Los Montoneros

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    Librodot Los montoneros Eduardo Gutirrez

    Los montoneros / 1884Continuacin de El Chacho

    Eduardo Gutirrez (1853/1889)

    ndiceEl cura CamposEl caudillo general

    Una aventura de SarmientoEl asesinatoLa muerte de un lenUn cura de averaLos montonerosDe sorpresa en sorpresaLa guerra de recursosEl caudillo invencibleEl enemigo invencible

    El puesto de ValdsEl limosnero hidalgoLa Chacha en campaaNuevas hazaasUna carnadura de brujoLa desesperacin de la impotenciaLa pualada de muerte

    El cura Campos

    Empezaba entonces a figurar en Tucumn, acusando un porvenir brillante, el jovencura don Jos Mara del Campo, perteneciente a la distinguida familia de donLeopoldo del Campo. Carcter firme y apasionado, se haba entregado a la carreraeclesistica, con todo el encanto que despierta la noble figura de Jess. Educado por elbuen franciscano Padre Quintana se haba ordenado en Tucumn, donde fuenombrado cura prroco de Santa Cruz, departamento de aquella provincia.En 1852, cuando cay Rosas, y Urquiza empez a dominar en el interior por el triunfode Caseros, el cura del Campo era un joven de 24 aos. Con su conducta ejemplar y la

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    mansedumbre excepcional de su carcter, se haba hecho querer con locura por susfeligreses, que miraban en aquel joven un amparo contra todas las desventuras de lavida. A l acudan los perseguidos de la poltica, buscando un refugio contra el pualde la Federacin, a l acudan los mseros a quienes las rapias de aquellos gobiernosasesinos haban dejado en la calle, y a l acudan por fin todos los que necesitaban unsocorro y un consuelo. Y el joven del Campo atenda a todos con igual cario,tendindoles su mano generosa, partiendo con ellos cuanto posea, y haciendo delcurato un amparo contra los perseguidos, salvndolos as del degello y el escarnio.La fama de su generosidad y de su bondad inagotable haba pasado de departamentoen departamento, al extremo de que desde los ms lejanos acudan en busca de suamparo y de su consejo, librando as muchos de la persecucin federal, no slo susvidas, sino sus fortunas. Su prestigio creciente y el cario idlatra que haba logradocaptarse de esta manera, le haban dado un dominio absoluto sobre las masas. A supalabra se habran levantado como al llamamiento del ms prestigioso caudillo. Sutalento bello y brillante, y su palabra fcil e inspirada, haban llamado la atencin delos hombres del gobierno, y el general Gutirrez intent ms de una vez traerlo a sulado.Pero el joven cura se haba excusado siempre, bajo el pretexto de que la consagracin asu ministerio le impeda tomar parte en la poltica. Es que del Campo odiaba desde elfondo de su alma aquella poltica de sangre y aquellos hombres que haban erigido susistema de gobierno en el asesinato y el robo. Aquella persecucin de mujeresindefensas y aquellos degellos slo por apoderarse de la fortuna de las vctimas, erancrmenes que indignaban profundamente al sacerdote y sublevaban al hombre.Puesto en contacto con los hombres del partido unitario, por los mismos que l habaprotegido y salvado, el joven del Campo hizo entre ellos sus ms estimables relaciones.Y contaba entre sus mejores amigos al coronel Espinosa, y a los principales miembrosde la familia Posse, sobre los que tena una influencia decidida. Su bello ideal era lacada de aquella ignominiosa tirana, que no se saciaba de crmenes de toda especie.El partido liberal empez a ver en aquel joven lleno de patriotismo al nico hombreque poda guiarlos y acaudillarlos en una cruzada libertadora y empezaron a acariciarcon calor aquella idea.El cura del Campo era el solo que poda levantar al sonido de su palabra 1500 2000hombres, y lo entusiasmaron en aquel sentido.Soy enemigo de todo derramamiento de sangre, y ms an si esto es intil deca, notenemos armas para luchar contra el Gobierno, que est demasiado fuerte pordesgracia, y llevaramos a todos esos hombres a un sacrificio estril.Poco sacrificio es el que se sufre con la vida y la fortuna a merced de esos bandidosreplicaban los ms entusiastas por la revolucin. Esta es una trama que no acabarnunca si andamos con contemplaciones, algn sacrificio ser preciso hacer, y benditosea el sacrificio que se haga por el bien de todos y de la patria.Es que el terreno no est preparado an deca el joven, y sta no es la labor de un da.Esperemos una oportunidad que no ha de tardar mucho agregaba, y entre tanto vamospreparndonos tranquila y silenciosamente para la lucha, que debe ser tremenda unavez emprendida, porque este enemigo no se considerara vencido con el primer revs yvolvera siempre a la lucha por la reconquista de su poder perdido. Los federales no se

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    han de conformar nunca con perder su dominacin, y hay que tener presente quelucharn desesperadamente. Pues esperemos, siempre que esta espera sea empleada enpreparar los elementos que necesitaremos en la lucha.Los que se iban comprometiendo en el movimiento se iban pasando la palabra, y alsaber que el cura del Campo estaba con ellos, todos aceptaban la idea llenos de jbilo yse ponan desde el primer momento a preparar lo que podran necesitar. El curato deSanta Cruz fue desde entonces el punto de reunin de los conjurados liberales.El coronel D. Manuel Espinosa, hombre prestigioso, empez a trabajar personalmente,viendo a los que deban ayudarlos y tomar parte individualmente o con los peones yhombres de que disponan. Cada uno traa el arma que tena en su poder, que se ibadepositando en el curato para el momento oportuno.El general Gutirrez no se sospechaba nada de todos estos trabajos y descansando enla dominacin absoluta que ejerca y en el apoyo moral y material del generalBenavdez, ni siquiera pens jams que nadie pudiera atentar contra su autoridad, ymenos aquel cura manso que crea consagrado por completo a su ministerio. Rodeadode hombres serviles y suyos por completo, dispona de un regular nmero de soldadosy de todos los elementos blicos que las pasadas guerras haban aglomerado en lagloriosa ciudad. Alguien le indic que podan atentar contra la paz de Tucumn y queera preciso estar alerta, pero demasiado ensoberbecido en su poder, mir a todos ladosy se convenci de que en toda la provincia no haba quien se atreviera a luchar con l,ni elementos con qu intentarlo tan slo. Y entre tanto el cura del Campo seguaentendindose con los parciales que sigilosamente iban a buscarlo, y adquiriendoarmas malas y buenas por todos los medios de que podan valerse.El momento oportuno tan pacientemente esperado no tard en presentarse. Urquizatriunfante, se celebr el acuerdo de San Nicols al que concurrieron todos losgobernadores de provincia. El general Gutirrez, que no tema nada, dej degobernador interino a un hombre completamente suyo, de quien estaba perfectamenteseguro, y march al acuerdo de San Nicols.Con una inteligencia asombrosa y una actividad que no se hubiera sospechado en l, elcura del Campo organiz el movimiento que deba ejecutar el coronel Espinosa, yasuma desde el primer momento toda la responsabilidad. Y predic el triunfo de lalibertad y los principios por que iba a combatir, encareciendo el deber en que estabantodos y cada uno de poner al servicio de la gran causa todo su esfuerzo y accin.Todo lo ms importante de Tucumn estaba con ellos, de modo que la revolucin fuefcil y poco sangrienta. Atacados por el coronel Espinosa el cuartel, la casa deGobierno y Polica, no tardaron en rendirse a discrecin, entregando sus armas bajo lasola condicin de que se les haba de conservar la vida. Dueos de una gran cantidadde armas y municiones, los revolucionarios no tardaron en apoderarse de toda laProvincia, derrocando todas las infames autoridades puestas por Gutirrez.Elegido gobernador el coronel Espinosa por el partido de la revolucin, empez aestablecerse un orden constitucional que devolviera a todos los habitantes el goce desus derechos y libertades. El cura del Campo puso toda su inteligencia vigorosa alservicio de aquellos propsitos, cuyas ventajas empezaron a apreciarse bien pronto.El coronel Espinosa y todos los amigos que haban contribuido con su brazo y con suesfuerzo a aquella situacin de libertad y de paz, rogaron al joven cura que tomara

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    participacin en el gobierno prestndole la dedicacin de su carcter y de suinteligencia, pero l se neg resueltamente.En Tucumn y con ustedes deca hay muchos hombres que saben ms que yo y queservirn mejor al pas. Yo me retiro a mi curato, feliz de haber contribuido a la grandeobra y donde me llevan mi vocacin y mis deberes.En vano fueron todos los ruegos y todos los empeos. Establecido un orden de cosasconstitucional, el joven del Campo se retir a su curato donde se consagr porcompleto a sus tareas, volviendo a ser el amparo del miserable y el apoyo del pobre.El general Gutirrez, sabedor de que haba sido derrocado por la revolucin,manifest al general Urquiza la necesidad de reponerlo, y ste, que con Gutirrez seapoderara de Tucumn, pidi al general Benavdez lo ayudara con algunos elementos,puesto que Gutirrez haba sido derrocado a consecuencia de haber acudido alacuerdo de San Nicols. Gutirrez, con astucia infinita, se puso al habla con suspartidarios en Tucumn y propuso la contrarrevolucin que no esperaron ni delCampo ni Espinosa. Y mientras en la ciudad se llevaba a cabo la revolucin, el generalGutirrez, con elementos que le diera Benavdez, se present victoriosamenteintimando a las puertas de la ciudad la entrega.Espinosa no pudo resistir a la revolucin interior apoyada en el ejrcito que traaGutirrez, y fue derrocado apoderndose de nuevo el general Gutirrez de toda laprovincia, donde repuso todas las autoridades que haban sido derrocadas. Espinosa, aquien Gutirrez habra hecho degollar, si lo tomaba, emigr