Montoneros, los grupos originarios - .montoneros tomaron militarmente la localidad de La Calera,

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  • Montoneros, los grupos originarios

    Por Ignacio Vlez Carreras

    Debemos una explicacin ms seria que la apologti-

    ca, dice el autor en estos retazos de historia militan-

    te. Protagonista del perodo inicial de Montoneros,

    reflexiona con mirada crtica sobre aquellos aos.

    Introduccin

    Pertenezco a un grupo de compaeros en el que es-

    tamos algunos de los fundadores de Montoneros

    que, a partir de nuestra detencin en julio de 1970, comenz a plantear posiciones crticas en

    relacin al accionar de la organizacin lo que provoc nuestra separacin en 1973.

    Este proceso de discusin crtica se produjo en la crcel, mientras en el exterior se profundi-

    zaba en un accionar de la organizacin que considerbamos desviaciones, producto de con-

    cepciones errneas. Con paciencia de presos, elaboramos un documento importante, muy

    crtico, que no fue respondido por la organizacin pese a nuestros intentos de generar un de-

    bate interno. Nos separamos de Montoneros el 25 de mayo de 1973 cuando salimos amnistia-

    dos .

    Nos sumamos entonces a la Columna Sabino Navarro de Crdoba que haba asumido nuestro

    documento como propio. Los Sabinos tenamos una posicin duramente crtica al accionar

    de Montoneros, a su relacin con Pern y el movimiento popular, a su prctica militar (que

    caracterizamos como foquista y militarista). Esta crtica alcanzaba tambin a las organizaciones

    armadas en general.

    Voy a referirme a los orgenes de este grupo, a los principales compaeros, cmo nos conoci-

    mos, cmo actuamos y en qu circunstancias. A partir de all tratar de describir a los persona-

    jes, la ideologa y consecuentemente las decisiones tomadas.

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  • Un nuevo actor irrumpe en la poltica nacional

    El 29 de mayo de 1970 un Peugeot 504 blanco se introdujo en un estacionamiento de la calle

    Montevideo, en el centro de la ciudad de Buenos Aires. Sus ocupantes, dos civiles en los asien-

    tos delanteros y dos oficiales del ejrcito argentino en los traseros, informaron al cuidador que

    se retiraran en pocos minutos. El civil acompaante y los dos oficiales entraron en uno de los

    edificios de esa cuadra, y salieron poco despus acompaados por Pedro Eugenio Aramburu.

    A partir de ese hecho, el secuestro de Aramburu, se inici un proceso que desestabiliz a la

    dictadura del general Ongana, colocando al pas entero en un nuevo escenario en el que

    irrumpa un nuevo actor que transformaba, en forma imprevista y descontrolada, las reglas del

    juego de la poltica tradicional y golpeaba duramente sobre el sistema poltico de pactos y

    negociaciones. Este episodio oblig a realineamientos y alianzas que marcaron a fuego la pol-

    tica nacional por una larga dcada.

    Las especulaciones duraron un mes, hasta el 1 de julio de 1970, da en que cuatro comandos

    montoneros tomaron militarmente la localidad de La Calera, en Crdoba, a escasos kilmetros

    de las principales unidades militares del Tercer Cuerpo de Ejrcito y ocuparon la comisara, el

    correo, la oficina de telfonos, el banco y el municipio.

    En la retirada, algunos de los combatientes fueron detenidos y comenz a develarse la incgni-

    ta acerca de quines eran estos montoneros, de dnde provenan, cul era su origen de clase,

    dnde se haban formado, antecedentes ideolgicos y posiciones polticas y objetivos que se

    proponan.

    Ms adelante tratar de dar respuestas a algunos de estos interrogantes tomando como refe-

    rencia central al pequeo grupo originario de Crdoba que conforma Montoneros.

    Contino entonces con la toma de La Calera. La retirada fue compleja. Se qued un auto y

    varios compaeros debieron subir a otro vehculo. Se sembr la retirada de clavos miguelito

    para evitar la persecucin, pero como uno de los autos estaba sobrecargado, se deja a dos

    compaeros que fueron caminando hacia una casa de seguridad ubicada en Villa Rivera Indar-

    te, pegada a Villa Allende. Como iban cargados con bolsos, una camioneta de la polica los en-

    cuentra casualmente y los detiene. A partir de all, los compaeros hablan de ms y por un

    error de seguridad propio de la organizacin se destapa una casa que suponamos estaba

    absolutamente tabicada. All estbamos Emilio Maza, Cristina mi mujer- y yo. Cuando fue-

    ron a detenernos se produjo un enfrentamiento y Maza y yo fuimos gravemente heridos y

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  • Cristina detenida. A mi me internaron primero porque era el que ms grave estaba. Finalmen-

    te, por esas cosas de la vida, yo me salv y Emilio muri a mi lado.

    En la casa encontraron un permiso de manejo de un auto que haba sido emitido por Norma

    Arrostito a nombre de Maza. A partir de all salta la investigacin a Buenos Aires y comienza la

    persecucin sobre el grupo de esta ciudad, fundamentalmente sobre Fernando Abal Medina,

    Norma Arrostito, Mario Firmenich y Gustavo Ramus, con arrastre sobre Carlitos Maggid y Nelly

    Arrostito.

    Das despus la esposa de Aramburu reconoci a Maza como uno de los oficiales y, poste-

    riormente, uno de los compaeros detenidos seal una foto ma reconociendo que yo haba

    sido el civil que acompaaba al chofer: este es Mateo/Marcos el que entr al departamento.

    Los primeros pasos

    Propongo un recorrido casi historiogrfico en el que veamos a los actores de este proceso.

    Como se conocieron, cmo se encontraron y cules fueron sus sueos que los llevaron a en-

    tregar muchas veces, sacrificadamente, la vida cotidiana y el riesgo de perderla, por una causa

    redentora. Luego tratar de descubrir cules eran las convicciones ideolgicas profundas que

    sustentaban esa prctica.

    Inicialmente, Montoneros tiene dos grupos madre: Buenos Aires y Crdoba. El grupo Buenos

    Aires estaba conformado por Fernando Abal Medina, Gustavo Ramus, Norma Arrostito, Anto-

    nia Canizo, Mario Firmenich y otros compaeros colaboradores. En el grupo Crdoba partici-

    pamos al comienzo Emilio Maza, el cura Alberto Fulgencio Rojas, Hctor Araujo y yo. Luego se

    sumaron Carlos Capuano, Luis Losada, Mirtha Cucco, Pepe Fierro, Susana Lesgard y otros. Me

    voy a referir fundamentalmente al grupo Crdoba.

    Maza, Araujo y yo, nos conocimos cursando los ltimos aos del Liceo Militar, donde nos en-

    contramos compartiendo la crtica a los cursos extracurriculares de guerra contrarrevoluciona-

    ria que nos daban los milicos. Nos uni una actitud muy crtica que exiga o preanunciaba la

    necesidad del debate social y poltico. All nos reunimos en primera instancia, alrededor del

    Rdo. Padre Carlos Fugante, capelln del Liceo y, posteriormente, con su reemplazante el padre

    Rojas. Los dos curas fueron compaeros inolvidables que nos acompaaron en aquellos prime-

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  • ros pasos sin que existiera por parte de los ellos ninguna intencionalidad de adoctrinamiento y

    menos de impulsar la generacin de instancias organizativas. ramos un grupo reducido de

    amigos, muy horizontal, que comparta las inquietudes del compromiso cristiano y avanzaba

    con lentitud hacia mayores definiciones polticas que hoy podramos llamar de nacionalismo

    popular antiimperialista.

    En 1964, luego de mi egreso, mantuvimos una fuerte relacin de amistad y poltica con el cura

    Beto Rojas, el Gordo Maza, el Petiso Araujo y otros. Rojas viva en el Hogar Sacerdotal

    (Rioja y La Caada, en Crdoba) a dos cuadras de la casa donde yo viva con mis padres. El

    Hogar se transform en un lugar permanente de reuniones y discusiones polticas. All pasa-

    mos varias etapas y se nos abrieron caminos al compartir bsquedas con Monseor Angelelli,

    el cura Pepe Echeverra, el cura Miln Viscovich, sacerdote decano de Ciencias Econmicas

    de la UCC, el Flaco Gabutti y otros sacerdotes y laicos, algunos de los cuales luego confor-

    maran el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo.

    Fue en esa poca cuando participamos de manera activa del dilogo catlico-marxista, (deto-

    nado por la presencia en Crdoba de Conrado Eggers Land), y superando lecturas del cristia-

    nismo ms reformista, mantenamos fuertes discusiones alrededor de las resoluciones del

    Concilio Ecumnico, de la iglesia progresista y las lecturas de Theillard de Charden, cuya filosof-

    a cristiana planteaba la marcha del universo y el hombre hacia la hominizacin. En nuestra

    interpretacin, sta se asemejaba al hombre nuevo, guevarista, y nos acercaba al testimonio

    de lucha y entrega ms cercano a nuestra formacin ideolgica cuyo ejemplo era el sacerdote

    revolucionario colombiano Camilo Torres, muerto en combate.

    Fueron aos apasionantes en donde la debilidad estructural del gobierno de Illia era jaqueada

    cotidianamente por un vigoroso peronismo que golpeaba sin piedad, exigiendo su derecho a la

    participacin poltica y al retorno de su lder.

    En 1964 sufro mi primera detencin por participar en una protesta por la visita del Gral. De

    Gaulle a Crdoba en octubre de 1964.

    Eran tiempos de bsquedas y aperturas. En esa poca estudiaba abogaca y en la ctedra del

    demcrata Enrique Martnez Paz , le a Jean Jacques Chevallier -politlogo de derecha- que

    en su libro Historia de las Ideas Polticas tiene un largo captulo sobre el marxismo en donde,

    para criticarlo, reproduce citas textuales de Marx. Para mi fue asombroso. Recuerdo que llegu

    al Hogar Sacerdotal y fascinado les coment a Maza y a Rojas que estaba impresionado porque

    senta que el anlisis marxista haca una lectura correcta de la realidad, que lo senta casi como