René Descartes - Meditaciones Metafisicas

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Text of René Descartes - Meditaciones Metafisicas

  • Ren Descartes

    Meditaciones acerca de la filosofaprimera, en las cuales se demuestra la

    existencia de Dios, as como la distincinreal entre el alma y el cuerpo del hombre

    Traduccin de Vidal Pea

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    RESUMEN DE LA SEIS MEDITACIONES SIGUIENTES

    En la primera, propongo las razones por las cuales podemos dudar en general de todas lascosas, y en particular de las cosas materiales, al menos mientras no tengamos otrosfundamentos de las ciencias que los que hemos tenido hasta el presente. Y, aunque la utilidadde una duda tan general no sea patente al principio, es, sin embargo, muy grande, por cuantonos libera de toda suerte de prejuicios, y nos prepara un camino muy fcil para acostumbrara nuestro espritu a separarse de los sentidos, y, en definitiva, por cuanto hace que ya nopodamos tener duda alguna respecto de aquello que ms adelante descubramos comoverdadero.En la segunda, el espritu, que, usando de su propia libertad, supone que ninguna cosa decuya existencia tenga la ms mnima duda existe, reconoce ser absolutamente imposible que1 mismo sin embargo no exista. Lo cual es tambin de gran utilidad, ya que de ese mododistingue fcilmente aquello que le pertenece a l, es decir, a la naturaleza intelectual, deaquello que pertenece al cuerpo. Mas como puede ocurrir que algunos esperen de m, en eselugar, razones para probar la inmortalidad del alma, creo mi deber advertirles que, habiendoprocurado no escribir en este tratado nada que no estuviese sujeto a muy exacta demostra-cin, me he visto obligado a seguir un orden semejante al de los gemetras, a saber: dejarsentadas de antemano todas las cosas de las que depende la proposicin que se busca, antesde obtener conclusin alguna.Ahora bien, de esas cosas, la primera y principal que se requiere en orden al conocimiento dela inmortalidad del alma es formar de ella un concepto claro y neto, y enteramente distinto detodas las concepciones que podamos tener del cuerpo; eso es lo que he hecho en este lugar.Se requiere, adems, saber que todas las cosas que concebimos clara y distintamente sonverdaderas tal y como las concebimos: lo que no ha podido probarse hasta llegar a la cuartameditacin. Hay que tener, adems, una concepcin distinta acerca de la naturaleza corprea,cuya concepcin se forma, en parte, en esa segunda meditacin, y, en parte, en la quinta yla sexta. Y, por ltimo, debe concluirse de todo ello que las cosas que concebimos clara ydistintamente como substancias diferentes as el espritu y el cuerpo son en efectosubstancias diversas y realmente distintas entre s: lo que se concluye en la sexta meditacin.Y lo mismo se confirma en esta segunda, en virtud de que no concebimos cuerpo alguno queno sea divisible, en tanto que el espritu, o el alma del hombre, no puede concebirse ms quecomo indivisible; pues, en efecto, no podemos formar el concepto de la mitad de un alma,como hacemos con un cuerpo, por pequeo que sea; de manera que no slo reconocemos

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    que sus naturalezas son diversas, sino en cierto modo contrarias. Ahora bien, debe saberseque yo no he intentado decir en este tratado ms cosas acerca de ese tema, tanto porque conlo dicho basta para mostrar con suficiente claridad que de la corrupcin del cuerpo no sesigue la muerte del alma, dando as a los hombres la esperanza en otra vida tras la muerte,como tambin porque las premisas a partir de las cuales puede concluirse la inmortalidad delalma dependen de la explicacin de toda la fsica: en primer lugar, para saber queabsolutamente todas las substancias es decir, las cosas que no pueden existir sin sercreadas por Dios son incorruptibles por naturaleza y nunca pueden dejar de ser, salvo queDios, negndoles su ordinario concurso, las reduzca a la nada; y en segundo lugar, paraadvertir que el cuerpo, tomado en general, es una substancia, y por ello tampoco perece, peroel cuerpo humano, en tanto que difiere de los otros cuerpos, est formado y compuesto porcierta configuracin de miembros y otros accidentes semejantes, mientras que el alma humanano est compuesta as de accidentes, sino que es una substancia pura. Pues aunque todossus accidentes cambien (como cuando concibe ciertas cosas, quiere otras, siente otras, etc.)sigue siendo, no obstante, la misma alma, mientras que el cuerpo humano ya no es el mismo,por el solo hecho de cambiar la figura de algunas de sus partes; de donde se sigue que elcuerpo humano puede fcilmente perecer, pero el espritu o alma del hombre (no distingoentre ambos) es por naturaleza inmortal.En la tercera meditacin, me parece haber explicado bastante por lo extenso el principalargumento del que me sirvo para probar la existencia de Dios. De todas maneras, y nohabiendo yo querido en ese lugar usar de comparacin alguna tomada de las cosas corpreas(a fin de que el espritu del lector se abstrajera ms fcilmente de los sentidos), puede ser quehayan quedado oscuras muchas cosas, que, segn espero, se aclararn del todo en lasrespuestas que he dado a las objeciones que me han sido hechas. As, por ejemplo, esbastante difcil entender cmo la idea de un ser soberanamente perfecto, la cual est ennosotros, contiene tanta realidad objetiva (es decir, participa por representacin de tantosgrados de ser y de perfeccin), que debe venir necesariamente de una causa soberanamenteperfecta. Pero lo he aclarado en las respuestas, por medio de la comparacin con una mquinamuy perfecta, cuya idea se halle en el espritu de algn artfice; pues, as como el artificioobjetivo de esa idea debe tener alguna causa a saber, la ciencia del artfice, o la de otro dequien la haya aprendido, de igual modo es imposible que la idea de Dios que est ennosotros no tenga a Dios mismo por causa.En la cuarta queda probado que todas las cosas que conocemos muy clara y distintamenteson verdaderas, y a la vez se explica en qu consiste la naturaleza del error o falsedad, lo quedebe saberse, tanto para confirmar las verdades precedentes como para mejor entender lasque siguen. Pero debe notarse, sin embargo, que en modo alguno trato en ese lugar delpecado, es decir, del error que se comete en la persecucin del bien y el mal, sino slo del queacontece al juzgar y discernir lo verdadero de lo falso, y que no me propongo hablar de lascosas concernientes a la fe o a la conducta en la vida, sino slo de aquellas que tocan las

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    verdades especulativas, conocidas con el solo auxilio de la luz natural.En la quinta, adems de explicarse la naturaleza corprea en general, vuelve a demostrarse laexistencia de Dios con nuevas razones, en las que, con todo, acaso se adviertan algunasdificultades, que se resolvern despus en las respuestas a las objeciones que me handirigido; tambin en ella se muestra cmo es verdad que la certeza misma de lasdemostraciones geomtricas depende dl conocimiento de Dios.Por ltimo, en la sexta, distingo el acto del entendimiento del de la imaginacin, describiendolas seales de esa distincin. Muestro que el alma del hombre es realmente distinta delcuerpo, estando, sin embargo, tan estrechamente unida a l, que junto con l forma como unasola cosa. Se exponen todos los errores que proceden de los sentidos, con los medios paraevitarlos. Y por ltimo, traigoa colacin todas las razones de las que puede concluirse la existencia de las cosas materiales:no porque las juzgue muy tiles para probar lo que prueban a saber: que hay un mundo,que los hombres tienen cuerpos, y otras cosas semejantes, jams puestas en duda por ningnhombre sensato, sino porque, considerndolas de cerca, echamos de ver que no son tanfirmes y evidentes como las que nos guan al conocimiento de Dios y de nuestra alma, demanera que estas ltimas son las ms ciertas y evidentes que pueden entrar en conocimientodel espritu humano. Y esto es todo cuanto me he propuesto probar en estas seismeditaciones, por lo que omito aqu muchas otras cuestiones, de las que tambin he hablado,ocasionalmente, en este tratado.

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    Meditacin primera

    De las cosas que pueden ponerse en duda

    He advertido hace ya algn tiempo que, desde mi ms temprana edad, haba admitido comoverdaderas muchas opiniones falsas, y que lo edificado despus sobre cimientos tan pocoslidos tena que ser por fuerza muy dudoso e incierto; de suerte que me era precisoemprender seriamente, una vez en la vida, la tarea de deshacerme de todas las opiniones a lasque hasta entonces haba dado crdito, y empezar todo de nuevo desde los fundamentos, siquera establecer algo firme y constante en las ciencias. Mas parecindome ardua dichaempresa, he aguardado hasta alcanzar una edad lo bastante madura como para no poderesperar que haya otra, tras ella, ms apta para la ejecucin de mi propsito; y por ello lo hediferido tanto, que a partir de ahora me sentira culpable si gastase en deliberaciones el tiempoque me queda para obrar. As pues, ahora que mi espritu est libre de todo cuidado, habindome procurado repososeguro en una apacible soledad, me aplicar seriamente y con libertad a destruir en generaltodas mis antiguas opiniones. Ahora bien, para cumplir tal designio, no me ser necesarioprobar que son todas falsas, lo que acaso no conseguira nunca; sino que, por cuanto larazn me persuade desde el principio para que no d ms crdito a las cosas no enteramenteciertas e indudables que a las manifiestamente falsas, me bastar para rechazarlas todas conencontrar en cada una el ms pequeo motivo de duda. Y para eso tampoco har falta queexamine todas y cada una en particular, pues sera un trabajo infinito; sino que, por cuantola ruina de los cimientos lleva necesariamente consigo la de todo el edificio, me dirigir enprincipio contra los fundamentos mismos en que se apoyaban todas mis opiniones antiguas.To