Nuestros Origenes

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NUESTROS ORGENES EN BUSCA DE LO QUE NOS HACE HUMANOS RICHARD LEAKEY Y

ROGER LEWIN2Traduccin castellana de M.a JOS AUBET CRTICA GRUPO GRIJALBO-MONDADORI BARCELONA Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorizacin escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproduccin total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografa y el tratamiento informtico, y la distribucin de ejemplares de ella medante alquiler o prstamo pblicos. Ttulo original: ORIGINS RECONSIDERED. IN SEARCH OF WHAT MAKES US HUMAN Doubleday, una divisin de Bantam Doubleday Dell Publishing Group, Inc., Nueva York Diseo de la coleccin y cubierta: Enric Satu 1992: Sherma B.V. 1994 de la traduccin castellana para Espaa y Amrica: CRTICA (Grijalbo Comercial, S.A.), Arag, 385, 08013 Barcelona ISBN: 84-7423-639-8 Depsito legal: B. 3.733-1994 Impreso en Espaa 1994.HUROPE, S.A., Recaredo, 2, 08005 Barcelona Versin Electrnica: U.L.D. 3 4 Para Meave y Gai 5 6 AGRADECIMIENTOS

AGRADECIMIENTOS Las pginas de este libro representan aos de trabajo y de continua interaccin con mis colegas. Citar slo algunos nombres sera ofensivo, e injusto. Damos, pues, las gracias a todos; ellos ya saben quines son. Pero hay dos nombres que no pueden permanecer annimos: Kamoya Kimeu y Alan Walker, viejos amigos y colegas. Merecen mencin especial el gobierno de Kenia y los directores del Museo Nacional por autorizar y alentar nuestra investigacin. Finalmente, agradecemos a nuestras respectivas esposas su slido y constante apoyo. 7 8 PRLOGO Durante ms de dos aos he vivido con la constante sensacin de peligro: soldados armados vigilaban mi casa, y unos guardaespaldas me acompaaban a todas partes en mi Land Cruiser, y otro coche detrs, siguindonos. Me sorprende cuan rpidamente me he acostumbrado a su presencia, como algo cotidiano. Pero nunca olvido que se trata de personas que antes querran verme muerto que vivo. En abril de 1989 el presidente Daniel Arap Moi, jefe de Estado de Kenia, nos sorprendi, a m y a muchos otros, al nombrarme director del Kenya Wildlife Service. Mi tarea consista en evitar la creciente caza furtiva de elefantes y rinocerontes y establecer una estructura administrativa de control de los animales salvajes, base de nuestra industria turstica. Esta industria es de vital importancia para Kenia porque atrae divisas. Pero la lucha contra la caza furtiva del marfil implica enfrentarse a gente muy poderosa que se ha enriquecido a manos llenas con la masacre de animales salvajes. De ah que quisieran librarse de m. Ahora estoy inmerso de lleno en un ambicioso programa cuyo objetivo es la coexistencia entre los animales salvajes y las poblaciones humanas. El equilibrio ser difcil, dada la presin demogrfica existente y la fragilidad de las mermadas comunidades de la fauna salvaje. En muchos aspectos representa un microcosmos de

la difcil situacin por la que atraviesa todo el planeta. Cuando el presidente Moi me pidi que aceptara el trabajo, lo consider un honor. Era conciente de dnde me meta y de lo que dejaba. Durante veinte aos haba sido director del Museo Nacional de Kenia y haba pasado la mayor parte del tiempo visitando el lago Turkana, al norte del pas, en busca de fsiles de los primeros humanos. La bsqueda de fsiles ha sido, y sigue siendo, mi primer amor. Tengo la suerte de vivir y trabajar en el continente que Charles Darwin llam la cuna de la humanidad. Y tengo la suerte, asimismo, de haberme criado en una tradicin familiar de independencia, de determinacin, y de conviccin de que ni aun el medio ms hostil tiene por qu ser necesariamente peligroso. La naturaleza salvaje me ha sido tan familiar como el parvulario y la escuela lo son para tantos adolescentes. Puedo sobrevivir all donde muchos occidentales sucumbiran a la sed, al hambre o a los depredadores. Lo aprend de nio. No hace falta ser un aventurero para buscar en zonas recnditas de la sabana restos fsiles de nuestros antepasados. Pero saber cmo encontrar alimento, dnde dar con agua, y cmo evitar el peligro en un paisaje rido y desnudo, me ha dado una sensacin de paz, de comunin. Me siento unido a nuestros antepasados, percibo intimidad con esa tierra que fue la suya. Y, evidentemente, est tambin la tradicin Leakey. Mis padres, Louis y Mary, revolucionaron la investigacin sobre los orgenes humanos con sus famosos descubrimientos. Pese a que de joven anhelaba profundamente mi independencia, y aunque luch desesperadamente por salir de la sombra de mis padres, sin saber muy bien cmo, me vi empujado a interrogarme sobre nuestros principios, sobre qu hizo que seamos como somos. An hoy me resulta difcil explicar cmo la emocin subyacente a esa bsqueda fue ms fuerte que mi decisin intelectual frecuentemente expresada de 9 desvincularme del mundo de los fsiles. Tal vez fuera la aventura, el desafo de estar ah en plena vida salvaje. Louis muri repentinamente en 1972, y me satisface poder decir que habamos conciliado nuestras diferencias. l haba aceptado finalmente mi independencia, y yo la realidad de sus grandes contribuciones cientficas, cosa que

hasta entonces no haba podido ver ni comprender. Llevaba ya algn tiempo dedicado a la bsqueda de fsiles, las relaciones entre mi padre y yo todava tirantes, cuando di con el manuscrito de una conferencia que l haba dado en California, creo. Me llam la atencin una frase: El pasado es la clave de nuestro futuro. Sent como si estuviera leyendo algo mo; expresaba enteramente mis propias convicciones. Habamos llegado a esa conclusin separadamente? O yo la haba incorporado de l de forma inconciente? No creo que fuera esto ltimo, porque de nio nunca me interes demasiado por lo que haca mi padre. l era religioso, aunque no de una forma convencional. Yo no lo soy. Pero aparentemente habamos llegado a compartir el mismo punto de vista inmaterial. Aquellas palabras escritas por mi padre, el pasado es la clave de nuestro futuro, supusieron un momento clave para m. Durante los aos que dur la bsqueda de fsiles en el lago Turkana era conciente de que haba algo ms que la experiencia del descubrimiento: descubr en m mismo la certeza de lo que todo aquello nos iba a deparar. Sent que all, en los ridos sedimentos de aquel grandioso lago, bamos a encontrar respuestas que trascenderan las preguntas convencionales de la ciencia. Si podamos entender nuestro pasado, comprender aquello que nos haba hecho como ramos, entonces tal vez pudiramos obtener una visin fugaz de nuestro futuro. Todos los humanos, en todo el mundo, pertenecen a una especie, Homo sapiens, el producto de una determinada historia evolutiva. Estoy convencido de que la comprensin de esa historia podr inspirar nuestras futuras acciones en tanto que especie. Y sobre todo nuestra relacin con el resto del mundo natural. Tras la bsqueda de los orgenes humanos hay una profunda motivacin personal. Es indudable que la paleoantropologa puede desarrollar un enfoque tcnico, igual que otras muchas disciplinas cientficas: desde el anlisis estadstico hasta los misteriosos datos de la biologa molecular, la cuestin de los orgenes humanos es exigente y rigurosa intelectualmente. Pero es ms que eso. Dado que el objetivo ltimo de la investigacin somos nosotros mismos, la tarea incorpora una dimensin que no est presente en otras ciencias; una dimensin en cierto modo extracientfica, ms filosfica

y metafsica, que aborda cuestiones que surgen de nuestra necesidad de comprender la naturaleza de la humanidad y nuestro lugar en el mundo. Cada vez que doy una conferencia, siempre hay alguien que me recuerda esta necesidad de saber sobre nosotros mismos. Muy a menudo siento que el pblico que viene a escucharme necesita sentirse seguro, reafirmado. Hablo de fsiles y de teoras antropolgicas, y la gente me pregunta qu pasar en el futuro. Una vez, hace diez aos, una seora mayor, visiblemente preocupada, me pidi que le dijera si era cierto, como le haban dicho, que los humanos son slo un accidente histrico. Yo le habl de la historia de la Tierra y del registro fsil; del azar y de la evolucin. Y le describ mundos alternativos, sin humanos, mundos perfectamente plausibles. Pero lo que ella quera or, evidentemente, era que los humanos no somos un accidente biolgico, que el Homo sapiens tena que existir. Su condicin humana, su necesidad de dar sentido a su mundo, pareca exigir que no poda ser de otra manera. La paleoantropologa es, por consiguiente, una mezcla de elementos cientficos y de 10 elementos extracientficos. Los profesionales solemos interesarnos por los huesos, evidentemente: cmo relacionar una constelacin anatmica de un crneo con otra similar en otro crneo, ambos tal vez alejados entre s por un milln de aos de historia evolutiva. Es una ocupacin absorbente, que pone a prueba nuestra capacidad para reconocer vnculos genticos en la ms exigua evidencia fsica. El elemento filosfico siempre est presente, pero por lo general en tanto que impronta no explcita en nuestro trabajo. Hace quince aos decid escribir un libro, junto con Roger Lewin, sobre el estado de la paleoantropologa, y tambin sobre algunas cuestiones filosficas que entonces me preocupaban. Hace poco, en uno de esos poqusimos momentos de tranquilidad, me sent a leer de nuevo Origins 1 Y comprob que su principal mensaje filosfico afirmaba, contrariamente al saber popular, que la especie humana no es siempre agresiva, ni tiende genticamente a la violencia. Muchas figuras prominentes, entre ellas Konrad Lorenz, afirmaban que la territorialidad y el combate ritual en los animales, extrapolados a la arena humana, explicaban la belicosidad que tanto ha

marcado nuestra historia reciente. Otros autores, entre ellos Raymond Dart, sugirieron que en el registro fsil humano haba evidencia de combates sangrientos. Estas dos lneas argumentativas fueron recibidas curiosamente con entusiasmo por parte de un pblico vido de explicar, si no justificar, la guerra. Como demostrbamos en