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  • MONTONEROS 17 de Oc1Ubre

    A nuestros compaeros del Pueblo Argentino:

    Nosotros, militantes populares, unidos por la comn preocupacirl de enfrentar con eficacia

    a la dictadura militar que hoy usurpa el poder en la Argentina, y sin otro propsito que el de

    contribufr con nuestro esfuerzo para que el proceso de lucha de la clase obrera y el Pueblo

    argentino alcance metas revolucionarias, hacemos pblica nuestra paracin de las estructu-

    ras en que hasta el presente inscribimos nuestra militancia: el Mcwimiento Peronista Monto-

    nero y el Partido Montonero.

    Los ex Conjeros de Movimiento Peronista Montonero (M.P.M.) que hoy integran MONTONE-

    ROS 17 Octubrt trataron de explicitar en la ltima reunin del Consejo Superior del M.P.M.

    fas pOiiciones aqu descriptas. Su propsito no fue otro que intentar promover transformacio-

    nes suata1ciales que permitieran salvar a esas estructuras de su desintegracin a travs de un

    franco y profundo debate interno que result infructuoso. la ruptura que no buscamos, se

    produjo inevitablemente.

    Este ncleo de ex- consejeros del M.P.M., a su vez, vena desarrollando coincidencias poli tic~

    ideolgica con un grupo de integrantes del Partido Montonero que tambin entablaron una

    lucha in11ma por principios limilares que deban r debatidos en un Con~eso que fue negado

    por la Conduccibn Montonera. La profundizacibn de los acuerdos entre ambos sectores y la

    comn delicin de continuar la lucha emprendida, concret el nacimiento de MONTONEROS

    17de Oabft.

    Ante nuestros compafleros y frente a la clase trabajadora, querem01 precisar con toda claridad,

    por que nos tuvimos que ir de esas estructuras y cual es la poi tica superadora que proponemos.

    Nos convocamos bajo las banderas de la gran movilizacin de masas de la Argentina, inspirados

    en la histrica jornada que protagonizaron 101 trabajadores el 17 de octubre de 1945 y que dib

    origen al Movimiento Peronista, al que asumimos plenamente, con todos sus errores y todos sus

    aciertos.

    Nos convocamos como MONTONEROS. No abjuramos de nuestro pasado. Somos montone-

    ros como somos peronistas y queremos rescatar de nuestra historia los fundamentos revolucio-

    narios que demostraron nueatra concecuencia con los intereses de la clase trabajadora y el Pue-

    blo argentino.

  • 2

    No dudamos en abrirnos a la critica histrica de las masas, las mismas que en su mo-

    mento alentaron grandes esperanzas ante las propuestas de Montoneros y que hoy no se sienten

    convocad alrededor de una poltica que pennita unificar el descontento y la rebelda popular

    creciente. Descartando toda soberbia sometemos tambin nuestra prctica a la critica del con-

    junto de la militancia.

    Los cuestionamientos a la conduccin del Partido Montonero que hoy hacemos pblicos, for-

    man parte de nuestra propia autocrtica. Sin embargo, haber sido partcipes de una poltica,

    no debe impedirnos sef\atar la contumacia de la Conduccin Nacional de Montoneros que ha

    ... obstaculizado y finalmente impedido tocfe, intento democrtico de revisar

    seriamente su tc-

    tica y estrategia.

    Sepan nuestros compafteros, que quienes hoy nos identificamos como MONTONEROS 17 de

    Octubre, ejerceremos la ms profunda autocrtica para superar nuestros errores, en el libre ejer-

    cicio de la democracia interna que es fundamental para el crecimiento de toda fuerza revolu-

    cionaria.

    Esta es nuestra conviccin y nuestro compromiso. Y sblo el comienzo de un camino en el que

    todos aprenderemos, con modestia, a reinscribir nuestra prctica en la realidad de nuestro Pue-

    blo que, para nosotros, es la nica verdad.

    CRITICA Y AUTOCRITICA.

    lCules han sido las razones del creciente aislamiento de Montoneros, ha pesar de su anterior

    insercin y ctpacidad de convocatoria? lC6mo se explca la actual crisis del peronismo monto-

    nero?.

    En el peronismo montonero han coexistido permanentemente dos tendencias: una que hizo

    hincapi en el desarrollo de la poi tica de masas y otra que sobrevalor la importancia de la

    lucha armada en la acumulacin de poder popular.

    La coexistencia entre ambas tendencias no tennin6 nunca de sintetizarse y fue aquella ltima, la

    militarista, la que mantuvo su preminencia en el manejo del aparato y en la conduccin de la

    poi tica, con graves consecuencias para nuestro desarrollo.

    La total ausencia de instancias democrticas para la elaboracin y sr,tesis en comn de nuestra

    prctica revolucionaria, impidi su superacin a travs de la crtica y autocrtica realizada por

    el conjunto de los militantes, cuyos cuestionamientos individuales fueron silenciados por el a-

    parato.

  • 3

    A nuestro juicio, los dos errores b'sicos cometidos a lo largo de nuestra historia provienen de

    haber subestimado el trabajo de masas en el seno del peronismo, sobreestimando a su vez el

    papel de la lucha armada como generadora de conciencia, organizacin y accin revoluciona-

    ria.

    Al perder el Movimiento Peronista a su 1 der, el General Pern, cuya conduccin integraba a la

    lucha de masas nuestro accionar armado, intentamos constituirnos en la vanguardia del movi-

    miento pero aplicando sin variantes la misma estrategia de lucha, la de guerra popular y prolon-

    gada. Pretendimos vanamente la masificacin de la lucha armada a partir de presupuestos mi-

    litaristas y vanguardistas, que nos fueron aislando de las masas y sectarizandonos frente a ellas.

    No incorporamos la concepcin dialctica de la vanguardia. En vez de concebirla como fer -

    mento que se eleva con las masas, la entendimos erroneamente como un ncleo cerrado de

    avanzada que deba arrastrarlas.

    En la elaboracin de la tctica omitimos toda caracterizacin poi tica de la etapa de la lucha;

    antes bien, la hicimos en funcin de la correlacin de fuerzas (ofensiva, defensiva, o equili-

    brio estratgico) y no de las tareas poi ticas a desarrollar en cada fase, confundiendo en conse-

    cuencia, aliados con enemigos, luchando contra todos simultaneamente y hasta empleando

    nuestl'll propias milicias de autodefensa en acciones ofensivas de hostigamiento militar.

    El creciente aislamiento a que nos condujo aquella poi tica, la falta de rigor cientfico con que

    encarnos el ~lisis de la formacin social argentina, as como nuestra propia autcx:rtica, nos

    llev a una visibn simplista y superficial del Movimiento Peronista, que consideramos prematu-

    ramen11 agotado en la realidad poltica argentina. Sin mayores reflexiones ni anlisis, sin coo-

    sultar a las bases partidarias, optamos por gestar otro ms acorde con nuestros deseos y que, a

    diferencia del peronismo tradicional, incorporaba el Partido Armado a su conduccin. Si nues

    tras coocepciones chocaban con la realidad, debamos adaptar esa realidad a nuestras concep-

    clones.

    En la propuesta de coostrucci6n del Partido Revolucionario y fundamentalmente en la prctica

    de su construccin, subyacieron las mismas limitaciones y errores ideolgicos. En la seleccibn

    de los cuadros de conduccin se priorizb la experiencia foqu ista de su origen, aislando al Parti-

    do de la lucha de las masas, de cuyo seno deba rescatar su conciencia, experiencia y organiza-

    cin .

    El golpe militar del 24 de marzo de 1976 sorprendi a MontonerQS por su profundidad y con-

    tundencia. 1

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    Convocamos correctamente a la resistencia activa, pero la seguimos encarando con un concep-

    cin militarista y en vez de replegamos a nuestro espacio natural, el peronismo, que dimos por

    agotado, optamos por convocarla desde la identidad poltica ms expuesta, y no suficientemen-

    te masificada, el montonerismo.

    La heroicidad y consecuencia de nuestros militantes nos permiti mantener durante 1976 y

    1977 e incluso en algunos meses de 1978, una tenaz aunque declina1te resistencia a la junta

    militar. La naturaleza feroz de la ofensiva reaccionaria puso en evidencia nuestras propias limi-

    taciones y errores, y nuestro virtual autoaislamiento de las masas y si bien no logr el aniqui-

    lamiento total de Montoneros -en razn del repliegue de la mayor (a de sus cuadros sobrevivien-

    tes al exterior .. no es menos cierto que Montoneros perdi considerablemente su ya menguada

    1 igazn concreta con las masas.

    Con el lanzamiento del M.P.M. en abril de 1977, y p01teriormente con el documento de Reuni-

    ficacin, Transformacibn y Trascendencia del peronismo, a mediados de 1978, intentamos cor-

    regir aquella poi tica militarista y vanguardista. Pero una vez ms las correctas propuestas de

    masas quedaron supeditadas al inmediatismo de aquella concepcibn militar errnea que con-

    funde la lucha de clases, en la compleja formacin social argentina, con una guerra convencio-

    nal entre dos ejrcitos.

    Con un enfoque triunfalista de la Resistencia, se decidi en 1979 el lanzamiento de la campa-

    ria de contraofensiva popular; con definiciones ms claras sobre la necesidad de nuestra inser-

    cin y de impulsar movimientos ofensivos de masas; pero una vez ms y en esta oportunidad

    bajo la absoluta responsabilidad de la Condua:in Nac onal de Montoneros, aquellas propues-

    tas fueron desvirtuadas en la prctica: no se prioriz la insercin poi tica de los cuadros en el

    seno de las masas, se recayb en prcticas organizativistas y aparatistas y todo nuestro accionar

    estuvo dirigido a montamos desde afuera en el creciente proceso de presin popular que la cla-

    se obrera peronista, principalmente, h