MoNTONEROS LA BUENA HISTORIA

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Jose Amorin, ex dirigente montonero. Ex miembro de uno de los grupos fundadores de Montoneros, el que dirigía el mítico Sabino Navarro, el médico sanitarista y escritor José Amorín decidió recordar, ordenar y relatar la historia de su militancia en un libro. "La buena historia", según su propia definición

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  • Montoneros: La buena historia

    Plan de la obra Primera Parte: Acerca de nosotros Nosotros... Los compaeros del "Grupo Sabino"... Cosas increbles que pasan en Montreal... La artera senda de la angustia... Lecciones acerca de Pern sobre una cama de hospital... Porqu sos montonero? Muri por Pern... Mu-Mu, Meinvielle y la manzana del mal... Nosotros?: nosotros peronistas... La Tendencia Revolucionaria del Peronismo... Porque la suerte tambin existe... La noche del alunizaje... Segunda Parte: El Aramburazo y despus El Aramburazo... Aramburu y despus: qu despus!... Montoneros y Fuerzas Armadas Peronistas: diferencias y solidaridad... Las teoras conspirativas... Gillespie: errores varios e importantes en un ensayo honesto... El Flaco que obedeci al General... Tercera Parte: La iglesia montonera La Iglesia Montonera... La hereja del Negro Sabino Navarro: por el amor de una mujer... Sabino: cmo despojar a los valientes de su condicin humana... La carcel de Olmos y los guerrilleros peronistas... Inexperiencia, autoritarismo y despecho... La ideologa de las Fuerzas Armadas Revolucionarias... La Nueva Izquierda y los antecedentes polticos de FAR... FAR y Montoneros: dos modelos diferentes de construccin poltica... La vocacin de unidad: entre el deseo y las diferencias ... Cuarta Parte: La transmutacin de la Fe La transmutacin de la Fe... Entre la realidad y la omnipotencia: de la poltica a lo militar...

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  • Y todo lo que vino fue peor... El asesinato de Rucci : causas y circunstancias... El asesinato de Rucci: otras voces... Menos pero mejores: cuadros "polticos" y cuadros militares"?... De los pibes alucinados a los errores de Pern... Si Firmenich se hubiera dedicado a tocar la flauta... Atentados y auto-atentados. la dialctica imprevisible... Diez das de gloria... Quinta parte: Hroes o muertos, pero...vencedores? Menos que muchos pero, mejores que quines?... Ezeiza: desgracias inevitables y tragedias inexorables... Las necesidades disciplinarias de una guerra en ciernes... Para decir adis... Nuestros hijos... Adonde vos vayas... Los que fuimos montoneros... Los indiferentes... La perversidad del Poder y los jvenes pervertidos... Porque son tambin las palabras de los que ya no pueden hablar... Anexos Una breve historia del Peronismo Combativo y los antecedentes polticos de Montoneros... Descripcin de las Organizaciones Armadas Peronistas (1969 - 1970)...

    Lo que muchos mintieron. Lo que varios callaron. Lo que pocos saben. La historia de la Lucha Armada, y la de Montoneros en particular, est plagada de contradicciones e incgnitas: Cules fueron los motivos ntimos que llevaron a muchos jvenes a enfrentar al Poder y jugarse la vida?Cules eran sus trayectorias? Fueron peronistas? Murieron y mataron. Cmo lo sintieron en su momento? Cmo lo viven hoy los sobrevivientes? Qu pensaban de Firmenich sus primeros compaeros? Cmo lleg a ser el jefe? Ms importante: fue el "jefe real" de Montoneros? Dos muertes -Sabino Navarro y Hobert-marcaron el destino montonero. Habra cambiado la historia si no hubieran muerto? O si a Firmenich, del '76 en adelante, no lo hubiera ganado la vocacin de ser flautista? Cul fue la causa de la ejecucin de Aramburu? Hubo un pacto con Ongana? Fue un arrebato adolescente? La consecuencia de un anlisis poltico para cambiar la Argentina? Porqu asesinaron a Rucci? Quines lo hicieron? Qu diferencias existan en la conduccin de Montoneros y cmo se saldaron? Cules fueron los "pactos secretos" entre Pern y Montoneros? Quin rompi los pactos? Pern mand a los montoneros al muere? O los protegi hasta el ltimo da de su vida?

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  • Jos Amorn fue uno de los fundadores de Montoneros. "La buena historia", memoria y sentida autocrtica, sin vueltas se hace cargo de las anteriores preguntas. Ofrece una visin descarnada e impactante, despojada de sensiblera. A la manera de Rodolfo Walsh y Truman Capote, el libro se enriquece con relatos que hacen sentir al lector las vivencias de los protagonistas. Puede un ensayo poltico vestirse con el rigor de la historia y ser narrado con el dinamismo de una novela policial? Noticias del autor (pepeamorin@yahoo.com.ar -4588-2956) Es mdico sanitarista y docente universitario. Public "Testimonios y parodias" (cuentos -INBA, Mex.), "Qu fue de aqullos hroes que escaparon para no morir?" (novela -El CID), "La ventana sin tiempo" (novela -Catlogos), "Sueo de invierno" (teatro -dos temporadas). Obtuvo cinco premios literarios y escribi para "El Porteo". Convivi y trabaj con comunidades indgenas del sur de Mxico, del Impenetrable Chaqueo y de Misiones as como en barrios marginales. Escribir este libro le llev dos meses de correcciones, dos aos de escritura y dos siglos de vida.

    Captulo 1 - Nosotros Jos Amorn nos introduce en la historia de Montoneros a partir de su propia historia, la del grupo de Jos Sabino Navarro Nosotros...

    De nosotros siete, el primero en morir fue el Negro Sabino Navarro: durante una semana se bati con la polica a lo largo de doscientos kilmetros, entre Ro IV y Calamuchita; muri desangrado en Aguas Negras, pero pas casi un mes antes de que encontraran su cuerpo, en agosto del '71. Treinta y tres aos despus de su muerte, de nosotros siete, solamente sobrevivo yo. Tal vez tambin Julia. Pocos meses despus de la noche del alunizaje, fines del '69?, principios del '70?, sobre una mesa escondida en la vieja Perla del Once, los ojos negros de Julia se sucedieron sobre los ojos del Negro, de Leandro, de Tato y, por ltimo, se clavaron en los mos: reflejaban desesperacin, locura, nuestra desesperacin y nuestra locura. Dijo: "siento que ustedes estn locos, que yo estoy loca, para m no va ms", dijo, se levant y se fue. Me qued la imagen de sus piernas, maravillosas, al alejarse de nosotros. Perd su rastro, nunca ms la vi. Cuando volv del exilio, mayo del '83, alguien asimil su descripcin a una compaera que lideraba la comisin interna de una fbrica textil en Avellaneda. Desaparecida en el '76. Como Tato e Ilana. Ilana, me contaron, puso un kiosco en un barrio de Merlo e intent pasar desapercibida. No lo logr, la marcaron por casualidad. A Tato lo venci la nostalgia por sus hijos: se lo llevaron de la casa una noche que fue a visitarlos. Leandro y la Renga (1) tambin murieron en el '76: Pepe

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  • Ledesma y Ernesto Jauretche, en este orden, me describieron su muerte en algn momento de nuestro exilio en Mxico Distrito Federal. El ejrcito los embosc en una casita de Paso del Rey y ellos, a los balazos, cara le hicieron pagar su muerte. El Negro, Julia, Ilana, Tato, Leandro, la Renga1. Y yo, el Petiso, Jos Amorn: me torturaron, estuve preso, tengo la piel marcada por las cicatrices de cuatro balazos y al alma la tengo signada por la muerte de mis compaeros. No los recuerdo con tanta intensidad como los sueo. Y a veces los sueos se me confunden con los recuerdos. Recuerdo a Ilana y su atelier de pintora vocacional en cuyo caos la nochevieja del '68 tom el toro por las astas y me ense a hacer el amor. Sueo que Leandro arruga la cara en una sonrisa sin dientes, me guia un ojo y, ante una de mis tantas cagadas que yo presumo sin retorno dice "no te calientes Petiso, de ahora en ms control un poquito las liberaladas". Recuerdo el llanto de la Renga, medioda, diciembre del '75, una pizzera de Liniers, encuentro casual, cuando dije "ya no estoy en la orga": sin darse cuenta volc la botella de coca cola, se levant, tropez con la silla y se fue pero, al llegar a la puerta, volte: lnguida la mano, dolor en la mirada, me dijo adis. A Tato lo sueo en un abrazo, una especie de reencuentro entre dos amigos que no se ven desde hace aos, y l me lleva a su casa, un saln ubicado abajo de un edificio antiguo una de cuyas paredes es un ventanal que da a un lago gris: "aqu vivimos los muertos", dice Tato y, mientras limpia sus anteojos culo de botella, sonre la sonrisa bonachona de toda su vida y yo lo abrazo para decirle "no, no ves que ests vivo" pero, de repente, entre mis brazos se transforma en Amlcar Fidanza (2), mi entraable compaero de aventuras durante el exilio, tan maltratado por la vida, muerto en mala muerte hace un par de aos. Y me despierto, y la duermevela me deriva la memoria hacia Julia: no puedo recordar sus rasgos pero s que era bella, una belleza slida, felina, animal. Recuerdo sobre todo su olor, almizcleo, y mi deseo. Incontenible la tarde del dos de mayo del '69 cuando fuimos a verificar el frustrado estallido de una bomba voladora sobre la Regional San Justo de la Bonaerense y nos vimos obligados a actuar una pasin -existi en m, y an existe en mi memoria-para zafar de los policas que vigilaban el lugar donde habamos puesto la bomba: su olor me qued en la piel. Pero la vehemencia de mi actuacin deton una crtica feroz por parte del Negro. A quien a veces sueo, y siempre pienso. Entre el Negro y yo haba una intimidad contradictoria de la cual no participaba el resto del grupo. La sublime inteligencia del Negro -que posibilit la resurreccin de Montoneros cuando todo estaba perdido, cuando no quedbamos ms de diez o doce combatientes arrinconados por la represin-contrastaba con sus carencias tericas. De las cuales l, inteligencia mediante, era consciente. Pero jams confesaba. Excepto con Leandro o conmigo. En alguna reunin se mencionaba la revolucin francesa o la toma del Palacio de Invierno. El Negro imperturbable. Pero despus de la reunin me invitaba a un caf -l caf, yo ginebra-: "Petiso, contame de la revolucin francesa, del Palacio de Invierno". Ternura. Ternura y admiracin. Hoy, a mis cincuenta y ocho aos, aquel muchacho treinta aos menor, hace

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  • estallar mi ternura y confirma mi admiracin. El Negro confiaba en mi discrecin, y en mi valenta, pero desconfiaba de mi compromiso. De nuestro grupo original, para 1969 yo era el nico que no haba abandonado la carrera universitaria. A trompicones, pero segua. E insista en segu