia a partir de un men de opciones tericas posibles, en relacin con el siguiente problema: cul es la relacin entre ciencia y filosofa y qu pertinencia tiene en ella el discurso metafsico, o ms especficamente la filosofa de la naturaleza en tanto que reflexin ontolgica so-bre el ente material? El siguiente cuadro representa ese espacio de posibles mediante el recurso a las tablas de verdad:18

    OPCIONES FILOSOFA CIENCIA

    Kantismo-Realismo crtico +

    Convencionalisno +

    Neopositivismo

    Realismo escolstico + +

    El kantismo y su versin ms actualizada, el realismo crticocon Nicolai Hartman como figura principalsostendra que la nica metafisica legtima es la que se apoya en una sntesis de los resultados ofrecidos por la ciencia positiva (+), una suerte de

    17 Los trabajos sobre esta obra epistemolgica de Carlos Pars, publicados en volmenes de homenaje edi-

    tados en los aos ochenta y noventa (Mnguez 1987, 1997; Ferraz 1997), no deben ser tomados como un anlisis objetivo de sus primeros escritos, sino como elementos de un verdadero ritual de sacrali-zacin. Pars aparece convertido en un objeto sagrado durkheimiano, un precursor de la filosofa de la ciencia que habra de cuajar en Espaa veinte o veinticinco aos ms tarde. El propio Carlos Pars, en sus Memorias queda presa de esta lectura retrospectiva cuando, por ejemplo, interpreta su inters por Bachelard como una actitud revestida con todas las atribuciones del vanguardismo: en Espaa di a conocer su pensamiento y dirig tesis sobre su obra, la cual influira aos despus en las posiciones marxistas de Althusser (Pars 2006, 115).

    18 Sobre esta tcnica de las tablas de verdad, (Becker 2002, 259-329).

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    metafsica inductiva (Pars 1952b, 170) que no traspasa los lmites de la experiencia (Pars 1952a, 322) y que prohbe a la filosofa toda pretensin de especulacin metaf-sica independiente () (Pars 1952a, 43-4, 55-6). El convencionalismo (Pars 1949, 304-6) niega en cambio el alcance ontolgico de las teoras cientficas (). Estas consisten en un simbolismo matemtico que permite salvar los fenmenos sin compromiso con ninguna realidad ms all de stos. Que-da entonces todo el terreno abierto para una ontologa del ente material, esto es, una filosofa de la naturaleza de perfil aristotlico-tomista, divorciada de la ciencia positiva y referida a la experiencia cotidiana (+). Algunos escolsticos como Maritain y Renoir-te se inclinaran bsicamente por esta opcin (Pars 1952a, 68-72; Pars 1957c, 420). El neopositivismo, por su parteexpuesto y despachado crticamente por Pars en su primer libro (Pars 1951-52), supone el rechazo de toda forma de discurso meta-fsico como lenguaje carente de sentido. La ciencia constituye el nico discurso legti-mo (), de modo que la filosofa () se reduce al anlisis lgico-lingstico de las pro-posiciones cientficas. Pars advierte en la opcin neopositivista la presencia de una criptometafsicaes decir una metafsica irreflexivade corte empirista, que reduce la teora cientfica a un sistema de enunciados legaliformes limitados a la descripcin de las constantes fenomnicas (Pars 1951-52, 46; Pars 1952a, 41-42). Por ltimo, el realismo escolstico (Pars 1952a, 60-73), se asienta en una slida metafsica realista, cuyo deslinde constituye la principal tarea del saber filosfico (+). Se presupone asimismo que sobre ese discurso metafsico, en su vertiente filosfico-natural, se fundan los principios de la ciencia (+). Sin embargo, salvo excepciones co-mo el Padre Selvaggimuy prximo a Carlos Pars, los filsofos escolsticos han sido escasamente proclives a derivar, a partir del realismo aristotlico-tomista, una epistemologa que diera cumplida cuenta de los desarrollos de la ciencia moderna (Pa-rs 1949, 311-12), especialmente en sus logros ms recientes, precisamente los que pa-recen impugnar las intuiciones del sentido comn, punto de partida habitual en esta tradicin. A partir de aqu, la filosofa de la naturaleza es presentada como la disciplina que permite articular las reflexiones epistemolgicas sobre la ciencia y la especulacin me-tafsica (Pars 1954b, 136). Aqu se recogen tambin dos elementos tericos recibidos de la herencia orteguiano-zubiriana. En primer lugar, una nocin de ciencia que en-tronca con la episteme griega y que apunta a explicar cmo son las cosas (realismo) y no meramente cmo aparecen (positivismo) (Moreno Pestaa 2008, 38-41). En segundo lugar se insiste en el monopolio filosfico de la reflexividad: la ciencia no es conscien-te del impensado terico que funda sus operacionesaqu se advierte la dualidad or-teguiana de ideas y creencias, lo que ofrece a la filosofa un quehacer no slo legtimo sino superior, pues una ciencia que ignora sus fundamentos queda rebajada a mero saber tcnico (Pars 1949, 299-301; Pars 1952a, 46). Sobre este trasfondo de estrategias argumentativas se produce la recepcin de Ba-chelard en la obra de Carlos Pars. ste no alude a Bachelard considerndolo como un autor aislado, sino encuadrado en una concepcin o movimiento ms amplio, encarnado en la revista Dialectica (fundada en 1947) editada en Zurich, y cuyos repre-sentantes principales seran el propio Bachelard, el filsofo suizo Ferdinand Gonseth y

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    el matrimonio Destouches (Jean-Louis y Paulette) (Pars 1952a, 279).19 Las races de este movimiento las localiza Pars en las primeras dcadas del siglo XX, en las contri-buciones de Lon Brunchsvicg y de mile Meyerson (Pars 1952a, 178; Pars 1954b, 28).20 Por otro lado, Carlos Pars no mantuvo con Bachelard (ni con el matrimonio Des-touches) una relacin meramente libresca. En una estancia en la capital francesa que debi de realizar a comienzos de la dcada de 1950, visit al filsofo en su casa, inter-cambiando puntos de vista parcialmente coincidentesespecialmente en el rechazo de ambos al empirismo neopositivista (Pars 2006, 114-115). A estas alturas y aunque an no era muy conocida en Espaa, la obra de Bachelard ya iba alcanzando cierta di-fusin. Aparte del caso de Jos Pemartn y de algunos comentarios de Gustavo Bueno coetneos de la visita de Pars al filsofo, hay que referirse al trabajo de Dez Blanco (Dez Blanco 1951, 63-64),21 donde se hace un amplio uso de la Philosophie du Non (edi-tada originalmente en 1940).22 Esta obra, adems de Le Nouvel esprit scientifique (1934), son las ms frecuentadas por Carlos Pars.23 La referencia a la epistemologa de Bachelard le permite a Pars, en primer lugar, tomar distancia del apriorismo fijista de matriz kantiana (Pars 1952a, 143-144; Pars 1952d, 264; Pars 1954b, 44-45). La ciencia forma parte de un proceso de continua re-visin que caracteriza al conocimiento en su conjunto; las estructuras conceptuales de la ciencia (por ejemplo la diferencia entre juicios analticos y sintticos) no son eternas sino mviles, poseen un caracterstico dinamismo dialctico (Pars 1953b, 368; Pars 19 Ciertamente Bachelardque se encontr por primera vez con Gonseth en Pars, en 1937era amigo

    del filsofo suizo y antes de conocerlo ya citaba su obra Les fondements des mathmatiques. Tambin es cierto que ambos, junto a Paul Bernays (brazo derecho de Hilbert), fundaron en 1947 la revista Dialec-tica (mery 2000, 177-80) Pero de ah a considerar a Bachelard como miembro de una supuesta es-cuela, con la que slo entr en contacto tardamente, media un abismo y obedece al imperativo de descontextualizar la aportacin bachelardiana para recontextualizarla en el universo filosfico espa-ol. En la biografa autorizada de Bachelard (Parinaud 1996), ni siquiera se menciona a Gonseth. La comprensin adecuada de la contribucin bachelardiana pasa por emplazarla en el campo de la filoso-fa francesa y de sus debates epistemolgicos en las cuatro primeras dcadas del siglo XX (Castelao 1997; Castelli 1998, 244-54; Brenner 2003, 99-108; y Chimisso 2008, 139-51).

    20 De hecho, el realismo de Meyerson tuvo inicialmente una incidencia mayor en la obra de Carlos Pars que la obra del propio Bachelard. A partir de (Pars 1951), se toma cierta distancia de la epistemologa meyersoniana, debido a la dificultad para conciliar el realismo de sta con la fsica cuntica y por lo que considera una postrera deriva escptica de Meyerson (Pars 1951, 216-218). Pars minimiza las di-ferencias entre los planteamientos de Meyerson y de Bachelard, obviando las rotundas crticas de ste al realismo meyersoniano y a su continuismo entre el sentido comn y la ciencia, guiados por la mis-ma lgica de reduccin de lo diverso a identidad (Bachelard 1978, 82-85).

    21 En (Anon. 1950, 161-166) se da noticia del Congreso Internacional de Filosofa de las Ciencias celebra-do en Pars bajo la presidencia de mille Borel y Gaston Bachelard, al que asistieron, en representa-cin de Espaa, el profesor Sixto Ros y el Padre Echarri.

    22 A esto hay que aadir la estancia durante tres aos (1945-1948) de Roberto Saumells estudiando filoso-fa y matemticas en la Sorbona, junto a Bachelard, Poirier, Jean Wahl y Gouhier, a la que nos referi-remos posteriormente.

    23 En un segundo plano se alude al Essai sur la connaissance approche (1927), La formation de lesprit scientifique (1937) y Le rationalisme appliqu (1949).

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    1954b) marcado por el error (obstculo epistemolgico) (Pars 1954b, 38) y por su rectificacin (Pars 1952a, 178; Pars 1953b, 375). Frente al convencionalismo al estilo de Duhem, Bachelard ensea que la filosofa no puede elaborarse sin tener en cuenta los logros efectivos de la actividad cientfica. La filosofa de la naturaleza debe atender a los anlisis de una epistemologa abierta al decurso de los conceptos cientficos. Las teoras fabricadas por los cientficos apuntan a capturar la realidad externa, tienen un alcance ontolgico (Pars 1952a, 277). El sim-bolismo matemtico de la fsica contempornea no es slo un lenguaje descriptivo que salva los fenmenos sino que tiene una condicin constitutiva de la realidad (Pars 1952a, 200-202). Frente al neopositivismo, cuya filosofa de la ciencia remite al ideal de un lenguaje lgicamente perfecto, la epistemologa bachelardiana toma como piedra de toque el decurso histrico de la ciencia (Pars 1957a, 405). En esta opcin por la historia antes que por los anlisis lgico-lingsticos, Pars se muestra formando parte de una dinas-ta claramente francesa (Pars 1953b, 370). No se asimilan las teoras cientficas como algo ya hecho (Faktum) sino como un proceso (in fieri) (Pars 1957c, 423-24), de modo que la referencia a la experiencia fenomnica inmediataltimo fundamento de las teoras en el positivismo lgicoconstituye slo un momento provisional, negado y a la vez superado (dialctica) por el momento de conceptualizacin y axiomatizacin (Pars 1952a, 285-94). Por ltimo, frente a una herencia escolstica remisa a tener en cuenta, para su filo-sofa de la naturaleza, los resultados de la actividad cientfica (Pars 1952c, 49), se re-toma el consejo bachelardiano de instruir a la filosofa en las lecciones epistemolgicas que imparte la ciencia en marcha, aunque preservando, a diferencia del pensador fran-cs, un margen de autarqua y un papel fundador al discurso filosfico (Pars 1952a, 321). En la estela de Pemartn, pero de un modo ms sofisticado, Pars concilia el planteamiento de Bachelard y en general del movimiento dialctico, con el realismo aristotlico-tomista. As por ejemplo, equipara el proceso de rectificacin que conduce de la experiencia inmediata al concepto, con la teora aristotlica de los grados de abstraccin (Pars 1952d, 265), calificando este realismo como realismo abstraccio-nista (Pars 1954a, 388; Pars 1955a, 198-9; Pars 1957a, 406-7). Esta adaptacin de la filosofa del no al aristotelismo escolstico le obliga tam-bin a reformular la nocin de sustancia, que en su formulacin clsicaidentificada con el ente singular a partir del hilemorfismo, choca de lleno con los hallazgos de la fsica contempornea, especialmente con la microfsica de los quanta (Pars 1951-52, 43; Pars 1957c, 425). Por eso Pars recurre a la redefinicin del concepto de sustancia en la obra de Amor Ruibal, donde aquella es tematizada, no desde el modelo del ente individual, sino como totalidad de relaciones (Pars 1955b, 77, 87, 91-92; Pars 1958, 206). La acomodacin de la filosofa del no bachelardiana al realismo transmitido por la filosofa perenne no se efecta sin dificultades. Aqu Carlos Pars opta por separarse del movimiento dialctico y pone de relieve lo que estima como deficiencias y ca-rencias de esta concepcin (Pars 1954b, 38-39).

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    En primer lugar, Bachelard y sus adlteres operan con una insuficiente dialectiza-cin. Se quedan en el plano epistemolgico, mostrando las complejas relaciones entre teora y experiencia, pero no franquean el umbral hacia la ontologa y mucho menos hacia la metafsica. Frente a la dialctica restringida defendida por el grupo franc-fono, Pars promueve una dialctica generalizada (Pars 1954b, 28-35).24 Este movi-miento traduce el afn de trascendencia (Pars 1951-52, 40-46; Pars 1953b, 362) inhe-rente al espritu humano, que se desplaza irresistiblemente desde lo emprico hacia lo ultraemprico o de lo contingente hacia lo necesario (Pars 1956, 190). As, los concep-tos bachelardianos de error, rectificacin y aproximacin se revelan como seas de una finitud humana situada en una esfera ontolgica, una aspiracin que ira ms all del ser material estudiado por la ciencia, hacia lo absoluto, hacia el Acto Puro (Pa-rs 1954b, 46-48). En segundo lugar, esta despreocupacin ontolgica y metafsica propia de la escue-la dialctica, hace que sus anlisis no vayan ms all del plano del ente materialasunto de la cienciasin trascenderlo. De ah el peligro de recaer en el materialismo, que es la filosofa espontnea del cientfico natural (Pars 1953a, 253; Pars 1954b, 36; Pars 1956, 181).25 Por otro lado, al carecer de una filosofa natural (Pars 1952a, 53), al no fundar la epistemologa sobre bases ontolgicas y metafsicas (Pars 1954a, 389), sino a partir de algo tan provisional como la historia de la ciencia, Bachelard y la con-cepcin dialctica eliminan todo fondo inmutable en los principios mismos de la cien-cia (identidad, causalidad, no contradiccin, etc), abriendo la senda del escepticismo (Pars 1954a, 389; Pars 1954b, 46). Se reitera aqu, como suceda en Pemartn, la exi-gencia, la llamada al ordenpropia de un insider acadmico y de un seusta convenci-do, como era entonces Parspara respetar la debida jerarqua entre las disciplinas: la filosofa se emplaza en un nivel ms fundamental y superior que las ciencias (Pars 1949, 301); no hay epistemologa sin cimientos ontolgicos y metafsicos. Por ltimo, Bachelard exagera la discontinuidad existente entre la ciencia y el senti-do comn (Pars 1952a, 327-30)con el nfasis en las rupturasy olvida el conti-nuismoal menos en el nivel de las regularidades empricas descubiertas (Pars 1951-52, 47; Pars 1952b, 176)en el terreno de la historia de la ciencia, poniendo as en riesgo la unidad del conocer humano.

    24 Curiosamente, podra decirse que Carlos Pars parece caer precisamente en un obstculo epistemolgi-

    co analizado y exorcizado por Bachelard: el obstculo del conocimiento general, donde aquello que se constata en un rea delimitada del conocimiento, se generaliza de modo salvaje e indiscriminado, ontologizndolo (Bachelard 1974, 66-98).

    25 Curiosamente, a pesar de citar El Racionalismo aplicado, donde Bachelard ya se haba referido al raciona-lismo aplicado como un materialismo instruido (por la dialctica de la razn y de la tcnica en la ciencia actual) (Bachelard 1978, 11), Pars jams alude a la epistemologa bachelardiana calificndola de materialista. Su lectura selectiva no tiene en cuenta los conceptos que iran en esa direccin (por ejemplo la distincin entre fenomenologa y fenomenotecnia) ni cita nunca Le matrialisme ration-nel (1953), donde el filsofo francs desarrolla ms explcitamente ese planteamiento. Estos mismos silencios se constatarn en el caso de Roberto Saumells. Habr que esperar a la dcada de los 70, con la recepcin de la epistemologa histrica francesa a travs del althusserianismo, para encontrar en Espaa una lectura materialista de Bachelard.

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    4. Bachelard y el realismo de la forma: Roberto Saumells

    Junto a Carlos Pars, el pensador espaol que ms contribuy a la recepcin de la epis-temologa bachelardiana fue el cataln Roberto Saumells (nacido en 1916). Ambos pertenecan a escuelas de pensamiento rivales, que llegaron a convertirse en antagni-cas. Como ha sealado Moreno Pestaa (2010), la pertenencia a una escuela de pen-samiento puede implicar tres caractersticas que no siempre se dan conjuntamente. Tiene que ver en primer lugar con la entrada en una red institucional, esto es, la de-pendencia respecto a personas que entronizan al sujeto en una carrera permitindole la acumulacin de capital acadmico en un plazo ms o menos largo. Como se ha visto, Carlos Pars fue tutelado en su tesis doctoral por Yela Utrilla, un falangista ortodoxo; hizo su aprendizaje intelectual en las revistas de los crculos intelectuales seustas y se mantuvo cercano del grupo cultural ligado a finales de los aos cuarenta con el Institu-to de Cultura Hispnica. Sin embargo su temprano encumbramiento a la ctedra (de Fundamentos de Filosofa en Santiago de Compostela) tuvo lugar gracias a avatares coyunturales relacionados con las pugnas del poder universitario, no en virtud del res-paldo dado por este sector (Pars 2006, 49-51).26 En segundo lugar, una escuela de este tipo remite a un grupo de accin intelectual relativamente estable que se convierte en fuente de energa emocional renovable. En el caso de Carlos Pars a la altura de los primeros aos cincuenta, ese grupo estaba emplazado en la seccin de Filosofa e Historia de las Ciencias del Instituto Luis Vives del CSIC, dirigida por Rey Pastor. La trayectoria intelectual de Roberto Saumells lo emplazaba en una escuela intelectual rival que lleg a convertirse en antagnica.27 De origen social ms modesto y provinciano que Parsnaci en Gironella, curs el ba-chillerato en Tarragona y sus padres eran maestros nacionales, Saumells, que haba he-cho la Guerra en el bando republicano, encarn el prototipo del buen alumno28 (Premio Extraordinario en Bachillerato), consiguiendo de este modo, despus de cur-sar la carrera de Filosofa en Barcelona, una beca del Instituto Francs para ampliar es-tudios. En Pars residi durante tres aos (1945-1948), frecuent la Sorbona y sigui las clases, entre otros, de Bachelard. Cuando los recursos derivados de la beca estaban cerca de agotarse, recibi una subvencin de la direccin de Relaciones Culturales gra-cias a su director de tesis, Rafael Calvo Serer. Este estaba empeado en la tarea de confeccionar una red de contactos internacionales con intelectuales europeos, contri-

    26 Junto al voto de Jess Arellano y del presidente del tribunal, Pars recibi el del falangista y arabista

    Cruz Hernndez, que aos antes se haba ofrecido servilmente como aliado de Calvo Serer (Daz Hernndez 2008, 344-345). En cualquier caso, la ancdota revela lo que antes se coment: a la altura de 1951, la rivalidad entre el grupo de Arbor (Calvo Serer) con los grupos del Instituto de Cultura Hispnica (acenepistas de Ruiz-Gimnez) y del Instituto de Estudios Polticos (falangistas zubirianos prximos a Javier Conde), no exclua la estrecha colaboracin.

    27 Sobre la trayectoria de Roberto Saumells se han consultado los trabajos de (Cimadevilla 1956; Gonz-lez Quirs 1997; Daz Hernndez 2008; y Lpez Quints 1970, 657-670). Agradezco al profesor Gonzlez Quirs por haberme facilitado un ejemplar de la entrevista de 1997.

    28 Sobre las caractersticas de este idealtipo del buen alumno, contrapuestas a las del alumno brillan-te, (Vzquez Garca 2009, 101-102 y 266).

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    buyendo a mejorar de este modoen el contexto del aislacionismo posterior a 1945- y en el terreno cultural, la imagen exterior del rgimen (Daz Hernndez 2008, 75). Saumells se convirti desde entonces en hombre de confianza de su mentor. A su re-greso a Espaa y bajo los auspicios de Calvo Serer, recibi diversos cargos en distintas unidades del CSIC y ms tarde se integr en el Departamento de Filosofa de la Cultu-ra (CSIC), dirigido tambin por su maestro, formando equipo junto a Milln Puelles, Osvaldo Market y Miguel Sigun. Por ltimo, en 1950 ingres en la Universidad de Madrid como encargado de curso impartiendo la asignatura de Cosmologa, hasta en-tonces explicada por Carlos Pars. En esa misma poca ingres como numerario en el Opus Dei. De este modo, a finales de los cuarenta y comienzos de la dcada de los aos cin-cuenta, Carlos Pars y Roberto Saumells figuraban respectivamente en grupos de ac-cin intelectual rivales dentro del Instituto Luis Vives del CSIC. Por una parte el de-partamento de Filosofa e Historia de las Ciencias; por otra el departamento de Filoso-fa de la Cultura (aliado al de Culturas Modernas); de un lado THEORIA, del otro Ar-bor; en un grupo la preeminencia de Calvo Serer y los contactos con personajes como Prez Embid (Ateneo, Direccin General de Informacin), Antonio Fontn (Actuali-dad Espaola) o Fernndez de la Mora (Ateneo); en el otro, el poder de Ruiz-Gimnez (embajador en la Santa Sede), Snchez Bella (Instituto de Cultura Hispnica), Lan En-tralgo (Escorial, Editora Nacional) y Javier Conde (Instituto de Estudios Polticos). El ascenso de Ruiz-Gimnez al Ministerio de Educacin Nacional hizo que la balanza se inclinara del lado de los aliados de Carlos Pars.29 En las vsperas de esa situacin tuvo lugar la fracasada defensa de la tesis doctoral de Saumells, que se vio obligado a dejar su docencia de Cosmologa (Daz Hernndez 2008, 266 y Pars 2006, 124-25). Poste-riormente y en medio del antagonismo cada vez ms abierto entre Calvo Serer y Ruiz-Gimnez se produjo la cada en desgracia del primero y la disolucin del grupo Arbor. Saumells, despus de conseguir por fin el ttulo de doctor (con una nueva tesis), obtu-vo en 1953 una beca para realizar una estancia de varios meses en Pars; posteriormen-te y sin dejar su vinculacin con el CSIC, se traslad a la Universidad de Costa Rica, donde lleg a desempear docencia como profesor extraordinario. Una escuela intelectual puede implicar por tanto la existencia de una red institucio-nal y de un grupo intelectual de apoyo mutuo. Ambas caractersticas se verifican en los casos de estos dos importadores de Bachelard que fueron Pars y Saumells. Sin embar-go en ninguno de los dos casos puede reconocerse la presencia de una tercera caracte-rstica sealada (Moreno Pestaa 2010): la existencia de una problemtica terica compartida, de un dispositivo conceptual comn. Sin duda existan afinidades ideol-gicas e incluso filosficas que distinguan a los hombres de Calvo Serer de los hom-bres de Lan, en ningn caso codificables bajo la oposicin simplista entre conserva-durismo y liberalismo. Todo esto es muy poco para hablar de doctrinas filosficas en liza. La recepcin de Bachelard, como ahora se probar, muestra esta circunstancia.

    29 Aos despus, en el contexto de la pujante presencia de Ministros opusdestas en el Gobierno de Fran-

    co, el signo se invertira y Pars habra de perder la ctedra de Filosofa de la Naturaleza en la Univer-sidad de Madrid, a favor de Saumells (Pars 2006, 125-26 y Mindn 2004, 166).

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    Ms all de sus tremendos antagonismos institucionales y personales, las lecturas de Bachelard propuestas por Pars y por Saumells llaman la atencin por su similitud. Con estilos y matices diferentes, ambos tratan de conciliar la epistemologa bachelar-diana y su atencin a la actualidad cientfica con la tradicin escolstica del realismo. El punto de partida donde se emplaza Saumells, y esto desde sus primeras publica-ciones, lo constituye el conflicto entre razn y representacin que la ciencia contem-pornea ha llevado al extremo. Esta se apoya en una racionalidad puramente discursi-va, de tipo axiomtico, que implica romper con toda referencia a lo inmediatamente representable por la intuicin. Esta verdadera iconoclastia de la fsica matemtica ac-tual habra sido diagnosticada con tino en la obra de Bachelard. Al mismo tiempo, y aqu la referencia a Meyerson es inevitable, Saumells considera que la tendencia del es-pritu humano a traducir los conceptos abstractos en la forma de representaciones, es insoslayable. Llegar a sostener que el realismo filosfico preconiza la imagen y el ra-cionalismo la posterga (Saumells 1958, 142-43). Cmo compatibilizar entonces el realismo con el hiperblico formalismo raciona-lista de la ciencia en curso?; cmo preservar la nocin de sustancia si el sustancia-lismo, como ha denunciado el propio Bachelard, constituye, precisamente por su en-gaosa claridad intuitiva, uno de los principales obstculos que impiden la constitu-cin de los conceptos cientficos? La estrategia argumentativa de Saumells consistir en recurrir a la dialectizacin bachelardiana, con objeto de problematizar las anttesis epistemolgicas recibidas: em-pirismo/ formalismo, intuicionismo/ logicismo o convencionalismo/ realismo. De es-te modo, las proposiciones y tesis contrarias son presentadas como momentos provi-sionales de un movimiento dialctico que caracterizara al proceso cognoscitivo. Ahora bien, a diferencia de Carlos Pars, este recurso a la dialectizacin no consiste en presentar vastos estados de la cuestin donde se discuten, en trminos generales, las distintas posiciones rivales con objeto de elaborar una propuesta propia. Saumells procede de un modo ms parecido al del propio Bachelard; selecciona un dominio conceptual restringido y lo examina en sus condiciones histricas de aparicin. Las propias posiciones se revelan de un modo muy elusivo, a travs de estos anlisis hist-rico-epistemolgicos concretos. Como se ha sugerido, esta tendencia a la delimitacin estricta de los problemas tiene que ver con la fobia al ensayismo (hablar de todo lo divino y lo humano de una manera blanda y nebulosa (Cimadevilla 1956) y con una decidida voluntad asctica de rigor y tecnicismo, algo que puede encontrarse en otros compaeros del mismo crculo intelectual de Saumells (Vzquez Garca 2009, 87-88). El teorema de Desargues, el postulado eucldeo de las paralelas, la geometra pro-yectiva de Von Staudt, la teora maxwelliana del campo electromagntico, la refutacin del ter en el experimento de Michelson, el concepto de cada de los graves en la f-sica galileana, este es el tipo de problemas cuyo detenido anlisis y reflexin, ocupan la obra epistemolgica de Saumells entre 1949 y 1958. En el examen de estas cuestiones ms que glosar a Bachelard, lo que se hace es aplicar su estilo de exploracin, incluso para poner en tela de juicio al propio Bachelardutilizado para cuestionar el empi-rismo neopositivista pero acusado por Saumells (Saumells 1949, 465) de caer en un formalismo a ultranza. Aparte de La philosophie du non o de Le nouvel esprit scientifique, se

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    alude a textos bachelardianos mucho menos frecuentados por Carlos Pars, como La formation de lesprit scientifique (1937); La valeur inductive de la relativit (1929), Lintuition de linstant (1932) o La dialectique de la dure (1936). En su tesis doctoral, Saumells puso a prueba este proceder por dialectizacin, en relacin con la nocin de espacio. Parta del estudio de uno de los teoremas bsicos de la Geometra Proyectiva: el teorema de Desargues. Su demostracin mediante ra-zonamiento abstracto, puramente deductivo, no excluye sin embargo la posibilidad de construir una representacin grfica del mismo. Ahora bien, esa representacin slo es posible en la medida en que se trascienden las propiedades puramente intuitivas del plano. Se tratara de una representacin no figurativa, no captable por la intuicin in-mediata sino obtenida precisamente por la desfiguracin del espacio dado en la in-tuicin sensible. De este modo, el razonamiento demostrativo no se funda en las pro-piedades intuitivas del plano; es autnomo respecto a la representacin pero no es im-posible representarlo. Saumells sugiere que esto es posible por la existencia de un iso-morfismo entre las condiciones de demostracin y las condiciones de representacin. El espacio de la intuicin contiene la posibilidad misma de ser trascendido, negado en un concepto cuya pura forma es susceptible de ser representada. Lo que se postula, por tanto, es un realismo contrario al del sentido comn, que identifica imagen y cosa (Saumells 1958, 196), un realismo que apela a la posibilidad de representar los conceptos a partir de las condiciones formales puestas por el propio concepto y no de las condiciones dadas en la intuicin; un realismo de la forma y no de la materia (Sau-mells 1954, 19; Saumells 1958, 150), resultado de una compleja elaboracin intelectual y no mero trasunto de la actitud natural (Saumells 1958, 162). En la Dialctica del espacio, Saumells traslada su proceder dialectizador, de inspiracin bachelardiana, al anlisis del concepto, no ya de espacio geomtrico, sino de espacio fsico. A partir de aqu se refiere al problema del tiempo. Introduce entonces el juego de tesis y anttesis entre Bergson y Bachelard. Este legitima la referencia a la simulta-neidad a travs de su teora del tiempo como instante, enfatizando frente a Bergson la discontinuidad temporal y su vnculo con una psicologa de la atencin contrapuesta a la psicologa bergsoniana de la intuicin (Saumells 1952, 189-200). De este modo se introduce en Espaa, por primera vez, la tematizacin bachelardiana de la temporali-dad. Por ltimo, en La ciencia y el ideal metdico (1958), Saumells entra a dirimir, con el mismo recurso dialectizador, la polmica que enfrenta a dos puntos de vista: el que de-fiende que una ciencia se especifica principalmente por su mtodo y el que sostiene que el criterio especificador consiste en el objeto. El autor se decanta por la segunda opcin, que es obviamente la que est emparentada con el realismo, pero para probar su propuesta lleva a cabo un arduo recorrido en el que retoma anlisis de problemas concretos que en algunos casos aparecan en su tesis doctoral. Ese conjunto de estu-dios histrico-epistemolgicos le permiten diferenciar claramente el realismo de la forma de un realismo de sentido comn que linda con el materialismo, al que tilda de degradacin misma de la filosofa (Saumells 1958, 189-90). Como en el caso de Pars, la instrumentalizacin de la obra de Bachelard por parte de Saumells no est exenta de crticas y de silencios selectivos. Sostener una interpre-

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    tacin realista y dialctica de los conceptos cientficos implica proporcionar una solu-cin inconmovible acerca de los fundamentos metafsicos del pensamiento cientfi-co. Aqu aparece de nuevo el esquema jerrquico: para Saumells y frente a Bachelard, no es la ciencia la que instruye a la filosofa sino la filosofa la que justifica a la ciencia. La epistemologa bachelardiana recoge sus valores a partir de la ciencia en curso y desde ellos elabora sus reconstrucciones racionales de la historia del conocimiento ob-jetivo. Saumells considera que esta actitud conduce a un intolerable relativismo que remite a una peticin de principio (Saumells 1952, 121, 125). Los fundamentos que explican la evolucin de la ciencia, cmo van a crearse y recrearse en esa misma evo-lucin? Por otro lado y como ha podido comprobarse, Saumells rechaza todo lo que pueda acercarse a un planteamiento materialista en epistemologa; su realismo de la forma implica el acto y la construccinfrente al realismo de lo dadopero apela a un mundo por contemplar, de intensas resonancias platnicas. El materialismo queda relegado ascticamente al mbito del conocimiento en su forma inferior (Saumells, 1958, 189-190), esto es, el conocimiento sensible en su modalidad ms grosera: el tac-to. Por esta razn, todas las referencias bachelardianas que presentan su epistemologa como un materialismo (tcnico, instruido, racional) o que aluden a la diferencia entre fenomenologa y fenomenotecnia,30 estn ausentes en los escritos de Sau-mells.

    5. Conclusin

    El examen de la primera recepcin espaola de la epistemologa bachelardiana, entre los aos cuarenta y cincuenta, permite advertir la importancia que tena la tradicin francesa en la filosofa de la ciencia espaola, y en particular el protagonismo que en aquella desempeaba la reflexin sobre casos histricos. Al mismo tiempo se ha com-probado que algunos autores, gracias a contar con un destacado capital filosfico y cientfico como fueron los casos de Carlos Pars y Roberto Saumells, podan tomar cierta distancia respecto al espeso magma ideolgico de la poca, a la hora de aden-trarse en cuestiones de orden epistemolgico. Comparando las tres principales estrategias de lectura de Bachelard que se han ex-puesto y que corresponden a las trayectorias respectivas de Jos Pemartn, Carlos Pars y Roberto Saumells, salta a la vista una diferencia importante en el grado de eufemiza-cin alcanzado por cada uno de ellos. En el primer caso el grado de violencia ejercido en relacin con los textos bachelardianos es evidente; se trata de utilizar las crticas del cartesianismo al servicio de una ideologa nacionalcatlica apenas disimulada. En el segundo caso, el respeto al texto y la autonoma de lo filosfico respecto a lo extrafilo-sfico son mucho ms palpables. Pero Carlos Pars, en vez de practicar la epistemolo-ga bachelardiana en relacin con el estudio de casos concretos en historia de la cien-

    30A la absoluta centralidad del concepto de fenomenotecnia en la epistemologa de Bachelard se ha re-

    ferido recientemente Roberto Torretti. Esta nocin implica poner en tela de juicio la tradicional esci-sin positivista entre la ciencia y sus aplicaciones tecnolgicas (Torretti 2011: 99) y lleva a concebir la ciencia como una empresa social productora de fenmenos (Torretti 2011: 103).

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    cia, optaba por usar sus tesis (enmarcadas en las referencias genricas a una escuela dialctica) dentro de vastos estados de la cuestin. Se trataba de utilizar a Bachelard para hacer posible el aggiornamiento de una metafsica realista, de filiacin tomistamatizada por las referencias a Amor Ruibalconciliando as la doctrina de la Iglesia catlica con la modernidad cientfica. En el caso de Saumells, sin embargo, las refe-rencias a la ideologano disimuladas por Pemartn- o incluso al dogma religiosopresentes en Parsdesaparecen, insinundose una preferencia por la asepsia y por el tecnicismo, muy presentes tambin en otros autores vinculados en la dcada de los 50 al grupo de Arbor, como fue el caso de Milln Puelles. La ideologa de la neutralidad tecnocrtica y del crepsculo de las ideologas se hace palpable en esta estrategia de lectura. Por otro lado, Saumells no se limita a citar o a comentar los textos bachelar-dianos, sino que trata de practicar este estilo de epistemologa a partir del estudio de casos concretos tomados de la historia de la fsica y de la geometra modernas. No obstante, a pesar de las reconstrucciones retrospectivas que tratan de maquillarla, la impronta de la escolstica tomista, que marcaba el orden del da de la filosofa univer-sitaria en la Espaa de la poca, es evidente en el modo en que todos estos autores re-ciben la obra de Bachelard.31 Esto se hace manifiesto en la mutilacin de toda referen-cia al materialismo (considerado por todos estos autores como una negacin de la filosofa) cuando se menciona la obra bachelardiana.32 A partir de finales de los aos sesenta y primeros setenta, cuando se vuelva a forjar en Espaa una comunidad inte-lectual dedicada al cultivo de la filosofa de la ciencia, esta herencia francesa ser rele-gada, optndose por buscar los modelos en el mbito de la tradicin analtica. Bache-lard ser redescubierto por una va diferente; a partir de la polmica acogida espaola del marxismo de Althusser. En ese contexto, en cambio, la referencia al materialis-mo ocupar un lugar principal. La importacin de Bachelard y de la escuela dialctica dotar de un perfil singu-lar a las aportaciones de Carlos Pars en materia de filosofa de la naturaleza, y le ayu-darn a labrarse una fulgurante carrera universitaria en el medio filosfico de la dcada de los cincuenta. Sin embargo el giro antropolgico y filosfico-existencial que se pro-duce en su pensamiento desde finales de esa dcadaconstatable en Mundo tcnico y existencia autntica, editada en 1959y que acompa tambin a su viraje en el mbito ideolgico, trajo consigo el desplazamiento de la epistemologa a un segundo plano de sus intereses. Este cambio de marcha no se produjo en el caso de Saumells, cuyo apego por la filosofa de la naturaleza, proseguido por su discpulo Cndido Cimadevi-lla, lo relegara a un segundo plano de la escena filosfica espaola posterior, que ten-dera a considerar la mencionada disciplina como un residuo del pasado, en contraste con la pujanza de una filosofa de la ciencia de pedigree analtico. 31 El primer artculo publicado en Espaa y dedicado ntegramente a comentar la obra epistemolgica de

    Bachelard, insista en su proximidad ideolgica (Cavero 1958, 278) con los planteamientos del rea-lismo aristotlico-tomista; por otro lado, el nfasis bachelardiano en la importancia del error revela-ra una actitud humilde ante Dios, frente a la soberbia cientista de los diversos positivismos (Ca-vero 1958, 278).

    32 Esta orientacin materialista es palpable en Le rationalisme appliqu (1949) y en Le matrialisme rationnel (1953).

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    Al mismo tiempo, en este trabajo se ha tratado de mostrar que, en un contexto fi-losfico tan castigado como el espaol de los aos cuarenta y cincuenta, la pertenen-cia a escuelas filosficas rivales no implicaba necesariamente grandes disparidades te-ricas. Carlos Pars y Roberto Saumells, situados en redes institucionales y en grupos in-telectuales diferentes y en un momento dado antagnicos, lean a Bachelard desde planteamientos bastante similares, a pesar de esas diferencias que se han indicado. Por esta razn, los estudios sobre el trfico internacional de los bienes filosficos resultan especialmente tiles: nos ilustran ms sobre el funcionamiento de las culturas impor-tadoras que sobre los propios objetos importados.

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    FRANCISCO VZQUEZ GARCA es Catedrtico de Filosofa por la Universidad de Cdiz. Ha realizado estan-cias como investigador becado en el Centre Michel Foucault (Paris) y en el Centre de Recherches Histo-riques de lcole des Hautes tudes en Sciences Sociales (Paris). Especialista en filosofa contempor-nea espaola y francesa y en historia cultural de la sexualidad. Sobre estos temas ha publicado una veintena de libros y numerosos artculos en revistas internacionales. DIRECCIN: Departamento de Historia, Geografa y Filosofa, Universidad de Cdiz, Avda. Gmez Ulla s/n 11003 Cdiz, Espaa. E-Mail: [email protected]