Muerte Ivan Ilich

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    La muerte

    de

    Ivn Ilich

    Len Tolstoi

    (1828-1910)

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    LA MUERTE DE IVN ILICH

    Len Tolstoi (1828- 1910)

    I

    Durante la suspensin de las audiencias del asunto de los

    Melvinsky, en el gran edificio del Palacio de Justicia, los jueces

    y el procurador se reunieron en el gabinete de Ivn Yegrovich

    Shebek, y la conversacin recay sobre el clebre asunto

    Krasovsky. Fedor Vasilievich, se acaloraba demostrando la

    incompetencia de un tribunal, que Ivn Yegrovich negaba;

    Piotr Ivnovich, sin haber tomado parte en la discusin,

    repasaba los peridicos que acababan de llevar.

    Seores dijo sbitamente. Ha muerto Ivn Ilich.

    Es posible?

    Lea usted la noticia agreg, tendiendo a Fedor Vasilievich

    el nmero recin impreso, que ola a tinta fresca.

    Se lea, rodeado de una orla negra, lo siguiente:

    Prascovia Feodorovna Golovin tiene el sentimiento de

    participar a sus parientes y amigos el fallecimiento de su muy

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    querido esposo Ivn Ilich Golovin, procurador del Palacio de

    Justicia, ocurrido el 4 de febrero de 1882.

    La conduccin del cadver tendr lugar el viernes, a la una de

    la tarde.

    Ivn Ilich era el colega de aquellos seores, y todos le

    apreciaban mucho. Llevaba enfermo algunas semanas; se deca

    que su enfermedad era incurable.

    La muerte de aquel hombre dejaba una plaza vacante, y esto

    hizo que todos pensaran en posibles combinaciones: Alexiev

    poda ser nombrado en su remplazo; el puesto de Alexiev sera

    ocupado entonces por Vinikov o por Shtabel.

    Por consiguiente, el pensamiento de todos, al recibir la noticia

    de la muerte de Ivn Ilich, se fijaba especialmente en la

    importancia que podra tener aquella muerte para el ascenso de

    los interlocutores o de sus conocidos.

    "Con seguridad que ahora ocupar el puesto de Shtabel o el de

    Vinikov pensaba Fedor Vasilievich. Se me haba prometido

    hace mucho tiempo; y tal ascenso representa para m 800 rublos

    ms, sin contar la cancillera."

    "Menester ser solicitar el traslado de mi cuado de Kaluga

    djose Piotr Ivnovich, y mi mujer quedar satisfecha. No

    podr decir que no hago nada por sus parientes."

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    Con razn pensaba yo que no se levantara dijo en voz alta

    Piotr Ivnovich. Es una lstima.

    Qu ha tenido, en suma?

    Los mdicos no podan precisar nada; es decir, s,

    diagnosticaban, pero no estaban de acuerdo. Cuando lo vi por

    ltima vez me pareci que saldra bien.

    Y yo que desde las fiestas no he ido por all! Pensaba pasar

    un da u otro.

    Acaso tena fortuna?

    Parece que la mujer posee algo. Ms... cosa insignificante.

    Ser preciso ir. Viven tan lejos!

    Es decir, lejos de vuestra casa. Y de vuestra casa todo est

    lejos.

    Vaya...! No puede perdonarme que habite al otro lado del ro

    dijo Piotr Ivnovich, sonriendo, a Shebek.

    Hablaron de las grandes distancias entre las ciudades; luego

    volvieron a la audiencia.

    Sin contar las reflexiones sobre nombramientos y cambios en el

    servicio que deba causar el fallecimiento de aquel hombre, el

    fenmeno de la muerte de un ser conocido provoc, segn

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    ocurre siempre, en cuantos recibieron la noticia en el Palacio, un

    sentimiento de alegra, la alegra que causa saber que "el

    muerto era l", no ellos.

    "Bueno, hele muerto, mientras que yo vivo an" pnsabase o

    se senta.

    Los ntimos, los titulados amigos de Ivn Ilich pensaban,

    adems, que se veran obligados a cumplir fastidiossimos

    deberes de conveniencia: asistir a la misa de rquiem, hacer una

    visita de psame a la viuda, etctera, etctera.

    Entre los ms ntimos figuraban Fedor Vasilievich y Piotr

    Ivnovich. ste fue su compaero en la Escuela de

    Jurisprudencia y crease ms obligado. En consecuencia,

    despus de comunicar a su mujer la noticia de la muerte de

    Ivn Ilich, con la de las probabilidades de nombramiento del

    hermano para su distrito, sin descansar vistise de modo

    apropiado y se encamin hacia casa de los Golovin.

    Frente a la puerta principal de la casa de Ivn Ilich haba un

    carruaje particular y dos coches de alquiler. Abajo, en la

    antesala, cerca de la percha, recostada en la pared estaba la tapa

    del fretro, cubierta de lustrosa tela de seda y guarnecida con

    lujosos flecos.

    Dos damas enlutadas quitbanse sus abrigos de pieles. Una de

    ellas era la hermana del difunto; Piotr Ivnovich no conoca a la

    otra. Schwarz, el amigo de Ivn Ilich, bajaba la escalera.

    Reparando, al descender del primer peldao, en el siguiente, se

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    detuvo, y le hizo un guio de ojos, como si hubiera querido

    decirle: "Neciamente obr Ivn Ilich. No as nosotros!"

    El rostro de Schwarz, con sus patillas inglesas y toda su flaca

    persona vestida de levita, expresaba, como siempre, graciosa

    solemnidad, y aquella solemnidad, en eterna contradiccin con

    el carcter jovial de su poseedor, que entonces tena un

    particular significado, para Piotr Ivnovich no era

    incomprensible.

    Dej paso a las seoras y subi lentamente tras ellas. Schwarz

    no bajaba; habase detenido. Piotr Ivnovich saba por qu: sin

    duda quera hablarle para preparar una partida de whist.

    Las seoras haban tomado la escalera que conduca a las

    habitaciones de la viuda; Schwarz, con sus gruesos labios

    seriamente contrados y una mirada jovial, moviendo las cejas

    indic a Piotr Ivnovich la habitacin mortuoria, situada a la

    derecha.

    Piotr Ivnovich entr, como ocurre siempre, con la

    incertidumbre de lo que se debe hacer. Slo saba una cosa: que

    persignarse no est de ms en semejantes circunstancias. Pero

    no estaba seguro de si las seales de la cruz deban o no ir

    acompaadas de saludos, y eligi el trmino medio: al entrar en

    la habitacin comenz a hacer cruces rpidas, inclinndose

    como si saludara. Al propio tiempo, en cuanto los movimientos

    de manos y de cabeza se lo permitan, examinaba el aposento.

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    Dos jvenes salan haciendo cruces: uno era colega, sobrino

    probablemente del difunto. Una seora, pequea y vieja,

    permaneca inmvil all, y otra, de cejas extraamente

    levantadas, le hablaba en voz baja. El sacristn, vivo, animado,

    en redingote, lea con mucha expresin, y tono que exclua

    contradicciones; Guerassim, el mujik, espolvore algo en el

    suelo. Al notar aquello, Piotr Ivnovich percibi al mismo

    tiempo cierto olor de cadver en descomposicin. En su ltima

    visita a Ivn Ilich haba ya visto a aquel mujik que haca de

    enfermero y era muy apreciado por el muerto.

    Piotr Ivnovich continuaba haciendo cruces y saludando

    ligeramente en la direccin intermedia ante el fretro, el

    sacristn y las imgenes depositadas en el ngulo de una mesa.

    Cuando aquellos movimientos le parecieron demasiado

    prolongados, se detuvo y se puso a examinar al difunto.

    ste se hallaba, como lo estn siempre los muertos, tendido

    pesadamente, sus miembros rgidos desaparecan en el interior

    del fretro, con la cabeza para siempre doblada sobre el cojn, a

    causa de cuya altura sobresala, como sobresale en todos los

    muertos, la frente amarilla cual la cera, cubierta de lucientes

    cabellos estirados hacia las sienes, la nariz saliente y como

    deprimiendo el labio superior.

    Estaba cambiadsimo, mucho ms flaco que cuando Piotr

    Ivnovich le hiciera la ltima visita; pero su rostro, como los de

    todos los muertos, era ms hermoso y sobre todo ms

    imponente que en vida de su dueo. Aquel rostro expresaba

    que haba sido preciso hacer una cosa, que esta cosa estaba

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    hecha, y hecha de una manera conveniente. Adems tena una

    como expresin de reproche y de amargo recuerdo de los vivos.

    Aquel recuerdo pareci fuera de lugar a Piotr Ivnovich, que

    nada tena que ventilar con l. Se sinti incmodo, hizo

    rpidamente la seal de la cruz y sali con precipitacin,

    demasiado precipitadamente quiz para las reglas de

    conveniencia.

    Con las piernas abiertas, las manos cruzadas a la espalda,

    jugando con el sombrero de copa alta, Schwarz esperaba en la

    antesala. Con slo fijar la vista en aquel ser jovial, elegante y

    alegre, Piotr Ivnovich notse como refrescado. Se vea que l,

    Schwarz, se senta muy por encima de todo aquello, que no se

    dejaba dominar por desagradables impresiones. Su solo aspecto

    deca:

    "El incidente de la misa de rquiem por Ivn Ilich no puede ser,

    de modo ninguno, suficiente razn para interrumpir el orden

    de la sesin, es decir, que nada nos impedir hacer crujir la

    nueva baraja, desenvolvindola mientras el criado enciende las

    bujas que an no hayan servido; no hay razn, en suma, para

    suponer que este incidente sea obstculo bastante a impedirnos

    pasar esta velada de tan agradable manera como las dems."

    Y esto, en semeja