Lichtenberg Aforismos

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  • aforismosgeorg christoph lichtenberg

    afor

    ism

    os

    Protestante ateo, racionalista subjetivo e indomable moderado, Lichtenberg es una de las figuras ms interesantes de la Ilustracin alemana.

    Su confianza en el futuro y en los poderes de la razn lo llev a anotar toda suerte de reflexiones personales sin buscar imponerlas a la posteridad. Sus aforismos

    carecen del carcter cerrado del gnero; por el contrario, son indagaciones sobre el discurso propio;

    no son verdades absolutas sino cuestionamientos sobre la verdad, chispas de ingenio potico y ascensos al paraso infernal de la irona;

    todas estas caractersticas convierten a Lichtenberg en un excepcional profeta

    de nuestra modernidad.

    f o n do d e c u lt u r a e conm i c a

    b i b l i o t e c au n i v e r s i t a r i ad e b o l s i l l o

    9 786071 609724

    georg christoph l ichtenberg

    Edicin y traduccin de

    juan villoro

    aforismos

    AFORISMOS_FCE.indd 1 31/05/12 20:20

  • Fotografa de portada:Len Muoz Santini

  • GEORG CHRISTOPH LICHTENBERG

    Aforismos

    BIBLIOTECA UNIVERSITARIA DE BOLSILLO

  • Georg Christoph Lichtenberg

    Aforismos

    Seleccin, traduccin, prlogo y notas deJUAN VILLORO

    FONDO DE CULTURA ECONMICA

  • Primera edicin en alemn, 1902-1908Primera edicin en espaol, 1989Segunda edicin en alemn, 1968-1992Segunda edicin

    (Biblioteca Universitaria de Bolsillo), 2012

    Lichtenberg, Georg ChristophAforismos / Georg Christoph Lichtenberg ; selec., trad., prl. y notas de

    Juan Villoro. 2 ed. Mxico : FCE, 1989279 p. ; 17 11 cm. (Colec. Biblioteca Universitaria de Bolsillo).

    Seleccin de los Ttulos originales: Aphorismen ySchriften und BriefeISBN 978-607-16-0972-4

    1. Aforismos I. Villoro, Juan, trad. II. Ser. III. t.

    LC PT2423 Dewey 398.9 L186a

    Distribucin mundial

    Diseo de portada: Len Muoz Santini

    D. R. 2012, Fondo de Cultura EconmicaCarretera Picacho-Ajusco 227; 14738 Mxico, D. F.Empresa certifi cada ISO 9001:2008

    Comentarios: editorial@fondodeculturaeconomicawww.fondodeculturaeconomica.comTel. (55) 5227-4672; fax (55) 5227-4640

    Se prohbe la reproduccin total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio, sin la anuencia por escrito del titular de los derechos.

    ISBN 978-607-16-0972-4

    Impreso en Mxico Printed in Mexico

  • 7NDICE

    Reconocimientos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9La voz en el desierto, por Juan Villoro . . . . . . . . . 11Bibliografa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 71Sobre esta edicin . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 75

    AFORISMOS

    I. El hombre en la ventana: fragmentos autobiogr cos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 81

    II. La mente y el cuerpo . . . . . . . . . . . . . . . . . 99 III. Sacerdote de s mismo . . . . . . . . . . . . . . . . 114 IV. El lenguaje y otras manchas de tinta . . . . . . 130 V. ngeles y animales . . . . . . . . . . . . . . . . . . 161 VI. La barbarie ilustrada . . . . . . . . . . . . . . . . . 167 VII. Las causas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 194 VIII. El cuchillo sin hoja, al que le falta el mango 207 IX. Los sueos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 222 X. Inmensidad de lo pequeo . . . . . . . . . . . . . 230 XI. Las guras de Lichtenberg . . . . . . . . . . . . . 238

    Notas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 269Cronologa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 277Referencias bibliogr cas en el FCE . . . . . . . . . . . 279

  • 9RECONOCIMIENTOS

    La traduccin de los Aforismos de Lichtenberg se realiz, en gran parte, gracias a una beca concedida por la Delegacin Cuauhtmoc, de enero a junio de 1988 (el jurado estuvo inte-grado por Adolfo Castan, Elsa Cross y Guillermo Sheridan).

    Descubr a Lichtenberg entre los muchos asombros del Manual del distrado, de Alejandro Rossi; Joel Peha, autn-tico lichtenberlogo, me puso en contacto con las ediciones de los Aforismos de Promies y Rychner; Carlos Pereda me gui entre el laberinto de libros de la Universidad de Cons-tanza hasta el estante decisivo (y durante varios das se con-virti en mecenas del proyecto); Ludwik Margules me des-cubri el notable texto de Jele nski y lo tradujo con exacta rapidez; Ruth Netzcker me ayud a resolver problemas de traduccin; Alejandro Rossi, Adolfo Castan, Jos Enrique Fernndez, Alejandro Sandoval y, por supuesto, Dborah Holtz, me apoyaron tanto que tambin yo acab por conven-cerme de que sta no era una tarea mtica.

    Somos los libros que nos han hecho mejores, dice Bor-ges. Lo mejor de este libro son los amigos que lo hicieron posible.

    J. V.

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    LA VOZ EN EL DESIERTO

    A Luis Villoro

    Gracias, Lichtenberg, gracias!, porque revelas que no hay nada ms intil que hablar con un erudito que sabe miles de datos histricos pero jams ha pensado por s mismo. De nada sirve leer recetas cuando se est hambriento. Gra-cias por esta voz en el desierto!

    SREN KIERKEGAARD

    Lichtenberg detestaba los prlogos, esos desesperados para-rrayos que intentan salvar a un libro de la destruccin. Ene-migo del proselitismo y de cualquier tctica suasoria, jams trat de defender su obra, y no slo eso: hizo lo posible por no escribirla.

    En una poca en que la respiracin natural de un escritor conduca a 30 tomos empastados, Lichtenberg siempre en-contr una actividad capaz de interrumpir su proyecto en turno. Su novela La isla de Zezu o el prncipe duplicado se qued en unos cuantos prrafos; lo mismo sucedi con su libro de fsica en forma de preguntas (como en el Zen, el alumno no adquirira nuevas certezas, sino nuevas inquietu-des). Hacia el fi nal de su vida concibi una stira autobio-grfi ca, Le Procrastinateur, donde pensaba burlarse de sus proyectos eternamente pospuestos. Fue demasiado fi el a su tema: no la escribi.

    Lichtenberg vivi contra la posteridad, contra las Obras

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    completas, la tesis doctoral del posible erudito sueco, el co-mentarista mexicano del siglo XX. No pens que sus apun-tes dispersos pudieran ser imantados por la misma fuerza; se conform con legar fragmentos, los restos de una inteli-gencia.

    El 24 de febrero de 1799 Lichtenberg fue enterrado en el cementerio de Gotinga. Quinientos estudiantes se unieron al cortejo fnebre (la universidad entera tena 693 alum-nos). Aunque el profesor de fsica gozaba de enorme presti-gio entre sus colegas y alumnos, muri convencido de que sera olvidado; pero la literatura, como l mismo anot en sus cuadernos, suele ser ms inteligente que su autor.

    El Lichtenberg escritor ha surgido lentamente. La edi-cin de sus cuadernos se inici en 1801 y slo se complet en 1971. En este extenso arco de los aos no ha recibido el favor del gran pblico, pero s el de una legin de lectores fervorosos. Kant lo subray, segn el caso, en rojo o en ne-gro; Thomas Mann, no menos preciso, dej en su biblioteca de Zrich un ejemplar de los Aforismos con subrayados do-bles y sencillos; Freud lo cit una docena de veces; Nietzs-che incluy los Aforismos entre las cuatro obras rescata-bles de la literatura alemana; la vida de Konstanty Jele nski cambi de rumbo cuando el pintor surrealista Hans Bellmer lo introdujo a la obra de Lichtenberg; Karl Kraus lo consi-der uno de los dos ms grandes humoristas de la lengua alemana; Eduard Mrike coloc en su escritorio una pgina de Lichtenberg para darse nimos; Breton lo bautiz pa-dre de la patafsica; Jean Paul, Goethe, Schopenhauer, Hof-mannsthal, Kierkegaard, Wittgenstein, Auden, Tolsti, Mu-sil, Tucholsky, Jnger, Canetti y muchos otros fueron tocados por las luminosas esquirlas de su mente.

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    LA PRIMERA PREGUNTA

    Georg Christoph Lichtenberg naci el 1o de julio de 1742 en Ober-Ramstadt, una aldea cercana a Darmstadt. Fue el lti-mo de los 17 hijos del pastor Johann Conrad Lichtenberg y de su mujer, Henriette Catharina. La vasta prole del pastor estuvo a punto de ser aniquilada por las enfermedades: ocho hijos murieron al nacer y cuatro a temprana edad. Christoph naci sano y salvo, pero a los ocho aos sufri una lesin en la columna, probablemente a causa de una espondilitis tu-berculosa (aunque algunas biografas hablan de una cada). Creci apenas lo sufi ciente para hacer inexacto el apelativo de enano, qued jorobado y su salud fue bastante precaria, aunque nunca tanto como lo exiga su hipocondria (lleg a detectar la presencia de 13 enfermedades imaginarias en su organismo). En estos das en que estamos obsesionados con el culto al cuerpo, la deformidad fsica parece una desgracia mayscula. El hombre contemporneo re con cautela para ocultar las incrustaciones de porcelana en su dentadura y aplazar las arrugas que hagan necesaria otra ciruga plsti-ca. Lichtenberg aprendi a escribir de espaldas al pizarrn para que no le vieran su joroba; fue vanidoso e hipocondria-co, pero nunca se sinti en desventaja. Muchos de sus cono-cidos incluso consideraban que su fi sonoma era una condi-cin natural de su peculiar ingenio; Jean Paul lo llamaba el Esopo jorobado, sin que hubiera la menor sombra de bur-la en el apodo, y las mujeres lo encontraban atractivo (sus descripciones sensuales, aunque no tan anecdticas, son tan sabias como las de Casanova). Lichtenberg pase su sombra oblicua por las calles del siglo XVIII y acab por acostumbrarse a ser el inquilino de su cuerpo.

    Alemania era entonces un conjunto de 300 estados inde-pendientes, que no acababan de reponerse de la Guerra de

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    Treinta Aos (1618-1648). Las manufacturas inglesas y es-candinavas llegaban como los elaborados artifi cios de leja-nas civilizaciones. En los bosques de Suabia, Sajonia y Ba-viera los dialectos se descomponan en subdialectos; en las bibliotecas y las