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Brainstorm! nº4

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He aquí nuestro cuarto número. Comenzamos así nuestro segundo año como fanzine de ilustración con más ilustraciones originales que nunca. Síguenos por facebook, escríbenos a [email protected] o accede a nuestro portal en: brainstormfanzine.blogspot.com Accede a números anteriores de nuestra revista a través de issuu.

Text of Brainstorm! nº4

  • #4

  • maider [email protected] acuarelables

  • iratxe gonzlezirialwaysleave.blogspot.com

    lpiz + retoque digital

  • Viajas, haces fotos y pintas.Si, todo lo hago de fotos, fotos que hago yo de mis viajes, o fotos que me da la gente porque el noventa por ciento de lo que hago es por encargo. Ahora me he metido mucho con el mundo del cmic, debido al boom que ha habido en navidades con Tintin, he hecho mucho.pero bueno en general hago lo que me piden, si soy capaz de dibujarlo pues adelante.

    Qu quieres expresar con tu trabajo?En realidad no quiero expresar nada, a mi me gusta pintar,estudi para ello y lo nico que hago es intentar representar un sitio bajo mi forma de verlo y de entenderlo.

    En esta ocasin, tenemos el placer de entrevistar a Juanjo Navarro, un pintor nacido en Bilbao, pero afincado en Vitoria desde hace muchos aos.Estudi bellas artes, y ha sido profesor durante 28 aos de plstica, historia del arte y decoracin.Actualmente, pinta, expone y vende sus obras ,en una tienda en el casco viejo de la ciudad.

    Siempre pintas ciudades? Si, siempre he pintado temas urbanos, aunque ahora tambin hago alguno con tema figuras (blusas, ngelus)pero mayormente siempre he pintado ciudades. Tambien zonas de marineros, Veneciapero normalmente lo que mas me interesa plasmar son calles, rincones

    JUANJO NAVARRO

  • En el tema de las hojas si que hay muchos colores que son directos del bote porque con un mismo tono pinto cincuenta hojas. Sin embargo en una balconada, al tener muchos ms detalles hay que hacer muchas mas mezclas, y ah, es donde me lleva mucho tiempo.

    Crees que es complicado vivir de esto?Si, y mas ahora, porque hace unos aos cuando empec a exponer y vender,la gente estaba mucho mas predispuesta, pero ahora.. El tema del arte siempre ha sido compli-cado. En cuanto a los cuadros, la pintura se ha sobrevalorado en muchos aspectos, entonces la gente a veces se siente un poco engaada cuando esta comprando algo que le ha costado bastante y que realmente no acaban de entender lo que esta plasmado.Si yo tuviese que cobrar por un cuadro las horas que meto, no lo vendera.Lo importante en la pintura es diferen-ciarte de los dems, y yo he tenido la suerte de haberlo conseguido.

    BOHEMIA ARTE-REGALOCorrera 28 Vitoria(Alava)www.facebook.com/artstorestudio

    Que tcnicas utilizas y como es tu forma de trabajar?Utilizo una tcnica muy diferente a los dems, no diferente en cuanto a que sea nada nuevo, yo trabajo con tempera sobre lienzo. Normalmente la tempera como la acuarela, al ser dos procesos iguales, se utiliza sobre papel, yo lo utilizo sobre tela y empec hace muchsimos aos a hacer la prueba ,despus de probar con acrli-cos, oleo,etc.Y es la tcnica que para mi estilo y mi forma de pintar mejor me va. Tiene un proceso rpido de secado, buena luminosidad.Lo primero que hago es dibujarlo, repaso las lneas con un permanente, luego lo pinto y una vez pintado vuelvo a repasarlo, asi de esta forma el dibujo no lo pierdo nunca y esto me permite retocar la pintura las veces que sea necesario.En cuanto al tiempo de elaboracin, depende del tamao, del tema, los detalles..La gente suele preguntarme mucho por el tema de las hojas, hago muchas hojas, y se quedan asombrados por el trabajo que puede llevar, y yo les digo que no, para m es mucho ms complicado y laborioso un balcn de la Virgen Blanca o de una ciudad, porque ah se utilizan muchas mas mezclas de color. Todos los colores que uso son mezclas, hay muy poco pintado directa-mente del bote.

  • Era un da gris, de ese gris de fotografa en blanco y negro, gris como la vida del comn de los mortales, y yo corra hacia el autobs en medio de una lluvia tambin gris, fra, punzante. Ah estaba, delante de m, diseo aos cincuenta, ventanas pequeas y, para mi sorpresa, de un color crema limpio, partido en dos por un corte granate vivo y curvo, como el corte en la antigua Coca-Cola, y que se extenda desde los faros hasta el arco de la rueda trasera. Por fin un color vivo pens mientras me abra paso a travs de un pequeo grupo de gente que se despeda obstruyendo as la puerta. Sub los tres escalones de metal, gir a la derecha pasillo abajo hasta mi asiento, me acomod para el viaje, el bolso bajo el asiento, la gabardina en la parrilla encima de mi cabeza y el peridico en mi regazo.

    Me pareci que haba pasado un buen rato cuando el autobs par con un chirrido de frenos cansados. Me levant, estir las piernas, me dirig a la puerta y acced a una rampa pare-cida a las que se usan en la descarga de pasaje-ros de los aviones, aunque no me pareci nada extrao. Not que me haba cortado el dedo en una rebaba de metal de la barandilla al pasar del autobs a la rampa y me estremec al ver la sangre roja y pasarme el pulgar por el corte para secarla. Nada serio. El rojo se difumin hasta convertirse en blanco. Naturalmente, la rampa pareca hundirse en la distancia y sent la ntida sensacin del blanco paisaje penetran-do mi carne, todo era tan fluorescentemente blanco. Tuve la sensacin de que mucha gente iba y vena, de prisa, dando empujones a mi alrededor, pero no poda verlas porque, razon, estaba demasiado pendiente de m mismo y de mis pensamientos. El rojo estaba en mi mente.

    Sin embargo, algunos sonidos s me importu-naron. Fui consciente del sonido distante de un mazo de madera que golpeaba el mango de madera de un cincel, o al menos esa fue la asociacin que hice, un golpe seco y silencia-do, y de lo que parecan gritos, o carcajadas histricas procedentes de algn lugar indeter-minado a mi derecha, que hacan eco, un eco hueco en la distancia conforme avanzaba por la rampa. Todo de un blanco quirrgico y fro y mis compaeros de viaje se haban convertido en simples fantasmas a mi alrededor, as de ensimismado estaba.

    Finalmente la rampa me traslad a una sala enorme, tenebrosa, de dimen-siones catedralicias, paredes de hasta cuatro metros de altura, suelos, todo alicatado en blanco, el resto de pintura blanca, satinada y con suficientes fluorescentes blancas como para cegar a cualquiera que mirara demasia-do. Delante nuestro haba tres mostradores de azulejo blanco, cada uno de tres metros de longitud y noventa centmetros de ancho, con una greca de azulejos, que ilustraban el oficio del carnicero en azul real, alrededor del borde superior, justo bajo las encimeras de un mrmol crema plido. Estos eran los colores del da, crema, granate, rojo y azul real. A unos cinco metros detrs de cada mostrador haba enormes puertas de madera, arqueadas en la parte superior, tintadas de negro y pens que vagamente poda adivinar figuras en relieve, pero no estaba seguro. La idea de una iglesia o monasterio se ilumin en mi mente, se fue apagando y muri.

    En el mostrador de mi derecha pude distinguir un trozo de carne sobre una bandeja de polietileno blanco cuidadosamente envuelto en plstico transparente. Pegado al envoltorio pude ver con claridad un cdigo de barras debidamente subrayado por una hilera de nmeros, que no pude descifrar. Alc un momento la mirada y me pareci ver una figura desapa-recer tras la puerta y, al cerrarse, percib el sonido seco y silenciado que antes haba odo en la distancia, pero, esta vez, mucho ms claramente. Un golpe sordo, un traqueteo como de puertas metlicas que se abren y el sonido de algo golpeando algo mucho ms duro. Un olor a desinfectante, algo ligeramente ms dulce.

    Mir al frente y vi un pedazo de carne sobre el mostrador, por su color, fresco, fresqusimo. Levant la mirada justamente cuando la puerta em-pezaba a cerrarse y cre vislumbrar el delantal de un carnicero en rpida retirada, pero no pude estar seguro porque no estuve lo suficientemente alerta. Lo que s advert fue que las gritos no eran carcajadas histricas, a no ser que las carcajadas histricas fueran una reaccin automtica a la proximidad de un dolor extremo. Sent entonces un olor empalagosamen-te dulce. Lo sent en lo ms profundo de mi garganta.

    Al mover cabeza ligeramente a la derecha me encontr mirando a los ojos de un hombre feo, ms bien bajo, de cara redonda y con una sonrisa que lo delataba, saba exactamente lo que haca y haca exactamente lo que se le mandaba. Su delantal, de rayas azules y blancas, apareca mancha-

    EL SACERDOTE RENACIDOpor Bashir B. Sherpa AKA David F. Brandon

  • do de un color muy similar, a la altura de su estmago y all donde colgaban sus manos, al del gran trozo de carne que con toda tranquilidad haba dejado caer, o ms bien lanzado sobre el mrmol color crema. Cuando pas de nuevo por la puerta las agudas splicas y los gritos de dolor no pudieron distraerme de la belleza del rojo, crema y azul mientras una gota roja y solitaria lenta-mente se deslizaba por una de las escenas de carnicera en azul real. Un olor empalagosamente dulce, a algo en descomposicin, recordatorio de mi infancia, pegado a mi garganta, y justo al cerrarse la puerta, me pareci escuchar el zumbido de insectos. Moscas negras, azule-jos blancos. Mir a mi alrededor pero no haba ni una. Moscas negras. Puertas negras.

    Indiscutiblemente, fue mi prximo pensamiento, nos ofrecern algo que comprar, algo que llevarnos para el viaje. Pero empec a sentirme extrao porque los fantas-mas volvan a tomar cuerpo y otra idea, ms perversa-mente excitante, estaba tomando forma en mi cabeza, se nos estaba mostrando lo que somos y en lo que pronto nos iban a convertir. Y mis compaeros de viaje dejaron de ser mis compaeros.

    Todos los fantasmas estaban enfocados y todos estaban desnudos y todos eran bellos, de hecho, preciosos, y me vi a m mismo, feo, y cuanta ms belleza perciba ms grotesco me vea y ms aborreca la belleza. As que concentr la mirada en los corrales a los que nos haban conducido y en las tres rampas ms de las que no me haba percatado hasta entonces, que conducan a algn bajo lugar ms all de las puertas, El horror fue una pualada en el estmago que me cort la respiracin. No fue el