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LA REVI S I A DE LA MUJER INTELIGENTE Lea GORKI, LA MADRE, RUSIA Por Alicia More.au de Justo Página 4 AÑO Vil BUENOS AIRES, ENERO Y FEBRERO No. 75 y 76

GORKI, LA MADRE, RUSIA

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L A R E V I S I A D E L A M U J E R I N T E L I G E N T E

Lea

GORKI, LA MADRE, RUSIA

Por

Alicia More.au de Justo

Página 4

A Ñ O V i l

B U E N O S A I R E S ,ENERO Y FEBRERO

No. 75 y 7 6

Page 2: GORKI, LA MADRE, RUSIA

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LA REVISTA / / OF. LA MUJER INTELIGENTE

Direc tora : MARÍA L. BERRONDODirección y Administración: Rlv«dav¡a 2150

Unión Telef. 47, Cuyo, 8386Registro de la Propltdad Intelectual 056.678

Año VII Buenos Aires, Enero y Febrero de 1940 N.° 75 y 76

LLAMADO A LA RAZÓN

La Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad,

--fundada en 1915, en plena guerra mundial— ha: reunido su consejo directivo en Ginebra y lanzado al mundo un llamado efi favor de la paz.

A los gobiernos neutrales pidiéndoles su mediación para pre­sentar a los países beligerantes sugestiones acerca de la terminación del conflicto sobre bases que aseguren una paz justa y duradera.

A los gobiernos en lucha para que renuncien a una parte de sus derechos soberanos en bien del interés común de todas; las naciones.

Por último, ha condenado enérgicamente el transplante for­zado de poblaciones enteras, por móviles políticos.

Admiramos la valentía de estas mujeres que hoy, como en la pasada tormenta, hablan a los hombres de paz y libertad, y ha­cen un llamado a la razón hoy, cuando lo único que vale es la fuerza!

La razón, el honor, la paz, la libertad, el derecho, la justicia,

¿son, acaso, palabras que tienen sentido europeo, después de la

tragedia española, de la desaparición de Checoeslovaquia, Austria

y Polonia, después del pacto germano-ruso, del ataque a Finlandia?

He aquí el gran deber moral de América: conservarles todo

su valor para que puedan, pasada la hecatombe que se aproxima,

servir de nuevo a los que sobrevivan.

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V I D A F E M E N I N A

La necesidad de aconsejar un libro me ha hecho releer "La Madre" No he vuelto a encontrar, por supuesto, aque­lla intensa y dolorosa impre­sión que hace muchos años me produjera la famosa obra del gran novelista ruso. Rara vez la vida nos sitúa frente a las cosas con igual estado aními­co. Cambia nuestra visión del mundo a medida que lo com­

prendemos, guiadas por ese maestro insigne, el tiempo, que tiene sin embargo, como dice Panait Istrati, el gran defec­to de matar a sus alumnos.

Ese libro evoca todo aquel período de heroico y románti­co idealismo en que lo mejor de un pueblo se sacrificaba por la liberación de todos.

Modestos trabajadores cl̂ el campo y de la ciudad, desper-

GORKlALICIA MOREAU DE JUSTO

tados por la ardiente palabra de los propagandistas, estu­diantes, escritores, artistas y pensadores conscientes de su rol de guías intelectuales; jó­venes burgueses o aristócratas dominados por el sentido de su responsabilidad de clase, se unían todos en un esfuerzo ge­neroso por ilustrar al pueblo haciéndolo- capaz de luchar por la conquista de sus derechos, o, en abierta rebelión contra el gobierno, sacrificaban a sus hombres.

Todos sabían que se expo­nían a la persecución, a la pérdida de la libertad o de la vida, a menudo al martirio, pe­ro sentíanse impulsados por una fe casi mística, una con­vicción tan ardiente que lo aceptaban y superaban todo.

Al lado de los revoluciona­rios estaban los espías; detrás, la policía secreta, la terrible policía de los zares. Los obli­gaba esto a la vida misterio­sa de los conspiradores: cam­bio continuo de nombre, resi­dencia, indumentaria, profe­sión, etc., avatares que podrían parecer a veces producto de imaginación y entusiasmos pue­riles si no hubiese habido, pa­ra darles toda su grandeza, detrás de cada uno, la amena­za terrible del encarcelamiento o la muerte.

De las páginas de este libro,

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ENERO - FEBRERO, 1940 Pág. 6

La cMadre, fflusíaque ha sido leído en el mundo entero y que per­durará como descripción de una época, se des­prende un cálido entusiasmo por las más nobles ideas, así como un odio sencillo por toda opre­sión.

"Esta confraternidad que les modelaba una sola alma impresionaba a la madre y, aunque le resultaba inaccesible, levantaba su espíritu bajo la acción de cierta fuerza alegre, triunfan­te, embriagadora y joven, acariciante y llena de esperanzas.

—¡ Cómo, para ustedes toda la gente es lo mis­mo! —le dijo un día al rusito—. Todos son ca­maradas... los judíos, los armenios, los austría­cos./. hablan dé ellos como si fueran amigos; se entristecen y se regocijan junto con todas las personas.

—¡ Con todos, madrecita, con todos! —excla­mó él—. ¡El mundo es nuestro! ¡El mundo es de los obreros! Para nosotros no hay ni na­ciones, ni razas, no hay más que compañeros... y enemigos. Todos los obreros son nuestros ami­gos; todos los ricos, los que poseen la autoridad, son nuestros enemigos. Cuando miramos la tie­rra con buenos ojos, cuando vemos hasta qué punto nosotros, los obreros, somos de numero­sos, qué dominio espiritual representamos, sen­timos el corazón invadido de gozo y felicidad como si celebrásemos una fiesta solemne. Y los franceses y alemanes experimentan el mismo sentimiento y los italianos también se regoci­jan. Somos todos niños de la misma madre, de la grande, de la invencible hada de la fraterni­dad de los obreros de todos los países de la tie. rra. Ella se va revelando, nos comunica su ca­lor; es el segundo sol en el cielo de la justicia y este cielo está en el corazón del obrero. Cual­quiera que sea el nombre que tenga el socialista, es nuestro hermano espiritual, siempre, ahora y para siempre, por los siglos de los siglos."

Estas palabras llenas de "exuberancia infan­t i l" que Gorki pone en boca de uno de sus más simpáticos personajes y que inundan de alegría el corazón de Pelagia —la madre— describen bien el estado espiritual que dominó a millares de hombres y mujeres, los que cantaban, bajo todos los cielos:

¡De pie, condenados del mundo, de pie, los esclavos sin pan!

Rusia parecía entonces una inmensa prisión; su pueblo manso y sufrido era para todos la imagen del hombre vejado, golpeado y humilla­do, pero en el cual arde la llama incontenible de la esperanza. Siberia era la tierra horrenda del destierro y del dolor, santificada por el he­roísmo, la abnegación de los millares de depor­tados cuyos sufrimientos fueran conocidos por el mundo entero.

El símbolo aborrecido del despotismo era el zar; el del sacrificio1 generoso, la nihilista, aque­lla que inspirara a Tourgueniev este pequeño poema que es toda una obra maestra.

"Veo un inmenso edificio. En e-1 frente se a.bre una angosta puerta. Más allá, espesas tinieblas. Ante el umbral está una joven, una joven rusa. Desde la profundidad de las tinieblas sopla una corriente helada y llega, con ella una voz lenta "—Oh tú, que deeeas franquear este umbral, sabes lo que te espera? —Lo sé, responde la joven. —El frío, el hambre, el odio, la burla, el desprecio, la •injuria, la prisión, la enfermedad, tal -vez la muerte. —Lo sé, estoy pronta. Soportaré todos los sufri­mientos, todos los golpes. —No solamente de tus enemigos, eino de tus parientes, tus amigos?...

—Sí, también de ellos. —Bien, estás pronta para €l sacrificio, perecerás y nadie... nadie conserva­

•rá siquiera el recuerdo de quien debe ser honrado. —No necesito ni agradecimiento, ni respeto, no ne­cesito nombre. —¿Estás dispuesta al crimen? — La joven inclina la caneza. "Estoy dispuesta al cri­men." La voz no prosigue de inmediato sus pre­guntas. —¿Sabes,, dice por fin, que puedes perder la fe en lo que ahora crees, puedes comprender que has errado, que, en vano, malgastaste tu ju­ventud? —También lo sé. —Entra." Tras la jo­ven ee ha corrido una pesada cortina. Una imbé­cil, dice alguien. Una santa, responde otra voz."

Lo que podía nacer de tanto sacrificio, de tanto esfuerzo, la liberación de un inmenso pue­blo, era esperado por el mundo entero como se espera la aurora de una nueva era.

Hoy, todos los que han creído en Rusia vuel­

(Slgue en la pág. 43-44)

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P ú g . G V I D A F E M E N I N A

A L P A S A RPor MARÍA L-. BERRONDO '

1

El país está despoblado y es unánime el an­helo de fomentar la natalidad.

¡ Mujeres, a procrear!, es la voz de orden que parte de todos los sectores sociales. Y es inte­resante detenerse a meditar unos minutos sobre el asunto.

Los hombres, durante siglos, han cantado un nobilísimo sentimiento, haciendo de él la razón de ser de la mujer: la maternidad. Entonces las mujeres no sabían leer; tampoco «existían periódicos, ni diarios, ni revistas.

Hoy, para no quedar en ridículo, y ya que tanto necesitan reproducirse, tendrán qué de­cretar la muerte de ese sentimiento, y glosar otro un tanto atrevido, pero más sincero: mu­jeres, a procrear sin sentimiento alguno de amor, y sin pizca de responsabilidad. A imitar a las hermanas vacas y a las hermanas ovejas.

¿Por qué?, me preguntará alguien. La respuesta es fácil. El mundo está hoy

más hostil que nunca a la vida; el desprecio por la criatura humana es terrible. No pense­mos en los inmensos pudrideros de Europa. A pocas leguas de aquí, en un pueblo que es. un punto en el desierto inmenso, una niñitá ha sido ultrajada y muerta luego. La hija de una pobre mujer... ¿El país espera que lo pueblen las matronas?

Si no protege la vida de las desamparadas chiquillas proletarias, el anhelo de Alberdi con­tinuará en estado de ensueño.

I I

La riqueza acumulada es criminal, en un mundo que cuenta por millones a los hambrien­tos. Pero ¿qué decir del que atesora saber, y no coloca sus conocimientos al alcance de los que no saben?

Deslumhrar con el oro; pasar frente a los hambrientos los tesoros habidos en una rebatiña despiadada, es perverso y es estúpido. Pero i qué pensar ante el hombre que en compañía de los mejores cerebros de todos los tiempos acumuló saber y penetró tinieblas, y puesto en el trance de comunicarse con sus semejantes, se olvida del deber de dar al que no tiene, y sólo se procura el goce de demostrar que sabe, sin

que nada le importe el saber que no lo entien­den?

Goce de avaro más refinado.

I I I

La campaña está viviendo un año malo. Ma­lísimo.

En los hogares deben realizarse hazañas estu­pendas: vestirse sin telas y alimentarse sin ali­mentos.

Es un año de remiendos prodigiosos y de co­midas mágicas: las que deben guisarse en ca­cerolas vacías.

Es un año que deberá marchar sobre las es­paldas de la mujer campesina. Su habilidad es la única que salvará al marido, hijo o hermano, de afrontar la mirada del avinagrado comer­ciante que fía.

Lástima que la pobre campesina está tan mal preparada para realizar estos milagros; en la mayoría de los casos, evita viajes al almacén o a la carnicería, pero los enfila hacia la far­macia. Nada es tan difícil como ahorrar atina­damente en la cocina, y la dificultad se torna insuperable cuando en el hogar campesino fla­quean la huerta y el gallinero.

IV

De la envidia dijo el poeta:

Si da Qon el punto de apoyo y con la palanca arquimédea, él, deja al hombre en el vacío, quitándole de los pies la tierra.

Y así no más procede, para gloria de los go­losos terratenientes, el arrendador de mi país. Lleva el demonio de la envidia prendido a sus flancos.

Que a nadie qué ocupe unas hectáreas a un precio razonable se le ocurra hacer alguna co­modidad: ya irá, apresurado y obsequioso, ante el dueño del campo su primer vecino a ofrecer­le 5 ó 6 pesos más de arrendamiento al año.

Exacta es, pues, la observación del legislador argentino que, como anhelo de 1* de año, di­jera:

Tal vez sea necesario en ciertos gremios de productores atribuir por ley carácter coerciti­vo a la organización cooperativa...

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ION ElRO - FEiBRER 0 . 1340

Y SIN EMBARQO...Lo he dejado todo: amores que sólo eran un reflejo del amor, mirajes que eran un trasunto débil del paisaje interior.

Todo se ha quedado detrás: la glorióla del elogio fácil (dulce vanidad), las manos que estrechan, las manos que

[dañan,

el beso que enciende y el beso que calmala ansiedad

Todo se- vislumbra lejos; pero asciende, de las tibias ascuas —hogueras de ayer— un humo en que flotan ansias insepultas y maravillosas formas de mujer.

Todo lo he dejado; pero todo alienta dentro de mi ser.

JUAN MARIANELLO

GD

... Iba el Peregrino

iba el peregrino,

tendidas las alas de su pensamiento:

dábale el camino su alma del momento

y él daba el momento de su alma al ca­

li mino. .

Pág. 7

R E C O N O C I M I E N T O

El amor, lo más viejo del mundo,

prefie/e las palabras añejas.

Yo veo que las frases sutiles

no emocionan a mi amada nena.

El viejo azul de la Andalucía

guarda siempre su misma belleza;

la muerte del sol repetida

todos los días se goza con pena.

La tarde dorada nos mece

—¡Mira qué blancas y limpias las eras!

Yo la he cogido del brazo y la digo,

pausadamente, palabras tan viejas,

que de puro rancias

parecen ingenuas.

¡Los que lleva este arroyo

cantarino cruzando la sierra. .

RAFAEL ALBERTO ARRIETA JOSÉ MARIANO VILLA

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V I D A F E " M E N I N A

Está visto, demostrado y comprobado, que el hombre es un animal que debe hacer grandes cosas. Serán grandes animaladas, pe­ro no importa; grandes serán;

2 De ahí que criar los hi-

al cor jos, cocinar, mantener la llama losdel fuego del hogar, son menu­dencias que debe atender la

mujer. Criar un hijo es una tarea tan llena de I

pequeneces, que a un hombre que se estima, le da vergüenza.

Limpiar el biberón, lavar un baberito, bañar ese montoncito de carne rosada, tender esas minúsculas sabanitas, ¡quiá!, todo eso avergonzaría a un barbado que lleva bien puestos los pantalones.

La tarea varonil es otra.Tarea de fuerter, divina tarea de dioses.La tarea grande, hermosa, es la de la guerra. ¡Ah! ¡¡La matanza!!Convertir a los hombres, a los hijos de miles de mujeres, —ya fuertes y grandes,—

en un blanduzco y rojizo flan, ¡qué gloria! Ahí se lucen ellos. Ahora, a ratos, sienten un poco de timidez, y no exponen su ideal desembozada­

mente. Sin embargo, siempre alguno se quita la máscara, y hace confesión de su indomable hombría.

"Cuando se levante el brazo para para aplicar el golpe, se llevará a efecto una ma­tanza cómo la historia del mundo no ha conocido nunca", dijo Goering al saludar a 1940.

¡Qué estilo y qué alma!¡¡Esclavo de lo grande, de lo kolosalü

ti * ti

Mientras el cable nos trae a diario la noticia de la descomunal masacre que las huestes de Stalin realizan en Finlandia, también nos dice que Julián Besteiro está agoni­zando en la cárcel.

Dos modos de ver.

2 Stalin y los suyos juraron, y seguirán jurando, en nombre de Carlos

Marx y de Lenin, que defienden a la civilización, y que sólo la violencia, volteará al podrido mundo burgués.

Mientras, envía a la muerte a miles de proletarios, juntando sus idea­les a los del bello Adolfo.

Julián Besteiro sostuvo siempre que la violencia, que la revolución, sólo llevarían muerte y ruina a Erpaña. No fue revolucionario; tampoco desertó del modesto puesto que le confirió el pueblo. En su desempeño lo apresaron. Enemigo de la violencia, pero ni cobarde, ni huidizo.

Estamos con el hombre que confía en la razón, aun a riesgo de que nos llamen bur­gueses, y estamos con él, porque desde el calabozo donde agoniza envía al mundo, enlo­quecido de sangre, más esperanza y más honradez que todos los impúdicos teorizantes de pacotilla.

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ENERO -^FEBRERO, 1940 P á g ' *

Hay pocas cosas tan chuscas como ver a un lugareño pretensioso cuando dice: ese señor con quien hablaba hace un rato, es una persona muy conocida.ver

días 3 A veces uno siente la

tentación de hacerle un chiste, pero como de antemano sabe que ningún chiste será lo su­

ficientemente sabroso como para hacer reír al que habló con una persona muy conocida, opta por no decir nada más que: "¡Ah. qué

bien! ¡Qué suerte la suya! Debido a estos recuerdos me causó mucha gracia la respuesta de la Policía de la Ca­

pital a su compinche de Córdoba. Pedíale ésta a la mejor del mundo, el nombre del propietario del auto chapa de la

Capital 51.144, —del cual se había arrojado, en un camino serrano, una mujer con una criatT,-a en brazos,— y la mejor del mundo, tal vez con el mismo aire inflado y respetuoso del lugareño, sólo atinó a contestarle: "Es una persona muy conocida" (Como se nos ha informado que los ocupantes iban en estado de ebriedad, podemos terminar la frase: "en las borracherías".

Ya es un dato.

ti * ti Cuado en nuestro país comienzan las regeneraciones, es cosa de ponerse a temblar. Y temblamos porque siempre son los humildes, los pobres diablos, los que prestan su

efigie, nombre y apellido, para ilustrar con ejemplos el fervor regenerativo.

Nadie pretende sostener que los Gaitán ron unos tiernos angelitos, pero, ¿quién ignora oue a esos pobres diablos, metidos a asesinos, los han apañado hasta hoy?

¿Quién no sospecha que el imbécil criminal que se jactaba de haber "sacado al aire la platita que la vieja tenía amojosándose en un baúl", antes de pagar tantas copas a sus amigotes, debió llenar bien el bolsillo de algún

caudillejo?

El caso de los degenerados Gaitán, es el caso de la degeneración política de la pro­

vincia de Buenos Aires.

ti * ti

Hay es indudable, un contrasentido, una disparidad muy fuerte, entre ^ n e c e ­sidad tremenda de material humano que tienen los dictadores y el afán tan inexplicable de alabar la virginidad que han sentido siempre los ministros de Dios.

Ese contrasentido adquiere caracteres trágicos, cuando los dictadores cuentan, para triturar al pueblo, —en primer lugar,— con la palanca irreemplazable que es la iglesia católica.

Ahí tenemos a Franco, —que, como todo déspota, no concibe a la mujer sino rodeada de muchos hijos,— en éxtasis ante la virginidad de la Pilanca.

Un año se la rodeará de una extraordinaria iluminación eléctrica.

Llegamos siempre a lo mismo: el hombre es una perenne contradicción.

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Pág. 10 V I D A ' F E M <E N. I N: A

IAGUAI

En las puertas de nuestra ciudad se desarro­lla desde hace diez años un movimiento esen­cialmente popular en demanda de algo que la naturaleza ha brindado abundantemente en las orillas del Plata: ¡agua!

La provisión de este elemento indispensable a la vida está en manos de una compañía in­glesa que cuida ante todo, como es natural, de aumentar los dividendos de sus accionistas. Como consecuencia del intenso y perseverante movimiento popular se obtuvo una ley —pro­mulgada hace un año— estableciendo la expro­piación de la compañía de aguas corrientes que sirve los partidos de Avellaneda, Lomas de Za­mora y Almirante Brown.

La ley autoriza al Poder Ejecutivo de la Pro­vincia para que proceda a efectuar todos los trámites necesarios. Pero. . . el P. Ejecutivo no se ha sentido aludido y las cosas no lian cam­biado. Millares de hogares, sobre todo en las regiones más pobres, sufren de la escasez de agua al mismo tiempo que de su elevado precio.

Pero el pueblo, en su parte más activa e in­teligente, no descansa. Mítines y conferencias, carteles y volantes, todos los medios de pro­paganda son utilizados para aunar las volun­tades hasta obtener algo extraordinario sin du­

da en la Provincia de Buenos Aires: EL CUM­PLIMIENTO DE LA LEY!

La Confederación formada por numerosas sociedades de vecinos ha lanzado una consigna: no pague el agua, y ya se ha popularizado una letrilla que con música de "La Cucaracha" can-tan los muchachos:

No pague el agua,No pague el agua,Pronto vamos a ganar:Si usted no paga,La compañíava tener que reventar!

Movimiento tan genuinamente popular, no podía dejar de interesar a las mujeres, pues la escasez del agua influye directamente sobre sus actividades domésticas y el pago de la mis­ma sobre el mezquino presupuesto que adminis­tran.

De ahí que hayan participado con decisión y energía en esta campaña no sólo asistiendo a las conferencias, a las manifestaciones, no sólo adhiriéndose a la resistencia, sino interviniendo en la organización misma del movimiento.

En este sentido se destacan la Dra. María U. de López, química radicada en Valentín Alsi­na, y la Sra. María L. Marcusi, de Remedios de Escalada.

Ambas inteligentes, activas y valientes lucha­doras han conseguido dar al movimiento una amplitud cada vez mayor, tratando de congre­gar grupos cada vez más compactos de mujeres.

El jueves 25 de enero, tuvo lugar en la plaza Campoamor, de Valentín Alsina, uno de los nu­merosos mítines organizados especialmente para las mujeres.

Pocas veces nos fue dado ver, fuera de re­uniones de huelguistas, una asamblea más ge­nuinamente popular. Eran verdaderamente las humildes amas de casa, lanzadas a la calle en defensa de sus derechos.

La Dra. Alicia Moreau de Justo, invitada por

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ENERO-FEBRERO, 1940;

la comisión organizadora, hizo notar especial-mente esta circunstancia, señalando cómo, bajo el aguijón de esa profunda necesidad: asegurar el bienestar del hogar, la mujer del pueblo se lanzaba a esa lucha que es esencialmente una lucha política, que eso marcaba el despertar de una nueva conciencia y auguraba una época tal vez no muy lejana, en que las mujeres argenti­nas intervendrían en forma personal en la de­fensa de la dignidad y la prosperidad de sus bogares.

Reproducimos a continuación los discursos de la señora María L. Marcusi y de la doctora María U. de López, que fueron escuchados con gran atención por la concurrencia y aplaudidos con entusiasmo:

Señoras, señores, vecinas:

Una vez más, una mujer del pueblo y madre se dirige a vosotras, en estos momentos de pro­funda conmoción, que afecta a la población de los municipios de Avellaneda, Lomas de Za­mora y Almirante Browa. Hoy más que nunca, las mujeres debemos hacer oír nuestra protesta y repudio unánime hacia esa empresa monopo­lista y desconsiderada que es la compañía de Aguas Corrientes de la Prov. de B. Aires.

Hacia esta compañía que nos explota, que no tiene en cuenta nuestras necesidades, que no tiene en cuenta la ansiedad de los pueblos la­boriosos y humildes.

Porque, vecinos, el agua, líquido tan necesa­rio para la vida, ya que hay momentos en que es más necesaria el agua que el pan, falta pre­cisamente en los pueblitos más humildes.

Hacia esta compañía, repito, debemos exte­riorizar nuestro repudio, para que de una vez por todas salga de nuestro suelo. Con ello con­tribuimos a reivindicar para nuestra nación el claro concepto de la independencia económica.

Yo pregunto, vecinas: Las mujeres ante es­ta situación ¿podemos permanecer indiferen­tes? ¡Afirmo que no! Y ninguna mujer cons­ciente diría lo contrario.

Porque no es posible que nos quiten el agua producto de las entrañas de nuestras tierras, tierras argentinas.

No es posible que esto ocurra aquí. . . a pocos pasos de la capital federal, donde días pasados han tenido que recurrir a las bocas de incendio para proveerse de ese líquido tan necesario.

No es posible permanecer tranquilos ante es­ta situación, pues si no se soluciona, pronto ve­remos nuestros hogares amenazados por las más

Pág. 11

terribles enfermedades, porque si nos falta el agua no podremos higienizarnos, ni higienizar a nuestros hijos, entonces llegarán las conse­cuencias de la falta de higiene.

Nosotras vivimos con el alma en la boca pen­sando en tal posibilidad.

No es posible tampoco que en un pueblo co­mo Avellaneda, pueblo moderno, donde hay edificios de 2 ó más pisos, no se tenga agua, o se deba esperar a la noche para que suba un poco a las azoteas, porque de día apenas les al­canza para lo má3 indispensable.

No es posible, repito, que ante la situación en que se encuentra esta populosa barrinda ocu­rra otra vez lo de días pasados, en que el pue­blo, desesperado, como he dicho anteriormente, se ha visto obligado a recurrir a las bocas de incendio para proveerse de agua.

Y esto, vecinas, ¿es justo? ¡No! Debemos exigir a nuestras autoridades que de una vez por todas escuchen la voz de casi un miilón de hogares, hogares argentinos, en que se están criando hijos argentinos, que en el día de ma­ñana serán los hombres que defenderán nues­tra patria, una patria libre de empresas extran­jeras, grande y feliz!

Nuestros gobiernos, que son argentinos, son ellos también los responsables si esta situación se agrava, porque, vecinos, no es solamente en este pueblo donde hoy falta el agua, sino tam­bién en numerosos barrios poblados, donde hay numerosos niños, niños argentinos; barrios co­mo Dock Sur, Villa Mauricio, Villa Barceló, Remedios de Escalada, el mismo centro de Ave­llaneda y otros más.

Villa Mauricio tiene que ir a buscar el agua a un grifo que ha colocado la misma empresa donde tiene los pozos.

Villa Barceló, pueblo también humilde don-de ahora más que nunca se soporta la prepoten­cia de esta empresa extranjera; allí también han instalado varios pozos, para la extracción de agua. En estos momentos ese pueblo se ha decidido a presentarse a la justicia, para exigir una justa reparación por los daños ocasionados por esta compañía, que a pesar de que en nu­merosas oportunidades se le solicitó la exten­sión de los caños que llevaran agua a la pobla­ción, la empresa se negó, diciendo que no le representaba negocio digno de ser atendido.

Desde entonces, los vecinos no cuentan con el líquido suficiente para las más elementales necesidades.

Por todas estas injusticias y arbitrariedades

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P&g. 12

de esta empresa extranjera es que hoy se rea­liza en esta plaza este hermoso acto, y yo con mis modestas per0 sinceras palabras os digo, vecinas, señoras, señoritas, jóvenes: a unirse todos, todos sin distinción, a luchar, a ayudar a vuestros esposos y padres, de pie, firmes hoy contra la compañía de aguas corrientes.

Esa es nuestra aspiración, aspiración del que sufre en carne propia, que somos los habitan­tes de la Pcia. de B. Aires, aquí, que es donde ha puesto pie la ambición, el lucro de estas em­presas extranjeras, que no hacen diferencias de ninguna clase, ya que su ambición es llevar más y más libras esterlinas a Londres.

Y para que el oro no emigre de nuestra pa­tria es que el pueblo, los hombres verdadera­mente argentinos, las mujeres, jóvenes y niños, los extranjeros que viven en nuestro suelo, to-dos sin distinción de ideas políticas o religiosas, nos hemos reunido aquí.

¡A luchar por un inmediato y justo objeti­vo: expropiación de la compañía de aguas co­rrientes y su traspaso a Obras Sanitarias de la Nación! Las empresas extranjeras, que repre­sentan capitales extraños a nuestro país, no be­nefician nuestra economía, sino las propias, las extrañas a nuestra patria.

Los servicios públicos no pueden seguir sien­do de empresas cuyos fines sean engrosar las arcas de los capitalistas ingleses, a quienes no les interesa el bien de nuestro pueblo, extraño para ellos, sino el lucro, el mayor porcentaje a sus acciones, y esto no deben seguir contem­plándolo con indiferencia nuestros gobernantes en un servicio que influye en la salud y la vida misma del pueblo.

Nuestra lucha, vecinas, es por la liberación económica nacional; por la recuperación de nuestro patrimonio, a lo que nadie puede opo­nerse, salvo que sea por interés mezquino.

Esto deben entenderlo los hombres que diri­gen los destinos de nuestra patria.

Este es el momento de decir lo que piensan y sienten las mujeres, las contribuyentes en ge­neral.

Porque las mujeres somos también contribu­yentes. Ya sea en la fábrica, oficina, escuela, comercio, o en su condición de simple fregona en la obscura tarea casera, la mujer acarrea todos los días un poquito de riqueza para nues­tra querida patria y le entregamos en cada hijo un pedazo de nuestras entrañas.

Vuestro apoyo, mujeres, es el que más se neeesilíi en estos momentos decisivos, para

V I D A F E M E N I N A

nuestro hermoso movimiento, para defender nuestro hogar, la pequeña economía de nues­tro hogar, que es la de nuestros hijos.

¡ Por el cumplimiento de la ley 4680! ¡Por que se nos suministre agua por medio

de O. S. de la Nación! ¡Por una patria libre de empresas extranje­

ras! María L. DE MARCUSSI.

Discurso de la Dra. María U. de López

Señoras, señores, niños .­

La falta absoluta de agua en los días más calurosos nos ha obligado a lanzarnos a la calle en señal de protesta, organizando este acto ca­lurosamente apoyado por la Confederación y la Unión de Sociedades pro nacionalización del agua corriente, entidades ambas archiconoci­das que luchan por la transferencia a Obras Sanitarias de la Nación, a la par que nosotros por la rebaja del pavimento, ambas luchas ya se están prolongando demasiado, pero a fuerza de actos como éste, donde públicamente se ex­terioriza el malestar general, actos donde sa­bir eimas pon^r de manifiesto nuestro descon­tento, actos 'como éstos que son el reflejo clamoroso del pueblo, sólo mediante éstos lle­gará un día que nuestras autoridades tendrán que indefectiblemente encarar y solucionar

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una vez por todas estos problemas que afec­tan moral y económicamente a tres extensas zonas como1 lo son Avellaneda, Almirante. Brown y Lomas de Zamora. En la organiza­ción de este acto nos ha tocado ocupar un lugar preponderante a la mujer, puesto que la falta de agua es a nosotras a quienes nos ha ocasionado1 más serios trastornos, molestias y disgustos; pues el solo hecho de tener que salir de nuestras casas para acudir a las bocas de incendio que en un momento de desespe­ración fueron abiertas, este solo hecho es ya de por sí suficientemente justificado1 para ha­cer sentir nuestra más enérgica .protesta; por­que tener que pagar y pagar a precio de oro y no tenerla en algunos momentos para las más elementales necesidades, es el colmo de todos los colmos.

Esta es la causa por la cual las mujeres nos hemos movilizado; somos nosotras las que más sentimos en carne propia la falta de agua y es por esta causa que a este acto le hemos querido dar un colorido eminentemente feme­nino, no quiero por esto decir que también los hombres no sienten esta deficiencia, puesto que al volver después de un día de fatigada tarea y no encontrar agua ni siquiera para hacerse una ligera higienización, lógico es, por lo tan­te, que también tienen derecho a hacer sentir su protesta, y la hacen sentir como ellos ya saben hacerlo desde donde levantan sus tri­bunas.

Nadie ignora que sin agua la vida, tanto ani­mal como vegetal, se torna imposible; sin este precioso elemento la humanidad perecería y fatalmente; pretender privar o disminuir a to-do un pueblo, equivale a pretender someterlo al yugo de un tirano, que en este caso estaría personificado en una empresa extranjera, em­presa imperialista, empresa con la que sostie­nen hace varios años una lucha sin cuartel, nada menos que tres comunas y a las que en este acto que la Unión Vecinal pro Rebaja de Pavimentos ha organizado, ha querido engra­sar sus filas y lo hace con aquel calor y entu­siamo con el que las mujeres de Valentín Alsina,- sabemos hacerlo, cuando se dispone a hacer frefnte a cualquier atropello. También nosotras tenemos derecho1 a hacer frente a la prepotencia y al abuso con que maniobran dos empresas como la de Aguas Corrientes y la Warren Brothers, hermanas gemelas, porque tanto sus procedimientos como sus intencio­nes y finalidades son exactamente iguales al

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extremo1 de haberse puesto en todos sus ac­tos de común acuerdo para proceder en forma absolutista y absurda contra la masa humil­de, la masa trabajadora y tranquila de nues­tras comunas, conspirando contra loa derechos de un pueblo que ha sabido labrarse su porve­nir y de sus hijos a costa de inmensos sacri­ficios y privaciones.

La Unión Vecinal pro Rebaja de Pavimen­tos y la Confederación de Uniones Vecinales, afectadas por pavimentos de la provincia de Buenos Aires, al plegarse con la Confedera­ción y Sociedades pro nacionalización del agua corriente, entidades ambas que luchan por una sola causa, un solo propósito1, lo ha­cen con aquella sinceridad y franqueza propia de las instituciones que se organizan con un fin noble, con un fin altamente humano, co­lmo lo es el de la defensa de nuestro techo, rincón sagrado al cual las empresas éstas tie­nen fijada su mirada, pero todos unidos sere­mos para estos pulpos una barrera difícil de vencer, una barrera infranqueable, una barre­rra en la que tendrán que estrellarse y sucum­bir necesaria y fatalmente.

Un pueblo unido, un pueblo dispuesto a no dejarse atropellar, un pueblo dispuesto en cualquier momento ha hacer valer sus dere­chos, que nuestra hermosa Carta Magna nos otoTga, no es tan fácil convencerlo con pala­bras bonitas, ni con engaños pre-electorales, mentiras todas disfrazadas de bellas prome­sas, en una palabra, pretenden tener sugestio­nado a un pueblo consciente, como si fuera un niño, eso se acabó! Todos, quien más, quien menos, se dan perfecta cuenta de todas estas maniobras, y si >en algo no tratan de mitigar en parte este malestar que el pueblo clama y con toda razón como es en los momentos ac­tuales la falta de agua, no sé adonde llegare­mos, porque todos los abusos, sean de la natu­raleza que sean, tienen su fin.

A empresas como estas, que por el solo he­cho de tener de su lado a los jueces de pafci y alcaldes, creen tener ganado el cielo, están en un craso error. Porque si todas las justi­cias son como1 las que tenemos en Avellaneda, estamos arreglados.

Problemas como estos de carácter eminente­mente social, es a nuestras autoridades en el el orden comunal como provincial que más debería interesarles, por llegar a un entendi­miento que fuera satisfactorio para ambos;

(Sigue en la pág. 46).

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P é g . 14

La Voz del Campo

Tres Gallos...

Por

ELENA

BARBERENA

Volvieron mis hermanos del trabajo con una expresión divertidísima. ¡Qué alegres! ¿Qué les pasa?

—Acaban de hacernos un cuento que tú no lo vas a encontrar tan divertido como nos­otros. Antes de olvidarnos, tiene que darnos algunos de esos affiches de la Sociedad Luz, contra el alcoholismo, para enviárselos a Don Celedonio.

Nunca había oído decir que Don Celedonio fuera bebedor. Con interés indagué:

—¿Por qué a Don Celedonio; acaso es be­bedor T

—No, bebedor no; pero por el buen vino es capaz de un sacrificio; y como tú sostienes que se vive muy bien sin el,vino, queremos co­rregir a Don Celedonio, antes que se dé al des­patarro.

—¡Qué exagerados!... Que tome una copita

V I D A F E M E N I N A

en la comida, si le gusta, en fin, aunque si está tan pobre podía suprimir el vino por un buen alimento.

—Siéntate, escucha. Creemos firmemente que después de este breve cuento, no aumentará tu admiración por el sexo masculino, ni sus arres­tos varoniles.

—¿Vistes esos regios gallos que llevaba Ju­lio en su vagón?, (Este era un repartidor de almacén a domicilio.)

—Sí, en verdad, que eran hermosos y muy nuevecitos.

Bueno, siendo únicos de su plantel, los ha ha cambiado don Celedonio por diez litros de vino.

¡MUJER, TEN PACIENCIA!

Era un día sofocante, y como ocurre en es­tas ocasiones cuando se puede, uno busca la

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ENERO - PBBRBRO,

sombra de los árboles, nosotros nos ubicamos bajo el follaje de los centenarios talas. Algo mejor se estaba. La prueba es que al poco rato, un amigo, hombre de ciudad, filósofo, muy estudioso y gran observador de la Naturaleza, sacó como conclusión muy provechosa, después de una larga charla, que la mujer debía ser dulce y muy paciente. En especial debía inter­pretar al hombre, cuando éste se abstrae horas y horas. Al volver él de su abstracción debía ha­llar a su lado un ser dulce, lleno de mansedum­bre. No lo dijo, pero pienso que deseaba la man­sedumbre del burrito.. para la mujer. Una mu­jer de raquítica inteligencia no debiera osar, ha­blar de estos temas, pero cuando quise acordar, estaba poco más o menos diciendo que la pacien­cia debía ser don de hombres y mujeres por igual; porque si malo era alejar de su abstracción al hombre, no era mejor por simple regla de hu­manidad agravar la fatiga de la mujer pidiendo en tono subido la comida o protestando por un cuello arrugado.

No nos pusimos de acuerdo. ¡Vemos la vida en forma distinta los filósofos y los campesinos! Pero hete aquí que un campesino auténtico des­barata mi teoría feminista, dejando triunfante al filósofo.

El protagonista es un joven vecino de recono­cido mal genio.

Luego de comer se acostó a dormir la siesta. Esa era la hora sagrada. Nadie debía conversar, ni debía sentirse el menor ruido. ¡ Guay del pe-

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rro que osara ladrar 1 Esa paz era conseguida merced al desvelo de «un tres hermanas. Estas cuidaban el eueño del inocente... Transcurrían los meses de siesta, descanso para él y de incer­tidumbre para ellas. Goyo no había tenido una mala siesta. Pero lo bueno como lo malo tienen su plazo. En la casa de Goyo ocurrió lo inusita­do. Una malhadada siesta en que el calor era mayor y las muchachas estaban muy fatigadas, resolvieron descansar, una vez observado que to-do estaba tranquilo.

Ni diez minutos haría que reposaban, cuando las sobresaltó el estridente canto de un gallo, y acto seguido una detonación, que hizo temblar las paredes del rancho.

¿Qué había ocurrido? Un gallo contraventor de las ordenanzas de descanso impuestas por Goyo, se permitió cantar en la ventana de su dormitorio, y éste, para ejemplo de los demás, lo fusiló.

El gallo fue puesto sobre la mesa de la cocina, muda orden para ser presentado más tarde en un guiso.

Y aquí triunfa el pensamiento del filósofo. De no §er las mujeres de esa casa pacientes, jqué ocurriría? Algo que no escaparía a vuestra pene­'tración. Arremeterían contra las gallinas en sus malos momentos. ¡Entonces, pobre economía del hogar campesino, con perspectivas tan lúgubres como son las de este año!!. . .

Castelli.

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El

Maestro

y la

G u e r r a

(Réproduc'mos estas pág-inasdel tan conocido libro de Re-marque "De regreso". Contienentan profundas y aellas ideassobre la responsabilidad del•maestro, que sería de desearse grabasen en <el espíritu detodos.)

Cuarenta cabezas rubias y morenas se incli­nan diligentemente sobre sus cuadernos y piza­rras y se esfuerzan por escribir las grandes le­tras del abecedario. Atentamente hago vagar mi mirada por encima de los rostros. La mayor parte de ellos son bonachones y mediocres, al­gunos astutos y tontos, pero en unos pocos bri­lla algo más claro. No les parecerá a estos últimos toda esta vida como algo obvio y que no todo pasará para ellos sin tropiezos. Los contemplo y pienso: Mañana nos detendremos en las preposiciones, la próxima semana escri­biremos al dictado, en un año sabréis de me­moria cincuenta preguntas del catecismo, en dos1 empezaréis la gran tabla de multiplica­ción . . . y mientras tanto seguiréis creciendo y la vida os tomará en sus tenazas, una vida mo­nótona o una vida más impetuosa, una vida mo­derada o una vida quebrantada... cada uno tendrá su destino, y viviréis así o así. ¿Puedo, acaso, ayudaros con mi conjugación y en la enumeración de los ríos de Alemania? Cuarenta vidas diferentes están detrás de vosotros y es­peran. Si pudiera ayudaros, ¡con qué agrado lo haría! Pero ¿quién puede aquí ayudar real-mente al otro ? En el frente era posible hacerlo,

porque se trataba de cosas que se podían ver. Pero aquí. . . ¿no espero ayuda yo mismo? ¿De vosotros ?

Examino el plan de estudios, un libro gris de hojas amarillas. Tiene por autor a un com­petente pedagogo y asigna a cada semana con toda exactitud lo que se debe enseñar. Lo hojeo lentamente. Semana 17: la guerra de los trein­ta años; octubre: la guerra de los siete años, las batallas de Kunersdorf, Rossbach y Leu-then; noviembre: las guerras de la liberación; diciembre: la campaña de 1864 y la toma por asalto de las trincheras de Düppel; enero: la guerra de 1866 contra Austria y la victoria de Koeniggraetz; febrero: la guerra francoalema-• na de 1870-71, las batallas de Metz y Sedán, la entrada en París1.

Sacudiendo la cabeza, tomo el libro de his­toria.. . guerras, luchas, batallas, algunas ve­ces los unos en compañía de los otros, otras veces los unos contra los otros. En Leipzig y en Waterloo con los rusos y los ingleses, en 1914 contra ellos; en la guerra de los siete años y en 1866 contra los austríacos, en 1914 con ellos. Cierro el libro: no es ésta una histo­ria del mundo, sino una historia de guerras.

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_A NUESTROS SUSCRIPTORES Y LECTORES

Nuevamente "VIDA JtEMENINArtdebe hacer un llamado a la gent i leza de sus suscriptores para pedi r les excu­sen el re tardo de su aparición»

El presento número corresponde a Enera y Febrero, pues se presentan grandes obstáculos a nuestra sa l ida regular ,cuya causa nuestras lec toras comprenderán de inmediato»Sin embargo en e l curso de este año t r a t a r e ­mos de regular izar nuestro se rv i c io .

Es es ta para nosotros una oportunidad para pedir nuevamente l a ayuda y colaboración de cuantos aprecian e l esfuerzo que realizamos»

Pedimos a nuestros suscr iptores no solo e l pa-go regular de su cuota sino el aporte de algún nuevo abonado,No puede Vd amable lectora conseguir de alguna de^sus amigas,a quien f a c i l i t e la rev is ta ,una suscr ip ­ción?

Necesitamos igualmente el aumento de los avisado­res y estamos seguras de encontrar e l apoyo de nuestros amigos que desde hace muchos años nos acompañan con una adhesión que intensamente agradecemos.

_LA DIRECCIN

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i Dónde quedan los nombres de los grandes pen­sadores, de.los físicos, médicos, investigadores, hombres de ciencia? i Dónde está la descripción de las grandes batallas que esos hombres libra­ron por la humanidad; dónde una exposición de sus ideas, de sus actos, en los que estaban a menudo en mayor peligro que todos loa jefes de ejércitos! i Dónde hay una lista de los que fueron martirizados, quemados, encarcelados por sus convicciones? En vano la busco. En cambio, está descripta en todos sus detalles ca­da pequeña campaña militar.

Mas es posible que el libro de lectura brinde algo diferente. Lo abro. Poesías: "Plegaria an­tes de la batalla", "El cuerpo de Lützow", "La tarde de Leutchen", "El trompeta de Vienvi-Ue", "El emperador es un buen hombre", "Car­ga de húsares". Sigo leyendo: "Un día de la vida de nuestro monarca", "Napoleón III he­cho prisionero" En todo caso, pienso, es mejor ser hecho prisionero que huir. Sigo: "De cómo batimos al gabacho de Gravelotte", descripción festiva de un combatiente. Y en medio de todo esto hay algunos cuentos y descripciones de comarcas de la patria, y luego otra vez episo­dios de guerra melosos o sentimentales y pom­posamente adornados. Semblanzas de jefes mi­litares, himnos a la guerra. Me horrorizo cuan­do pienso cómo ha sido falseado en un solo sentido el concepto de la patria, j Dónde están las semblanzas de los grandes poetas, de los pintores y de los músicos? Cuando las víctimas

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de ese plan de estudios abandonen la escuela, conocerán los períodos de reinados de los prín­cipes más insignificantes y las fechas de las batallas que éstos libraron, y considerarán todo esto como lo más importante que hay en el mundo, pero no sabrán casi nada de Bach, Beet­hoven, Goethe, Eichendolff Durero, Roberto Koch.

Arrojo los libros sobre el pupitre. ¿Qué ense­ñanza es ésta? ¿Qué es lo que debo hacer aquí? ¿Qué es lo que estoy haciendo? ¿Cooperar en todo éso?

Diligentemente rasgan los lápices y las plu­mas y las cuarenta cabezas están inclinadas so­bre las pizarras y los cuadernos. Abro la ven­tana. El viento trae el vaho de praderas húmedas, de bosques y de primavera. Lo res­piro ansioso. Las nubes siguen deslizándose velozmente. Siento como si un siglo hubiera pa­sado desde el momento anterior, como si aque­llas hojas amarillas, allí sobre el pupitre, me hubieran arrastrado a través de un siglo de mezquindades, de torpe obediencia y de falsifi­caciones. "Niños...", digo excitado, mientras siento en la nuca el viento de marzo.

Los cuarenta pares de ojos se levantan. Pero ya no sé lo que quería decir. Tampoco lo po­dría decir. Quisiera que sintiesen el viento y la eterna inquietud de las nubes. Pero nada de esto hay en el plan de estudios. Malhumorado, arrojo los libros en el cajón.

Suena la campana. Ha terminado la lección.

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La Tiranía y el Oprobio enSanto Domingo

Un Desequilibrado

incontenible Delirio de Grandeza

El Peso Trujillo

Dios y Trujillo

El Mozo Peynado

Por Protasio Martínez Alvarez

Indudablemente, el caso del "Generalísimo" Kafael Leónidas Trujillo! y Molina —amo y señor de la República Dominicana— es un ca­so patológico. No es posible concebir que un hombre normal, que un hombre con sentido co­mún y de responsabilidad, pueda asumir todas las posturas que este señor ha adoptado, ni co­meter todos los atropellos- que han sufrido y continúan sufriendo los habitantes de aquella desventurada República.

Si el "Gran Señor" ha podido sostener su régimen de opresión y barbarie durante los lar­gos ocho años que lleva de "gobernar", es de­bido a que las circunstancias le han favorecido grandemente. Por ejemplo, la de que haya lo­grado que su hermano controlara el ejército y la de que a los Estados Unidos les convenga por ahora apoyar a un hombre fácilmente maneja­ble y dócil a servir los intereses imperialistas de la manera más abierta. Algunos tiranos ser­viles tratan de cubrir siquiera las apariencias ante su pueblo y ante el mundo entero; pero

Trujillo y sus satélites actúan sin el menor es­crúpulo, tal como si no existiese ni el pueblo dominicano ni la opinión pública mundial. ¡To­do "eso" le importa muy poco al "Generalí­simo"!

EL INCONTENIBLE DELIRIO

DE GRANDEZA

Al efectuarse en el mes de mayo último, en la llamada "Ciudad Trujillo", las elecciones para presidente de la República, el "Generalí­simo" y "Benefactor de la Patria Dominica­na" promovió la realización de otra de; !as grandes farsas en su honor: ¡una votación sim­bólica! Y esto es rigurosamente exacto. Impor­tantes periódicos de Sudamérica publicaron el siguiente cable transmitido por la Associated Press: "Como nuevo homenaje de gratitud de la mujer dominicana al presidente Trujillo^ a quien considera el creador de la paz dominicana, votaron por él, simbólicamente, en urnas espe­ciales, 342.458 mujeres, excediendo este núm«­

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ro en 23.679 a los depositados por los hombres en las elecciones presidenciales".

Con este nuevo dato, elocuentísimo, juzguen los lectores de la categoría moral del dictador dominicano, poseído del delirio de grandeza en su grado máximo.

Mucha razón tiene el joven intelectual don Ángel Miolán, al afirmar en su libro contra la tiranía trujillista: "A este pueblo hambriento, explotado y enfermo, se le obliga a estar cons­tantemente "quemando incienso", como dice Thomson, para halagar la vanidad del amo, sien­do éste el precio de su derecho a la vida".

EL PESO "TRUJILLO"

Pero como si no fuese suficiente para satis­facer las insaciables ambiciones y la vanidad del "César" el haberle cambiado el nombre a Santo Domingo por el de ",Ciudad Trujillo", el hacerse llamar "Generalísimo" y "Benefac­tor de la Patria Dominicana", el haber reci­bido —por su propia orden— numerosas "con­decoraciones" ostentosas, el haber nombrado "Coronel" a su hijo de cuatro años, el haber obligado a la Universidad de Santo Domingo a conferirle el título de "Doctor Honoris Causa" "por sus excepcionales aptitudes como gober­nante y por su benemértia obra en favor del progreso, de la paz y de la cultura del país"; el hacerse llamar "Padre de la Patria Nueva" (frase esta última compuesta por el ahora "Pre­sidente" Sr. Jacinto B. Peynado), el hacerse proponer como candidato al "Premio Nobel de la Paz", como si no fuese suficiente todo esto, decíamos, para dejar satisfecho al Omnipotente Señor, éste creó además la moneda llamada ' ' pe­so trujillo" dándole el mismo valor que al dó­lar. Naturamente que esto ha ocasionado graves trastornos financieros en aquel país, ya que no existen las garantías metálicas indispensables

I . OKTI

OLLEROS 3938

Pá«. 19

para que se acepte con ese valor el "peso tru­jillo".

"DIOS y TRUJILLO"

¿Pero cómo es posible —podrá preguntarse con mucha razón alguno de los lectores— que un tirano de la categoría de Trujillo confíe la silla presidencial a otro hombre que le. puede restar influencia y poder?

En primer lugar debemos tomar en <?uenta las complicaciones internacionales que se pre­sentaron a Trujillo el pasado año —de1 las cuales habló el escritor dominicano don Valen­tín Tejada en nuestro anterior artículo— y en segundo lugar los "grandes méritos" del aho­ra presidente Sr. Peynado. Este inofensivo se­ñor —¡ inteligente psicólogo!—conociendo muy bien el lado flaco' de su amo, el Sr. Trujillo, mandó colocar hace tiempo en la parte alta de su residencia un letrero con grandes ca­racteres luminosos en los que se leían tres pa­labras: "DIOS y TRUJILLO". Es decir, que para la mentalidad del Sr. Peynado, en la tie­rra, o más bien dicho en el Universo, después de Dios no existe otro ser más grande ni más excelso que el "Generalísimo1" Trujillo. Y "pa­ra muestra con un botón basta" según el di­cho. Ya el lector puede darse cuenta de la "'personalidad" del flamante "Presidente" de la República Dominicana; puede explicarse también por qué llegó don Jacinto Peynado a la primera magistratura del país y puede ade­más deducir cuál será el papel que éste des­empeñe al lado de su "Dios" o sea Trujillo.

Para más señas de don JaeintG1, debemos in­formar que en la República Dominicana se le conoce, popularmente, con el apodo de "Mozo Peynado" Confesamos que la razón de este apodo no la cono'cemos.

(Concluirá). México, 1939.

c Hijo TECHOS CHALETS

U. T. 54 - 4393 ZINOUERIA

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PAg. 20 V I P A F E M E N I N A

Hermano Hermano campesino, en la llanura

el arado al sol bate la tierra, y la milpa levanta sus penachos

Campesino

Por Juan F. Vereo Quzmán

como una hueste de victorias plenas;el pueblo se repliega en la colinabajo el amparo de la torre enhiesta,y tus manos reclama,en la verde llanura, la cosecha.

¿Y por qué no la tomas, compañero? si te es pródiga y fiel como la sombra, si al cariño del sol abrkte en surcos, el corazón feraz de la parcela, y arrancaron tus manos incansables las perversiones de la mala yerba.

Silencioso y sañudo ensillas el caballo en la dehesa, cargas el cuerno, buscas la reata y limpias cuidadoso, la escopeta.

A lo lejos el grito del cuerno pastoril llama a la guerra, la lucha fratricida nos espera.

Es fatal, camarada, pero es cierto: porque el odio protervo de los amos quiere hacer para tí nuevas cadenas, pero ya no es posible que te aherrojen ¡Antes que ser esclavo rerás fiera! y regarás con sangre los ejidos, y abonará cadáveres la tierra, mientras en el pavor de tus montañas flota el rojo clamor de tu bandera.

¡Es la hora de luchar! ¡Llegue la lucha que veces hay en que la lucha es buena, y del caos tenebroso de las almas el golpe del acero saca estrellas! ¡Luchar! ¡Pues a la lucha camaradas! ¿Qué habremos de perder en la contienda los que nada tenemos en el mundo? Que si algo que perder, ¡son las cadenas!

Ya el sol decora el camino florecido y en la colina el pueblo se recuesta, en los surcos abiertos la semilla magnífica revienta

En tanto que retumba en la hondonada la voz del cuerno pregonando guerra!

No olvides, camarada, que en las sombras el golpe del acero saca estrellas!

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ENERO-•K'EORl&RO, 1840 PÁg. 21

Mujer, Naturaleza y ArteiPara VIDA

Recordar tiempos idos siempre es agradable, porque al recordarlos parecería que uno vuel­ve al pasado aunque esto sea en la ilusión.

Así, también, recordar personas cuando ellas, por su talento, dejan recuerdos en la memoria de aquellos que acompañaron su acción por estar muy cerca del ideal de su predilección; este recuerdo es satisfactorio, y sobre todo en los momentos actuales que se lucha en la sociedad por una igualdad más equitativa y más armo­niosa entre los dos sexos, que juntos sufren las consecuencias de este régimen social lleno de vicios y de injusticias contra las clases despo­seídas.

Por esto recuerdo en este artículo a la gran educadora Raquel Camaña, que con tenacidad inculcaba en el niño y en la niña conocimientos para la libre sociedad del porvenir; y hoy que la mujer lucha por su completa emancipación es bueno recordar algunos conceptos que la gran educadora tenía cuando comparaba a ambos sexos y seguía con varonil pujanza la obra de su gran maestra miss Graham.

Educadora que ponía de relieve y completa­mente desnuda la verdad de los hechos, para que sus educandas pudiesen analizarlos en todo BU contenido. Otras veces era la naturaleza y el arte la que servía a ella para sus comparacio­nes con el ser humano. ,

Por eso hoy, más que nunca, es bueno recor­darla, porque en el magisterio se sigue una nor­ma de convencionalismo que desde arriba se impone; aquella educadora, que afrontaba con valentía cualquier imposición, seguía la línea de conducta que se había trazado para no ser una del pasivo rebaño que por encima de un ideal coloca las satisfacciones materiales.

Llegó a ser ella la educadora que enseñaba a las de su sexo el rol que deberían desempeñar como solteras, como esposas o como madres, y con la convivencia del hombre, no considerándo­lo su dueño, como siempre se quiso que fuese en la sociedad pasada y en la presente, sino siendo la compañera dispuesta para afrontar las con­secuencias y vicisitudes ocasionales, así como sus alegrías,, pero con igual derecho.

En párrafos escritos por esa gran educadora se encuentran pensamientos dignos de tenerlos en cuenta. "Lo ideal es a la evolución lo que a la imaginación creadora es el artista: mués­trale la inspiración, el miraje, la obra futura y la sola concepción de la belleza o empuja a rea­lizarlo. Así el hombre concibe idealmente el tipo

FEMENINA

evolucionado y la mujer lo realiza objetivándo­lo en el hijo"

"El hombre, al cultivar las ciencias, has Je­tras, las artes, va creando idealmente tipos hu­manos cada vez más perfectos. Pero el papel de la mujer, en la evolución de la vida, es do­ble, en relación con su complemento sexual, la mujer representa en el universo la pasividad pero cuando se trata de preservar o de defender loa intereses de la raza, la mujer desarrolla una actividad prodigiosa.''

Este pensamiento tai^ noble, se conseguirá cuando el hombre no vea en la mujer solamente la hembra, y cuando la mujer, por sí propia, sea capaz de dignificarse, conquistando ante los demás el derecho de ser considerada como un ser humano. Porque según se considera hasta noy la mujer, ella es un género, sólo los hombreB son considerados individuos.

El ideal, para las personas sensibles que lu­chan por una igualdad de verdad, para los que ponen su corazón y su cerebro al servicio del amor, la justicia y la paz, ven en la niña la ale­gría del hogar, en la joven esbelta, ven la pre­dilección de sus deseos, cuando esposa debe ser la compañera inseparable que goce con el hom­bre los momentos felices, que a veces se tienen en el correr de la vida, y cuando llega a ser madre cuidarla con la devoción que cuida el agricultor sus plantas cuando llegaron a dar el fruto de sus esfuerzos.

Como Raquel Camaña, comparemos a la mu­jer con la naturaleza, pues así como la tierra produce las mieses que alimentan a la humani­dad, nos dan las flores que embriagan con sus perfumes y nos deleitan con sus preciosos colo­res, ellas también representan en la vida el surco que recógelas semillas, las fecundan y dan vida a los que seguirán siendo la sociedad futura.

Consideremos a la mujer y comparémosla con el arte, porque los grandes maestros de la es­cultura la tomaron y la toman como apreciados modelos para sus creaciones, los pintores para presentar sus obras modelándolas con figuras femeninas; y cuando una madre arrulla sobre su pecho al hijo de sus entrañas es lo mismo que cuando sentimos una canción armoniosa que lle­ga a las fibras de nuestros corazones.

Por eso he querido recordar a esta inolvida­ble educadora que buscaba en la realidad la edu­cación que serviría para formar una nueva socie­dad que aun no se ha podido comprender.

Isidoro AYALA

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V I D A F K M E N I N*A P A K . 22

«KSC

Si hacemos un balance del año escolar que ha terminado, comprobaremos que éste arroja un saldo desfavorable: ninguno de los males que de antiguo aquejan a nuestra escuela co­mún en el primer Estado' argentino, han sido suprimidos en forma amplia y. definitiva, que permita el desarrollo de la instrucción pri­maria.

Por el ccntrario; en momentos en que la'es­cuela primaria aguardaba la acción de los po­deres públicos para satisfacer necesidades pe­rentorias, que conspiran contra la eficiencia de la labor docente, cuando una gran parte de la po'blación escolar es flagelada por el hambre, la desnudez y las enfermedades —factores deter­minantes de la deserción escolar— para el go­bierno bonaerense lo más urgente ha sido im­poner por ley, la enseñanza religiosa.

Pareciera que el ya agonizante gobierno de Buenos Ares no estaba satisfecho de su obra regresiva, y ha querido' completarla con Ja ins­tauración de la enseñanza religiosa. Y esta re-forma, con la que el gobierno bonaerense venía amenazando desde mucho tiempo atrás, se ha llevado a cabo maguer la disposición constitu­cional que establece: "La educación común tendrá entre sus fines principales el de formar el carácter de los niños en el culto de las insti­tuciones patrias y en los principios de la moral cristiana, respetando la libertad de conciencia."

Hay

eias, en un profundo respeto hacia la conciencia del niño que, por la misma razón de su edad, no está en condiciones de discernir en materia de religión.

Por otra parte, la escuela común es la es­cuela democrática por excelencia, a la que tie­nen derecho de concurrir todos los hijos del pueblo, sin distinción de clases ni de religión. En la escuela del Estado, que se costea con los recursos de todo el pueblo, no deben existir cuestiones que la hagan odiosa para determina­das conciencias. En el recinto de la escuela po­pular no deben plantearse problemas de índole religiosa que signifique violencia para la con­ciencia de aquellos que no profesan religión im­puesta, o que no profesa ninguna. "La escuela

—afirmaba Sarmiento— dejará de ser la patria de todos si se proponen hacerla expresión del

espíritu de algunos."

El laicismo no significa en manera alguna irreligiosidad. La escuela laica no combate nin­guna religión.

El laicismo "es un vasto campo de discusión en el que todas las ideas pueden enfrentarse con una libertad absoluta. El espíritu laico es el espíritu científico, amplio, generoso, abierto a todas las investigaciones, discusiones y luchas. Investiga la verdad por las leyes de la lógica humana y no por las luces divinas de la revela­ción."

Los nuevos cruzados de la enseñanza religio-La escuela del Estado debe ser laica. Ha de sa afirman: "La separación que el sectarismo

cimentarse en el respeto hacia todas las creen- quiso hacer entre moral y dogma cristiano es

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ENERO- FEBRERO, 1940 1'ílK. 23

0LAKI2S Por JUAN NICKO

Reconquistar a Escueía L Laica

un absurdo. No existen principios morales sin fundamentos dogmáticos. La moral da regias de conducta, el dogma la razón de ser de esas re­glas" (Palabras del mensaje postrero del go­bernador Fresco).

Se hace una lamentable confusión entre la moral y el dogma. Pero la verdad es que la moral no tiene nada que hacer con el dogma.

La moral no necesita del dogma, como lo afir­mara el ilustre ciudadano argentino, Bartolomé Mitre, en su artículo publicado en "La Nación", en mayo de 1884, en vísperas de los luminosos debates parlamentarios sobre la ley 1420 que creó la escuela laica: "Díeese que no puede en­señarse la moral sin la religión católica. En­tonces no habría hombres morales y virtuosos donde el protestantismo prevalece, lo que no se puede afirmar porque es un gran absurdo. Qué tienen que ver con la religión, sea ésta católica o protestante, la responsabilidad, I¡a fraternidad, los deberes para consigo mismo y para con sus semejantes, el amor a la verdad, a la justicia, el cumplimiento de las obligacio­nes, etc., que pueden y deben enseñarse en la.s escuelas con independencia de toda creencia re­ligiosa, de todo dogma, de toda fe" Y agrega­ba Mitre: "La escuela es laica por su naturale­za y por sus fines, y en su recinto no puede en­señarse una religión determinada, como oblif/ti­toria."

Y podemos completar este juicio de Mitre con la valiosísima opinión de Jules Ferry, quien en una carta dirigida a los maestros de Francia, en 1883, decía, refiriéndose a la supresión de

la enseñanza religiosa en las escuelas: "La ley del 28 de marzo se caracteriza por do.s disposi­ciones que se complementan sin contradecirse. De una parte deja afuera del programa obliga­torio la enseñanza de todo dogma particular; de otra pone en primer plano la enseñanza mo­ral y cívica. La instrucción religiosa pertenece a la familia y a la iglesia; la instrucción moral a la escuela."

Los conceptos transcriptos —expuestos hace

(Sigue en la pág. 45)

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HO

Es "Nuestro Hombre" un nuevo libro de la prestigiosa escritora Herminia Brumana.

Estudio amoroso de Martín Fierro; interpre­tación muy personal de la estampa del gaucho argentino.

' ' Nuestro Hombre" es un canto admirativo; Martín Fierro surge de las páginas de esta obra, engalanado con sus mejores armas, señor de la pampa sobre su potro reluciente de plata y ha­ciendo sonar las coscojas de su emprendado.

Herminia Brumana destaca con fervor de en­amorada las cualidades del gaucho. Ytffe es raro que así sea.

Herminia és una cultora de la Belleza y una sacerdotisa de la Libertad, y Libertad y Belleza fueron dos amores del gaucho.

Podemos no estar de acuerdo con algunos jui­cios de Herminia Brumana; quizá no suscribi­ría n¡"s algunas de sus apreciaciones, pero no va­mos a regatear elogios a la distinguida escritora (¡u<; enriquece la literatura argentina con un fru­to más de su clara y noble inteligencia.

Por

Herminia

Brumana

Su llamado a la mujer criolla es un grito hondo y humano que ojalá halle eco en el pecho de muchas compatriotas.

VIDA FEMENINA reproduce una parte del ca­pítulo "La virilidad de su ternura".

"Lo sabíamos con su nombre claro que sig­nificaba guapeza y lealtad; lo sabíamos con fe en su propio valer y solidario con los seres que enfrentaba; lo sabíamos sensible a la Naturaleza y "ejerciendo el más macho de todos los oficios"; y todavía no podíamos decir que el gaucho era cabalmente un hombre.

Le faltaba hacernos saber que era capaz de sentir esa divina angustia que, oprimiendo el corazón, hace subir el llanto a los ojos o lo diluye en las venas aflojándolas. Le falta mostrarnos su ternura, para saberlo virilmente un hombre.

Ha bastado un solo gesto materializado en una estrofa, menos, en dos pies de verso, para alzar ante nosotros la certeza de su poderosa debilidad:

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ESTROMBRE"

"Y sentao junto al fogón A esperar que venga el día Al cimarrón le prendía Hasta ponerse rechoncho, Mientras su china dormía Tapadüa con su poncho."

He aquí'que este hombre, que en la noche an­terior :

"Era cosa superior Irse en brazos del amor A dormir como la gente."

ha reclamado a su pareja lo que la sangre le exi­ge para la vida, saciada BU carne, ha florecido en ternura para ella. No es un materialista y esa ternura le hace contemplarla dormida, monton­cito de carne débil que no osará despertar y al que cubrirá con su poncho silenciosamente. Este gesto de ternura ha convertido en hombre al gaucho.

Ya puede salir al campo antes que llegue la mañana, a esperar el día adelantándose a la misma aurora, si quiere realizar bien su tarea. En la china, tapadita con su poncho, queda su espíritu, el rayito de luz que lo humaniza. Mar­tín Fierro es un hombre, como Don Quijote se hace humano al crear a Dulcinea, debilidad de su corazón que hará la fortaleza de su espíritu.

Pasa a ser hombre porque ve en Ja hembra BU compañera, la razón de su vida que alentará su carne deleznable hasta hacerla divina.

Un gaucho sin el recuerdo de su china, aca3'j de una mujer cuya mano apenas rozó en el baile, es poco común.

Toda la literatura gauchesca anterior al poe­ma de Hernández es amorosa o patriótica. Los cielitos, las payadas, las versadas, se inspiran en la mujer o en la Patria.

Santos Vega, considerado el más grande can­tor de la pampa:

"Murió cantando su amor Como el pájaro en la rama."

Ya lo dice el poema por boca de Cruz, que .­

"Todo gaucho es dotor 8i pa cantarle al amor Tiene que templar las cuerdas."

Romántico era el amor gaucho glorificado eo el canto de Estanislao del Campo:

"Cuando un verdadero amorSe estrella en un alma ingrataMás vale el fierro que mataY el fuego devorador...

Siempre ese amor lo persigueAdonde quiere que va;Es una fatalidadQue a todas partes le sigue.

Si Vd. en su rancho se quedaO si sale para un viaje,Es de balde, no hay parajeAnde olvidarla usté pueda.

Cuando duerme todo el mundoUsté sobre su recao,Se da güelta desvelaoPensando en su amor profundo.

Y si el viento hace sonarSu pobre techo de paja,Cree usté que es ella que bajaSus lágrimas a secar.

Y si en alguna lomadaTiene que dormir al raso,Pensando en ella, amigazo,Lo hallará la madrugada.

Allí acostao sobre abrojos,O entre cardos, don Laguna,Verá su cara en la LunaY en las estrellas sus ojos.

¿Qué habrá que no recuerdeAl bien de su alma querida;Si hasta cree ver su vestidoEn la nuebe que se pierde?

.. A través del poema, nuestro hombre rinde su tributo de amor a la mujer.

No hace de ella blanco de floreo literario, va­nidad de varón que describe a su amada más hermosa que todas las mujeres. El la dignifica elevándola a la categoría de compañera, condi­ción no alcanzada por las mujeres de todos los

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Péug. 26 V I D A 1 F E M E N I N A

pueblos, ya que en muchos se la considera hem-bra o sierva.

"¡Quien es de un alma tan dura Que no quiera a una mujer! Lo olvida en su padecer Si no sale calavera. Es la mejor compañera Que el hombre pueda tener.

comenta Cruz. Y en seguida describe de cuerpo entero a la

cainita de antaño, fiel a su amor, tributaria a la suerte que le unía al hombre^ elegido, por quien sacrificaba juventud y belleza sin esperar recompensa. Chinita de antaño repetida en la criolla de todos los tiempos ajena a idea alguna de lucro, íntegra hasta el heroísmo, consecuente hasta el martirio, ejemplar sostenido a través de las generaciones, que Sjj encuentra todavía en ciertas mujeres de nuestra tierra a quienes la miseria obligó a cambiar de ruta. . .

Si es güeña no lo abandona Cuando lo ve desgraciado Lo asiste con su cuidado Y con afán cariñoso Y usted tal vez ni un rebozo Ni una pollera le ha dao.

Si destaca esa falta de regalos a la mujer que­rida, es porque el gaucho se siente incómodo al no obsequiarla. Sabe que para ser todo un hom­bre su trabajo ha de rendirle lo bastante para porporcionar a esa mujer lo necesario y lo su­perfluo. Su amor a la Belleza le hace proceder con ese —para nosotros— contrasentido, que consiste en comprar una cabezada de plata para BU pingo, antes que una cama para su descan­so. A la prenda le obsequiará con la bata flo­reada, bonita de colorido a sus ojos de artista, el pañuelito de seda, suave a su mano tosca de domador, el zapatito charolado, antes que la za­patilla, para el pie que anduvo descalzo toda la vida. Sus presentes son superfluos cuando re-gala a su mujer y a su pingo —sus dos amo­res—, porque su bohemia innata lo lleva a pre­ferir las cosas lindas a las útiles.

Nuestro héroe tiene tan alto concepto de la mujer que habla de ella con veneración:

"Cuando el hombre es más salvaje

Trata pior a la mujer.

Yo no sé qué pueda haberSin ella dicha_ ni goce,Feliz el que la conoce...Y logra hacerse querer.

"Todo el que entiende la vidaBusca a su lao los placeres;Justo es que las considereEl hombre de corazón.

Y termina la estrofa con estos versos que cons­tituirían por sí solos —si no hubiera mil más—, el motivo por el cual las mujeres deben amar a Martín Fierro.­

"Sólo los cobardes, sonValientes con las mujeres.

Su respeto culmina en este verso, digno broche:

"No se hallará una mujerA lo que esto no le cuadreYo alabo al Eterno PadreNo porque las hizo bellasSi no porque a todas ellasLes dio corazón de madre,

¿Es acaso esta visión de la mujer aureolada por la maternidad la que lo lleva a respetar en ella la madre?

Lo cierto es que Martín Fierro no se atreve a turbar su conciencia realizando acto pasional con la cautiva, madre dolorida por la reciente pérdida del hijito degollado por el indio.

Y cruza con ella, en noches y días intermina­bles, el desierto:

"Me vine como les digo Trayendo esa compañera, Marchamos la noche entera Haciendo nuestro camino Sin más rumbo que el destino Que nos lleva andequiera.

"Para ocultarnos, de día, A la vista del salvaje Ganábamos un paraje En que algún abrigo hubiera A esperar que anocheciera Para seguir nuestro viaje".

Imponente espectáculo de dos seres angustia­dos en la larga travesía del desierto. Una mu­

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BNERO-FEBRERO, 1840

jer doblada en dos por la pena, que marchaba a ciegas empañados los ojos por la visión ho­rrenda de un cuerpecito agonizante, y un hom­bre de bronce guiándola a través de todos los obstáculos, amparándola con su firmeza:

"Penurias de toda clase Y miseria padecimos Varias veces no comimos O comimos carne cruda Y en otras, no tengan duda Con raices nos mantuvimos".

__ Mas, 4 acaso hubo para nuestro hombre otro enemigo mayor que el desierto y el hambre? Junto a esa mujer joven y blanca, a merced de su pericia y de su voluntad, ¿no habría surgido el deseo de la sangre, pesada de sensualidad en las venas todavía jóvenes del gaucho?. Alguna noche, viendo a su compañera dormida, en el abandono que presupone la fatiga de las leguas cabalgadas bajo el sol calcinante, ¿no sintió Mar­tín Fierro el resquemor de la sangre?

Pensamos que si tal cosa ocurrió, pues no lo dice, este hombre pudo buscar en el brillo de las estrellas la luz purificadora que le lavara la sangre. Para algo más que para brillar en lon­tananza las habrían creado. Y aquietada su car-ne con la fuerza de su espíritu, no ensombreció

f ya su frente pensamiento sensual, hasta que:

"Al fin la misericordia De Dios nos quiso amparar Es preciso soportar Los trabajos con constancia Alcanzamos a una estancia Después.de tanto penar.

"Ay mesmo me despedí De mi infeliz compañera.

Martín Fierro venciéndose a sí mismo en lo más difícil A-lo que domine tu sangre te domi­nará a tí, dice un aforismo antiguo), es más que el hombre, estaba en'la categoría de santo.

¿Cómo puede crearse la leyenda del gaucho incapaz de amar a la mujer, a los hijos, al ho-gar, si su nostalgia por esos bienes perdidos se manifiesta en tantas ocasiones como suspira por su pasado?:

"Tuve en mi pago en un tiempo Hijos, hacienda y m\ujer. •

Pá«. 27

"Sosegao vivía en mi rancho Como pájaro en el nido Allí mis hijos querido» iban creciendo a mi lao.

"Yo he conocido esta tierraÉn que el paisano vivía

Ysu ranchito teníaY sus hijos y mujer.

"Que al gaucho que llaman vago No puede tener querencia.

"No tiene cueva ni nidoComo si fuera maldito.

No tiene hijos ni mujer

"Su casa es el pajonalSu guarida es el desierto

"Como bicho sin guaridaPero amigo, es esa vida,Como vida d<e animales

"Que no tiene el que es matrero Nido, ni rancho, ni asiento.

"En mil cosas cavilaba,Se me hacía ver a mi chinaO escuchar que me llamaba.

Su queja no es postura literaria. El hogar atrae su pensamiento y sus pasos con la fuerza del instinto y del corazón.

Este hombre a quien las circunstancias arran­can despiadadamente del lado de los suyos, cuan­do logra escapar del fortín endereza —sin un alto en el camino— sus pasos al lugar querido:

"Volvía al cabo de tres añosDe tanto sufrir al ñudo,Desertor, pobre y desnudoA procurar suerte nueva,Y lo mesmo que el peludoEnderecé^ pa mi cueva.

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P á g . 28

Tres años ele ausencia, no han logrado caJmar la pena de esa esperanza. Sabe que toda su an­gustia acabará viéndolos, el abrazo con que aco­gerán su llegada curaíá todas sus heridas. —Mi­serable, amargado por Qn trato odioso a su con­dición de hombre libre, apenas desertó cambió su gesto adusto por la sonrisa esperanzada:

"Para mí el campo son flores Dende que libre me veo.

Exigió a su caballo el tributo a su ansiedad y voló sobre los tréboles que le perfumaban su cara curtida, día y noche, sin descaneo.

No necesitaba otra guía que su amor por la querencia y no vaciló su rumbo, no titubeó su orientación magnífica:

"Hasta en las sombras, d<e fijo Que adondequiera rumbeo.

Como una luz lo guiaba el propio corazón en­cendido de ternura.

El galope de su caballo parecía retar a duelo a las sombras, para que dieran más pronto paso a la aurora, con la que llegaría su destino.

Cuando por fin el alba asomó, tímida como siempre, el rancho alzado en la loma, blanquea­do y erguido, tal como la generosidad gaucha lo forjaba para guía y refugio del viajero, apa­reció a sus ojos, oscurecido y empequeñecido, como si de pronto se hubiera puesto de rodillas.

Martín Fierro debió restregarse los ojos. Es que había equivocado el camino en la carrera anhelante ?

El caballo receló también al sentirse de pron­to bruscamente frenado.

Luego la rienda se aflojó en el abrir de la mano laxa, y el animal hace, cauteloso, los cua­tro pasos que lo separan de la duda brutal que golpea el corazón de su dueño:

"No hallé ni rastro del rancho Sólo eétaba la tapera".

Tapera: rancho acobardado que se achica para ocultar su ruina, rompiéndose en grietas que parecen heridas y poblándose de aves agoreras antipáticas al hombre. Ausencia con aire de tragedia.

"Sólo se oiban los aullidos De un gato que se salvó..."

Entonces los ojos enrojecidos de tanto trasno-' char, buscan ávidamente en la huellita que sa-

V I D A F E M E N I N A

lía de las casas como un anticipo del hogar, el volumen pequeño, lento y armonioso, inconfun­dible y querido de su mujer que vendría como otras veces, como todas las veces a su en en­cuentro.

El senderito no se borró con la luminosidad Je esa presencia deseada; tampoco su mujer lo esperaba.

Lo había abandonado:

"Me dicen que se voló Con no sé qué gavilán"

—•Cínicamente, juzga alguien. —Indiferentemente, opina otro, y agrega: el

gaucho no tiene más amor que su caballo y su libertad; por eso acepta mansamente la fuga de su mujer.

Mi oído que se ha apegado más de una vez al corazón de nuestro hombre, se adentra en esos dos versos y oye, entre esas líneas, palpitar su dolor, pero no su derrota.

Ante todo, Martín Fierro sabe que no ha sido vencido en el amor. Este fracaso lo ha hecho caer de rodillas clamando al cielo, pero no de bruces ocultando el rostro a los hombres. Lo ha vencido el destino, las circunstancias tejieron su derrota. En este caso la miseria. Lo comprendé porque ha vivido. Presiente que su amor perma­nece en el corazón de la mujer amada, aun cuando las desdichas lo hayan hecho tomar un camino opuesto al suyo:

"Y la pobre mi mujer ¡Quién sabe cuánto sufrió!

Lo que significa: cuánto debió vacilar, cuán­to debió costarle arrancarse del rancho y sus re­cuerdos! Y en los dos versos siguientes, desci­frado, clarísimo al entendimiento, su compren­sión:

" . . se volóCon no sé qué gavüán.

Ella, la paloma —palabra presente en su esencia aunque no se diga de viva voz-^-. Palo-ma, símil tan querido para el gaucho, que lo emplea a menudo uniéndolo así a su amada con el ave del arrullo, del plumaje tibio y de tono uniforme y suave.

" . . . se voló Con no sé qué gavüán.

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ENKUtO - F'EÍHHICKO, 1940

i Con quién f ¿Importa acaso la madera de la que está hecha la tabla para asirse el ahogado? i Importa, de qué oenegal o vertiente brotó la gota de agua dulce que aplacó la sed del mo­ribundo ?

Sabe, sí, que es un gavilán. ¿Quién, ni no un ave de presa, podía ser el que aprovechó de su debilidad, de sus alas entumecidas, de su gar­ganta reseca de tanto llamar en las noches sin fin de la usencia, para alzarse con ella, exte­nuada en la enramada del rancho, que también iba agachando sus alas como pájaro herido?

" . . gavilán

Manera de expresar genialmente, todo un lar­go y hondo proceso de injusticia. Manera de en­rostrar, cara a la posteridad, la vergüenza de los hombres que permanecieron impasibles o cómplices al derrumbe del hogar de un argen­tino que estaba haciendo la patria para los otros.

"Sin duda a buscar el pan que no podía darle yo.

agrega, para que no se dude desella, de su ele­gida, de la que dio con los hijos lo mejor de su sangre y con su ternura, la fe de su alma.

"No es raro que a uno le falte Lo que algún otro le sobre.

continúa explicando. En dos líneas, en dos líneas perdidas, puestas

como sin querer, expresando el preciso motivo de la injusticia, del "desequilibrio social cuya so­lución buscan los economistas en complicadas columnas de cifras, el mal de las sociedades hu­manas que quieren mitigar lo que podría curar la justicia: a una le falta lo que al otro le sobra.

"Si no le quedó ni un cobmi\ Sino de hijos un enjambre' ¿Qué más iba hacer la pobre Para no morirse de hambre?

termina. Y después, no el juramento de venganza del

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celoso por ética del amor, no el ungido del odio del pasional amoroso, sino la comprensión, un poco diluida en humana amargura, del verdade­ro amante.

No oculta su tragedia porque no se considera afrentado. Se siente tan superior que sabe no ha de mellarse su hombría. Su honor depende de sí mismo, de su conducta, de su manera de proceder en la vida, y no puede afectarlo en él, acto alguno de los otros. Al mismo tiempo pro­clama su fe en la mujer y la defiende, porque a la madre de sus hijos sólo puede vencerla el hambre.

Esta claridad de entendimiento en el preciso momento en que el despecho pudo nublarle los ojos, lo hace elevarse por sobre el común de los hombres.

Depone su vanidad de macho, acepta su fra­caso de plano, con la cara de frente, haciéndole un jalón a su destino y no lo oculta:

"Puedo asegurar que el llanto Cerno una mujer largué.

porque su hombría, demostrada una y mil ve­ces, lo pone a distancia de toda sospecha de renunciamiento.

Y su mano, esa mano que pudo segar de un golpe el cuello del gavilán que se llevó a su paloma, no se crispa en garra, y después de ha­ber en*jugado con el dorso áspero de la lágrima que se detuvo en el surco que patentizó su boca, se alzó en el lento ademán para pedir:

"Dios te dé, su bendiciónYa que a mí no me la dio.

La recordó siempre y permaneció fiel a esa mujer toda la vida, con la fidelidad de los hé­roes que no substituyen a la elegida. La lloró en su muerte.

"Les juro que de esa pérdida Jamás he de hallar consuelo

Y esta es la medida del amor de nuestro hom­bre, la medida cumbre del amor que no mata sino que hace vivir.

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LA TALIA

FASCISTAPOR

FRANCISCO FROLA

IV

LA SITUACIÓN DE LOS CAMPESINOS

La situación de los campe­sinos en la Italia fascista es particularmente grave. Musso­lini en su periódico "II Po­pólo d'Italia" del 15 de abril de 1920, escribió: "El campe­sino quiere poseer tierra y de-be poseer su tierra" Vamos a ver si esta promesa fue cum­plida. Con el fascismo en el poder, los obreros sufrieron una fuerte disminución de sus salarios y aprendieron en con­secuencia, a consumir menos. Esta disminución del consumo tuvo resultados desastrosos pa­ra la economía agríco'la: los pequeños y medianos agricul­tores desaparecieron pues se encontraron en la imposibilidad de vender sus productos. E] es­caso dinero que podía econo­mizar para pagar los impues­

tos llegó a faltar. Pero' los im-,, puestos deben pagarse de to­das maneras, y el régimen fas­cista los aumenta todos los días. Se debe pues, recurrir a préstamos, a hipotecar su ca­sa, su pedazo de tierra, fre­cuentemente a v e n d e r l o s o bien verlos confiscar por los acreedores, los bancos, los usu­reros. Se produce el fenómeno del abandono de la tierra, de invasión de las ciudades, en las cuales inútilmente se va a buscar trabajo, pues no lo hay.

Bajo el fascismo la esclavi­tud y la miseria de los obreros conduce inevitablemente a la esclavitud y a la miseria de los campesincs.

Los trabajadores del campo no obtuvieron "su tierra" co­mo había prometido Mussolini. En muchos casos han conquis­tado un pedacito de tierra, pe­ro en un cementerio' de Etiopía o de España.

Los pequeños propietarios

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han desaparecido, devorados por los bancos y los poderosos de septiembre de 1934 escribió capitalistas agrícolas.

"II Lavoro' Fascista" de 6 a propósito de los pequeños propietarios:

"...llenos de deudas, vien­do éstas aumentar s i e m p r e más, muchos agricultores, alar­mados por la visión de un dé­ficit que juzgan* incolmabie han abandonado sus propieda­des para hacer de braceros. . ."

En un estudio del "Institu­to Nacional de Economía Agrí­cola" se encuentra esta obser­vación :

"Todos los campesinos están cargados de deudas. Como ven que nunca llegan a pagarlas, abandonan sus fondos con gra-VL perjuicio' de la agricultura. Esí? estado de miseria es la consecuencia sobre todo de los impuestos demasiado e l e v a ­dos" (V. "Indagine Geográ­

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ENERO-FEBRERO, 1940 Pág. 31

fico-Económico-Agraria ", pág. 187).

Estas citas y otras que ha­ré fueron tomadas de publica­ciones oficiales del fascismo.

El Ingeniero Qiovanni Broc­ea, encargado por el gobierno fascista de hacer una investi­gación sobre las c a u s a s de abandono de las tierras, en el tomo I de un estudio sobre "Despoblación de los Alpes de Liguria y Piamonte" reprodu­ce algunas declaraciones de campesinos pequeños propieta­rios, que son realmente impre­sionantes. Véase aquí un ejem­plo: "Si usted nos consigue un lugar donde trabajar de brace­ros, nosotros saldremos todos de aquí y le daremos como re­galo todo nuestro pueblo"

"Venga usted a vivir aquí con nosotros por algunos me­ses y después verá si es posi­ble vivir de esta manera"

Mientras el gobierno fascista excita al pueblo italiano paTa la guerra contra Abisinia y la justifica con "el hambre de tierra" de los campesinos, és­tos están obligados a abando­nar sus campos en la misma Italia bajo la grave carga de impuestos que sirven para fi­nanciar la guerra misma..

El malestar en el campo es general entre los trabajadores. Sólo1 los gruesos propietarios obtienen utilidades importan­tes. Después de llegar al po­der, el fascismo lo hizo todo para favorecerlos. La famosa "batalla del trigo" tuvo por consecuencia empobrecer a los pequeños propietarios y enri­quecer a los latifundistas. El fascismo ha proclamado "se debe producir trigo para to-dos los italianos. Italia debe cesar de importar trigo, pues en caso de guerra no habría pan para todos"

Ahora bien, para aumentar la producción de trigo en un país en el cual no existen tie­rras productivas sin cultivo, debe necesariamente operarse una profunda transformación en la economía agrícola. Hay que substituir el cultivo del trigo a otros que el campesino haya escogido por ser más úti­les. De manera es que el cam­pesino en esta transformación encuentra un perjuicio. Por el contrario, los grandes propieta­rios que disponen de medios para comprar máquinas agríco­las y abonos químicos, han au­mentado enormemente la pro­ductividad de sus latifundios y -por consecuencia sus utilida­des, sobre todo' por ser dados los capitales necesarios por el gobierno' como "subsidio para favorecer la producción"

Efectivamente, el promedio de producción es de 8 quinta­les por hectárea en los peque­ños propietarios y llega a 30 quintales por hectárea en los latifundios de la Lombardía.

El gobierno fascista a pro­pósito de la "batalla del gra­no1" se enorgullece de la dismi­nución de la importación. En 1921, antes del fascismo, afir­ma Mussolini que se importa­ban 25 millones de quintales de trigo por año. Ahora se im­portan sólo 6 millones de quin­tales. Y todo el Duce está enor­gullecido.

Pero las cosas pasan de otra manera. La reducción de la im­portación del trigo no se de-be tanto al aumento de la pro­ducción nacional, cuanto a la disminución del consumo. Des-de que el fascismo conquistó a Italia, se inauguró el reino del hambre. Se consume menos. El pan cuesta muy caro.

El Anuario' Estadístico Ita­liano de 1921, en la página 262, indica como consumo prome­

dio anual de harina de trigo para cada habitante la canti­dad de 142,9 kilogramos. El mismo Anuario para el año de 1937, en su página 163, refiere el consumo promedio de 1936 y declara que es de 118,6 kgs.

Desde 1921 a 1936 hay pues una reducción de 17,1 % en el co'nsumo del trigo. El fas­cismo, después de poner al pue­blo italiano en una condición de inferioridad política, lo re­duce a una condición de infe­rioridad física condenándolo a una sub-alimentación.

Según el Censo general de 1936, el 48,2 % de la pobla­ción activa italiana, o sea 8 y medio milloties de hombres se ocupan en la agricultura. Es­tos ocho millones y medio de hombres están clasificados de la siguiente manera: 5 millo­nes de asalariados, 1 millón y medio de medianeros y apar­ceros y cerca de 2 millones de pequeños propietarios que po­seen hasta 10 hectáreas de tie­rra. Los propietarios de 100 a 500 hectáreas son 10.000 y los que poseen más de 500 hectá­reas son tres mil. Estos últimos en su conjunto detentan el 20 por ciento de todas las tierras disponibles.

Los .braceros agrícolas cons­tituyen la masa más numerosa y pobre de la población italia­na. Sus condiciones son l^s más tristes que se puedan imagi­nar. Si uno de ellos tiene tra­bajo por 80 días en un año ya se considera con suerte.

Maurice Lachin, e s c r i t o r frunces que visiió el campo en Italia en 1935 y que escribió un libro: "La IVc. Italie" (editor Gnllinard, pág. 223), afirma que los salarios agríco­

(Sigue en la pág. 3o).

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EL CUENTO DEL 15

Sil I

cA YOLANDA FOLDES

El padre de Mitia había sido tomado prisionero durante la guerra e internado en Rusia. Cuando estalló la revolución, se invitó a los cautivos a que se enrolaran en el Ejército Rojo. El padre de Mitia, también, se había plegado a las filas revo­lucionarias, sea porque deseaba derramar su sangre por los de­rechos del proletariado, sea por­que estaba harto de la vida de los campos de concentración. Digamos también que en aque­lla época el padre de Mitia con­taba apenas veinte años.

Quizá por eso, porque sólo tenía veinte años, logró desta­carse en el ejército rojo, pero fracasó lamentablemente en la política roja. Es muy dificul­toso para un principiante man­tenerse en el camino recto en­tre las tantas vueltas que ori­gina esa clase de política, en la cual las ideas revoluciona­rias al ciento por ciento de hoy pueden constituir la mas negra reacción de mañana. El padre de Mitia debió haber tropeza­do en algún imprevisto y obs­curo detalle, lo que, al fin y al cabo, debía sucederles a

muchos otros después de él. Lo que importa saber es que

el padre de Mitia se vio obli­gado a huir hacia Finlandia y que una campesina finlandesa le salvó.

—¡La policía roja me persi­gue! —gimió jadeante el pa­dre de Mitia cuando hizo irrupción en la casita de la campesina, exhausto.

La muchacha finlandesa lo miió compasiva.

—¿Ha dado muerte a algu­no? —le preguntó con interés.

—No; he hablado única­mente.

La muchacha comprendió. Sabía perfectamente q,ue ha­blar era delito mayor que ma-tar. Se dio, pues, a la tarea de salvar al fugitivo, según las reglas clásicas, como se lee en los libros y aun se acostumbra de cuando en cuando en esta parte romántica de Europa. Lo escondió en un gran baúl y lo cubrió rápidamente con varias prendas femeninas. A la poli­cía, que al poco rato se hizo presente, negó heroicamente que pudiera ocultarse alguna persona en su aposento. Lo re­

tuvo escondido durante quince días, y ya alejado todo peligro, pudo, moverse libremente el mozo.

Este había reparado en que su salvadora, en lugar de ser una campesina zafia, de ras­gos rústicos, poseía una singu­lar hermosura. Se prendó viva-mente de la muchacha, y a los pocos días la rogó que fuera su esposa. Enrojeció violenta­mente la finlandiesita. A ella también le agradaba su impre­visto huésped. Y así comenzó el idilio, que a las dos semanas se concretó en casamiento, al cual se prestó el cura del lugar, antiguo amigo de los difuntos padres de la moza.

Transcurrieron varios meses, después de los cuales, y a raíz de la noticia de una próxima llamada de gente joven para el ejército, el futuro padre de Mi­tia pensó proseguir el camino interrumpido tan inusitada­mente, dejando para más ade­lante 4a Isalida de su esposa, que volvería a unirse a él una vez que alcanzara un país se­guro.

—Yo te debo la vida, mi que­

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BNBRO-FEBRERO, 1940 P&%. 33

rida Katia —exlamó el joven—, y te escribiré para reunirte conmigo.

—No me olvides. Júramelo por nuestro futuro hijo.

La tranquilizó y le prome­tió tiernamente que pronto la llamaría, para no separarse nunca más.

El padre de Mitia reanudó su camino, y luego1 de algunas aventuras, algunas de ellas pe­ligrosas para su libertad, lle­gó a Berlín, donde se orientó para comenzar su nueva vida. Para un muchacho como él que a los diez y siete años le dieron un fusil para integrar­se a las trincheras, donde per­maneció tres años, no era em­presa fácil. Afortunadamente, y merced a su excelente apti­tud para la escena, había re­presentado papeles de galán en los teatros para soldados, en el frente.

Pudo, así, vanagloriarse de un pasado casi artístico, y lo­grar de cuando en cuando al­guna suplencia en una que otra compañía de comedias.

Pero eso no le hubiera per­mitido, si no hubiese mante­nido una nutrida correspon­dencia con su familia, allá en Hungría, y sus padres no es­tuviesen en condiciones aco­modadas. Quizá ese carteo le trajo a la memoria la prome­sa hecha a su esposa, la bella campesina finlandesa. Y a ella también escribió. Katia le con­testó en seguida, y así el pa­dre de Mitia se enteró que

. Mitia había ya cumplido su primer cumpleaños.

"Sé cuál es el deber de un marido", le contestó el padre de Mitia, que a la sazón se ha­llaba contratado' por una com­pañía cinematográfica para papeles secundarios. "Ade­más, me salvaste la vida, y te

enviaré el dinero necesario pa­ra el viaje."

La finlandesita llegó a Ber­lín y miró alrededor con aire maravillado. Traía de la mano al pequeño, que también mi­raba con cara asustada.

Pero. . . las cosas no mar­charon como se hubiese desea­do. Pasado's los primeros mo­mentos de expansión y de ale­gría por parte del padre de Mitia al ver a éste tan pare­cido a él y tan crecidito, se percató de lo apresurado que había sido el casarse con una campesina, hermosa, sí, pero campesina al fin y al cabo; mientras que él provenía de una familia si no noble, bur­guesa y rica. El padre de Mi­tia se avergonzaba de su es­posa cuando sus amigo's, gen­te de cine y de teatro, iban a visitarlo.

—Esta noche tenemos invi­tados —solía decirle:— Acto-res, actrices, periodistas. Pro­cura desempeñarte como hábil ama de casa.

Y Katia hacía lo posible pa­ra logarlo. La pobre se halla­ba atemorizada al verse entre gente elegante, sobre todo si eran actrices, ¡ con esos perfu­mes, esas pieles!

Menudeaban también, entre tanto boato, los días en que faltaba lo necesario. Eran las pausas entre uno y otro con­trato'. Y entonces Katia se iba a la cama sin comer. Cuando estas malas épocas duraban más de lo debido, la pobre llo­raba, no tanto por ella, sino por la criatura, que padecía también las consecuencias.

Un día, Katia se decidió a enviar al pequeño a Finlan­

dia, a casa de una tía mater­na.

El padre de Mitia quiso oponerse a ese proyecto1, por­que quería mucho a su peque­ño, quien cumplía en ese tiem­po los tres años; tenía una ca­rita redonda, con un par de deliciosos hoyuelos, dos ojazos azules, y que estaba, por la» mañanas, eternamente dispues­to1 a jugar en la cama con el padre, mientras Katia lavaba la ropa, fregaba los pisos, sa­lía para el gasto diario o se dedicaba a otras labores pesa­das, pero se había pronto con­vencido que el niño se hallaría mejor en Finlandia, debido también a que era un obstácu­lo a la independencia necesa­ria para un artista.

Así fue como el niño fue enviado a la casa de la tía. En los primeros días, la criatura se encontró molesta en su nue­vo ambiente.

—¡Es natural! Es el hijo de un señor— comentaba la tía cuando el niño hacía visajes ante la extraña comida que le ponían en el plato.

Y la tía decidió educarlo como conviene al hijo de un señor de pro.

# * *

Mientras, los padres de Mi­tia lo pasaban medianamente en Berlín. Después de una temporada se trasladaron a Bruselas, creyendo que la vi­da allí les sería menos difícil. Pasado un tiempo, el padre de Mitia decidió separarse de su mujer, considerando que aun los casos en que está de por medio una vida salvada deben tener un límite. Y también porque solo, se desmpeñaría mejor.

Al dirigirse hacia la esta­

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Pdg; 34 V I D A V JS ¡M K N l ' N A

ción del ferrocarril, Katia llo­raba, pero encontró consuelo al pensar que abrazaría pronto a su querido hijito. Este había crecido, y cuando la madre quiso besarlo, la miró huraño, luego con indiferencia, y des­pués, co'n el tiempo, se acos­tumbró.

El padre de Mitia había lle­gado finalmente a una deter­minación; que, junto con su idílico matrimonio, ya era ho­ra de terminar con las locu­ras de la juventud. Renunció, pues, a sus sueños de artista y logró encontrar un empleo en una 'curtiduría.

"Ya he sentado el juicio", escribió a Katia. "Me he vuel­to un hombre, en una pala­bra."

Y estaba de ello1 tan conven­cido, que en cuanto le aumen­taron el sueldo, volvió a es­cribir a Katia rogándola (jue le confiara a él el hijo.

"Aquí, en nuestros países occidentales existe mayor cul­tura, y eso no puede sino fa­vorecer a nuestro hijo."

Katia volvió a llorar, pero como, todo1 lo que podía ser de provecho para el porvenir de Mitia era sagrado para ella, accedió al pedido de su ena­morado de otros tiempos, y envió) sin demora a Mitia a Bruselas.

Desdichadamente, el niño había olvidado del idioma ale­mán que había aprendido en Berlín; por ello encontraba di­ficultades en la escuela. Por otra parte, un hombre no pue­de estar tapado todo el día en casa haciendo de niñera; un hombre debe salir de cuan­do en cuando, ver gente, ha­blar con los amigos, asistir a algún espectáculo1. Mitia era una preciosa criatura, es ver­

dad, pero. . . después de un par de años de esa vida, el-padre de Mitia llegó a la con­clusión de que el mejor puesto para su hijo era allá en casa de sus padres, en Hungría. Y su familia era de las más dis­tinguidas de la ciudad.

La abuela de Mitia recibió al nieto con verdadero entu­siasmo ; un entusiasmo que, a pesar de eso,- con el tiempo languideció bastante. Y sin embargo, Mitia era un mucha­chito bueno1; sosegado, gentil y educado: nunca tenía un ca­pricho, una impertinencia. El único inconveniente estribaba en que no comprendía el hún­garo, y a menudo se quedaba silencioso, con la mirada fija.

—¡ Qué* torpe y callado es! —comentaba la familia—. ¡Es natural! ¡Como es hijo de una campesina!

—i Te gusta quedarte co'n nosotros? —le preguntaban.

—No lo sé —contestaba Mi­tia, pensativo.

>—% Preferías quedarteBruselas ?

—No lo sé —repetía, como enajenado.

—Es un estúpido — con­cluían por decir los familia-res.— Es probable que sea un estúpido. También en'la escue­la se quejan de él. ¡ Si pudié­ramos conseguir que termina­ra sus estudios y emplearlo después!...

El verano siguiente fue a pa­sar una temporada en casa de los abuelos de Mitia la herma­na del padre del muchacho. Rosa, la aristocrática de la fa­milia. Vivía en París con su

marido, un francés de familia noble.

Rosa se había indignado por los proyectos de su familia respecto al porvenir de Mitia.

—¡Me opongo a que hagáis de él un obrero! —había pro­testado, con esa determinación que .caracteriza a las mucha­chas del pueblo, que, casándo­se, entran a formar parte de una familia de noble alcurnia. —Lo llevaré conmigo a París.

—¿ Quieres venir conmigo, Mitia? —le preguntó.

—Como quieras, tía Rosa — contestaba gravemente Mitia.

—¡ Pobre niño! Todos sus im­pulsos han sido reprimidos— deploraba Rosa. —No tiene una idea propia, es incapaz de tomar una determinación. Pe­ro yo remediaré eso1.

Una vez en París, Mitia si­guió siendo el niño tranquilo, gentil, bien educado, "dema­siado tranquilo y gentil", co­mentaba tía Rosa. A todo con­descendía, a todo se adaptaba.

—Ponte el sobretoditó, Mi­ en tia.

—Sí, tía Rosa. —jVamos al cine, Mitia?

—Como quieras, tía Rosa. Se acercaba Navidad, y tía

Rosa le preguntó:

—Dime, Mitia, i qué quieres que te traiga el Niño Jesús? ¿Qué regalo te gustaría más?

—Nada... Gracias, tía Rosa.

—Pero, en fin. querido Mi­tia, habrá algo que deseas y que no tienen, en lo cual pen­sarías desde tiempo... Sé fran­co1 con tu tía Rosa, dile lo que deseas...

Y entonces, de repente, Mi­tia exclamó:

—Una casa para niños huér­fanos, desearía. jNo podría ir­me a una casa de huérfanos, tía Rosa?

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?JNBJRO , 1S40 Fá*. 35

L A I T A L I A F A S C I S T Alas sufrieron "una reducción de más del 50 % en relación al período pre-fascista".

También los aparceros y me­dianeros se encuentran en con­diciones penosas. El fascista Perdisa que se ocupa en la eco­nomía, escribe: "Desgraciada­mente es una realidad el hecho de que donde la tierra está cultivada por aparceros la ren­ta baja a niveles tan impresio­nantes que obligan al campesi­no, aun contra su apego a la tierra, a transformarse en bra­cero agrícola".

El aparcero que se queda li­gado a su tierra, se endeuda de modo que no le será posi­ble nunca liberarse.

Los que rentan tierras es­tán en la misma situación. "II Gazzettino di Venezia" de 2 de febrero de 1938 revela el pro'ceso efectuado contra tres campesinos que tenían rentada una propiedad de doce hectá­reas y que estaban abusados

(Viene d« la pág. 31)

de apropiado .i indebida de 14 quintales de muíz y de un cer 'lo, pertenecientes al dueño del fundo.

Ellos declararon: "Trabajá­bamos como bestias, sin obte­ner ninguna utilidad, La tie­rra rendía poco y la dueña nos quitaba todo. Para la renta de­bíamos pasarte 100 quintales de trigo', 100 quintales de maíz cada año, y además 1.000 liras en dinero. Aparte cada año de­bíamos regalarle 10 gallos, 10 patos, 18 gallinas, 8 capones, 8 embutidos y 200 huevos" Es evidente que en estas con­diciones, no podía quedar casi nada a los campesinos.

Los pequeños propietarios, desde que existe el fascismo han visto disminuir sus rentas en 2/3 partes. El gobierno fas­cista recargó de impuestos to-do, también a los pequeños ani-males, como las gallinas y los conejos. En Italia los campesi­nos pobres poseen como "pa­

trimonio zoo-técnico" algunas cabras. Ahora bien, el régimen fascista las ha sometido a un impuesto anual de 20 liras.

¿Qué pasó entonces?... Las estadísticas nos lo dicen. En 1926, antes de ese impuesto, había 3.100.000 cabras; 10 años después, en 1936, habían disminuido a 1.795.000.

Para concluir, la política agraria del fascismo se puede resumir como sigue: sujeción sistematizada y progresiva de la economía agrícola al capita­lismo, emprobrecimiento conti­nuo de la población campesi­na, subalimentación crónica de los campesinos y braceros agrí­colas.

Y Mussolini, en un discurso pronunciado' el 4 de noviembre de 1938 en una reunión de cam­pesinos, cínicamente proclamó: "Debéis enorgulleceros de ser campesinos. ¡ Los pueblos que abandonan la tierra están des­tinados a la ruina!"

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PA«. 36

LOS PECADOSLITERARIOS

DE

EmilioZola

POR

CarlosRovetta

También en literatura se vuelve a los viejos amores. El lector, de visita por las librerías, en­cuentra ahora, al lado de las novelas de Stefan Zweig y de Pearl Buck, las de Balzac y Jorge Sand.

"Indiana", "César Birotteau" y el mismo 'Pere Gaviot" reaparecen, rejuvenecidos por buidada presentación gráfica. Esta longevidad de obras literarias que llevan la marca del ta­lento, demuestra que la novela —la buena no-vela— lejos de hallarse en decadencia, como se pretende por allí, cuenta todavía con numero­sos lectores.

Uno de los escritores que se relee actualmente con gusto, es Emilio Zola. Y ya que se vuelve al autor de "Trabajo", con visible predilección por sus novelas, no parecerá inactual que nos ocupemos de uno de los aspectos de su obra, no el más brillante, sin duda, pero tampoco el más

Los grandes escritores suelen avergonzarse de algunas de sus obras y a veces, ¡cuánto no da­rían por verlas olvidadas definitivamente! Tie nen el pudor de los primeros pasos, inseguros,

V I D A F E M E N I N A

y el horros de las fallas visibles a fuer de gruesas.

La curiosidad de los críticos suele llegar, sin embargo, hasta esas páginas, hijas del pecado, a veces con el propósito de estudiar desapasio­nadamente una vocación literaria, desde el mo­mento mismo en que ella se manifiesta. Otras veces —y esto es frecuente aunque no disculpa­ble— Con la mezquina intención de exhumar cadáveres literarios, ellos hurgan en el pasado de un escrito hasta dar con el inevitable pecado literario.

Lectores devotos de Zola, si nosotros vamos a ocuparnos aquí de las tentativas poéticas de Zola y de su novela, "Los misterios de Mar-sella', será para señalar cuánto del genuino Zola hay en aquellos poemas de su juventud y en esos truculentos "Misterios de Marsella", que escribiera para "El Mensajero de Marsella" Quien cometió esos pecados literarios que su­man seis con "El mandato de una muerta" no murió poeta ni quedó en simple folletinista. En sus tres poemas juveniles y en las truculencias de los Misterios, hallábase, sin embargo,, ya

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ENERO - FEBRERO, 1940

manifiesto, el talento literario del autor de "La culpa del padre Marvet"",, como en las tru­culencias de los Misterios se descubre ya la in­tención de usar el documento que más tarde se confirmará en la tendencia naturalista.

Había llegado a París pobre y ambicioso, co­mo tantos provincianos, y la gran ciudad le ne­gó, durante varios años, la seguridad de comer todos los días. En cuanto a la conquista de Pa­rís, este joven ya de hocicos con las amarguras de la vida, se le iba apareciendo un poco más distante de lo que ideara en sus planes, allá en la Provenza.

No se halaba derrotada su voluntad, a pesar de este diario cuerpo a cuerpo con la misma. Era heroico sin saberlo, y a los veinte años este hijo de París amamantado por la Provenza, tenía, la constancia de las grandes encerronas con sus libros y su pipa. Lo atormentaba la elección de una profesión, pero instintivamente iba optando por lo que sería la pasión de toda su vida, en esos días solitarios que él llenaba con su infatigable actividad epistolar y poética. Se sabe que escribía cartas. Y también se sabe a quiénes iban dirigidas estas cartas. Dos jóvenes las esperaban ansiosas en Aix y estos dos jóve­nes eran los primeros en conocer los proyectos poéticos de Zola, que contaba como clarines de la fama al futuro profesor de la Escuela Poli­técnica, Bautista Baylle, y al maestro de la pintura moderna, Pablo Cezanne.

Permanecía extraño —lo ha dicho uno de sus biógrafos— a todo lo que no fuere la literatura y él, que antes de los cuarenta años sería, no ya "un escritor", sino "el escritor", discutido e injuriado, pero también aceptado y aplaudido, sentía en su veintena la obseción poética. Paul Alexis, el gran amigo y aliado que encontrara años más tarde en las batallas literarias del na­turalismo,, confiesa que la idea de publicar esos versos no seducía al ya célebre escritor de " L 'as­somoir''

No es ercepcional que un hombre de letras inicie su vida literaria haciendo versos. Plau­bert los había hecho; Daudet los había cultiva­do con • provecho. El, los hacía, a su vez, sin cálculos y a lo grande.

En una de sus primer cartas a Baille hace confidente a éste de sus primeros tormentos poé­ticos. "Desde hace tiempo padezco una verda­dera indigestión de alejandrinos, le escribía,

Pág. 37

pesaroso. Es que, aunque se sentía poeta, el joven Zola se veía en figurillas para llevarlos al papel. "Si en mi soledad llamo a las musas, esa dulce consolatriz, la musa no me responde", confiesa, desesperado. Y "para el poeta estas horas de duda son tristísimas

El afán de hacer los versos cada vez mejores lo lleva a romper las cuartillas sen que los es­cribe. Piensa que puede hacerlos mejores y se da un fórmula que ha de ser el lema de su madurez laboriosa: "Con valor se llega siempre, sobre todo cuando se tiene conciencia de lo que se busca". De esta tarea encarnizada salen sus ensayos poéticos. Son poemas enormes, con in­tenciones filosóficas, de los cuales ha dicho Mar­cel Batelliat: "A pesar de sus exageraciones sentimentales, que incitan a sonreír, estos poemas de juventud no carecen de mérito. Asombran por la extraordinaria precocidad lírica de su jo­ve autor y algunos de ellos pueden soportan ven­tajosamente la comparación con los primeros ensayos de los poetas más célebres."

Estos pecados literarios de Emilio no se pue­den separar, sin embargo, de su vida literaria; son una fase de la misma, como una anticipación del talento literario del autor.

La gestación es dolorosa. "La Aérea", el gran poema en que se halla empeñado, le produce una verdadera indigestión de alejandrinos: "No puedes figurarte —le escribe a Baylle— el efec­to que me causa el trabajo terminado. Es algo así como una lasitud mezclada al abrumamiento.

La rima es una cárcel para su imaginación desbordante y como este joven de apenas veinte años odia ya la ficción y no comulga con los "secretos" del oficio, clama contra los ripios y teme que sus versos no se vean libres de ellos. "Mi verso ideal —escribe al amigo— es sobrio, nervioso, sin excluir la soltura, pero ¡cuan am­puloso y lleno de afectación es todavía mi modo de componer!

Después de "La Aérea" y "Rodolfo", el futuro escritor, maestro de la prosa en la des­cripción del "Paradon", intenta el poema gi­gantesto "La cadena de los Seres", cuyo plan explica en una de sus cartas. Trata nada menos que de "poner en verso la historia misma del mundo, desde sus orígenes hasta su más lejano porvenir, dice Marcel Batillat, que encuentra en este plan una previsión embrionaria de la gran trilogía futura: Los Roenfa-Micquart, las tres ciudades, los cuatro evanbelios. Tres) cantos compondrán "La cadena de los Slres", según el plan del poeta y esos cantos corresponderán

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a cada una de las tres edades; así: en el primer canto el poeta describirá la creación sucesiva de los seres hasta la del hombre, si nomitir las pro­gresivas perturbaciones geológicas; el nacimien­to de los seres y la vida hasta los tiempos más civilizados, será motivo del segundo; y, por fin, el poeta será, e nel tercer canto, un vidente de los tiempos futuros. El joven Zola se promete ser sabio en el primer canto, filósofo en el se­gundo y cantor lírico en el tercero como lo confiesa en s ucarta a Baylle.

Todavía un poema, "Juana de Arco", había de escribir el poeta,.que había dejado de sufrir estrecheces y podía trabajar ahora más tran­quilo. Afirmado en su vocación literaria, Zola no tardaba en llegar a la prosa, como instrumen­to predilecto. Lo hacía con "Los cuentos a Nn­nón", que eran sus primeras armas en el glo­rioso ejército de líos prosistas franceses del si­glo XIX, sin pensar que poco después el autor de estos cuentos había de escandalizar al públi­co con "La confesión de Claudio". El público gustó de esos cuentos que eran como la transi­ció nentre el poeta' y el novelista.

•ü * ü

Se había despedido de la bohemia y de los versos, pero su actividad literaria era siempre incesante y regular. De estos primeros años de su vida literaria datan "Los misterios de Mar-sella", otro pecado literario de Emilio Zola.

La historia de este novelón ha sido contada por el mismo Zola, que lejos de avergonzarse de esa novela, de tosca factura, la ha explicado en el prólogo que escribiera para la segunda edición.

Trabajaba el escritor en "Teresa Requin" y esta labor literaria se realizaba lenta y cuida­dosamente —apenas dos páginas por día— cuan­do recibió una proposición tnetadóra desde el. punto de vista económico. Se le pedía que es­cribiera para el folletín del diario "El Correo de Marsella", una novela ideada sobre la base de documentos extraídos en los tribunales de Aix. Era este un trabajo relativamente fácil

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para el autor, que nocesitaba dinero, y aceptó con decisión la empresa de escribir "algo" qué representaba centenares de francos al mes. Es­critos apresuradamente, estos "Misterios de Marsella" son de una extraordinaria pobreza de factura, tanto por el asunto como por el estilo. Lo ha aceptado Zola, que se vio obligado a publi­car una segunda edición de esta novela folle­tinesca, en la cual reconocía con sus visibles deficiencias, la primer manifestación de sus ten­dencias naturalistas.­

"El procedimiento era tosco —escribía en el 'prólogo de esta segunda edición— pero también sé decir que volviendo a leer las cuartillas, días atrás,, llamó mi atención el hecho casual, en momentos en que yo aún no me conocía, el haberme puesto a escribir esta obra de un me­canismo vulgar, basándome en un conjunto de documentos. Posteriormente no he seguido otro métodoi en mis obras literarias" Y afirma jac­tanciosamente: "Los misterios de Marsella" for-man parte de la tarea ordinaria que mé tenía atado al yunque."

Desde esa pobre producción literaria "Los misterios de Marsella" hasta "La fortuna de los Eangon", ¡cuánto camino andado por el escritor en lucha constante con la miseria y te­naz siempre hacia ese fin que se proponía como objeto y que había de tomarle toda su vida, hasta principios de este siglo,! Lo ha recordado Zola a los lectores de "Los misterios de Mar-sella", del que no estaba descontento, "puesto que tan mediano como es, da al lector una idae del gran capital de voluntad y de trabajo que he debido emplear para llegar desde esta pobre publicación al esfuerzo literario de "Los Bou­gon-Macquart".

Aquellos poemas de "La comedia amorosa" que hacían sonrojar al escritor ya en la madu­rez ; y esos ' ' Misterios de Marsella'' que defen­día con coraje, eran sus pecados literarios. Sin embargo, ellos prometían la obra cíclica, bella, que había de colocarlo en la posición indiscutibe de uno de los más grandes escritores de Francia.

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Cuento para Niños

Cuatro manantiales formaron' una soaieda 1 hicieron un arroyito.

Se propusieron:

—Seremos- más útiles así. Regaremos tierras, -daremos vida a plantas y árboles; satisfaremos la sed de más necesitados.

. . Y el arroyüelo se puso- a correr alegremente _por las pequeñas hondonadas, saltando piedras y agitando las hierbas del campo.

. Hizo su camino y tributó sus aguas a un her-mano mayor que ya gozaba el privilegio de; un más grande caudal y poseía un patrimonio de bosquecillo en sus márgenes.

Los manantiales trabajaban y su criatura se hacía "espejo para el cielo, reflejaba los juncos gráciles, los camalotes delicados y daba de be­ber a las vacas de grandes pupilas maternales,,a los bueyes pacíficos, a las ovejas tímida».

Era Su misión.

Y vivía feliz,

Pero poco había de durar la serena y fecun­da vida laboriosa.

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El arroyuelo, descuidando sus ,ocupaciones dio en entretenerse con los vecinos.

El arroyo de quien era afluente le habló de arterias mayores que él, dueñas de bosques sono­ros, llenos de pájaros que cantaban día y noche; luego de ríos caudalosos y fecundos, hirvientes <de peces y de actividad, de ríos en los cuales navegaban los bellos barcos de velámenes es­ponjados y le reveló que, más lejos aún, estaba el mar y el océano inmenso casi tan vasto como el cielo.

—¡ Me gustaría ver todo eso!

—No es posible porque cuando tú llegas a mí pierdes tu personalidad, como me deshago de ella yo al confundirme con la vía de agua de la que soy contribuyente.

El arroyuelo restó con una idea confusa de su importancia, despreció a los juncos y a los ca­malotes y agredió a la oveja y a,l buey:

—Y ustedes que tienen piernas, ¿por qué no van a ver los bosques musicales y los ríos azu­les con barcos que parecen grandes pájaros blancos ?

El buey respondió:

—Hijo, yo labro mi tierra.

—Yo preparo la lana para abrigo del hombre —se enorgulleció la oveja.

—¡ .. o alimento a dos esclavos poltrones!— les increpó el arroyo, atribuyéndose más valor de.1 que tenía.

Después de unas copiosas lluvias el cañadón que casi todo el verano estaba seco o tenía sus escasas aguas estancadas y corruptas, vino de gran carrera, levantando la voz, llevándose las cosas por delante, repitiendo fanfarronadas.

Galopó junto al arroyito, también hinchado y rumoroso y conversaron.

Este le narró sus novedosas historias y el ca­ñadón reía:

—Cómo eres ingenuo, pobre y tímido provin­ciano. ¿Quién no sabe esas cosas, y otras aun más importantes, más bellas, más altas?

Nosotros somos compuestos de materia divina. El Agua es la Diosa y la Reina del Universo. Sin agua no existiría la vida; el hombre y los ani-males morirían (pues sabrás que nosotros hasta formamos parte de su sangre. Por nuestro me-

V I D A F E M E N I N A

dio se desarrolla la civilización, se abren las comunicaciones, se realizan los viajes, se activa el comercio y prosperan las guerras.

Esto no te habrá revelado el ignorante y es­túpido arroyo, muy conforme con su vida apá­tica y prosaica.

¡ No* te ha dicho que nosotros lo formamos, y hacemos los ríos y damos la necesaria vitalidad al enorme océano!

Es que él no sabe nada.. En general nues­tros colegas son torpes y cobardes, irresolutos y y rutinarios.

« ¡Mírame a mí: decidido, audaz, dinámico! ¡ Obsérvame ahora!

—Pero tú a veces no corres, no estás...

—¡ Oh, simple; qué tonterías dices!... ¡ Cómo voy a estar siempre aquí si debo obedecer a mi divina misión! Cuando me voy es que formo el océano.

—¡Ah!

—Ya pierdo tiempo... Espléndido de mí gas­tando palabras con este hético sujeto...

Y se alejó dando tumbos, por hendiduras y zanjas, diciendo bravadas, oscuro y revuelto de bajas ambiciones.

El arroyuelo empezó a llenarse de orgullo y de soberbia.

—nosotros somos todo, nosotros somos divi­nos. . . Yo alimento el río, doy la vida al hom­bre, formo el océano!

No quería dar agua al buey y a la oveja, se retiraba de los juncos y se resolvió a correr mundo e inmantinente ser estuario o mar.

—Señores manantiales, —y les planteó su problema... dando curso a su malomanía...— ¡ Necesito más agua, mucha más agua!.. . Esa no me da para nada y yo debo llenar mi destino.

Los socios hicieron esfuerzos para hacerlo más caudaloso.

—Aun más. ¡ No sean avaros!... Es aún poco... Así me engrosó, pero no dejo de ser el mismo... ¡Más agua o si no me marcho por mi cuenta!

Era una amenaza.

—¡ Qué locura! —raciocinaron sus genitores.

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), 1940 Pág. 41

— ¿Quieres variar! —Sí. —Perfecciónate. Sé más puro. Alimenta con

más cuidado seres y plantas. Limpia tu interior. Canta.

—¡ Estupideces! ¡ Idealismos trasnochados! ¡Ñoñerías! ¡Yo deseo ser río, yo quiero ser mar, yo sueño ser océano 1 ¡ No me comprenden!

Se amargaba y se hacía turbio con su bilis y sus pretensiones. Se detenía en ocios inúti­les, intentaba salirse de su cauce, había tantas rarezas que el hombre terminó por hacer anali­zar su linfa.

—No es más potable... Parece envenenado... Los manantiales lloraban y los seres y las

plantas se alejaron de él, despreciándolo. Ni con eso se corrigió.

Entre tanto el eañadón estaba reseco, despe­día miasmas y creaba sabandijas y mosquitos.

Los manantiales aconsejaban al hijo: —Cuidado, mírate en ese espejo, ese puede

ser tu fin.

El eañadón le susurraba:

—Historias, qué saben ellos.. Oente rutina­r ia . . . Ahora duermo, descanso, para después volver a la gloria de ser océano!

No les hagas caso, tus viejos chochean... y, cuando te encuentren con fuerzas, inicia tu marcha.

Y no por el camino conocido y trillado. To-dos conspirarían contra ti, el arroyo, el r ío . . .

Corre a campo traviesa, como yo, desprecian­do tierras, piedras y arenales, a nuestro envi­diado norte!

El invierno hinchó el eañadón que repitió sus frases ladinas, mientras corría desmelenado por la campiña.

El arroyuelo también salió de madre y galopó ilusionado uno, dos, tres días, hasta que se lo bebió la tierra.

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Lo Mejor

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Nuevos Tonos Ipara el Verano con o sin cuchilla I

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P & g . 4 2 V I D A F K M K N I N A

EL RINCÓN DELOS GARBANZOS

Se Fue el Año 1939 Tomé el compromiso de escribir

en la Revista VIDA FEMENINA la página titulada "El rincón de los garbanzos", página que se inicia bajo este compromiso espontáneo y formal desde el número que apa­reció el día 15 de abril del año que ha terminado.

Creo haber cumplido en la me­dida de mis conocimientos en es­ta profesión, en la cual he sido explotado unas veces de mi vida y aun lo soy en la actualidad, en otras la he manipulado por mi pro-pia cuenta, pero siempre poniendo en el desarrollo de mi actividad cariño por el oficio, que a pesar de

P A S T E L E R Í A

AFRICANOS, GALLETITASPARA TE

1 kilo de harina 100 g. de azúcar 400 g. de chocolate en polvo. 600 g. de manteca

3 huevos 2 g. de carbonato de amoníaco

en polvo. Preparación. — Sobre la mesa se

forma la corona con la harina y en el centro los demás ingredien­tes; éstos se trabajan muy bien hasta que queden muy fino, des­pués se le une la harina sin darle mucho trabajo, dejando descan­sar la masa diez o quince minutos. Con el palote se extiende la masa, dejándola de un espesor de un cen­tímetro y ee cortan las galletitas con un molde ovalado y liso. Se cocen en asadera untada con man­teca y en horno de temperatura regular.

darme algunas veces sinsabores ha contribuido también a facilitarme medios para poder cubrir las ne­cesidades del hogar y colocar a mis hijos en superioridad de co­nocimientos de los que yo he po­dido alcanzar.

En las sencillas explicaciones expuestas para el buen desarrollo en la preparación de las recetas publicadas, he puesto el mismo ca­riño y entusiasmo que siempre pongo en las cosas de nuestro par­tido, y en este caso, por entender que VIDA ¡FEMENINA es una par­tícula importante del gran tronco Socialista plantado en nuestro

"BUDÍN SMALL"

400 g. de harina 250 g. de azúcar 250 g. de manteca 10 huevos

250 g. de almentdras tostadas y picadas grueso.

1 copa de cognac o rom. 150 g. de pasas corintas

Un poco de cascara de limón rallado. Una cucharada de café de "Ro­yal" o "Sic"

Preparación. — Con la harina se forma una corona sobre la me-se mezclándole a la harina el ro­jal, en el centro se colocan la manteca, la almendra, las pasas y el limón. Aparte, en una, cacero­la se baten bien los huevos junto con el azúcar, una vez bien for­mada una crema espesa se hecha cu el centro de la harina adicio­nándole también el cognac, se mezcla todo "bien y se le une la harina sin trabajarla mucho.

Se pone en moldes rizados del

país por el eminente e inolvidable compañero y m a e s t r o Juan B. Justo.

Por estas razones, yo saludo con eBte número p. las lectoras de VIDA FEMENINA deseándoles que inicien el nuevo año con una pros­peridad superior a la que han te­nido en el año que se fue, pidién­doles que refuercen su entusias­mo auspiciando la obra emprendi­da por las compañeras que bajo su responsabilidad hacen que apa­rezca esta revista educadora de la mujer argentina.

tamaño que se desee, preferibles grandes, los, cuales deben ser un­tados con manteca. Se cocen a horno bajo.

C O C I N A

CHORIZOS EXTREMEÑOS

Estos chorizos son preparados exclusivamente con carne de cer­do, teniendo la precaución que la carne que se emplee debe ser dos partes magras y una gorda.

Se adoban con pimentón dulce y picante, mitad y mitad. Ajos bien machacados y según la cantidad do carne que se prepare, sal sufi­ciente y vino seco, que para cada cinco kilos de carne debe ponerse media botella. La carne se deja en adobo durante doce horas en un lugar seco.

Se pasan a llenar las tripas, que de antemano se tendrán prepara­das, sirviéndose de un embulo y

(Sigue en la pág. 46).

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BNKlRO-FIBBRERO, 1,940 I ' á j . 43

G O R K I , L A M A D R E , R U S I A(Viene de la píj». 5)

ven hacia ella ojos que turban el dolor y la indignación.

¿ Qué se han hecho aquellos ensueños de fra­ternidad? El inmenso abrazo que levantaría en alto a todos loa desheredados del mundo se ha convertido en el nudo implacable que aprieta la garganta de un pueblo nuevamente oprimido.

El estado que tiene como canto oficial a La Internacional, se une al nazismo para despeda­zar a Polonia, se vuelve contra Finlandia y pre­fiere destruirla no pudiendo someterla.

I Cuántos habrán creído como el ingenuo ' ' ru­sito" de Gorki: "Cualquiera que sea el nombre que lerga el socialista, es nuestro hermano es­piritual siempre, ahora y para siempre, por los /siglos de los siglos"!

¿Pensarán ahora así los aviadores rusos, cu­yas alas llevan el símbolo del trabajo, en el mo­mento en que dejan caer sobre los hogares de campesinos y proletarios finlandeses sus bombas incendiarias ?

Una profunda desilusión amarga y descon­cierta a cuantos han sido sinceros y rectos en su adhesión a la nueva Rusia. Por cierto, no nos referimos a los que hoy aun aceptan su alianza infamante con el nazismo, antes por ellos aborrecido, y justifican la invasión de Polonia y Finlandia. Tal estado de espíritu sólo puede explicarse por una total incapacidad para rec­tificar un razonamiento hecho o por algo aun más bajo: la obligación de defender una con-signa por servilismo o interés.

Una lección se desprende, sin embargo, del terrible espectáculo del mundo. ¿Caeremos en el escepticismo, aceptando la incapacidad del hombre para desenvolverse en un régimen de li­bertad; la necesidad de la mano fuerte y rígida del déspota que impone su voluntad y sus ideas, como etapa obligada en el cambio de régimen de los pueblos? ¿Reconoceremos como necesaria la dictadura del proletariado, fórmula falsa en su expresión que pobló de ilusiones la mente de tantos hombres?

Tales conclusiones nos llevarían a un estado de negativismo o pNgividad, al abandono de todo es­fuerzo consciente de mejoramiento social y al goce egoísta del breve paso por la vida, estado mental que, por desgracia, es frecuente y nos explica en parte la lentitud del progreso social.

i No tenía el pueblo ruso otra vía ante sí más

que ésta que lo ha conducido a un nuevo des­potismo donde la forma y los nombres han cam­biado, pero donde persiste el mismo cruel des­precio por la personalidad humana, el mismo sometimiento servil ante la fuerza?

Hay un evidente progreso material en la vi­da de esa nación, pero ¿es ésa la nueva huma­nidad que soñáronlos precursores, las innume­rables luchadores que desde los decembristas hasta los revolucionarios del 17 todo lo dieron sin medida por la emancipación de su pueblo? Seguramente, no. Toda la organización técnica­y económica de la sociedad debe resolverse pa­ra nosotros en el aumento de la felicidad del hombre; de otro modo, carece de sentido. Y es evidente que la felicidad no es sólo la seguridad del bienestar material, sino la plena satisfacción de las más altas aspiraciones del hombre.

Para llegar a esto, ¿es necesario torturar un pueblo, hacer de la policía secreta su sistema íntimo, profundo; ahogar no ya toda rebeldía sino simplemente toda tendencia crítica? ¿La diminución de la jornada de trabajo o el cine­matógrafo gratis, compensan la librea del autó­mata?

Las más altas aspiraciones del hombre a que nos referíamos, son sus necesidades espirituales, su sentido de la libertad, su necesidad de jus­ticia. No desconocemos, por cierto, el valor del "bienestar mensurable del pueblo" Es básico, fundamental. Olvidarlo sería volver a poner en los cielos la búsqueda de la felicidad humana. Pero, justamente, para que sea humana —no animal— debe acompañarse de todo aquello que el hombre ha conquistado tan lentamente: el reconocimiento del derecho, el respeto de la per­sonalidad, la libertad social.

Toda organización política incapaz de ofrecer esas garantías a los hombres que ella abraza, cualquiera sea su base económica, no es digna del sacrificio del pueblo. Esta es la gran lección que el mundo hoy nos trae.

El experimento ha sido hecho bajo nuestros ojos. Un pueblo de un inmenso valor, que ha dado al mundo artistas y sabios inmortales, que posee extraordinarias reservas de entusiasmo, re­signación y resistencia, después de haberse lan­zado a la conquista de su soñada liberación, vuelve a ser hoy, ante el mundo sorprendido, el instrumento del imperialismo despótico, explica­

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PAg. 44

ble en un Pedro El Grande, pero imposible de admitir en un Stalin comunista e internaciona­lista.

Nos hace comprender esto el valor del régi­men democrático. Si bien en él las reformas son lentas y difíciles, si hay titubeos y retrocesos, si un complicado y a veces pesado rodaje im­pide el cambio radical que la impaciencia sueña, se obtiene en cambio la dispersión del poder.

El déspota ilustrado, que pareció a muchos la fómula suprema de la sabiduría política, no es, en realidad, sino expresión de la profunda in­capacidad política de la masa del pueblo. Cuan­do éste abandona su suerte en manos de un solo hombre o de una casta reducida, a los cuales cree superiores y ante los cuales se inclina, no hace sino revelar su falta de conciencia social. Esta se forma y perfecciona en el grupo, como en el individuo, por el continuo ejercicio, lo cual es sólo posible en el régimen democrático.

Toda la historia de las naciones que llama­mos democráticas, es un largo y a veces muy penoso aprendizaje que ha permitido, por fin, la formación de ideas, prácticas, costumbres transmitidas de generación en generación y que constituyen la esencia y también la garantía de esa forma de vida política. Los pueblos que no han pasado por ese aprendizaje pagan un pesa­do tributo a la ambición, a la sed de omnipoten­cia que fácilmente se apodera de un hombre o un grupo cuando no hay otras fuerzas sociales que los equilibren y así los anulen. Tal es la suerte de Alemania, Rusia, Italia.

Si el nivel mental de la masa es muy bajo puede un jefe gobernar y a veces transformar un pueblo sin mayores resistencias y por tanto sin imponerse por la fuerza, más o menos des­piadada. Tal es el caso de Turquía y del Irán. Pero cuando existen dentro del pueblo hombres con capacidad crítica (sabios, artistas, políticos, etcétera), cuando existen grupos o tendencias opuestas al jefe supremo, éste sólo puede do­minar mediante la destrucción sistemática y cruelmente necesaria de cuanto se opone a él.

Defender la democracia es, pues, salvar la única posibilidad para un pueblo de evolucionar y perfeccionarse sin dolor inútil; de construir sin necesidad de aniquilar, antes, aquéllos para quienes se quiere construir.

V I D A F E M E N I N A

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HNER.O • K'HBIRIERO. 1940 P á ? . 46

Hay Que Reconquistar la Escuela Laica (Viene de la pág. 23)

más de medio siglo— son hoy de rigurosa ac­tualidad.

La democracia —se ha dicho con gran acierto —es, ante todo, una problema de educación.

Hay, pues, razones fundamentales para de­fender la enseñanza laica, contra la cual dirigen sus ataques los elementos reaccionarios que conspiran contra los principios esenciales de la democracia y de sus instituciones básicas.

"Todo lo que compromete el libre examen, se ha afirmado, la independencia de opinión, per­judica la democracia. El dogma de la obedien­cia implica la existencia del rebaño humano"...

Educar al hombre para atarlo al erro, para tenerlo sujeto al prejuicio1 y a la superstición, ha sido siempre la obra de la escuela dogmática. Educar al ciudadano para la libertad, para la democracia, la razón y la verdad; en síntesis: educar al hombre para el goce pleno de las más nobles libertades del espíritu humano, ha sido y es el rol fundamental de la escuela laica.

En una democracia la escuela dogmática es una aberración.

. La democracia proclama como un principio fundamental: "La escuela de todos, para to-dos." Y al defender la escuela laica —la escue­la de todos— defendemos la esencia misma de la democracia.

• Choca, por lo parado jal, que sean los gober­

nantes de la Provincia de Buenos Aires —que ha sido el vasto escenario donde actuaron hom­bres de la talla de Rivadavia, que libraran bata­llas formidables en defensa de la libertad de conciencia— quienes actúen de espaldas al pro­greso histórico, y olviden la honro'sa tradición liberal del primer Estado argentino.

La provincia de Buenos Aires ofrece, en esta materia, la más pura fuente de inspiración: La ley de educación común, dictada en el año 1875, establecía la enseñanza religiosa. La Constitu­ción provincial sancionada en el año 1889 —cin­co años después que el Congreso Nacional san­cionara la gran ley 1420, que contó entre sus animadores a Sarmiento— nada decía sobre es­te punto. Y la ley de 1905 —que reformó la ley del 75—borró el artículo que establecía la enseñanza religiosa, por considerarlo un verda­dero anacronismo en pugna con el espíritu lai­co que orienta y preside la vida de la colecti­vidad.

Media centuria larga de vida de la ley nacio­nal 1420, y más de tres décadas de vigencia de la ley provincial dictada en 1905, han demos­trado la excelencia de la escuela neutral, de la enseñanza laica.

En el país argentino, formado por el aluvión inmigratorio, la escuela laica, gratuita y obli­gatoria, ha cumplido y cumple, ante todo, una obra de asimilación nacional y es, puede decirse, —por su amplio espíritu de tolerancia y res­peto hacia todas las creencias,— el crisol donde se está fundiendo el arquetipo de nuestra na­cionalidad.

Al cumplirse el quincuagésimo aniversario de la ley 1420, un patriarca del magisterio ar­gentino —Don Pablo Pizzurno— escribió estas magníficas palabras: "Nada hay que distancie más a los hombres y a las sociedades, que la cuestión religiosa. La escuela argentina ha da­do un hermoso ejemplo de la serenidad y de la paz en ese sentido, y así nos hemos evitado mu­chos disgustos y asegurado adelantos de todo orden."

"Será acto de patriotismo y sensatez, el no agitar de nuevo los espíritus alrededor de este asunto, doblemente grave e imperdonable, si lle­váramos la agitación a la escuela, entre los ni­ños. Sigamos dando, para honor del país, el bello ejemplo de la tolerancia, la gran virtud de los hombres y de los pueblos civilizados."

La restauración de la enseñanza religiosa sig­nifica una verdadera deformación de la escuela común, por lo mismo que importa introducir un factor de perturbación en el ámbito escolar, don-de el niño debe respirar una atmósfera de pure­za, de tranquilidad espiritual y de respeto.

Felizmente, esta reforma regresiva será tan efímera, como la gravitación política dei sus autores.

El laicismo —preciada conquista democrática — será ardientemente defendido por el pueblo, que sabrá reconquistar para sus hijos la escuela laica, en cuyo recinto se forjaran los ciudadanos del porvenir, capaces de hacer de este país la verdadera tierra de promisión, que asegure el bienestar general y los beneficios de la liber­tad, para los que aquí hemos nacido y para to-dos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino.

Tandil, 1939.

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l 'úg. 46 V I D A F E M E N I N A

EL RINCÓN DE LOS GARBANZOS(Viene de la pág. 42)

llenas a mano, para no triturar mucho la carne, una vez prepara­dos LÍO cuelgan en un lugar alto aireado hasta que se sequen; si se desea puede también ahumar­los gradualmente.

LONGANIZAS A LAEXTREMEÑA

Esta longaniza es muy poco co­nocida f u e r a de Extremadura, pues las familias de esas provin­cias españolas la fabrican para el consumo familiar siendo muy sabrosas, pudiéndoselas comer co­cidas, crudas o fritas.

Su preparación se efectúa con

carne de cerdo gorda, el estóma­go del cerdo, bien cocido, el bo­fe, el intestino grueso, -todo bien cocido también.

Se pica todo junto como para cualquier embutido, se adoban con pimentón dulce y ajos machaca­dos. Debe quedar en adobo 24 ho­ras, después se llenas las tripas que deben ser finas, después se cuelgan y se ahuman lo mismo que loa chorizos.

Para comerlas crudas deben pa­sar treinta días.

SOPA PROVINCIANA

Se prepara un caldo con huesos de carne de vaca y dentro del

mismo se coloca un buen pedazo de zapallo criollo bien zazonado y una cebolla grande.

Cuando el zapallo está cocido se saca y se lo pasa por un colador o tamiz, en una olla aparte se ponen dos cucharadas de mante­ca adicionándole la cebolla que se ha -cocido con el zapallo, uri poco de perejil !bien picado y se lleva a un fuego lento adicionán­dole 100 gramos de queso rallado y la crema que se ha hecho del zapallo que se cocinó. Se zazona y se le adiciona el caldo colado previamente.

Al servirse, se le adiciona cru­tones o trozos de queso fresco.

¡ A G U A !(Viene de la pág. 13)

nada más que de un poquito de buena volun­tad depende la paz y la tranquilidad de nues­tros hogares;, y al pedir paz y tranquilidad para nuestros hogares, lo hacemos para nues­tros hijos. I.

Cuando la razón está del lado del pueblo y la verdad es el baluarte en todos nuestros ac­tos, aunque a veces ésta dicha de frente hiere, es necesario manifestarlo y hacerlo pública­mente, no es ya posible seguir fingiendo lo que no' se siente. Las manifestaciones que en este momento me permita exteriorizar, creo que son el sentir general y lo hago con aque­lla fe y segura de que mi pueblo no me re­prochará.

En este momento nos sentimos reconforta? dos y llenos de optimismo al vernos acompa­ñados por instituciones que luchan a la par de nosotros, por una causa noble, una causa justa como1 es la lucha por la nacionalización del agua corriente y la nuestra por la rebaja del pavimento.

No queremos ni por un momento pensar en la derrota, puesto que cuando se lucha con toda la razón de nuestra parte, el triunfo tar­de o temprano será nuestro1. Tengamos fe en nuestras instituciones, ayudémonos los unos a los otros, aunemos nuestros esfuerzos y sólo así venceremos a estos pulpos, que si pudie­

ran aprisionarnos entre sus tentáculos y des­trozarnos lo harían sin piedad; pero esto no lo •conseguirán, y no lo conseguirán, he dicho, porque a un pueblo unido les será muy difí­cil vencerlo, a un pueblo dispuesto a hacer valer sus derechos como es el de la defensa de nuestro techo, que como argentinas y cobija­das bajo el más hermoso de lo's pabellones, lucharemos todas como un solo hombre, como supieron hacerlo nuestros antepasados; lu­charemos mucho,- hasta repetir nuestro vencer o morir.

Y para terminar, sólo pido' a todos los aquí presentes a no desmayar, a persistir, a unir­nos todos, porque la unión hace la fuerza.

No quiero abandonar esta tribuna sin agra­decer la sincera cooperación prestada por las conocidas líderes Dra. Alicia Moreau de Jus-to, Sra. de Maroucci, dirigientes de Coopera­ción y Unión de Avellaneda, que nos han acompañado, y a todo el periodismo que con tanto calor y entusiasmo ha sabido dar cabida en sus -columnas y demostrado' en todo momen­to estar con estos movimientos de carácter ne­tamente populares. Pido para todos ellos -un aplauso.

He dicho.

MARÍA ü. de LÓPEZ.

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