Mesías y mesianismos Reflexiones desde El Salvador Jon .Mesías y mesianismos Reflexiones desde

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  • Mesas y mesianismos Reflexiones desde El Salvador

    Jon Sobrino

    El Primer Mundo no parece estar para mesas ni para mesianismos.

    En l ya no hay lugar para las utopas de los pobres y es notorio

    el dficit de lderes que las quieran mantener. Y como en ese mundo lo

    real es lo de ellos, y como ellos han decidido -modernista,

    posmodernista o pragmticamente- que ambas cosas son irreales y

    sospechosas, resulta que ya no est de moda hablar de mesianismos ni

    de mesas. Y si a esto aade que la historia -y esto s hay que tenerlo

    seriamente en cuenta- muestra los peligros que conllevan ambas cosas:

    populismos, paternalismos, dictaduras, ingenuidad, fanatismos,

    agresividad... la conclusin es que poco se puede hablar ya de mesas y

    de mesianismos. A lo sumo se tolerar, con benevolente superioridad,

    como pecado de pueblos jvenes...

    Sin embargo, llmeseles como fuere, los pobres de este mundo, la

    inmensa mayor parte de la humanidad, necesitan utopas, que pueden

    ser tan simples como el que la vida sea posible, pero que son bien

    reales, pues la vida es precisamente lo que los pobres no dan por

    supuesto, y para lo cual todava no hay lugar en este mundo. Y ese

    mismo Tercer Mundo sigue esperando tambin la aparicin de lderes

    con corazn de carne, no de piedra, que les d esperanza y les ofrezca

    caminos de vida.

    Adems, aqu en El Salvador -y en otros pases latinoamericanos-

    hace algunos aos los pobres tomaron la palabra y pusieron a producir

    sus esperanzas en movimientos populares, esperanzas que encontraron

    eco en pastores como Monseor Romero y en intelectuales como

    Ignacio Ellacura. Cierto es que, empricamente, estos movimientos no

    han tenido xitos fulgurantes -en parte por sus propios errores y ms

    fundamentalmente porque no lo ha tolerado el Primer Mundo-, pero

    tambin es verdad que han conseguido cosas importantes (1), y en

    cualquier caso han replantado, si no en puro concepto, s en realidad, la

    necesidad y sentido de mesianismos y mesas. Recurdese que el ltimo

  • escrito teolgico de I. Ellacura -verdadero testamento teolgico suyo-

    vers sobre utopa y profeca (2).

    Por esta razn fundamental -la urgente necesidad que tienen los

    pueblos crucificados de utopas, esperanzas mesinicas o como quiera

    denominrselas-, aun sin ser expertos ni en exgesis ni en historia de la

    Iglesia, nos animamos a escribir las reflexiones que nos han pedido,

    pues "el mesianismo siempre ha sido y ser el mejor revulsivo para

    afrontar los problemas del presente, abrindose a un futuro cuajado de

    esperanza" (3).

    I. El miedo desde el Tercer Mundo: un Cristo sin reino

    El olvido del mesianismo no slo tiene races sociopolticas, sino

    que de alguna forma comienza ya despus de la resurreccin de Jess.

    El problema es, pues, tambin eclesial y teolgico, y consiste en que

    nombre del mediador (Cristo resucitado) se va relegando a segundo

    plano la mediacin (la realizacin de la voluntad, el reino de Dios en las

    palabras de Jess, las esperanzas mesinicas). En nuestra opinin, han

    ocurrido dos cosas: se ha dado prioridad al mediador sobre la

    mediacin, y el mediador se ha ido comprendiendo eficazmente ms

    segn el modelo de Hijo de Dios que segn el de Mesas.

    1. Una paradoja: la "des-mesianizacin" de Cristo

    Despus de la resurreccin, Cristo, es decir, Mesas, se convirti en

    nombre propio de Jess de Nazaret. As aparece programticamente en

    la formulacin del kerygma: "Dios ha constituido Seor y Mesas a este

    Jess a quienes ustedes han crucificado" (Hch 2,36), y se mantiene en

    todos los estratos del NT. Y ese nombre se convirti en algo tan

    definitorio que fue usado para designar tambin a los creyentes en Jess,

    de modo que "los discpulos recibieron el nombre de cristianos" (Hch

    11,26, por primera vez en Antioqua). El hecho es, pues, claro, pero

    tambin lo que es el ttulo mesas, aplicado a Jess resucitado como

    algo central, fue perdiendo concrecin y especificidad. Para ello hubo,

    sin duda, importantes razones, pero en definitiva se lleg a la paradoja

    que, provocativamente, podemos formular como la des-mesianizacin

    de Cristo, es decir, las desmesianizacin del mesas.

  • Ese proceso de des-mesianizacin tuvo como condicin de

    posibilidad la misma ambigedad del concepto mesas. Por una parte es

    claro que al llamarle mesas los primeros cristianos afirman que en

    Jess resucitado ha tenido cumplimiento una larga esperanza de Israel:

    la aparicin de un salvador, pero, por otra, no es tan claro bajo qu

    modelo de salvador -de los muchos que aparecen en el AT- puede ser

    comprendido Jess, pues a lo largo del AT el mesas fue pensando

    diversamente como rey, y, despus, tras el fracaso de la monarqua,

    como sumo sacerdote, como profeta o incluso como siervo sufriente.

    Ese rey, adems, podra ser un rey guerrero, o un rey justo y pacfico.

    La victoria sobre los enemigos la podra efectuar directamente el mismo

    Dios o a travs del mesas con acciones milagrosas. Y a medida que

    pasa el tiempo y la historia desmiente el cumplimiento inmediato de la

    esperanza, el mesas se va convirtiendo en figura escatolgica, es decir,

    en objeto de esperanza definitiva para el futuro. Y es tambin sabido

    que el mismo Jess no afirm con claridad si se autocomprendi como

    mesas o no -recurdese el secreto mesinico-, y menos en qu sentido.

    Sin entrar en el anlisis exegtico del asunto, lo que s parece

    quedar claro es que, despus de la resurreccin, se comprende a Jess

    como salvador y por eso se le puede denominar mesas, pero

    la salvacin de la que es portador no parece incluir ya un elemento

    central del mesianismo: que la salvacin es salvacin histrica de un

    pueblo oprimido, externa e internamente. Cristo no es presentado como

    el mesas que, sobre todo despus del exilio, aparece en correlacin con

    la esperanza de los pobres, como el rey justo quien, por fin, impartir

    justicia, defender al dbil y lograr la reconciliacin y la fraternidad.

    a) La esperanza de salvacin histrica va siendo sustituida por la de

    salvacin transcendente. No significa esto que el NT no d ya

    importancia a las realidades terrestres -as lo muestran sus exigencias

    morales, el llamado a la caridad, el cuidado de los dbiles, etc-, pero

    todas estas cosas aparecen ahora ms como exigencias ticas que como

    lo central que trae Jess y que est en correlacin con su mesianismo.

    La salvacin se concentra, adems, en el perdn de los pecados, y se

    convierte en una salvacin en singular. No se trata ya de las

  • salvaciones plurales, de cuerpo y alma, que se mencionan en los

    evangelios, sino que se da una concentracin en la salvacin interior.

    b) El correlato de las esperanzas mesinicas no es ya el pueblo con sus

    propias esperanzas, sino el individuo. De nuevo, no quiere esto decir

    que en el NT desaparezca la idea de "colectividad", pues lo que surge de

    la fe en Cristo es precisamente una comunidad, y la

    naciente ekklesia expresa su propia identidad en trminos que implican,

    todos ellos, colectividad: pueblo, cuerpo, templo... Pero, por otra parte,

    es tambin verdad que desaparecen las esperanzas concretas de los

    pueblos en cuanto tales, lo que hoy llamaramos sus esperanzas sociales

    y polticas (tan primigeniamente humanas como las esperanzas

    individuales): que cese la esclavitud y haya libertad, que cesen las

    guerras y haya paz, que cese la represin y haya justicia; en definitiva,

    que cese la muerte y haya vida... Lo que ocurre es que desaparecen las

    esperanzas mesinicas a las que deba dar cumplimiento el mesas.

    c) Ms en concreto, va perdiendo importancia en la comprensin del

    mesas lo que en el profetismo del AT es el correlato directo de las

    esperanzas mesinicas: los pobres dentro del pueblo. Estos son los que

    esperan al "rey justo" del Isaas, al mesas que har justicia a hurfanos

    y viudas y que ser, por ello, parcial.

    Lo dicho hay que entenderlo bien. No negamos ni minusvaloramos,

    por supuesto, lo positivo que afirma el NT: que Jess trae perdn de los

    pecados y salvacin, pero s recalcamos el cambio importante que se va

    dando en la comprensin del trmino mesas, y eso precisamente

    cuando se le aplica a Jess como nombre propio. Y una forma sencilla

    de verificar si esta desmesianizacin es verdad o no, bastara

    preguntarnos si al hablar hoy de Cristo (el mesas), se le ocurre a

    alguien relacionar a Jess resucitado con las esperanzas colectivas de

    los pobres de este mundo.

    2. La concentracin en el mediador a costa de la mediacin

    Esto nos lleva a un problema central en el NT que va ms all del

    conocido paso que se opera de Jess a Cristo, es decir, del Jess que

    predica al Cristo predicado. Se trata de un cambio en la comprensin del

    designio de Dios: el centro del kerygma no es ya en directo la venida del

  • reino de Dios anunciado por Jess, sino la aparicin del Cristo. Aunque

    mediador y mediacin sigan estando relacionados, la "buena noticia" de

    Dios se concentra ahora en Cristo y no en el reino de Dios, ms en el

    mediador (el enviado de Dios) que en la mediacin (la realidad de un

    mundo segn la voluntad de Dios). De esta forma realidades que fueron

    importantes para Jess de Nazaret se van formulando de modo que, por

    una parte, sigue existiend