Click here to load reader

Simón Bolívar ANTOLOGÍA · PDF file Palabras Escenciales-Bolivar-OK.pdf 6/5/09 10:40:34. Simón Bolívar ANTOLOGÍA. ANTOLOGÍA Simón Bolívar Colección Pa l a b r a s Es E n

  • View
    5

  • Download
    0

Embed Size (px)

Text of Simón Bolívar ANTOLOGÍA · PDF file Palabras Escenciales-Bolivar-OK.pdf...

  • Palabras Esenciales COLECCIÓN

    Simón BolívarANTOLOGÍA

    Palabras Escenciales-Bolivar-OK.pdf 6/5/09 10:40:34

  • Simón BolívarANTOLOGÍA

  • ANTOLOGÍA Simón Bolívar

    Colección Palabras EsEncialEs

    Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información Av. Universidad, Esq. El Chorro, Torre Ministerial, pisos 9 y 10, Caracas-Venezuela www.minci.gob.ve / [email protected]

    Di r e c t o r i o

    Ministro del Poder Popular para la Comunicación y la Información

    Jesse Chacón

    Viceministro de Estrategia Comunicacional

    Freddy Fernández

    Viceministro de Gestión Comunicacional

    Mauricio Rodríguez

    Directora General de Difusión y Publicidad

    Mayberth Graterol

    Director de Publicaciones

    Gabriel González

    Coordinadora de Publicaciones

    Ingrid Rodríguez

    Corrección

    Francisco Ávila

    Diseño y montaje

    Luis Cardozo

    Diseño de portada

    Lorena Collins

    Depósito Legal: lf87120093201335

    ISBN: 978-980-227-065-1

    Impreso en la República Bolivariana de Venezuela

    Abril, 2009

    Simón BolívarANTOLOGÍA

    Ministro del Poder Popular para la Comunicación y la Información

  • Presentación

    Simón Bolívar ha vuelto a estar en la escena

    política venezolana con una fuerza en la opinión

    pública que acaso no tuvo en el período que va de

    1812 hasta las postrimerías de su muerte. Los me-

    dios de comunicación de entonces y el aforo político

    eran muy limitados. En cambio hoy su pensamien-

    to parece recorrer todo el cuerpo social de la nueva

    república —que bajo su consejo se revisa, se ajusta,

    se crea— y remueve poderosos intereses que otrora

    citaron su muerte. Bastaría revisar el Preámbulo y

    el articulado de la actual Constitución (el programa

    que establece el rumbo de la Revolución Bolivaria-

    na, cuyo eje esencial es dar al pueblo la mayor suma

    de felicidad posible).

    Esa Carta Magna no apareció como un simple

    accidente de esta época. Se puede decir que él estu-

    vo presente más que simbólicamente en su redac-

    ción. Desde 1830 sus ideas se mezclan con la vida

    cotidiana del pueblo. Ha estado metido en política;

    ha actuado, a veces, en forma clandestina y otras

    al descubierto; ha sido enemigo de dictadores, y de

    gobernantes serviles y demagogos; ha sido víctima

    Mi delirio sobre el Chimborazo [detalle]

  • 8 9

    de historiadores y de filósofos, de tecnócratas y em-

    presarios, grandes prelados y militares de papel,

    y de una enorme secta académica que lo odia y le

    teme. El Libertador anda, escucha y dice palabras

    de sabor popular (en una pancarta; ante una injus-

    ticia; o en un cuaderno infantil donde con letras de

    recién aprendida caligrafía se endereza una idea

    que moraliza a quien la copia de la pizarra).

    Alguien piensa honradamente en la palabra

    libertad y escribe —a veces, sin notarlo— lo que el

    Libertador le susurra. Así prosigue posiblemente

    la obra de quien es padre de la patria, porque aún

    nos cría y nos enseña a ser buenos ciudadanos con

    el ejemplo personal ya histórico y con sus palabras

    ahora colectivas (que así es como enseñan los bue-

    nos padres a los buenos hijos, y copiamos de ellos

    lo mejor mientras inventamos y mejoramos con

    nuestra propia experiencia). Acaso cuando creemos

    que tomamos distancia de él, más nos adentramos

    a su nuevo estado de idiosincracia común donde

    se mantiene el maravilloso diálogo de las suyas y

    nuestras ideas.

    El espíritu del pensamiento del Libertador

    escribe, ordena instituciones, modera discursos, li-

    bera leyes y hechos revolucionarios. Bolívar ha sido

    el ideólogo principal —el guía que ha conducido

    con su pensamiento las acciones de los líderes de

    hoy—, del mismo modo en que Martí estuvo pre-

    sente en el espíritu y en el propósito del asalto al

    Cuartel Moncada en 1956 y en el triunfo de la Re-

    volución Cubana en 1959. Esto explica el que mu-

    chos revolucionarios siguen existiendo después de

    la muerte (Marx diría que “la tradición de todas las

    generaciones oprime como una pesadilla sobre el

    cerebro de los vivos”). Por estos años, las voces y

    los nombres —de San Martín, Artigas, O’Higgins,

    Zapata y de muchos otros— acompañan a las masas

    cuando éstas reclaman en las calles las promesas

    pendientes (una enorme deuda social de quinien-

    tos años de coloniaje, desdén, opresión, agresiones,

    expoliación; una obstrucción continuada contra la

    libertad de satisfacer las más básicas necesidades

    humanas).

    Ya los nombres de nuestros libertadores se

    confunden con los de Ernesto Guevara, Juan Mari

    Bras, Jorge Eliécer Gaitán y Salvador Allende, atra-

    viesan el veto que intentaron imponerles durante

    décadas y le siguen dictando ideas de rebeldía a

    nuestros pueblos; andan entre los pobres de Argen-

    tina o de Haití, recordando siempre un sueño por

    cumplir, una necesidad que aún obliga a la unidad

    y a la lucha. Las voces de los revolucionarios están

    en todas partes, se escriben como grafittis en las

    paredes; algunas ideas y actos que la gente parece

    producir espontáneamente están muy posiblemen-

    te orientados por ellas. Cuando nuestra conciencia

    nos advierte una injusticia, coincidimos con aque-

    llas palabras que nos ilustran moral y políticamen-

    te senderos de humanidad que no carecen nunca de

    presente, pues nosotros y nuestros revolucionarios

    históricos somos una misma aspiración, una misma

    necesidad y unos mismos intereses de desarrollo

    colectivo, por eso cargamos con sus palabras y las

    entregamos a las nuevas generaciones como la gran

  • 10 11

    herencia política de nuestros ancestros: el poder de

    transformar nuestro ahora por un futuro distinto:

    donde toda la gente pueda vivir dignamente y ser

    feliz, y no sea un vivir sencillo, o vivir mejor, el pri-

    vilegio de una élite.

    Estamos en los tiempos en que las décadas

    son más cortas, más llenas de palabras y de accio-

    nes: las geografías y las mentes cambian tan rápi-

    damente como las imágenes del cine; y mientras la

    vida del mundo pasa a mayor velocidad, las pala-

    bras nos esperan, nos cercan, nos guían; nos invi-

    tan a que nos detengamos un momento a pensar

    para organizar, para hacer que nuestras ideas en-

    cuentren la coherencia, el camino que nos llevará a

    un mundo mejor.

    Bolívar ya no es una estatua: es una explosiva

    herramienta política: un torno para hacer el hombre

    nuevo; una chícora para sembrar la nueva patria;

    un budare para asar los alimentos; una bomba de

    vida para nuestras nuevas generaciones, una ban-

    dera para la marcha popular; y un hermano para el

    diálogo y para construir de cada reto una victoria;

    de cada idea individual un pan colectivo, una haza-

    ña, un heroísmo compartido: una revolución.

    La dialéctica del Libertador y de nuestro

    pueblo la establece no el hecho de que los símbo-

    los están vigentes —porque el dogma nos obliga a

    adorar ciertas imágenes, ciertos rituales, ciertos

    enigmas (que mientras menos comprensibles, más

    adorables) y a ciertos individuos, por supuesto—

    sino porque las necesidades humanas le dan cierta

    trascendencia que va más allá de asuntos poco te-

    rrenales: que parte de la obra de Bolívar mantiene

    vigencia porque su proyecto de independencia y

    revolución social, enfrentado a una realidad y a un

    sistema, apenas comienza a ser realidad.

    Aunque a grandes saltos los tiempos hayan

    cambiado sobre el escenario político y económico

    venezolano, y hoy subsistan otros actores, otras

    ins tituciones y otros medios más poderosos de co-

    municación y persuasión militar, seguimos bajo un

    esquema de dominación cuyos orígenes ya estaban

    dibujados en aquel continente del siglo XIX.

    Para esta Antología pensamos en una compi-

    lación de textos del Libertador que reuniera algu-

    nas de sus piezas más citadas, algunas de las que

    han despertado el entusiasmo del mayor número

    de lectores y las que se han convertido en obras de

    obligada lectura y relectura, de polémica, diálogo

    y concierto —por su profundidad y su revelado-

    ra contundencia—; obras que todavía influyen en

    forma determinante sobre gentes, personalidades,

    discursos, épocas, acciones.

    Esta antología constituye entonces un pe-

    queño anticipo, cuyo único propósito es tratar de

    conquistar al lector para que aborde la amplia obra

    documental de uno de los escritores más completos

    y más brillantes de una época crucial para el mun-

    do entero. Esta pequeña antología es como una hu-

    milde reunión donde el lector podría encontrar un