Larrinaga, Manuel - Santa Monica

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    PPC. Enrique Jardiel Poncela. 4-28016 MadridPortada y dibujos de Francisco IzquierdoI.S.B.N.: 84-288-0762-0Depsito legal: M. 12.782-1986Impreso en Espaa - Printed in SpainPor: Impresos y Revistas. S. A. (IMPRESA)Torneros, 58. Polig. lnd. Los AngelesGETAFE (Madrid)

    MANU EL LA RRINA GA, O. A. R.

    SANTA MONICA

    acantom

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    PRESENTACINjr A celebracin del XVI centenario de la conversinm de San A gustn (387), acontecimiento de por s- - ' muy significativo en la Iglesia y para el mundo,tiene lgicamente unos moldes de referencia muy dignosde tener en cuenta. Y es que en la vida de San Agustnjuega un papel fundamental su madre, aquella siervovuestra que me dio a luz en su carne para que naciese a

    esta vida temporal, y en su corazn para la eterna (ConfIX, 8, 17).Esta s ola frase define plenamente el contenido espiritual de una mujer (331-387) que, fiel a la voluntad deDios, espe ra con paciencia a qu e el fugitivo, peregrinoaventurero de la Verdad, recale en las inmensas playasmarinas, gritando alborozado: Tarde os am, hermo-sura tan antigua y tan nueva, tarde os am! (ib. X, 27,38).La conversin de San Agustn es una invitacin a escudriar los planes de Dios sobre los hombres pero, tambin, a admitir el sentido de tantas mediaciones (personas, palabras, ejemplos, acontecimientos) que, de unamanera tangible o aparentemente silenciosa, repercutenen la existencia humana fundamentalme nte cuando sta

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    busca, a veces por derroteros equivocados, la luz y la pazinterior.Mnica entra de plano en esta mediacin, tal vez deuna forma ms entraable y tan espontnea que lo que aveces se cree, ya que su figura se seala ms, precisamente por falta de conocimiento, en un mbito un tantotriste, como mujer de tantas lgrimas. La figura de Mnica, ojal seamos capaces de describirla exactamente, esmucho m s significativa. A gustn la enmarca comosierva de vuestros siervos. Cualquiera de ellos que laconoca os alababa, honraba y amaba m ucho en ella, por-que senta vu estra presencia en su corazn, atestiguadapor los frutos de su santa con versacin (ib. IX, 9, 22).Las Confesiones de San Agustn propician un acercamiento real y optimista al talante espiritual de Mnica, yellas son constante referencia en la articulacin de los

    captulos d e este libro que la FAE (Federacin Agusti-niana Espaola) ha querido publicar c on motivo del XVIcentenario de la conversin de San Agustn, en un intentode acercamiento, por otra parte necesario, de la incidencia de la madre en el hijo, de Santa Mnica en SanAgustn, y de la ntima conjuncin entre ambos.* * *

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    AMANECERyy T A hermosura misma del universo es\ \ JL / como un gran libro: contem pla, exa-mina, lee lo que hay arriba y abajo. No hizoDios letras de tinta para qu e le conocieras, sinopuso antes tus ojos: las criaturas que hizo. Aqu buscas ms elocuente testimonio? El cielo yla tierra te dicen a gritos: somos hech ura deDios. (Mai CXXVI, 6)

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    L OS lugares y los tiempos tienen especial importancia en la vida de los humanos: nacen no solamente las personas en una fecha determinada yen un concreto lugar; desde ah arrancan unas races, lossentimientos y el comienzo de unas vivencias que van air marcando poco a poco la trayectoria de cada vida. Lodice muy grficamente San Agustn: Y poco a poco meiba dando cuenta de dnde estaba, y quera manifestarmis deseos a los dems para que los cumpliesen, y nopoda; porque los deseos estaban dentro, y aquellas personas fuera, y con ninguno de sus sentidos podan penetrar en mi alma. Por eso agitaba los miembros y gritaba,signos expresivos de mis deseos, los pocos que poda ycomo poda; aunque no eran verdaderamente expresivos(Confl, 6, 8).Es hermoso constatar, por agradecimiento y coherencia, la realidad de una persona, unida en toda su existencia, a esos primeros planos, inocentes y un tanto prematuros, donde la imagen se hace bella en la sencillez y losrasgos van configurndose junto a un conglomerado decircunstancias y, sobre todo, personas. En la vida de cadahombre, en cada nacimiento, hay un comienzo de historia, muy personal, pero siempre abierta en todas sus pginas a letra impresa de tantas mediaciones que influyenconsciente e inconscientemente en razn de acontecimientos y experiencias.

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    El sentido entraable de la creacin del hombre, en esedilogo afectuoso y limpio con el que Dios comienza lahistoria, es una gran leccin de amor, de luz: a imagen ysemejanza suya. Y, junto a esta realidad, el complemento : Porque es el Seor quien da la sensatez, de su bocaproceden sa ber e inteligencia; El atesora acierto para loshombres rectos, es escudo para el de conducta intachable,guarda el camino del deber y custodia la senda de susfieles (Prov II, 5-8). Son pinceladas de artista que implicarn al hombre en un conocimiento de su misma realidad y de lo agradablemente profundizado en orden a darfruto...

    * * *

    Con todo esto se vislumbra un hecho: el nombre deuna persona. Por supuesto, que muy en consonancia auna precisin histrica y con un influjo decisivo por sufidelidad. Naci en Tagaste hacia el ao 331 (hoy llamanal lugar Souk Ahrs), desde entonces se la conoce y se lavenera como MONICA. Su hijo Agustn nos ofrece uncontexto que suena a alabanza de su madre: Haciagrandes cosas vamos: entendamos las cosas pequeas ynos haremos grandes. Quieres alcanzar la grandeza deDios? Consigue primero la humildad de Dios. Procuraser humilde por tu provecho, porque Dios se dign humillarse por tu bien, no por el suyo. Com prende, pues, lahumildad de Cristo, aprende a ser humilde, no te engras (Sermn 117, 17). A decir verdad, la vida de M-nica tiene esa perspectiva por su silencio y por su constante andadura en busca de lo mismo, eso mismo quetanta impresin causar en el nimo de su hijo en eltranscurrir de su existencia y cuya repercusin ser ali-12

    ment de toda una vida espiritual para Dios: pero nocallar lo que me nace del alma sobre aquella siervavuestra que me dio a luz en su carne para que naciese aesta vida temporal, y en su corazn para la eterna. Nodir sus prendas, sino vuestros dones en ella. Porque niella se haba hecho a s misma, ni se haba educado a smisma; Vos la criasteis, sin que su padre ni su m adresupiesen cul haba de ser su hija (Conf IX, 8, 17).La trayectoria terrena de Mnica nace en un ambiente,en una ciudad que era cruce de muchos caminos: desdeNumidia, pasando por el valle de Medjerda, se llegabahasta Cartago o, desde Cartago se iba hasta la lejanaMauritania para terminar en los confines del Sahara. Alfin y al cabo, frica en su gran misterio, orgullosa de suhistoria, de sus momentos, de su lujo y comercio, de supodero y placeres. Aqu nace Mnica y desde aqu ofrecer su propia historia, una pgina totalmente expresadaen alabanza a Dios por su misericordia.El enclave histrico de Mnica, que puede darnos ocasin para describir el amanecer de Mnica a la vida, esalgo que no podemos olvidar. Quedar impreso en elcorazn de esta gran mujer, andariega, fuerte en su piedad, que sigue a su hijo por mar y tierra, segura del Seoren todos sus peligros. Claro est que una definicin de talcalibre pasa por muchas vicisitudes y llegar a esa metahabr supuesto seguramente ser mujer fuerte. O, tal vez,lo podramos deducir con bastante facilidad de unas ex

    presiones de su hijo: El Seor nos pone en el caminoy cuando nos hacemos creyentes en Cristo, aunque noestemos en la patria, ya hemos comenzado a andar por elcamino... Nuestros pasos en este camino son el amor deDios y del prjimo. Mnica aprendi desde su tiernainfancia esta leccin, la autntica leccin cristiana que da13

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    sentido a la vida. Ser una leccin viva, sintona quemarcar el ritmo gozoso de los aos, de un maana complicado y lleno de dificultades. Desde pequea, Mnicase habita graciosamente al lenguaje del amor, a no tenerel corazn cerrado a nadie, en correspondencia a tantodon recibido, abierto a cualquier necesidad. Su ejemploser la siembra constante luego en el ambiente familiardonde unos y otros contemplarn ensimismados los brotes de caridad que continuamente ofrece la madre...San Agustn comenta que l naci de padres pobres(Sermn 356, 13) y dice la verdad: Patricio y Mnicaeran unos pequeos propietarios y, en relacin con otrasmuchas familias, eran ciertamente pobres, de clase muymedia, africana de origen y romana de cultura. Y estareferencia econmico-social de Agustn nos trasplanta sinmayores dificultades al ambiente familiar de Mnica,nada llamativo y s bastante comn entre la gente de sutiempo, con los problemas de siempre en las familias quedeben vivir a costa del sudor de su frente.Lo que s se puede afirmar, desde la iluminacin quehace Agustn, es el aspecto religioso de Mnica, expresado palpablemente en una actitud de persona creyente oesa frase tan especial que es una autntica joya de definicin: miembro sano de la Iglesia. De veras que sorprende esta afirmacin en Agustn, tan equitativo en susjuicios y en sus valoraciones, y, por eso mismo, es unaalabanza digna de crdito porque descubre el talante espiritual de una mujer que, en medio de las dificultadesde su tiempo, sabe conservar desde el principio un sentido tan ntido de Dios que motiva en los que la tratanuna sensacin de alivio, de esperanza y de un gozo inenarrable. En el ambiente cristiano de su familia, Mnicaaprende lo ms importante: buscar a Dios en las mis-

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    mas cosas eternas, inmateriables e inalterables, en cuyaperfecta contemplacin se nos ha prometido que consistela vida bienaventurada, que es eterna (De Trin 14, 4, 6).Esto es lo que aprendi Mnica desde pequea: amanecer cada momento a esa luz que es Dios y encontrar allel verdadero equilibrio para aprender, para vivir y, en elcaso de Mnica, para mucho sufrir.No hace falta pensar en algo distinto durante la niezde Mnica ni tampoco en rodearla de un ambiente m isterioso cuando no milagrero como para justificar el aire desantidad que la historia le concede. Precisamente, en esalimitacin de cosas superfluas y un tanto extraas, nosaventuramos a fijar la atencin en el constante y, a lavez, rutinario amanecer de los das y de los aos. Faltandatos, hechos reales que se aglutinen para ir preparandola historia verdica de una persona y su misin. Por esomismo, la alusin de San Agustn sobre su madre en el

    sentido de considerarla como miembro sano hace prevalecer la idea de una autntica formacin cristiana deMnica y sin caer en la trampa de adobarla con remilgosnada objetivos.Esto no quiere decir que, con carencia de hechos concretos, dejemos a la persona concreta en una penumbranada significativa. Constantemente y, a lo largo de estaspginas, se fundamenta la verdad sobre Mnica desde laatalaya prdiga en detalles y afirmaciones co nexas que su

    hijo va entretejiendo y valorando pero con esa referenciaimplcita a lo que la misma vida de la madre va a estarmanifestando en toda ocasin. En el caso de Mnica,sobre todo cuando se la considera desde un tiempo actualal lector, conviene evitar dos extremos: situarla en unnimbo milagrero o dejar solamente su expresin a lo quelos datos y referencias ofrecen, y sin intuir que una santi-15

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    dad es una ascensin continua facia lo alto: Aquello yaquello que es D ios, sea lo que fuere, crase piadosamente, pinsese santamente, y segn el don recibido y nuestraposibilidad, entindase inefablemente. Descansen las palabras, cese la lengua; despirtese el corazn, levntesearriba el corazn. Porque Dios n o es cosa que a scienda a lcorazn humano, sino con que asciende el corazn delhombre... (Sermn 52, 6, 16).Todo lo que Mnica har con paciencia en el amanecer diario de Agustn se reduce precisamente a esos tresverbos que ella trata de inculcarle desde su propia experiencia: creer en Dios (tal era mi madre, siendo Vos sumaestro ntimo en la secreta escucha de su pecho); pen-sa r santamente, no dando volteretas con la voluntad y sinagitarnos con pensamientos voluntarios y temporales.Todo ello para entender inefablemente, mantenindonosen El, estando fijos en El.

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    Estamos contemplando el amanecer de Mnica a lavida, alegre amanecer con esa alegra que propicia el entorno de una vegetacin florida, de un mar que emanaun azul esplendoroso y, sobre todo, porque el comienzode la vida de Dios en su interior va encontrando eco tanradiante que dir Agustn: Prepara el nfora, crezca tufe, aum ente tu fe, h gase firme tu fe; no sea vacilante yquebradiza, no tronche con las tribulaciones de este siglo. El nimo de Mnica camina en esta interioridadde encuentro con Cristo y se apresura con su madre y conla gente piadosa a no desperdiciar ocasin de escuchar laPalabra de Dios y alimentarse con el don maravilloso dela gracia sacramental. Cada da tiene ocasin, y ella lo16

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    hace conscientemente, de ir estrechando en los lazos ntimos de la fe, la realidad fraterna de otros creyentes: sonlas compaeras de sus juegos y de estudio, el ejemploviviente de tantas matronas, valiosas por el testimonio desu fe y su alegra, quienes van suministrando a Mnicaun espejo en el cual puede mirarse y seguir su ejemplo.El amanecer a la vida, en el caso de Mnica, suenaalgo as como a dilogo inquirente y participacin. Seunen los cauces de lo humano y de lo sobrenatural en lacreacin de una sabidura progresiva ante la vida, losacontecimientos, su familia... Dios. El dilogo inquirenteva mucho ms all de las preguntas tan propensas en unaniez; en el mbito de la fe se camina hacia una experiencia que solamente los pequeos y sencillos tienenventaja. Lo que ms larde dir Agustn parece como sifuera un calco de la vida de Mnica en su infancia:Cuando hayis aprendido los artculos de la fe, para noolvidarlos, repetidlos todos los das cuando os levantis,cuando vayis a dormir, repetid nuestro smbolo; repetidlo al Seor, acordaros de lo que sois, no tengis perezaen traerlo a la memoria. La repeticin ayuda mucho a noolvidarlo. No digis: lo rec ayer, lo he rezado hoy, todoslos das lo digo, lo tengo bien en la memoria. Recuerdatu fe, mrate a ti mismo; tu smbolo sea como tu espejo.Mrate all, si crees todava lo que confiesas que crees, yte gozas diariamente en tu fe. Estas repeticiones cotidianas sean tus riquezas, y, en cierto modo, las vestiduras detu mente. Acaso cuando te levantas no te vistes? Igualmente recordando tu credo, viste tu alma para que no ladesnude el olvido y te veas sin abrigo y se cumpla lo delapstol, lo que Dios no permita (Cf. II Cor V, 3). Porqueestaremos vestidos de nuestra fe, que es tnica y cota:tnica contra la confusin, cota contra la adversidad(Sermn 58, 13).18

    Son palabras que suenan a consejo, a esclarecimientode ideas, a algo as como el sonsonete de personas quequieren el bien de los dems y se muestran contentas ycomprometidas en su anuncio. Agustn oy ciertamentemuchos consejos de su madre, pero no cabe pensar queMnica tuvo muy presente en su interior la enseanzacatequtica de tantos das a travs de las personas adultasen la fe? Todo suena a transmisin de experiencia, decontenidos doctrinales y de vida que se comparten y vanaunando a las personas en un modelo comunitario de fehasta llegar a ser miembros sanos en la Iglesia, conscientes del don recibido y de la misin a realizar. Laspalabras de Agustn son plenamente aplicables en la niez de Mnica con la certeza, adems, que el coraznde aquella nia va purificndose y unindose ms a Dios.Como en todo tiempo histrico, la confusin y la adversidad son fruto y sntesis de muchas contradicciones;mucho ms cuando el ambiente prodiga una situacinconfusa de valores e intenciones. Por eso, no es novedaden Mnica amanecer diariamente al contraste de ideologas, creencias, amistades y un sinfn de circunstanciasproclives a verter, tambin en el corazn de los nios, elveneno de la maldad o, al menos, ocultar con malicia elsentido de lo bueno.Un amanecer, el de Mnica, que contrasta tanto con elllamado tiempo de consumo sin ninguna manipulacinde su persona; con unos padres que tratan de dinamizar y

    no neutralizar las posibilidades de su hija..., como un comienzo de aquello que dira tan bellamente su hijo Agustn: Esfurzate con ahinco durante esta vida terrena parano en viscar las alas del espritu (Sol I, 14, 24).* * *

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    D E L A M A N Oyy n ORQ UE, cuando iba admirando las\\ partes del tabernculo, fue arrastradoal interior de la casa de Dios siguiendo ciertadulzura, no s qu deleite ntimo y secreto,como si de all viniese la msica suave de unrgano; o cuando cam inaba por el tabernculo,oyendo cierta meloda interior, dejndose llevarde su dulzura, y siguiendo aquella msica, yapartndose de todo ruido de carne y sangre,lleg hasta la casa del Seor.

    (In ps XLI, 9)

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    SSORPRENDE agradablemente en Nuestra Seorade frica (Argel) un altar en el que Mnica llevade la mano a Agustn. Es una estampa bellsima,llena de emocin indescriptible.Nunca haba yo contemplado a Mnica en esta actitud.Siempre la he encontrado junto a Agustn en una pocaposterior, una mujer muy hecha, rayana en una madurezaunque, es cierto, siempre digna y significativa. Por ellomismo, el retablo de Argel choca muchsimo, como algoraro y como profundamente entraable.Traigo aqu, precisamente, la idea porque quiero reflejar algo que ella misma realiz y algo que ella mismavivi. La imagen es sencilla y Mnica aparece muy expresiva. Con una edad cercana ms o menos a los 35aos, tiene un embeleso y una mirada directa a su hijoque es un reclamo para ios mismos musulmanes queconstantemente van a venerarla.La imagen, pues, tiene su clave: Agustn fue llevado de

    la mano tantas veces por Mnica. Recordara la madre,en su propia experiencia, cmo fue llevada ella misma dela mano? Su hijo nos ofrece unos rasgos caractersticos dela educacin de Mnica: el primer detalle es saber quefue educada en el santo temor, motivando as el aire delibertad gozosa que luego sera la herencia de la granfamilia agustiniana. Temor santo al estilo bblico de23

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    respetar al Seor como principio del saber ya que losnecios desprecian la sensatez y la educacin (Cf. Prov I,7). Cuadra admirablemente la referencia bblica con laenseanza agustiniana: Nadie diga, pues, protjame elSeor, ahora que son pequeuelos, como si hubiera dealcanzar una mayora en que se baste a s mismo. Sin laproteccin de Dios nada eres. Queremos, pues, siempreser protegidos por El; entonces podremos ser siempregrandes en El, si siempre som os pequeuelos bajo El (Inps 62, 16). Este es el lenguaje de Mnica en su vida:dejarse llevar por Dios, humildemente y consciente de supequenez. Tiene un buen Maestro: La vara de vuestroCristo y el gobierno de vuestro U nignito y va creciendoen esta escuela cristiana.Hay unos datos muy concretos que resumen la educacin de Mnica. Los refiere Agustn en las Confesiones:No encomiaba ella tanto la diligencia de su madre eneducarla, cuanto la de una criada decrpita, que haballevado a su padre cuando nio al modo que las muchachas grandecitas suelen llevar los nios a la espalda. Poresta razn, y por su ancianidad y excelentes costumbres,era en aquella cristiana casa muy honrada de sus dueos. Por lo mismo tambin cuidaba ella con gran diligencia de las hijas de sus seores que le estaban encomendadas, y cuando convena, era enrgica en reprimirlas con santa severidad, y en amaestrarlas con discretaprudencia. Porque fuera de las horas en que coman muymoderadamente a la mesa de sus padres, aunque seabrasasen de sed, ni aun agua les dejaba beber, precavindolas contra una mala costumbre, y aadiendo estassaludables palabras: Ahora bebis agua porque no tenisvino a la mano; pero cuando os casis y seis dueas devuestras bodegas y despensas, aborreceris el agua; masla costumbre de beber prevalecer. Con este modo de24

    mandar y esta autoridad para gobernar, refrenaba elapetito de aquella tierna edad, y ajustaba aun la sed deaquellas nias a un sobria templanza, de suerte que ya nisiquiera les agradase lo que no era decoroso.Se le entr, no obstante como vuestra sierva me contaba a m, su hijo , se le entr la aficin al vino de unamanera insensible. Porque acostumbrando sus padresmandarla como a jovencita sobria, a sacar vino de lacuba, ella, sumergiendo por la abertura superior el jarro,antes d e echarlo en la botella, sorba con la punta de loslabios un poquito no ms, porque el gusto le repugnaba;y hacalo no por aficin a la bebida, sino por cierta desbordante travesura de aquella edad, que bulle con mpetus juguetones, los cuales en los nimos juveniles suelenser reprimidos por la autoridad de los mayores. De estemodo, aadiendo a aquel poquito un poquito ms cadada, como el que menosprecia las cosas pequeas vendrpoco a poco a caer (Ecclo 19, 1), lleg a contraer talcostumbre, que se beba con avidez copitas de vino purocasi llenas.Como los amigos lisonjeando nos pervierten, as losenemigos litigando las ms veces nos corrigen. Y Vos noles dais el pago segn lo que hacis por su medio, sinosegn lo que ellos pretendieron. Porque aquella sirvientairritada pretenda molestar a su seorita, no sanarla. Y silo dijo en secreto, fue porque as las hall el tiempo ylugar de la ria, o porque no la castigasen tam bin a ellapor hab er tardado tanto en descubrirlo. Mas Vos, Seor,que gobernis las cosas del cielo y de la tierra, y enderezis para vu estros fines los profundos torrentes y ordenisel turbulento correr de los siglos, con la locura de unalma sanasteis el juicio a otras; para que nadie que estoconsidere atribuya a su virtud, si por su palabra se corrige otro a quien pretende corregir (Conf IX, 8, 17-18).

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    Esta referencia tan literal no deja de tener importanciaa la hora de sacar unas verdaderas conclusiones. Se nosindica la existencia de tantas manos que ayudan y queresponden a tantas personas, preocupadas y responsables,sin gustar por ello las limitaciones y los abusos de uncierto tipo de educacin. Y, lgicamente, cabe deducir larealidad de las personas, multiplicadas a millares, quedesde una penumbra aparente, juegan un papel tan importante en la marcha y en la paz de una familia. Dela mano de unas personas hacia una meta y qu decir deese sentido de dependencia amorosa de Dios que enriquece, anima y sostiene, el caminar humano de Mnica..?Hay elementos que se coordinan maravillosamente en laaccin educativa de Dios y que Mnica entiende y viveen plenitud: Dios, con su medicina, vela en una presencia constantemente creadora y todo lo ordena para lasalud de las almas. As comprende Agustn, y proclamaagradecido, el don que Mnica tuvo en aquel momentotan fundamental de su vida, una experiencia que el mismo Agustn lo traducira felizmente de esta manera:Dios se apart de ti, porque antes te apartaste de El;convertios a m y yo me convertir a vosotros. Esto significa: m e vuelvo a vosotros, porque vosotros os volvis am. El va detrs del que huye e ilumina el rostro del quevuelve. Adonde miras, huyendo de Dios? Adonde vahuyendo del que no est contenido en ningn lugar y deninguna parte ausente; que libera al que se convierte ycastiga al que se aleja de El? Al que tendrs por juez,cuando le huyes, le encontrars padre, cuando vuelvas aEl. La experiencia de lo divino recala de esta manera enel corazn...

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    La accin de Dios, dejarse llevar de la mano de Dios,ciertamente constitua para Mnica un descubrimiento,como una certeza total en la fuerza de la gracia: Notengas miedo..., no desmayen tus manos! Dios est enmedio de ti, un poderoso salvador! El exulta de gozo porti, te renueva por su amor; danza por ti con gritos dejbilo como en los das de fiesta (Cf. Sof III, 16-17).Lo que haba aprendido en su niez y, con el constanteejemplo de los suyos, haba seguido asimilando, constitua para Mnica la posibilidad de espiritualizar un tiempo de su vida, como un tratar de incidir, desde Dios,en las realidades humanas, tan concretas y tan decisivaspara ella. Me imagino a Mnica enfrentndose a las actitudes de narcisismo y apata tan corrientes a nivel desociedad de su tiempo y con una vivencia ms radical yms profunda. Pero, me parece necesario recalcar en ellala capacidad de recibir la misericordia y ser agente hist

    rico de la misma, acogiendo el perdn de Dios y prolongndolo, llena de gozo y agradecimiento, hacia los dems. Me subyuga profundamente esta idea y creo quela educacin cristiana recibida por Mnica supondr enel futuro un ejemplo muy considerado de plenitud ycomo algo que ir marcando su trayectoria hacia la santidad cristiana.En este captulo se hace casi obligado el anlisis de lasideas agustinianas arriba sealadas. Agustn pretende de

    cir en las Confesiones que dejarse llevar de la mano implica el convencimiento de un Dios que gobierna las cosas del cielo y de la tierra, endereza luego para sus fineslos profundos torrentes del corazn humano y finalmenteordena el turbulento correr de los siglos, como significando que la actuacin presente de Dios en la vida delhombre tiene tal capacidad de fuerza e intensidad que,28

    quien se aventura a seguirle, est seguro en su caminar.No es ste un cristal arbitrario que, prolongando el efectode determinados tonos, exalta el matiz suave y halagadorde ciertos colores de la vida; es realidad, es presencia delo Absoluto pero un Absoluto como plenitud, aire embriagador, luz esplendente: Dios.La casa de Mnica est llena de rincones, lugares enlos que se puede escondidamente perderse a meditar, rezar o..., pensar. Pensamientos de Mnica que salen aflor de labio en un dulcsimo esbozo de lenguaje infantil:son palabras lmpidas que hablan de amor, de veneraciny respeto pero sin descartar el ambiente claro y bulliciosode su casa y de sus amistades, casi, casi como pasos ya unpoco ms seguros que hacan sedimentar su alma. ParaMnica fluyen los buenos paseos con sol radiante, cspedes claros, casas muy blancas con paredes pequeas, sinangustia de espacios ni ruidos. Mar y campo, la escuela

    de cada jornada, la oracin sincera al buen Dios y esto encada momento, cuando oscurece y cuando es temprano,cuan do hay luz de candiles y sabe casi a fuego el calor delsol. Por todo esto, se deja llevar Mnica, con docilidad yalegra, por chicos y grandes, por ese mundo diario que,en cada momento, se apresta a un nuevo amanecer de lavida.De la mano, Mnica vive un tiempo en el que se dejallevar por todo aquello que es un nuevo planteamiento:

    formarse a tono con las exigencias de sus mayores pero,tambin, y esto es importante, atrayendo hacia s, por susbuenas costumbres {que dira ms tarde San Agustn) aotras personas de igual edad y hasta mayores. Por esomismo que Mnica vive un tiempo nuevo, aprovecha laorientacin de los dems para ser cada da ms persona yenfocar, por supuesto que sin ningn tinte milagrero y s29

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    con esa espontaneidad de la gracia, los distintos movimientos de la vida. Movimientos que no son sino expresin de un compromiso de la vida de Mnica en actitudes, estilo y espritu de encuentro. Puede que llame laatencin el que una nia, llevada de la mano, tenga expresin en un espritu de encuentro y, sin embargo, noes una sorpresa en el caso de Mnica: su espritu, aparentemente infantil, se encuentra totalmente receptivo a eseencuentro constante con Dios, con las personas, con lanaturaleza, consigo misma; es como una tendencia espontnea en ella a encontrarse, a abrirse buscando, aunque parezca a primera vista tan extrao, una sociedadms humana y ms fraterna, soando en un ambientecada vez ms nuevo de amor y que ofrezca garantas deesperanza e ilusin para los que la rodean.El ejemplo de Mnica nos ensea el modo de ser libresen la vida. Ella, que tendr la experiencia de sopesartantas veces las circunstancias, cuntas veces tan difciles!, es una maestra de caminar no metida sin ms en elengranaje social de su tiempo, de las personas y de suambiente, sino sabiendo escrutar poco a poco las motivaciones de tantos pasos aun a sabiendas del influjo que losdems pueden tener en ella. En las noches de invierno,podr parecer una niera, sabe comportarse bien junto ala lumbre, sabe callar y su silencio es un entrenamientopara vivir en el equilibrio interior del corazn. A su alrededor, las personas hablan y gesticulan sobre los acontecimientos de la jornada, de la vida social, de la situacinpoltica, de los cotilleos vecinales, y..., ella rumia susideas, no las desparrama, sino que las condimenta (conserva en su corazn), y mantiene tranquila el alma apesar del alboroto que destruye el hechizo de ese y detantos momentos. As va creciendo ella, de la mano delos dems, pero intuyendo los artsticos instantes del sa-30

    ber intuir el sentido de una maternidad; iba creciendo enella la capacidad de recogerse y poder luego enfrentarsesilenciosamente sin miedo de no saber la respuesta adecuada..Sentirse llevada de la mano es para Mnica, en sucamino, con cretar lo que, en el libro sobre las Costumbresde la Iglesia catlica (I, 11, 18) dira Agustn: El seguimiento de Dios es la bsqueda de la felicidad y su posesin la felicidad misma. Con el amor le seguimos, y loconseguimos, no identificndonos con El, sino acercndonos a El y tocndole con un contacto maravilloso yespiritual, quedando totalmente ilustrados y penetradosde su verdad y santidad. Porque El es la .misma luz; anosotros nos toca ser iluminados por El. Seguir encontrando a Dios, voluntariamente elegido y gozosamentevivido. Una eleccin voluntaria, incluso en plena adolescencia, que supone un planteamiento personal y unos

    criterios de eleccin. Y si la vida cristiana se com pone desaber elegir, a tiempo y en la debida medida, la jerarquade valores, es entonces cuand o se crece y este crecimientoes real cuando se elige conscientemente y uno se haceresponsable de s mismo.Vivir de esta manera cada tiempo es, en la vida deMnica adolescente, vivir con gozo como un empuje acrecer, pero siempre desde esa ptica en la que las cosastienen su valor ordenado, un ritmo propio que expresa y

    refleja el contenido de una riqueza interior. Vivir as supone la experiencia de elegir, de buscar aquello que puede llenar el corazn: un encuentro agradecido con Dios.Cada momento es para Mnica, en una edad de confidencias, un encontrarse con Dios que le abre la puerta delo divino, y superando la monotona humana, sentirseamada sin medida. La respuesta de Dios est siempre31

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    pronta: el ansia de lo divino es como una pasin quequema el alma y el cuerpo de Mnica; por eso, vuelay se deja envolver refugindose en esa luz m aravillosa sinnubes de desconfianza; ms bien en estallidos que hablande pureza, de inocencia, sin fragor de trueno...Cmo Dios se introduce en el corazn..! Y esta gracia,en los que la reciben, hace que nazca una fuerza magn

    tica que de las alturas percibieron y entonces les corremuchsima prisa por cambiar impresiones con almas gemelas para, a su contacto, reforzar la propia espiritualidad. Este es el caso, de M nica, como un pregn desensatez: Escuchad, que hablo sin rodeos, abro los labios con sinceridad; mi paladar repasa la verdad y mislabios aborrecen el mal (Prov VIH, 6-7).* * *

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    SUENA UNA LLAMADANSEA Dios la suavidad infundiendoel gusto, ensea disciplina m oderandola tribulacin, ensea ciencia dando conocimiento.As, pues, como hay cosas que slo las aprendemos para saber, y otras para hacerlas, cuando Dios nos instruye descubrindonos la verdad,nos ensea lo que hemos de saber, e, inspirandosuavidad, nos ensea lo que hemos de practicar. (Sermn XVII, 17)

    E

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    CUANDO se va calmando una agitacin, hay un

    cierto alivio; es ley de vida, como si las aguasvolvieran a su cauce, obedientes a una ley. Algoas como, cuando en lo humano, nace una nueva comprensin de las cosas, una visin distinta de las personas.No es slo la fuerza fsica lo que incorporamos en unajuventud al trasplantarla en un ambiente nuevo de relaciones humanas y sociales con los dems. Como personas, somos portadores de sabe Dios cuntos y cules valores eternos, entre ellos una capacidad rtmica tan gigantesca del corazn que, proyectndose desde una realidadconcreta (vida familiar, ambiente, educacin, creencias...)pulsa el momento singular e histrico de cada hombre ymujer.En un momento de la vida donde las decisiones debenser asumidas con valenta pero tambin con una ilusingrande, se hace necesaria, totalmente necesaria, evitar laimprovisacin. Agustn dice de su madre que educada,pues, en honestidad y templanza, y sujeta por vuestro

    (Dios) amor a sus padres, ms bien que por amor de ellosa Vos, luego que cumplidos los aos lleg a ser nubil(Conf IX, 9, 19). La forma de educacin de los padres deMnica es ciertamente una gran pedagoga hasta el puntode querer pensar cmo Agustn tratar de expresar cmoha de forjarse un corazn joven seguramente reflejandolo que tantas veces habra odo de los labios de su madre:35

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    Esta disciplina a los que desean conocerla, les prescribeun doble orden, del que una parte se refiere a la vida yotra a la instruccin. Los jvenes, dedicados al estudio dela sabidura, abstnganse de todo lo venreo, de los placeres de la mesa, del cuidado excesivo y ornato superfluodel cuerpo, de la vana aficin a los espectculos, de lapesadez del sueo y de la pereza, de la emulacin, murmuracin, envidia, ambicin de honra y mando, del inmoderado deseo de alabanza. Sepan que el amor al dinero es la ruina segura de todas sus esperanzas. No seanflojos ni audaces y en las faltas de sus familiares no denlugar a la ira o refrnenla de modo que parezca vencida.No odien a nadie. Anden alerta con las malas inclinaciones. No sean excesivos en la vindicacin, ni tacaos enperdonar. No castiguen a nadie sino para mejorarlo, niusen de indulgencia, cuando es ocasin de mayor ruina.Amen, como a familiares, a los que viven bajo su potestad. Sirvan de modo que se avergencen de ejercer dominio y dominen de m odo que les deleite el servicio. En lospecados ajenos no importunen a los que reciben mal lacorreccin. Eviten las enemistades con suma cautela, sfranlas con calma, termnenlas cuanto a ntes. En todo trato y conversacin con los hombres atnganse al dichocomn: no hagas a nadie lo que no quieras t soportar.No busquen los cargos de la dministracin del Estadosino los perfectos y traten de perfeccionarse desde la juventud. Vivan con orden y armona: sirvan a Dios, en Elpiensen, bsquenlo con el apoyo de la fe, esp eranza ycaridad. Deseen la tranquilidad y el sosegado curso desus estudios y del de sus compaeros, y para si y paracuantos puedan pidan la rectitud del alma y la tranquilidad de la vida.Esta incomparable pgina agustiniana (De Ordine II, 8,25) es un canto a su madre, un verdadero retrato de lo36

    que Agustn ha percibido en el calor de tantas intimidades con Mnica. No es, pues, una leccin fra a los jvenes, es experiencia de lo que una mujer, su madre, haquerido intentar plasmar en el corazn inquieto, buscador incansable de la Verdad, peregrino en tantas vicisitudes... Mnica ha tenido que hablar muchas veces con suhijo de lo que ha sido su vida, cuando llega a ser nubil yentregada al marido^ le sirve como al Seor.Para Mnica ha llegado la llamada, est presente elamor: Patricio. Mnica, hasta ahora, iba sola hacia Dios.Desde ahora, ir emparejada, en un camino tan delicadocomo es el del amor, un amor que fcilmente se puedeensuciar y se rompe... Pero, a veces (es el caso de Mnica), a veces no se rompe y entonces se ve a Dios enel amad o; algo as com o ver a D ios a travs del girn queen el cielo rasga el amado para ella. Patricio tendr quecomprender, nos lo dir su hijo Agustn, que es preciosoel cielo que Mnica le ensea, tan.bonito que nunca,

    podr olvidarlo, hasta el punto de tener nostalgia delcielo, de ese cielo que Mnica constantemente le enseay en el que encontrar la felicidad.Mnica sabe en seguida, nada ms casarse, lo que es elmiedo. Miedo porque el amor delicado se puede rompery todo su matrimonio puede quedarse a oscuras: si Patricio quiere cerrar el corazn, si le exige que renuncie, enalgn punto, al camino recto que se ha trazado (su marido es todava pagano), s quiere ensuciarlo todo...; Mnica tiene miedo a ese momento en el que es posible tenercerrados los ojos y desgarrarse ese pedazo de alma quefue ya tomada y que no hay medio de separar de sumarido. En los atardeceres largusimos, Mnica aventuraante el Seor su plegaria: Cmo caminar? Puede tropezar cien veces, puedo caer, crecern los obstculos e irmurindome poco a poco...37

    Qu datos concretos tenemos para una imagen real,

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    nada subjetiva, de lo que es la vida de Mnica cuandotoma estado, cuando es fiel a la llamada de Dios y sabeque una respuesta no se improvisa? En el ayer histricode Mnica, emana la luz para tantas jvenes de hoy y desiempre, la verdad de una vida. As nos lo dice Agustnen el libro de las Confesiones (IX, 9, 19-22): Anduvosolcita en ganar a su m arido en gana rle para Vos, nublndole de Vos con sus costumbres, por las cuales lahacais a los ojos del marido hermosa y reverentementeamable y admirable. De tal suerte soport sus infidelidades conyugales, que jams tuvo con su marido el menoraltercado por e llo: porque esperaba que vuestra misericordia haba de venir sobre l, para que, creyendo en Vos,se h iciese casto.Era l, adems, si, por una parte, extremado en elcario, por otra arrebatado en la ira. Mas ella no sabaresistir al marido airado, no ya de obra, pero ni aun depalabra. Mas despus que l se haba desfogado y sosegado, cuando lo juzgaba oportuno, le daba razn de suproceder, si tal vez l se haba descompuesto ms de lojusto.Ciertamente que es un maravilloso testimonio lo quedice Agustn de su madre! Y uno se aventura a pensar y acontrastar que la conducta de Mnica difiere tanto demuchas jvenes esposas que dan la impresin de quequieren escribir su vida matrimonial en hojas volantes.Como si no quisieran encuadernarla y hacer de ella unlibro de vida. Libro y vida se unen cuando se trata deentender que toda construccin slida exige tiempo y duracin, e implica el derecho a equivocarse y a perdonarse. Ms an, el placer inmediato es efmero e invlidopara soldar con eficiencia las diversas etapas de la vida.

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    Las metas y, stas cuando son lejanas, exigen perspectivas y motivaciones muy superiores al lenguaje comn yslo as se puede trenzar, aun dentro del laberinto de laslimitaciones propias y ajenas, un entramado de cario yaceptacin mutuas... Lo que, tal vez, es justo presumirque, en Mnica, las cualidades naturales encuentran unsoporte muy distinto: su fe en el Seor. Y sta es la clavetotal de su vida.* * *

    Se puede tener seoro por sangre, por dignidad, pordistincin, por sensibilidad, por cultura y por dinero...Sin embargo, para ser exactamente una seora como M nica es el de patrocinar un hogar. No hay calor exactosino en un hogar; no hay amor exacto sino en un hogar.Es una deliciosa facultad femenina la de proyectarse en lacasa e imprimir en ella el sello acogedor, confortable,delicado y firme de su carcter La gracia de la mujerrecrea a su marido, y su ciencia reconforta sus huesos.Un don del Seor la mujer silenciosa, no tiene precio labien educada. Gracia de gracia la mujer pudorosa, nohay medida para pesar a la duea de s misma (EccloXXVI, 13-15). En el hogar es donde hace vibrar la mujersu meloda ms ntima y adquieren sus matices su msautntico tono. Es en su propio hogar donde una mujerqueda mejor interpretada.

    Quien quiera comprender la realidad de la mujer en elhogar, hecha concrecin en Mnica, no tiene sino seguirleyendo el texto citado de las Confesiones: Como muchas matronas que tenan maridos ms mansos llevasenlos rostros afeados con las seales de los golpes, en conversacin amistosa, echaban ellas la culpa a la vida desus maridos, y mi madre a la lengua de ellas; y en son39

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    de broma las amonestaba gravemente, que desde el punto que les leyera las capitulaciones que se llaman matrimoniales, debieron juzgarlas como un documento que lasconstitua esclavas. Por tanto, que acordndose de sucondicin, les convena no ensoberbecerse contra sus seores. Y como ellas, sabiendo qu feroz marido tenia quesoportar, se mara villasen que jams se haba odo ni porninguna seal entendido que Patricio golpease a su mujer, ni que por un solo da se hubiesen desavenido entre scon algn altercado domstico, y le preguntaran familiarmente la causa, ella les explicaba su modo de procederque arriba dije. Las que lo guardaban, despus de haberlo probado, se daban el parabin; las que no lo guardaban sufran la sujeccin y malos tratos.La conducta de Mnica, recin casada, con experienciade su matrimonio, es un reclamo para las personas que larodean. Ella sabe que no puede perfilarse soberbia sobrelas dems mujeres, ni ladea su paso para no tropezarsecon ellas. Camina fundamentalmente orientada haciaDios y camina con seguridad porque es humilde. El caminar de Mnica es un camino limpio, proyectando lasabidura y el arte de ser mujer sobre las dems. Limpiamente ama a los simples, a los sencillos y se yergue convalenta ante los estpidos. Limpiamente gozar de cadaanochecer rumiando problemas de intrincada solucinpero siempre desgranar el sentido de Dios, presentesiempre en su vida y, muchas veces, en su soledad. Frente a todo tipo de banalidad y destruccin, Mnica intentarespirar otro aire: Hemos de caminar hacia aquella patria y conocer que somos peregrinos y que vamos caminando. Todo hombre que no cree an en Cristo, no esten el camino, pero busca la patria, aunque no sabe pordnde se va ni dnde est. Qu es lo que digo: busca lapatria? Toda alma busca el descanso, busca la felicidad.40

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    Nadie, al ser preguntado , si quiere ser feliz, res pondenegativamente. Todo hombre clama que quiere ser feliz,pero los hombres no saben por dnde se va a la felicidad,ni dnde se halla; por eso andan fuera de camino. Porquenadie yerra, si no va a ninguna parte: nace todo error decaminar sin saber a dnde se va. El Seor nos pone en elcamino y cuando nos hacemos creyentes en Cristo, aunque no estemos en la patria, ya hemos comenzado a andar por el camino. Luego as como a nuestros seres queridos, si nos acordamos de ser cristianos y de que ellosandan con vanas supersticiones y herejas, les exhortamos y avisamos para que vengan al camino y anden porl, as tambin los que van por el mismo camino debenanimarse unos a otros. Porque nadie llega, si no va por elcamino; mas no todo el que va por el camino, llega. Sehallan en mayor peligro los que estn fuera del camino;mas tampoco los que estn en l deben tenerse por seguros, no sea que, seducidos por las mismas delicias delcamino, se enfren en el amor de aquella patria, dondesolamente est el verdadero descanso. Nuestros pasos eneste camino son el amor de Dios y del prjimo. El queama, corre y el que con ms fuerza ama, con mayorligereza corre, y cuanto ms fro es el amor, con mayorpureza se mueve en el camino. Y si no ama est inmovilizado en l; si se entrega a l amor del siglo, vuelve la vistaatrs en el camino, no lleva la mira puesta en la patria(Mai XII, 2).

    Este programa agustiniano encuadra en la solidaridadde Mnica como conciencia de su propia participacinactiva en su relacin con los dems: su conducta impulsaa condividir ventajas, ventajas y responsabilidades. Multiplica la fuerza de comunin, logra la convergencia deideas y sentimientos; ensea la lealtad, crea ambientesfavorables al amor desde su propia conducta, discierne42

    las prioridades y comunica valor. Mnica ha descubiertoel sentido del amor a Dios y del prjimo; se es su camino como esposa creyente, recin estrenada para una vidasocial pero muy audaz en el sacrificio y en la entrega.Unos pasos que no tendrn el sentido de la repeticin (yaque sta erosiona cada da un poco la ilusin) sino de unacreatividad gozosa, atrayente, como un esfuerzo constante de intuicin y de renovacin del espritu. La creatividad de una mujer que descubre, da tras da, el misteriode Dios y de s misma como un regalo al cual es necesario ser fiel y desde el cual, los gozos y los sufrimientostienen un signo completamente distinto en luz y en empeo. El ejemplo de Mnica es un canto a la libertad, enuna unin hecha a imagen de la de Dios con la humanidad o de Cristo con la Iglesia. Un canto a la libertad queimplica el sentido del don, de la entrega, del perdn, del.s que se arriesga para siempre. Esta es la libertad quequieren vivir los creyentes a travs del sacramento delmatrimonio.

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    EL ARTE DE EDUCARM I peso es mi amor; l me lleva do-quiera que soy llevado...(Conf XIH, 9, 10)

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    LA clula familiar de Mnica, con su esposo Patricio, comprende, adems de Agustn, otros doshermanos -. Navigio que pas una gran tem poradacon su hermano en Miln, que asisti en Ostia a la muerte de su madre y que volvi a frica donde se cas ytuvo varias hijas que se consagraron al Seor, y Perpetuaque, al quedarse viuda, se consagr a Dios y gobernsantamente durante muchos aos el monasterio de lasreligiosas de Hipona que haba fundado su hermanoAgustn.

    Hay unos datos histricos que, en este captulo, sonnecesarios a tener en cuenta. Nos los cuenta Posidio,bigrafo de San Agustn y una de las perlas preciosas,cuajadas con el espritu ms elevado y puro de los monasterios agustinianos: Naci San Agustn en la ciudadde Tagaste, de la provincia de frica, de padres cristianosy honestos, pertenecientes a la curia municipal. A su esmero, diligencia y cuenta corri la formacin del hijo, elcual fue muy bien instruido en todas las letras h uman as,esto es, en las que llaman artes liberales. Ense primeramente gramtica en su ciudad natal y despus retricaen Cartago, y en tiempos sucesivos, en Roma y Miln,donde a la sazn estaba establecida la corte de Valenti-niano el menor. En la misma ciudad ejerca entonces sucargo episcopal Ambrosio, sacerdote muy favorecido deDios, flor de proceridad entre los ms egregios varones de

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    entonces. Mezclado con el pueblo fiel, Agustn acuda a

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    la iglesia a escuchar los sermones, frecuentsimos enaquel dispensador de la divina palabra, y le segua absorto y pendiente de su palabra. En Cartago le haban contagiado los maniqueos por algn tiempo con sus errores,siendo adolescente; y por eso segua con mayor interstodo lo relativo al pro o contra de aquella hereja. Y seindustri la clemencia libertadora de Dios con suave toque en el corazn de su prelado para que le resolviesetodas las cuestiones tocantes a la ley con que se deb ata yluchaba; y de este modo , con la divina ayuda, iluminadocon la doctrina de Ambrosio, suave y paulatinamente sedesvaneci de su espritu aquella hereja, y confirmadoluego en la Iglesia catlica, inflamse con el deseo ardiente de instruirse y progresar en el conocimiento de sureligin, para que, llegada la Pascua, lograse la purificacin del santo bautismo. As, Agustn, favorecido por lagracia del Seor, recibi por medio de un prelado tangrande y excelente como Ambrosio la doctrina saludablede la Iglesia y los divinos sacramentos (Cf. Vida, I).

    Todo este resumen de Posidio sobre la vida de Agustncomprende 33 aos, edad en la que Agustn se convirtial Seor (ao 387). Y, durante este tiempo tan importante en la vida de su hijo, qu hace Mnica?, qucomportamiento tiene? Recurramos al testimonio deAgustn que es quien hace de s mismo el verdadero retrato: Hubo un tiempo en mi adolescencia en que meabrasaba por hartarme de estas cosas bajas, y os convertirme en un matorral de varios y sombros amores; yse consumi mi hermosura, y me convert en podredumbre a vuestros ojos (a los de Dios), agrandndome a mmismo, y deseando agradar a los ojos de los hombres.Y, qu era lo que me deleitaba, sino amar y ser ama-

    48 do? Pero no guardaba yo la mesura, de alma a alma, los signos de la inquieta adolescencia, como saltando de

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    que m arcan los linderos luminosos de la amistad. P orquedel fango de la concupiscencia carnal y del mana ntial demi pubertad, suba un vaho, que nublaba y ofuscaba micorazn, tanto que no distingua la serenidad del amorcasto de la oscuridad de la lujuria. Ambos amores confundan sus llamaradas y arrebataban mi flaca edad porlos despeaderos de las pasiones, y la sumergan en unpilago de torpezas. Se haba desatado contra-m vuestraira, y yo no me daba cuenta... Precisamente aquel ao sehaban interrumpido mis estudios, mientras a mi regresode Maudara, ciudad vecina, adonde primeramente habaido a estudiar literatura y oratoria, se preparaba el costede un viaje ms largo a Ca rtago, ms por los arrestos quepor el caudal de mi padre, muy modesto vecino de Tugaste... Pero qu cosa ms cercana que vuestros odos, siel corazn os confiesa, y la vida nace de la fe? Quinhaba entonces que no pusiese por las nubes a aquelhombre, mi padre, porque, yendo m s all de lo que permitan sus recursos, gastaba en el hijo cuanto era necesario para ir a continuar los estudios en una ciudad lejana?Porque muchos ciudadanos harto ms opulentos, no setomaban por sus hijos semejante cuidado. Y entretantomi mismo padre no se preocupaba de cmo ira yo creciendo para Vos, o hasta qu punto sera casto: con talque fuera elocuente o, por m ejor decir, desierto de vuestrocultivo, oh Dios, que sois el nico verdadero y buen seorde vuestro campo, mi corazn.

    Mas cuando aquel ao decimosexto, interrumpido porlas estrecheces domsticas el estudio, comenc a vivir co nmis padres, descansando de toda clase, las espinas de milascivia crecieron por encima de mi cabeza (Ps XX XVII,5), y no hubo una mano que las arrancara. Muy al contrario, aquel padre, al verme en el bao pubescente y con50

    gozo por tener nietos, se lo dijo a mi madre alborozado,alborozado con la embriaguez con que este mundo seolvida de Vos, su Creador, y ama, en lugar de Vos, a lacriatura, tomado del vino de su perversa voluntad, abatida a las cosas bajas (Conf II, 2, 4; II, 3, 5-6).Y, qu haca entretanto Mnica? La respuesta es deAgustn, una respuesta cargada de amor y agradecimien

    to , respuesta sincera del hijo que reconoce el mrito, lapaciencia y la perseverancia maternal: Mas para entonces ya Vos habais comenzado a edificar vuestro temploen el pecho de mi madre, y el principio de vuestra santamorada que mi padre era an catecmeno y desdepoco antes. Y as ella se sobresalt con piadoso temor ytemblor; pues aunque yo no era todava cristiano, temiella que siguiese las torcidas sendas por donde andan losque os vuelven las espaldas y no el rostro (Jer II, 27).Ay de m!, y me atrevo a decir que Vos, Dios mo,callabais, cuando yo ms me iba alejando de Vos? E sverdad que entonces callabais conmigo? Pues, de quin,sino vuestras, eran aquellas voces, que por boca de mimadre, vuestra fiel sierva, cantasteis a mis odos? Peroninguna me lleg al corazn para ponerla por obra. Quera ella y recuerdo que, a solas, me amonest con granencarecimiento que yo no formicase, y, sobre todo, queno adulterase con mujer ajena. Consejos mujeriles meparecieron los suyos, y me habra avergonzado de seguirlos. Mas en realidad eran vuestros y yo no lo saba: pensaba yo que callabais Vos y hablaba ella; y erais Vos elque me hablabais por ella: y en ella os despreciaba yo suhijo, el hijo de vuestra sierva, y siervo vuestro (Ps CXV,16) (Conf II, 3, 6-7).

    Mnica vea cmo su hijo iba tejiendo un encaje sutil51

    de amores que, cada da, le enredaban ms. Agustn vuel encuentra siempre, en cada ocasin, el modo de llenarse

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    ve muchas veces las espaldas a su madre y cada escapada del hijo era como una afilada ua que se clavaba enel corazn de Mnica. La madre sufra tanto por la culpadel hijo hasta el punto de tener que hacer un esfuerzoheroico de voluntad para recibirlo tantas veces comoAgustn llamaba a la casa paterna. Para entonces, Mnica era ya viuda y su nica preocupacin era la educacincristiana de sus hijos, cmo sufrira por Agustn? Quienha experimentado tal tragedia, acumulada en los acontecimientos y en los das, sabe muy bien lo que es vivir enun constante sufrimiento. Mnica, desde su fe, saba queestaba llamada a ser feliz desde su amor contemplativo,intentando encauzar fuerzas eternas en la monotona yen el lmite, intentando detener, con santa ingenuidad,los ardores juveniles de su hijo precisamente cuando stecomenzaba a huir de ella...Qu duros eran los das para Mnica! Constantementerenunciando a tantas cosas mientras su espritu se tensaba y se orientaba totalmente hacia Dios en busca deapoyo, de luz, de firmeza sin lmites. Y he aqu que estatensin interior va entretejiendo el sentido del amor profundo a Dios, como floreciendo en lo divino ya que Dioses una realidad presente, esplendorosa y llena de encantoa pesar de todas las dificultades. El ejemplo de Mnicaviene a decirnos una vez ms, desde esta visin de lascosas, la posibilidad y hasta el entrenamiento de una elegancia espiritual que ahora el espectculo desagradable,nada atrayente, de tantas personas, incluso llamadas creyentes, que, por no vivir en cada momento la suficienteprofundidad en lo divino, son incapaces del optimismo ydel mensaje de esperanza. Mnica tiene constantementela tentacin de despreciar la mediana ambiental de sufamilia en la que se ve rodeada la mayora de las veces y52

    con el autntico Amor del vaco que le producen lassituaciones internas y externas de las personas con lascuales convive.Cuntas veces suspira Mnica por el silencio plcidodel anochecer africano! Las horas se hacen interminablesy todo, absolutamente todo, invita a la contemplacin y ala poesa. Al final del da, rota por el cansancio de tantaspreocupaciones, Mnica pretende descansar mientras esavoluntad tan fuerte se adormece. Qu queda de este day de tantos das, Dios mo? Es la eterna pregunta de lamadre que cierra los ojos a lo terreno y bucea con ansiedad en lo ntimo de su fe para encontrar en Dios larespuesta adecuada... En cada abandono de s misma,surge a la nada la imagen de su hijo que lo supone lejanoen lo fsico y hasta ajeno a sus sentimientos; Mnica, noobstante, intenta convencerse (oh maravilla de la fe!) delamanecer de un da esplndido, despus del cual no cabrn las nostalgias y los recuerdos, y s un potente generador de amor que ir muy lejos. Mnica hace suyaslas palabras que, ms tarde, escribir su hijo: Realmentees como dice, el alma puesta en un cuerpo corruptible, valigada a cierto contagio terreno y anda en cierto modooprimida por el peso y encorvada de suerte que ms fcilmente se le van los deseos y pensam ientos en pos demuchas cosas de aqu abajo que a la nica necesaria dearriba... Mas por eso vino nuestro Salvador, que con supalabra salvfica enderez a la mujer del Evangelio, quellevaba encorvada dieciocho aos. Ella sin duda significaesto: que el alma cristiana no en vano escucha arriba elcorazn!, y no en vano responde: lo tengo en el Seor.Considerando esto, haces bien en sobrellevar los males deeste mundo, con la esperanza de lo futuro (EpstCXXXI).

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    Hay momentos en los que Mnica tiene miedo; su hijo, Agustn no est solo; la mirada maternal tiene un ardor

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    en ocasiones, no la mira. Y ella se siente angustiada, casi,casi pidiendo a su alrededor un poco de ayuda y de comprensin. Es el dolor de la madre que, incluso, ve sinfruto tanto sacrificio... Hasta cundo podr seguir as,Seor? Guardaba su pena en el corazn y andaba callada,callada mientras su querido hijo estaba muy lejos, lejosde Dios, y no lograba acercarse a pesar de tanta invitacin maternal. Cuntas veces, en ese hmedo ambientemarino africano, el rostro de Mnica se humedece en latristeza y est rodeada de bruma por todas partes! Hastacundo, Seor? La imagen de Agustn se yergue siempreen el recuerdo, no la deja atrs. Y lo extrao de esteproceso es que la imagen no provoca irritacin sino, msbien, esperanza. Siente admiracin por su hijo, quedaseducida por ese rostro tan hermoso e incluso quierealeccionarse y aclararse en el encuentro filial como buscando una experiencia alentadora, limpia de error y pecado, llegar algn da..?En el recuerdo de tantas noches, la nota de agradecimiento al Seor y un rayo de esperanza: Qu fue dePatricio, su marido? Agustn escribe as: Finalmentegan tambin para Vos a su marido, ya en las postrimeras de su vida mortal; y en l, ya fiel, no tuvo que lamentar las deslealtades que le haba tolerado cuando era infiel (Conf IX, 9, 22). Acaso este recuerdo no era paraMnica el descubrimiento de lo insospechado? En el entendimiento y en la vivencia de la pobreza de espritu,Mnica tiene esa pureza de corazn como facultad deacercarse al misterio del Dios presente en el corazn delhombre, de tantos hombres al margen y en consonanciacon el Seor, de tantos hombres sin brjula, Agustn entre ellos, que, desnorteados, se fatigan, luchan, caen desvanecidos por el esfuerzo, se quedan solos. Pero no,54

    de cuerpo y de alma sobre l, una mirada al hijo que, a lavez, es plegaria a Dios, una plegaria confiada y humilde:Dios, que no permites que perezca ni aun aquello quemutuam ente se destruye. Dios, que creaste de la nadaeste mundo, el ms bello que contemplan los ojos. Dios,que no eres autor de ningn mal y haces que lo malo nose empeore. Dios, que a los pocos que buscan su refugioen el verdadero ser, les muestras que el mal slo es privacin de ser... Si T me abandonas, luego la muerte secierne sobre m; pero T no me abandonas, porque eresel sumo bien, y nadie te busca debidamente sin que tehalle. Y debidamente te busca el que recibi de ti el donde buscarte como se debe. La oracin ser ms tardeuna de las pginas ms entraables del hijo en el libro delos Soliloquios (I, 1, 2-6), pero qu bien encaja en Mnica, que ha aprendido desde siempre a dejarse educar porDios y es ella, ahora, quien pone en prctica la eleganciade espritu que busca a Dios y, en El, a su hijo!

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    EL ENTOR NO DE M ONI C AOS que leen atentamente hallan estassucesiones de edades, sin espantarsede la cizaa y de las pajas. Porque los imposestn ordenados para los santos y los pecadorespara los justos, para qu e mirndose en ellos, selevanten con ms presteza a su perfeccin.(De vera re XXVII, 50)

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    A medida que van pasando los aos, Mnica cae enla cuenta de algo muy importante: slo puedevivir en la dimensin espiritual y, para vivir deesta manera, debe situarse en un planeta construido demateria spera, muy rudimentaria. Para vivir a su estilo,Mnica se encuentra rodeada de semejantes que le sernmucho entre s, pero, con ella, nada... No quiere estodecir que Mnica no se relacione con sus semejantes:tiene su casa y su familia, las personas que la conocen ytratan con ella, las circunstancias mil que rodean la vidafamiliar mxime cuando sta tiene un entorno tan concreto, tan trivial y tan acostumbrado como el de unaciudad pequea. Por eso mismo, no se puede olvidar quela conducta de Mnica ejerce un cierto atractivo cuandono esa curiosidad de personas semejantes, mujeres en estecaso, que la circundan agobindola en ocasiones e interesadas tanto y tan continuamente por todo aquello queno m erece la pena. Cuntas veces el entorn o se conviertepara Mnica en una censura tirnica y minuciosa sindejar de entrar en terreno de juicio una sola idea espiritual o constructiva..!

    Lo bonito de la conducta de Mnica es que la monotona no la impacienta ni tampoco el aburrimiento tanproclive en un carcter africano. Tal vez sinti en suinterior el tormento comparativo de sus hijos y de susvecinos, pero, ms que nada, como una tentacin que59

    evade con bastante rapidez para poder subir donde ella se por s mismo, se perdi. Cay el ngel y se hizo diablo.

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    propone, dejando all abajo, en ese ambiente ordinario delas relaciones humanas, un motivo de esperanza en loalto. Constantemente est en jaque su sensibilidad parano dejar sorprenderse ni por las conversaciones ni por losacontecimientos tan sutiles, a veces, y que se deslizabanpor su espritu con suavidad.Cada maana y cada tarde, en casa, el encuentro con

    las mismas personas, con las mismas frases que van impactando, sealando y hasta soliviantando al espritu mstenaz. En su silencio, Mnica indaga sobre el sentidoverdadero de las cosas, sobre el anhelo de las personas...,las cosas que hoy son y maana no. Un algo que loexpresar bellamente San Agustn: Quieres t tambinparticipar de este modo de ser y no pasar? Corre haciaall; el permanecer en s mismo nadie lo tiene de su propia cosecha. Atended, hermanos. El cuerpo no tiene estapropiedad, porque no permanece en s mismo; se mudacon la edad, por el cambio de los lugares y tiempos, porlas enfermedades y flaquezas de la carne; no permanece,pues, en s. Tampoco los cuerpos celestes son inmutables;tienen igualmente sus mudanzas aunque ocultas; ciertamente tienen cambios de lugar de oriente a occidente; notienen, pues, el ser permanente.

    Tambin el alma humana sigue la misma condicin.Cuan variables son sus mudanzas y pensamientos, cmocambian sus deleites, por cuntas ambiciones anda zarandeada y desgarrada! La misma mente del hombre,que se llama racional, es mudable, carece de la estabilidad del ser. Unas veces quiere, otras no; unas veces sabe,otras ignora; unas veces se acuerda, otras se olvida. Luego la estabilidad perman ente nadie la tiene por s mismo .El que se quiso alzar con este privilegio, como ganndolo60

    El tent al hombre con a soberbia, y por envidia derribconsigo al que estaba en pie. Estos quisieron arrogarsepara s mismos, no quisieron tener por Seor al verdadero Seor que es por s mismo, a quien se dijo: mudarstodas las cosas y cambiarn, pero T eres siempre elmismo (Salmo CI, 28). Luego, despus de tantas flaquezas, enfermedades, trabajos, vuelva el alma humilde alque es siempre, morando, que tambin participa del serpermanente (En in ps CXXI, 6). En la propia interioridad de Mnica surgen estos pensamientos, no tan lgicoscomo en la mente de su hijo, pero s como vivencias quereclaman ese sitio justo del espritu, sin deseos muertosni almas cansadas. La inquietud interna empuja a Mnica hacia adelante, mirando hacia arriba y cada vez, sonmuch as, que encuentra algo buen o y que gusta, lo admiraagradecida y alegre. La admiracin surge porque es uncamino de imitar lo bueno , lo que procede a superarse; laalegra es una llamada a centrarse en Dios y poner en lsu confianza.Nada hay, pues, neutro en la vida, nada que no impacte . El compartir es siempre algo que suena, que queda,que habla... La familia de Mnica va cambiando en personas y en circunstancias; no est sola Mnica en su casa;viven con ella, adems de sus hijos, sus padres, la familiade su marido. Y cul es el comportamiento de Mnica?Leamos a San Agustn: Tambin a su suegra, irritada alprincipio contra ella por los chismes de algunas malascriadas, de tal manera se la gan con atenciones y perseverando en sufrirla con mansedum bre, que la misma suegra espontneam ente delat a su hijo las lenguas intrigantes de las criadas, que turbaban la paz domsticaentre ella y la nuera, y pidi que las castigase. Y as,despus que l, complaciendo a su madre, atendiendo al

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    buen gobierno de la familia, y mirando po r la concordiade su casa, castig con azotes a las delatadas a satisfac mi co razn se acaloraba , de mi queja prendi el fuego y

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    cin de la delatora, asegur sta que idntica recompensadebera esperar cualquiera que, pensando agradarla, lehablase mal de su nuera. Y no atrevindose ya ninguna air con chismes, vivieron con ejemplar afabilidad de mutua benevolencia (Conf IX, 9, 20).* * *

    Nada es tan saludable con los nuestros como el vivir enla tarea de superarnos en el bien, de emularnos en elbuen ejemplo. Proporcionarnos, nos lo ensea Mnica,una riqueza de figura-patrn que im itar, como una atraccin a vivir en estadios superiores a los que la "Vida hu mana, tan complicada y tan superficial, difcilmente nosinvita. El problema est en cmo proyectar las motivaciones de orden superior, en este caso cristiano, que sonla base para un anhelo de perfeccin, con capacidad deimitar lo ptimo. La familia de Mnica tiene unos autnticos valores que imitar y, por eso, camina hacia arribaprecisamente porque encuentra ese singular modelo devida y de comprensin.

    Mnica camina hacia una plenitud, en un caminosembrado de sufrimientos y situaciones adversas. Reacciona en cada momento y su paso por la vida es comouna fuerza inverosmil que electriza todo; parece como siauspiciara ese momento feliz en el que suea cada persona humana, quiere llegar infaliblemente hacia un final...Lo que, norma lmente, se traduce en oracin, en plegaria:Yo me deca: guardar mis caminos, sin pecar con lalengua, pondr un freno a mi boca, mientras est ante mel impo. Enmudec, qued en silencio y calma; mas alver su felicidad exasperse mi tormento. Dentro de m,62

    mi lengua lleg a hablar: hazme saber, oh Dios, mi fin, ycul es la medida de mis das, para que sepa yo cuanfrgil soy (Ps XXXIX, 2-5).Subir con el espritu es volar hacia lo bello, lo dulce, loarmnico..., es irse acercndose paulatinamente a Dios.Cada ascensin y cada vuelo del espritu supone paraMnica un largo camino en el que se recorren todas lassituaciones y las coyunturas, con un esfuerzo propio einteligente, sin martingalas para sobrevivir y sin caricaturizar la imagen de las personas que comparten con ellalas horas y los das. A veces se piensa que es muy difcilbuscar un oasis de cortesa y deferencias, tal vez porquese subraya demasiado el aspecto ogosta de los dems osus intemperancias. Mnica lo entiende de una maneradistinta, en un mensaje vlido para cualquier circunstancia de la vida: Otro gran don, adems, habais conce

    dido, Dios mo, misericordia ma (Ps LVIII, 18), a aquella buena sierva vuestra, en cuyas entraas me criasteis:que entre cualesquiera personas reidas y discordes, cualesquiera que fuesen, se mostraba, cuando poda, tan pacificadora, que con or de una y otra parte amargusimos reproches recprocos, cuales suele eructarlos la hinchada indigesta discordia, cuando ante la amiga presenteexhala en palabras acedas la crudeza del odio contra laenemiga ausente, nada, sin embargo, refera de la unaparte a la otra, sino lo que pudiera servir para reconciliarlas. Pequeo bien me pareca ste, si no tuviese unatriste experiencia de turbas innumerables pues h a cundido por todas partes no s qu detestable contagio depecados , que no slo descubren a los enemigos airadoslo que dijeron sus enemigos airados, pero an aaden loque no dijeron; cuando, al contrario, a un hom bre hma

    te

    no debe parecerle poco n o excitar ni fomentar, hablando mente, tendr referencia como alimento del espritu. Locontrario es siempre marcar un protagonismo, arrogarse

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    mal, las enemistades de los hombres sino aun afanarsehablando bien, por extinguirlas. As lo haca mi madre,enseada por Vos, maestro interior, en la escuela delcorazn (Conf IX, 9, 21).Los seres extraordinarios tienen con frecuencia unpunto de contacto que los hace semejarse entre s..., unno s qu no palpable que los tensa en un armnicogrado de superioridad. Es el caso de Agustn y de Mni-ca: seres excepcionales que adivinan, imaginan o intuyenqu es lo que cada sociedad adivina o elige antes de saltarhacia adelante. Son las antorchas del camino y, aunqueexistieron en una fecha de ayer, aportan la verdad msimportante, una verdad que rebasa lo meramente sucedido y que nos hace creer en ella porque es ms autntica.

    Los. valores espirituales de su mensaje son siempre luzque anima nuestro espritu, deseoso, por otra parte, demetas mayores.En la atolondrada espesura de los das, Mnica recurrea la fuente de sus ilusiones y esperanzas: Cmo encontrar la paz, Seor, en esta barahunda de luchas internas?Aydame, Dios mo. A veces, te encuentro tan lejos, tanlejos como ese lejano horizonte marino que contemploda y noche. Y, T me invitas al corazn, a buscar en mmisma el suave aleteo de ese amor tuyo, en nada comparable, que me ilumina y me trasciende. Te llamo, Seor,en esta hora de mi vida, cuando inicio, en la seguridad detu consuelo, una nueva etapa de mi vida, cruda y llena desorpresas. Mi hoy, mi maana en ti tienen, oh Dios, sentido...

    Lo ilgico sera una sorpresa ante este tipo de oracin.Al menos, se concibe que un camino en el que Dios,centro de la vida de una persona, es buscado constante-64

    unos mritos cuando no escribir memorias nada verdaderas y s llenas de frivolidad y aspectos secundarios delinterior de cada uno.En las Confesiones de San Agustn, por otro lado, unlugar al que se alude por verdadera necesidad y fuente decitas para elaborar una vida de Santa Mnica, hallamos

    el mejor testimonio, altura de espritu, de lo que unamujer perpeta, a travs de su ejemplo, en la historia.Baste recordar una sntesis: Era, tambin, sierva devuestros siervos. Cualquiera de ellos que la conoca, osalababa, honraba y amaba mucho en ella, porque sentavuestra presencia en su corazn, atestiguada por los frutos de su santa conversacin. Porque haba sido mujer deun solo varn (I Tim V, 9), haba reverenciado a suspadres, haba gobernado piadosamente su casa y tenatestimonio de buenas obras; haba criado a sus hijos, volviendo a darlos a luz tantas veces, cuantas los vea apartarse de Vos. Finalmente, a todos nosotros pues porvuestro favor dejis hablar a vuestros siervos, a todoslos que antes de su muerte vivamos ya asociados en Vos(Agustn con su madre, su hermano Navigio, Adeodato,el hijo'de Agustn, sus primos Rstico y Lastidiano, susamigos Alipio y Evodio), recibida la gracia de vuestrobautismo, de tal modo (ella) nos cuidaba, como si a todosnos hubiese dado a luz; y de tal modo nos serva, como sifuese hija de cada uno (Conf IX, 9, 22).No es fcil decir no a muchas cosas, ni es fcil nodejarse arrastrar y oponerse a la avalancha del torbellinoabsorbente que se hunde y que se hunde en un tremendoagujero sin fondo. En cada momento, las olas y las vibraciones de los dems se estrellan contra nosotros y somos

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    fustigados despiadadamente, hasta qu peligros y simas..? Mnica vive en fuego vivo, siempre quemando:

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    Dios es su constante vital. Es una cristiana del amor, queama positivamente y en todo, que se siente amada porDios..., que entiende maravillosamente lo que proclamar ms tarde su hijo: Fuera, hermanos, todos los pensamientos carnales. Las cosas invisibles pensadlas invisiblemente. Sub e ms arriba de lo que ves; el alma no seve, pero se muda; quiere, no quiere; sabe, no sabe; recuerda, olvida; se adelante, se vuelve atrs. Eso no espropio d e Dios; no es divina esa naturaleza; n o es el almaporcin de la sustancia de Dios. Todo el ser de Dios esun inmutable bien, un incorruptible bien. Aunque Dioses invisible e invisible tambin el alma, sin embargo, elalma es cambiante, Dios no se muda. Sube, pues, msarriba de lo que ves en ti, y ms arriba de lo que en ti semuda. Trascindelo todo, trascindelo a ti mismo (De-nis II, 3).Este lenguaje puede resultar siempre bastante incmodo , casi contra corriente. Lo conoci muy bien Mnicaen el caminar de cada da mientras se perfeccionaba paulatinamente en esa escalera ascendente que conduce alcielo. En el medio ambiente que, a veces, nos hasta ynos derrumba incluso las emociones ms bonitas, estsiempre siendo posible la capacidad de verlo con ojosnuevos, renovados sin el lastre de ayer, con la hermosurade lo creado por Dios. Y, as, Mnica no va sola haciaDios, lleva a los dems; es una precursora que, con sutestimonio de vida y de su palabra, prepara el caminodel Seor.Para cuntas personas no ha sido acaso Mnica unaesperanza? * * *

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    M A D R E E H I J OERO no callar lo que me nace delalma sobre aquella siervo vuestra queme dio a luz en su carne para que naciese a estavida temporal, y en su corazn para la eterna.No dir sus prendas, sino vuestros dones en ella.Porque n i ella se haba hecho a s misma, ni sehaba educado a s misma; Vos la criasteis, sinque su padre ni su madre supiesen cul haba deser su hija. (Conf IX, 8, 17)

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    LA vida en Mnica va arriba y sus aos no pasan

    en balde. Sin ninguna nostalgia y s con un sentido claro de la realidad, analiza cada momentode hoy sin olvidar el de ayer. No le asusta el maanaporque esto sera vivir con dudas y humillada, casi fracasada; para ella, la vida tiene algo ms de valor, importancia superior, otras metas...Parece como si Mnica camina en este momento enactitud ingenua e ingeniosa, sus pies apenas tocan el suelo y ms bien va de puntillas, dispuesta para volar porque su carne cada vez pesa menos y su fuerza de gravedad comienza ya a ser ella misma. Es un cmulo depersonalidad, una biografa ms completa en una espiritualidad tierna y ms fcil modelable en Dios y por Dios.Ha visto nacer a sus hijos, los ha visto revolotear comoalmas nias,, chiquitnas, alocadas alrededor de su luz; hasentido complacencia de plenitud maternal y les ha repartido su sencilla luminosidad en cuentos maravillosos,en miradas hacia lo alto para hacerles comprender quesobre aquel difano cielo africano, ms all de los horizontes, en el verdor de los campos y en el ruido de lasfuentes, siempre est la imagen de un Dios amoroso, padre de todos, un Dios que lo puede todo..., Agustn ysus hermanos han estado cargados de vida con sus pequeas pasioncillas. Agustn le ha llamado siempre mucho laatencin: a su madre le deslumhra tremendamente la luz

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    inquieta de aquel hijo, todava con ojos inocentes y conganas de ver el resto del mundo. Ella, la madre, se haciones, est decidido a luchar y a enfrentarse con la mscruda realidad a pesar de todas las dificultades y contratiempos: A Vos, Seor, debiera levantar mi alma para

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    abierto particularmente a su hijo Agustn, ha tenido muchas confidencias con l y ha existido siempre un carioespecial entre los dos...Y lo que ha sido un recuerdo de tiempos idos, vuelvehoy a la mem oria, repetida y bastante preocupante. Ququeda, en verdad, de todo aquello?, dnde estn los ojos

    limpios, aquella imagen viva e inquieta de Agustn?, quha recogido el hijo de esa siembra paciente, ilusionada desu madre? Mnica piensa si su realidad de madre ha sidodeficiente y si su hijo la encuentra ajena o cercana a l; siel sentido de un lenguaje eterno ha sido para Agustnalgo ms que una cantinela maternal por el hijo que seausenta, camina fuera de rbita, o tropieza miserablemente y sin remedio. Tantas ilusiones se forj Mnica yhoy las realidades son tan distintas, tan imprevistas..!Desde siempre, preocupa a Mnica aquel nio que eshoy imagen: el nio tierno, sin malos modos, un cuadrobellsimo, de hermosa estampa, pero siempre, por un nos por qu!, preocupa en una inquietud que se apodera dela madre antes de comenzar aquella hfstoria de brutalresistencia a los consejos, al ejemplo, al buen camino.La realidad del hijo va adquiriendo espacio en tiempoy lugar; es noticia en m uchos lugares y las fechas, con suscircunstancias personales, van dando paso a la imagenpblica de Agustn estudiante, profesor, andariego enbusca de la Verdad, corazn inquieto. La madre, con susentido prctico-intuitivo, mantiene esa distancia prudente respecto del hijo, hurfano del calor fsico de lamadre pero no de su calor espiritual. El hijo est muyhurfano de canciones, de regainas, de vida; muy hurfano..! Pero es cierto que l camina con muchas aspira-

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    que me la curaseis. Lo saba, pero ni quera ni poda;tanto ms que Vos no erais para mi nada slido y firme,cuando pensaba en Vos. P orque no erais Vos lo que sois,sino un vano fantasma; y mi error era mi Dios. Y alesforzarme para apoyar mi alma en aquel fantasma, luego resbalaba en el vaco y volva a caer sobre s. Y asandaba hecho un lugar de infelidad, donde ni poda estarni salir de l. Adonde ira mi corazn huyendo de micorazn? Adonde yo mismo huira de m mismo? Adonde no me seguira? (Conf IV, 7, 12).San Agustn ha descrito as, con esa rotundidad de fondo y estilo, el drama que le acucia, un drama que semadre conoce muy bien y, que por eso mismo, es un gransufrimiento. Y qu hace Agustn? He aqu la respuesta:Las costumbres que yo no quise adoptar como estudian

    te, me era forzoso sufrirlas en otros como maestro. Ypor eso me agradaba irme a Roma, donde todos los quelo saban, me decan que no pasaban semejantes cosas.Pero Vos, esperanza ma y mi todo en la tierra de losvivientes (Salmo CXLI, 6), a fin de que yo en la tierramudase de lugar para salud de mi alma, me ponaisaguijones en Cartago para que me arrancasen de all, yseuelos en Roma que me atrajesen all; valindoos dehombres que aman la vida muerta, los unos cometiendolocuras, los otros prometiendo vanidades; y Vos, para enderezar mis pasos (Salmo XXXIX, 3), os servais ocultamente de la perversidad de ellos y de a ma. Porque losescolares que turbaban mi quietud estaba n ciegos confrenes degradante; los que me invitaban al cambio tenan puesto el corazn en la tierra (Cf. Filp III, 19); yo ,71

    que en Cartago detectaba una verdadera miseria, buscaba en Roma una falsa felicidad (Conf V, 8, 14).

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    En Agustn aparece la arrogante e impertinente miradadel que quiere someter la situacin atribulada de las personas que le rodean, como si con la sangre que manaradentro de su desdichada vida no tuviera bastante. Agustnest ofendido y, aunque exhuberante de vida, de movimiento e indignacin duramente contendidas, comenzaba a sentir cmo se le escapaban a borbotones ciertosvestigios, un tanto dormidos en su interior y rotos portantas desventuras, a la vez que trataba de inventar unalgo que pudiera restaarle la herida por tantas contradicciones.

    Mnica sabe todo esto y ms que nunca conserva elalma limpia, la intencin pura, intacta la sensibilidad;por ello da gracias a Dios y reza...Reza por aquel hijo que intenta con osada recorrer elcamino, teniendo en la mano casi todos los triunfos, muchos desvos y poca esperanza de regeneracin: Peropor qu sala yo de la una y me iba a la otra, Vos, Diosmo, lo sabais; y no lo descubristeis, ni a m, ni a mimadre , que llor amarg amente mi partida y me siguihasta el mar. Y yo la enga cuando me retena violentamente, o para estorbar que me fuese, o para irse conmigo; y fing que no quera abandonar a un amigo ha staque, levantndose el viento, se hiciese a la vela. As menta mi madre, y a tal madre!, y me escabull. Vos meperdonasteis misericordiosamente tambin este pecado,guardndome, aunque lleno de abominables suciedades,de las aguas del mar, hasta que llegase al agua de vuestra gracia, y lavado con ella, se secasen los ros de los ojosmaternales, con qu e ella delante de Vos cada da os regaba por m la tierra debajo de su rostro. No obstante,72

    como rehusase volverse sin m , apenas pude persua dirla curaseis (ib. IV, 7, 12). Cmo hubiera gozado Mnica,en lo ntimo de su ser, para que esta plegaria de Agustn

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    que pasase aquella noche en un lugar que estaba prximo a nuestra nave, un oratorio dedicado a San Cipriano . Mas aquella noche yo me part a escondidas, y ellano ; se qued orando y llorando. Y qu os peda contantas lgrimas, Dios mo, sino que no me dejaseis navegar? Mas Vos, accediendo con altsimo consejo al fondode su deseo, no hicisteis caso de lo que entonces peda,para hacerm e tal como ella siempre peda. S opl el vientoe hinch nuestras velas, y perdimos de vista la playa,donde mi madre a la maana se volva loca de dolor, yllenaba vuestros odos de quejas y lamentos. Vos no hacais caso; porque e stabais arrebatndom e a m is concupiscencias para darles fin, y castigabais en ella su afectocarnal con el azote justiciero del dolor. Porque deseabatenerme consigo, como suelen las madres, pero muchoms que muchas de ellas; y no saba cuan grandes gocesle preparabais con mi ausencia; no lo saba y por esolloraba y se lamentaba, y con aquel dolor mostrbase enella la herencia de Eva, buscando con gemido lo quehaba dado a luz con gemido. Finalmente, despus dequejarse de mis engaos y de mi crueldad, y de habersepuesto de nuevo a rogaros por m, se fue a su ocupacin,y yo a Roma (ib. 15).

    * * *

    Agustn nunca queda satisfecho y en el colmo de querer encontrar la Verdad se pierde en mil bagatelas: Ohlocura que no sabe amar hum anamente las cosas humanas..! Me desviva, suspiraba, lloraba y me turbaba, llevando a cuestas mi alma despedazada y ensangrentada,que no quera ir conmigo, ni saba dnde ponerla... AVos, Seor, debiera levantar mi alma para que me la74

    fuera verdaderamente la luz de su camino y de su bsqueda! Aquella mujer, en apariencia vulgar, trataba devislumbrar a travs de los acontecimientos, la profundapromesa de una sensibilidad, cada da menos balbucienteante Dios y, por ello mismo, mucho ms segura y confiada, que, ante el desconcierto general, trataba de expresar con apasionamiento maternal de artista... Mnica soaba muchas veces con el triunfo de la gracia de Diosen el corazn de su hijo, en lo hondo de su alma habasiempre una esperanza, pero... cundo sera el milagro?De todas maneras, todava era demasiado pronto paraque el Seor tocara las fibras ntimas del alma con suestela de ternura y suavidad, demasiado pronto para queAgustn sintiera el paso del Seor como una bendicinque roza la vida de cada hombre en ese tiempo oportunodel amor y de la respuesta, de la complacencia y de lacercana; un misterio de dilogo, de mutua escucha, donde las barreras humanas desaparecen y los miedos danpaso au n azul ms bonito que en otras tantas veces...

    Desde dnde y hacia dnde camina Agustn? Nos hasido dada la respuesta, la sabemos y podemos comprobarla. Comprobar efectivamente que Agustn camina yque Mnica tiene, a la vez, su trayectoria grfica: desdelas tinieblas hacia la luz en el hijo, una lnea recta comodemostracin de garanta en la madre. Nos damos cuenta, por ejemplo, de cmo se tantea ciegamente un caminoa base de torpes pasos; de cmo se lucha en un caminoascendente de superacin suprema.

    La historia de la madre y del hijo tiene ahora estaconcrecin: He aqu que Roma me recibi con el azotede una enfermedad corporal y me iba ya a los infiernos,75

    cargado con todas las maldades que haba cometido contra Vos, contra mi y contra los dems; que eran muchas ygraves; adems del pecado original con que todos morivuestro Hijo, mi Dios y Seor. Asustada mi madre carnal, como que ms laboriosamente en su casto coraznme estaba dando a luz para la vida eterna en vuestra fe,

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    mos en Adn (I Cor X V, 22). Porque ninguna de ellas mehabais perdonado en Cristo; ni El en su cruz haba deshecho las enemistades que con Vos haba yo contradopor mis pecados. Porque, cmo las iba a deshacer enaquella cruz fantstica que yo de El crea? Tanto, pues,como me pareca falsa de muerte de su carne, tanto eraverdadera la muerte de mi alma; y cuanto era verdaderala muerte de su carne, tanto era falsa la vida de mi alma,que no crea en ella.Las calenturas crecan, y yo me iba ya y pereca. Porque, adonde fuera si entonces muriera, sino al fuego y alos tormentos merecidos con mis obras, segn la verdadde vuestra ordenacin?No saba mi madre mi peligro; pero ausente oraba porm; y Vos, en todo lugar presente, donde ella oraba laoais, y donde yo estaba os apiadabais de m para querecobrase la salud del cuerpo, aunque el corazn seguadeslizando con error sacrilego; pues en a quel tan granpeligro no deseaba vuestro bautismo. Mejor haba sido denio, cuando se lo ped a mi piadosa madre, como yatengo referido y confesado.

    (Un obligado parntesis: San Agustn reclama la atencin del lector del libro de las Confesiones remitindoloal libro I de las mismas, 11, 17-18: Vos visteis, Seor,que cierto da, siendo an nio, y sintindome repentinamente fatigado por una opresin de pecho, que me pusoen trance de muerte, Vos visteis, Dios mo, pues erais yami guarda [Gen XXVIII, 15], con qu fervor del alma, ycon qu fe, ped a mi piadosa madre, y a la madre detodos nosotros, vuestra Iglesia, el bautismo de Cristo,76

    ya procu raba presurosa q ue fuese yo iniciado, y purificado con vuestros saludables sacramentos, confesndoosa Vos, Seor Jess, para remisin de los pecados; sinoque en seguida comenc a mejorar. Difirise, pues, mipurificacin, dando por seguro que si viva, haba de volver a mancharme; pues es claro que, despus de aquellapurificacin, habra mayor culpa en las manchas de lospecados... Mi madre prevea ya cuntas y cuan grandesolas de tentaciones me amenazaban, pasada la niez; yprefiri presentarlas ms bien al barro de que despus mehaba de formar, que no la misma imagen.)Haba, pues, crecido yo para m i deshonra, y como locome burlaba de los remedios de vuestra medicina. MasVos no me dejasteis morir en tal estado, doble muerte.De tal herida, si el corazn de mi madre la hubiera recibido, nunca hubiera sanado. Porque no acierto yo a expresar bastantemente cunto era el amor que me tena,y con cunta mayor ansia me daba a luz en el espritu,que cuando me dio a luz en la carne (ib. V, 9, 16).Agustn observa el mundo, su mundo, con una inteligencia extraordinaria pero no tiene la sabidura de lahumildad, que es la mejor sabidura y la ms difcil, yaque es la sabidura en la cual se complace Dios . La visinde Mnica es muy distinta. Lo atestigua as San Agustn:N o veo, pues, cmo hubiera podido sanar, si aquella mi

    muerte tan desastrosa hubiera traspasado sus amorosasentraas. Y qu h ubiera sido de tantas y tan frecuentesoraciones, que sin cesar enderezaba a solo Vos? Acaso,Dios de las misericordias, habais de despreciar el corazn contrito y humillado (Salmo L, 19) de aquella viuda77

    casta y sobria, que frecuentaba la limosna, que a gasajaba y serva a vuestros santos, que ningn da dejaba sin dar ms vida a los dems, a los dems que vienen arodearla, a tomar vida de ella e intentan prolongar e,

  • 7/27/2019 Larrinaga, Manuel - Santa Monica

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    ofrenda en vuestro altar, que dos veces cada da maana y tarde acuda a vuestra iglesia, sin faltar jams,no para vanas habladuras y chismes de viejas, sino paraoros a Vos en vuestros sermones, y para que Vos laoyeseis en sus oraciones? Las lgrimas de esta mujer, conque os peda, no oro, ni plata, ni bien alguno caduco yvoluble, sino la salvacin del alma de su hijo, habais dedespreciarlas y privarlas de vuestro socorro, Vos, porcuya gracia haba llegado a ser lo que era? De ningnmodo, Seor; antes estabais presente a ella, y la escuchabais y obrabais segn el. orden con que habais predestinado se deba ob rar. Lejos de Vos engaarla en aqu ellasvisiones y respuestas vuestras que arriba refer y otrasque no refiero; las cuales ella guardaba fielmente en supecho, y siempre en la oracin os la presentaba con cdulas firmadas de vuestra mano. Porque como vuestra misericordia no tiene fin (Salmo CXVII, 1) os dignis convuestras promesas haceros deudor de aquellos a quienesperdonis todas sus deudas (ib. 17).

    No se pude leer este testimonio de Agustn sobre sumadre en una actitud superficial. Son tantos los sentimientos del hijo como profundas las realidades que sub-yacen y que son meditacin constante para una personade cualquier poca y en cualquier circunstancia que seencuentre! Una mujer que es ncleo por madre y porvirtud, con una tremenda renuncia que implica casi detenerse ella misma en la vida y dejarse rodear por un cmulo de elementos humanos, cuando no de arbitrariedades de las personas, y que, por otra pa rte, no limitan sulibertad de espritu ni de movim iento. Es como si Mnicaprofundizara cada da en el centro de su maternidad para78

    incluso, reme ndar su existencia con la vida fuerte y p lenade esta madre bendita. Mnica, en el saber de su espritu,ensea de esta manera a su hijo: Hijo mo, n o olvides mileccin, en tu corazn gu arda m is mandatos, pues largosdas y aos de vida y bienestar te aadirn. La piedad yla lealtad no te abandonen, talas a tu cuello, escrbelasen la tablilla de tu cora zn. As hallars favor y buenaacogida a los ojos de Dios y de los hombres (Prov III,1-4). Al hijo que busca la sabidura, la madre imprime,desde su testimonio, una nueva luz: el encuentro con