Oksa Pollock y El Descubrimiento de Edefia

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  • Oksa Pollock y el descubrimiento de Edefia

    Anne Plichota y Cendrine Wolf

    Traduccin de Juan Camargo

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  • No se permite la reproduccin total o parcial de este libro, ni su incorporacin a un sistema informtico, ni su transmisin en cualquier forma o por cualquier medio, sea ste electrnico, mecnico, por fotocopia, por grabacin u otros mtodos, sin el permiso previo y por escrito del editor. La infraccin de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Cdigo Penal)

    Dirjase a CEDRO (Centro Espaol de Derechos Reprogrficos) si necesita fotocopiar o escanear algn fragmento de esta obra. Puede contactar con CEDRO a travs de la web www.conlicencia.com o por telfono en el 91 702 19 70 / 93 272 04 47

    Ttulo original: Oksa Pollock. Linespre

    XO ditions, 2010 por la traduccin, Juan Camargo, 2011 Editorial Planeta, S. A., 2011

    Diagonal, 662-664, 08034 Barcelona (Espaa)

    Primera edicin: junio de 2011Depsito Legal: B. 19.692-2011ISBN 978-84-08-10209-0ISBN 978-2-84563-460-2, XO ditions, 2010Composicin: Zero preimpresin, S. L.Impresin y encuadernacin: CAYFOSA (Impresin Ibrica)

    El papel utilizado para la impresin de este libro es cien por cien libre de cloro y est calificado como papel ecolgico

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  • Oksa Pollock y el descubrimiento de Edefia 7

    1Prlogo

    Con un chico se hubiese descartado toda posibilidad.

    La menor esperanza se hubiese esfumado...

    Conmocionado, Pavel Pollock se levant con cierta brusque-dad y, para ocultar su turbacin, se inclin por encima de la cuna en la que dorma una minscula niita. Su niita. Aque-lla sobre la que iba a recaer todo el peso; lo saba y ya su-fra por ello. Una sombra exaltacin llenaba su corazn y sin embargo sus ojos brillaban por la dicha de haberse con-vertido en padre. Con la mirada repleta de lgrimas, se vol-vi hacia su mujer. Marie Pollock le sonri. Lograra algn da ser menos ansioso? Menos atormentado? Aunque en lo ms profundo, tena que reconocer que era as como ella lo amaba...

    De pronto, un grito procedente de la cuna los hizo sobre-saltarse. La niita acababa de manifestarse con una potencia sorprendente. Con los ojos abiertos de par en par, trataba de incorporarse sobre sus brazos dbiles y arrugados. Pero a pe-sar de su frrea determinacin, su cabeza cubierta de sedosos mechones castaos volva a caer sistemticamente sobre la al-

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  • 8 Anne Plichota y Cendrine Wolf

    mohada. Su padre se acerc y, con el corazn en un puo, se propuso cogerla en brazos.

    Est bien as? No soy demasiado torpe? No le hago dao? le pregunt a su mujer, con el ceo fruncido.

    No te preocupes, lo haces muy bien... le respondi con despreocupacin. Vaya, mira quin viene! Hola, Dragomira!

    Todo lo que haca la madre de Pavel se distingua por una cierta exuberancia y aquel da no era una excepcin; desapa-recida detrs del ramo de flores ms fantstico que jams se hubiese visto, Dragomira llevaba adems bolsas de todos los colores llenas de regalos, que dej en cuanto vio al beb en brazos de su hijo.

    Oksa! exclam. Por fin despierta, mi princesa! Qu feliz soy, hijos mos! les grit a Marie y a Pavel besando a ratos a una y a ratos a otro.

    Ejem, creo que hay que cambiarle el paal... hizo notar Pavel, aterrado ante la idea de que la tarea le tocase a l.

    Ya me encargo yo! se precipit Dragomira. Por supues-to, si me lo permites, Marie... aadi implorndoselo con la mirada.

    Pocos segundos despus, la pequea Oksa se agitaba sobre el cambiador mientras su abuela se peleaba con la ranita. Pa-vel, a su lado, supervisaba atentamente cada gesto. Nada se le escapaba.

    Oksa... Nuestra Inesperada... murmur Dragomira con un susurro casi inaudible.

    Pavel se estremeci. Una sombra oscureci su rostro con-trariado. Dej que su madre terminara de vestir al beb, y lue-go le pidi que lo siguiese hasta el pasillo de la maternidad.

    Mam! solt con rabia entre dientes. No has podido evitarlo, es ms fuerte que t! Si crees que no te he odo...

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    Qu has odo, mi querido Pavel? pregunt Dragomira clavando sus ojos azules en los de su hijo.

    S lo que piensas. S lo que tenis todos en mente! Pero vuestra esperanza se basa en una probabilidad que no es ms que aire!

    Un poco de aire les puede resultar muy til a los barcos para permitirles atravesar los mares... le replic Dragomira con voz queda. Nunca abandonaremos la esperanza, Pavel, nunca...

    No te llevars all a mi hija recalc Pavel apoyndose en la pared. No te dejar hacerlo, mtetelo en la cabeza! Soy su padre y quiero que mi hija crezca con normalidad. Con la mayor normalidad posible... se corrigi, con el ros-tro crispado.

    Sin ms palabras, ambos se quedaron mirndose con des-dn en el pasillo del hospital, ignorando a las enfermeras que pasaban a su lado observando a hurtadillas a esa mujer y a ese hombre que se desafiaban, con dientes apretados. Estuvieron as largos minutos, concentrados en la mirada del otro, inten-tando convencerse mutuamente. Fue Dragomira quien rom-pi el tenso silencio:

    Mi querido hijo, te quiero en lo ms profundo de mi cora-zn, pero te recuerdo que, como nosotros, ests unido a nues-tra Tierra. Y que, lo quieras o no, Oksa tambin lo est... No puedes hacer nada contra eso. Si existe una posibilidad, inclu-so nfima, de regresar a casa, estate seguro de que la aprove-charemos. Se lo debemos a los que se quedaron y viven bajo el dominio del Mal desde el Gran Caos!

    Mi querida mam replic Pavel con una animosidad que le costaba contener, te respeto, pero ignoras lo que sera capaz de hacer para que mi hija se quede fuera de todo

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    eso. Hay que olvidar, ahora es demasiado tarde. Todo ha acabado.

    Me temo que el destino es ms fuerte que todos nosotros, Pavel concluy Dragomira con una firmeza que le sorpren-di a ella misma. Por mucho que nos duela, ser slo l quien decida...

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    1Movilizacin en todas las Plantas

    Trece aos ms tarde. Bigtoe Square. Londres.

    Oksa se abri camino entre las cajas de mudanza para alcan-zar mal que bien la ventana de su cuarto. Subi la persiana y apoy la nariz contra el cristal fro. Con aire inseguro, trat de fijar su atencin en la agitacin matinal que reinaba en la pla-za. Luego lanz un enorme suspiro.

    Bigtoe Square... Voy a tener que habituarme... murmu-r, con sus ojos gris pizarra perdidos en el gento.

    La familia Pollock primera, segunda y tercera genera-cin haba dejado Pars por Londres pocos das antes en lo que se pareca mucho a un arrebato de Pavel Pollock, el padre de Oksa. Despus de horas de concilibulos de los que Oksa haba sido apartada, Pavel haba anunciado oficialmente la noticia con su gravedad acostumbrada. Durante diez aos, ha-ba ocupado el puesto de chef en un reputado restaurante pa-risino, pero hoy tena por fin la ocasin de abrir su propio lo-cal. En Londres. Ese detalle haba sido pronunciado en un tono casi anodino y, en aquel momento, Oksa crey no haber comprendido bien.

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    Quieres decir... Londres... en Inglaterra? haba pre-guntado despus de unos segundos de duda.

    Su padre haba asentido con una aparente satisfaccin, pero poco despus percibi la estupefaccin de su hija. Por supuesto, si su mujer y la nia se negaban a mudarse, respeta-ra su eleccin... Aunque fuese una ocasin ideal.

    Una ocasin que no se presenta sino una vez en la vida de un hombre! haba insistido, pesado.

    Marie Pollock no haba tardado mucho en reflexionar. Su marido estaba muy angustiado ltimamente y pens que un cambio radical sera sin duda beneficioso para toda la familia. En cuanto a Oksa, tena algo que decir? A los trece aos no se puede decidir nada. Francamente no tena ganas de dejar Pars y todava menos a su abuela y a su mejor amigo, Gus. Nunca podra vivir sin ellos. Pero cuando sus padres le aclara-ron que Dragomira y la familia Bellanger los seguiran a Lon-dres, Oksa haba saltado de alegra. Todos aquellos a los que amaba formaban parte de la aventura!

    Despus de haber observado distradamente la circulacin en torno a la plaza, Oksa dej la ventana y se dio la vuelta. Con las manos sobre las caderas, mir a su alrededor lanzando un largo silbido.

    Bah... Vaya jaleo! Van a hacer falta meses para deshacer todo esto! Qu rollo...

    En cada habitacin, docenas de cajas invadan el poco espa-cio que no haba sido ocupado ya por los muebles. La vivienda era mucho ms pequea que la de Pars, pero los Pollock haban tenido la increble suerte de encontrar una casa victoriana tpi-camente inglesa de ladrillo rojo, con un csped elevado, un mi-rador y un patio microscpico cerrado por una verja de hierro forjado que dejaba ver las ventanas del stano. Los dos prime-

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    ros pisos los ocupaban Oksa y sus padres; el tercero, su abuela Dragomira, que haba vivido siempre con ellos, hasta donde Oksa alcanzaba a recordar. Alz los ojos hacia el techo.

    Qu estar haciendo Baba?1 Est saltando a la cuerda o qu? Bueno, a lo mejor tendra que prepararme si no quiero llegar tarde! se dijo, dirigindose hacia el ropero. Llegar tarde el primer da de colegio, ya no me faltara ms que eso! El horror total...

    En el piso de arriba, donde se alojaba Dragomira Pollock, la atmsfera tena un carcter mucho menos ordinario. Re