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ATALANTA LEONARDO DA JANDRA FILOSOFÍA PARA DESENCANTADOS

LEONARDO DA JANDRA FILOSOFÍA PARA …ep00.epimg.net/descargables/2014/09/17/5f4f3c1b5f7c7f72bbff4978e... · Dirección y diseño: Jacobo Siruela ... Meditaciones vitales sobre Leonardo

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A T A L A N T A

LEONARDO DA JANDRAFILOSOFÍA PARA

DESENCANTADOS

MEMORIA MUNDI

ATALANTA

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ATA L A N TA2014

LEONARDO DA JANDRA

FILOSOFÍA PARA

DESENCANTADOS

PRÓLOGO

GUILLERMO FADANELLI

En cubierta: El artista que se imaginó riendo, de Franz Xaver Messerschmidt, 1777-1781.

En guardas: imagen ultravioleta de CW Leo, estrella fugitiva agrupando materia interestelar. © NASA.

Dirección y diseño: Jacobo Siruela

Todos los derechos reservados.

© Leonardo da Jandra, 2014© Del prólogo: Guillermo Fadanelli© EDICIONES ATALANTA, S. L.

Mas Pou. Vilaür 17483. Girona. EspañaTeléfono: 972 79 58 05 Fax: 972 79 58 34

atalantaweb.com

ISBN: 978-84-942276-1-5Depósito Legal: GI-750-2014

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de esta obra.

Í N D I C E

Meditaciones vitales sobre Leonardo da Jandra11

Filosofía para desencantados

Cuestiones de método23

I - Egocentrismo47

II - Sociocentrismo69

III - Cosmocentrismo105

Bibliografía mínima127

Índice analítico y onomástico133

Adivino lo que te pasa: tú fuiste el encantador

de todos, pero contra ti ya no te queda ninguna

mentira ni ardid. Tú mismo te has desencantado.

F. Nietzsche, Así habló Zaratustra

Meditaciones vitales sobre Leonardo da Jandra

El mundo es el suelo común, no hollado por nadie y reconocido por todos,

que une a todos los que hablan entre sí.

H.-G. Gadamer

Es común acusar a la filosofía de no avanzar en una di-rección determinada y de ser poco clara en sus logros oconclusiones. En pocas palabras: se le reprocha no ser unaciencia que haga evidente su progreso. Los intentos deconvertir la filosofía en un sistema dotado de fundamen-tos y propósitos bien definidos han sido constantes, y cé-lebres, pero no definitivos. Kant, Schopenhauer, Marx oHusserl se dieron a la tarea de crear los principios sobrelos cuales se podría pensar ordenadamente y edificar unsistema capaz de dar certidumbre al conocimiento filosó-fico. Las consecuencias de tan desmesurados empeños fue-ron dispares, pero nadie dudaría de que la obra de estosfilósofos fue provechosa e iluminadora en el extensocampo que abarca la reflexión humana. Tal parece que, dealguna manera, todos tenían razón. Durante el veranode 1820, en Berlín, un hombre de ceño opaco y miradadesconfiada hacía publicidad y anunciaba sus leccionesuniversitarias de la siguiente manera: «Arthur Schopen-

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hauer disertará sobre la totalidad de la filosofía, es decir,sobre la doctrina de la esencia del mundo y del espírituhumano». En nuestra época, el anuncio de un propósitotan ambicioso e ingenuo nos despertaría una sonrisa; sinembargo, quien ha leído El mundo como voluntad y re-presentación no podrá negar la seriedad con la que Scho-penhauer enfrentó sus objetivos filosóficos. La calidadliteraria de su obra es suficiente para no menospreciar laexposición o las conclusiones de su doctrina.

En la introducción a sus Meditaciones cartesianas, Ed-mund Husserl mostró su desconcierto ante la diversidadde filosofías existentes, y acentuó la necesidad de encon-trar un fundamento e hilo conductor que evitaría la con-tradicción y las conclusiones superficiales. Agobiado porla pluralidad de interpretaciones filosóficas, Husserl llegóa escribir: «Los filósofos se reúnen, pero por desgracia nolas filosofías». Su propuesta ante la diversidad e inconsis-tencia de la actividad filosófica se conoce con el nombrede fenomenología, y su método y sus ideas influyeron enfilósofos tan distintos entre sí como Martin Heidegger yJean-Paul Sartre. Me valgo de estos mínimos apuntes parasugerir que ninguna filosofía carece de fisuras y que noexiste pensador u hombre de ideas que no se encuentre amitad del camino, en un continuo hacer el mundo, en unsinuoso tránsito que incluye la experiencia singular del ca-minante y las arenas movedizas de un lenguaje que conti-núa siendo mundo, metáfora y horizonte abierto, pese alas llamadas al orden y a los embates que ha recibido porparte del análisis lingüístico y del positivismo en general.Leonardo da Jandra sabe bien que los filósofos avanzan acontracorriente y que nadie puede abarcar, desde la ven-tana de su pensamiento, la complejidad de un mundo queno permite reducciones a la hora de ser recreado o repre-

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sentado. El hombre es un ser inclinado a crear teorías, masesas teorías oscurecen o iluminan sólo algún aspecto de loque llamamos realidad. La suma de todas nuestras teoríasnos entrega un fantasma de contornos ambiguos que apa-rece y desaparece según la intensidad de la mirada humana.Y, no obstante, como en el caso de Leonardo da Jandra,quienes escriben o publican sus reflexiones lo hacen por-que creen en sus palabras y las exponen con el propósitode continuar la conversación, e intentar que las palabrassean consideradas bienes morales y no sólo voces inanes ointrascendentes.

Leonardo da Jandra es un escritor y también un filó-sofo. En ambos casos, la experiencia de su vida se hallapresente, y su imaginación y extensa cultura nutren deforma y contenido sus conceptos y sentencias. Su exiliodurante más de un cuarto de siglo en la selva oaxaqueñaen compañía de su mujer fue la afirmación de una utopía:pescar, cazar, pensar y sobrevivir. No abandonó sus lectu-ras ni la conversación, pero aprendió a ser precavido antela retórica académica cimentada en una tradición queabandona las vicisitudes del presente con el fin de situarseen un plano sin tiempo. La emoción intelectual nunca habastado para satisfacer su temperamento: sus palabras tie-nen cuerpo y su comportamiento bélico nos dibuja a unguerrero que no da un paso atrás cuando ve amenazada einterrumpida su libertad. Él continuará dando la pelea yno cederá a las tentaciones de la decepción contemporá-nea: «Lo último que nos queda cuando ya no creemos ennada es el falso consuelo de la razón desilusionada, de lafría y desolada intemperie del escepticismo». La filosofíano es, para da Jandra, un mero ejercicio dubitativo, ni unpasatiempo del lenguaje: es una manera de vivir y tambiénun estar en contra de cualquier postura que considere la

lógica como la única forma de obtener certezas y conoci-miento verificable.

Da Jandra se enfrenta a los pesimistas y a los cínicosporque los conoce bien. Y también se distancia un tantodel relativismo pragmatista, pues cree que es posible cons-truir todavía una filosofía capaz de unir pensamientosopuestos en aras de un fin determinado. ¿Qué tipo de doc-trina sería ésa? Una filosofía que mediante la conversación,la crítica y el fortalecimiento de valores morales fueracapaz de aumentar el conocimiento de uno mismo y elbienestar humano. El vitalismo o el concepto de viven -cia como un medio adecuado para el conocimiento de larealidad ha sido tratado por varios filósofos, entre ellosNietzsche, Dilthey, Bergson, Max Scheler y Hans-GeorgGadamer. Las teorías o explicaciones parecen definitivascuando la vida se ha marchado o acaba de pasar, y ningúnconcepto tiene peso o gravedad si no va acompañado deuna oportunidad que nos permita vivir y sentir el mundo.En este aspecto, Da Jandra no da marcha atrás y, no obs-tante su devoción por el método y la severidad con que seimpone a sí mismo una educación filosófica, no abandonala idea de que el conocimiento es experiencia vital y de queuna teoría es bella sólo mientras puede vivirse en todos lossentidos, y no nada más en el espacio de la pura intelec-tualidad.

Quiero llamar la atención no sólo sobre la vitalidad enel quehacer creativo de Leonardo da Jandra, sino princi-palmente en el estilo y en la forma en que transmite susaber y las conclusiones de este saber. Detesta los eufe-mismos y su paciencia se agota a las primeras de cambio.Estamos frente a un escritor enérgico en sus juicios y quedista mucho de hacer concesiones a tendencias de opiniónque considera irrelevantes y nocivas para el buen discurrir

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de la reflexión filosófica. Si el lector es culpable de cual-quier cosa, entonces seguramente se sentirá regañado. Laaparente hostilidad que se revela o asoma en algunas desus expresiones no es consecuencia de un espíritu amargoo conflictivo per se, sino que es provocación en pos de lasabiduría, confrontación que busca complicidad, no ene-mistades, estímulo para la disensión y para el conoci-miento del extraño o del otro: ya hemos dicho que lavitalidad corre a la par de sus escritos y disertaciones. EnMéxico, Leonardo da Jandra no ha tenido los interlocuto-res que merece y su ánimo guerrero ha causado reticenciahacia su persona, y también reserva debido a los constan-tes cuestionamientos y duras críticas que hace al estado ac-tual de su sociedad (los políticos se llevan por lo generallos anatemas y golpes más certeros). Pareciera que en Mé-xico estamos acostumbrados a callar y a juzgar desde elanonimato, o cobijados por la sombra de poderes e insti-tuciones: nos atemoriza la palabra si no va acompañada debuenas maneras, y ponderamos más la amabilidad que lasabiduría. Nada tan opuesto y extraño al temperamentode Da Jandra, para quien las ideas y la crítica se hallan porencima de cualquier prejuicio cortesano. Yo he sido suamigo durante muchos años y con él he aprendido que laconversación no se da entre argumentos o entidades ficti-cias, y sí entre personas que han tenido vida, equivocacio-nes y carácter.

Filosofía para desencantados es una conclusión y unaparada en el pensamiento y la literatura de este escritor ex-cepcional. Es posible que el nutrido número de referen-cias que hace de otros pensadores, así como sus asercioneso sentencias, puedan parecer desmedidas o que impongana la lectura un ritmo agotador e inclemente; sin embargo,es precisamente esta generosa densidad de citas y senten-

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cias la que, aunada a su vocación didáctica y bélica, nosentrega a un escritor y filósofo original en más de un sen-tido. Las citas son una especie de nudo, de cruce de cami-nos, de punto de encuentro, señales que se dan durante eltrasiego de la conversación. Están allí no como un símbolode autoridad o de soberbia intelectual. Son más bien laprueba de que el escritor no desea ocultarse y descubretodo lo que es y sabe ante la mirada y la curiosidad delotro. En estas páginas nadie encontrará explicaciones o es-tudios acerca de la filosofía de Noam Chomsky o de Ri-chard Rorty, pero estaremos ante la asimilación, refutacióno reivindicación de sus obras o ideas por parte de un lec-tor para quien nada pasa inadvertido. El ritmo intrépido ypolivalente que Da Jandra impone a su escritura es, vuelvoa decirlo, elocuencia vital y ansiedad de conocimiento, locual no debería amedrentar a ninguna curiosidad genuina.Acostumbrados como estamos a los manuales «éticos» y ala comunicación banal y sin sentido de una «época antifi-losófica y cobarde», como la ha llamado Victoria Camps,reaccionamos mal a cualquier literatura que nos confrontey que ponga en duda nuestra comodidad.

Desde el principio del libro, Leonardo da Jandra haceevidente la necesidad que se tiene de un método a la horade discernir acerca de cualquier aspecto del mundo. Pesea ello, se niega a considerar que el método se agote en la in-ferencia o en la lógica lingüística y nos propone, más bien,un horizonte en común hacia donde hacer tender la con-versación. Si el filósofo narrativo privilegia la metáfora yel devenir literario, mientras que el filósofo analítico se in-clina por un orden sostenido en una teoría de los signos odel lenguaje, Leonardo insiste en complementar ambas vi-siones o tendencias con el propósito de debilitar cualquierfilosofía o ética dogmática: «La teoría de los complemen-

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tarios que aquí se esboza no busca la imposición de unnuevo dogma o de una nueva panacea metodológica, sinola posibilidad de una concordancia respetuosa y justa». Nosería aventurado añadir que este libro es un paso más haciael crecimiento de una filosofía que, asentada en la litera-tura, se torna mundana con el fin de proponer caminos osalidas en la búsqueda de horizontes de buena convivencia:notas para la comprensión de problemas tales como el de-terioro de los ecosistemas, la ausencia de ciudadanos re-flexivos o el dominio del sector financiero en la vidapública, que impiden la equidad económica y quebrantanel medio civil. Viene a cuento, a propósito de este libro, ladefinición que ensaya Richard Rorty cuando escribe quela sabiduría es «la virtud de escuchar a los demás con la es-peranza de que puedan tener ideas mejores que las pro-pias». El escuchar es una virtud que se ejerce con el fin depreservar la libertad. Es en el reco nocimiento de la opi-nión opuesta donde se encuentran los límites necesariospara contener los dogmatismos ególatras y las tiranías ra-cionales. Por ello, Leonardo da Jandra reclama una visiónmás amplia del mundo y de la ética, cree en la construcciónde valores en contra de un relativismo que propone la am-bigüedad moral como punto de partida para el acuerdo, yhace una crítica de todas aquellas tendencias de pensa-miento que constriñen al individuo a ser un mero obrerode su sociedad. Las divergencias que tiene con Rorty son,en rea lidad, superficiales, puesto que, en última instanciaambos pensamientos tienen un punto de encuentro: laconversación y el empeño por la resolución (que no la di-solución) de problemas.

En el capítulo dedicado al lenguaje de su libro Verdady método, Hans-Georg Gadamer dice que el lenguaje noestá en el mundo, sino que es el mundo el que se repre-

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senta en el lenguaje. «El lenguaje sólo tiene su verdaderoser en la conversación, en el ejercicio del mutuo entendi-miento.» La literatura es un medio adecuado para refle-xionar y discernir sobre los asuntos que por tradición hansido propios de la filosofía. El lenguaje no es un orden,sino un universo, y para entrar en él se requiere fuerza,malicia, vitalidad y en resumidas cuentas capacidad artís-tica. Filosofía para desencantados es libro y lenguaje, re-flexión y toma de postura, conversación y recreación deun mundo que es todo aquello que podemos vivir, pensar,sentir, desear e imaginar. Da Jandra, a partir de su filoso-fía vitalista, escrutadora y moral, reclama una compren-sión del mundo que reconcilie al hombre consigo mismo,es decir, con el otro, rechaza las visiones simplistas y uti-litarias que dictan enunciados morales desde el hechocientífico, abomina de los mercaderes de la globalización,pelea contra los filósofos relativistas que rechazan la exis-tencia de un orden moral y espiritual capaz de contener-los, y discute con el desencantado que se aísla socialmentey hace de su exilio una victoria. Pugna, Leonardo, por unarelación edificante entre la teología y la ciencia paraque así la filosofía logre mostrarnos que existe un ordenmayor que a él le gusta llamar espiritualidad. Podemosestar de acuerdo o no con sus conclusiones, e inclusocuestionar las interpretaciones que hace de algunos filó-sofos; sin embargo, es su culta interpretación y su apuestamoral las que dan verdadera sustancia al libro: hay quecreer en lo que se dice y resolver los problemas humanosen vez de disolverlos. Yo, como lector, acompaño a Leo-nardo en todos los pasajes de su libro, asiento a sus ideasy a su postura aunque a veces me cueste admitir algunas desus tentadoras conclusiones. Sin embargo, el lector podrá,si cuenta con la paciencia, maña y humildad suficientes,

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encontrar los hilos nece sarios para continuar la conversa-ción que este hombre de letras, filósofo y persona ex-traordinaria ha puesto sobre la mesa.

Guillermo FadanelliCiudad de México

Marzo 2014

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«Uno de los más sorprendentes escritores que yo he encontrado enel magnífico panorama de las letras mexicanas.»

Enrique Vila-Matas

Este ensayo filosófico sobre ética no es un mero manual de urbanidadal uso. Desde el principio, muestra a un guerrero que lucha por su liber-tad de pensamiento sin ceder ni un ápice ante las tentaciones egocéntri-cas de la decepción contemporánea. Como dice Guillermo Fadanelli ensu prólogo, «Da Jandra, a partir de su filosofía vitalista, escrutadora ymoral, reclama una comprensión del mundo que reconcilie al hombreconsigo mismo, es decir, con el otro, rechaza las visiones simplistas yutilitarias que dictan enunciados morales desde el hecho científico, abo-mina de los mercaderes de la globalización, pelea contra los filósofos re-lativistas que rechazan la existencia de un orden moral y espiritual capazde contenerlos, y discute con el desencantado que se aísla socialmentey hace de su exilio una victoria».

Leonardo da Jandra nació en Chiapas, México, en 1951. Poco antes decumplir un año, sus padres lo llevaron a Arousa, en Galicia. Cursó estudiosuniversitarios en Madrid y posteriormente se trasladó a Ciudad de México,donde asistió a un curso de doctorado en filosofía de la matemática en laUNAM con la polémica tesis titulada Totalidad, Seudototalidad y Parte.Cuestionador profundo de los modelos unidireccionales de la culturamoderna, se instaló a vivir con su compañera, la pintora Agar García, enHuatulco, un paraje paradisíaco de la costa oaxaqueña. Allí vivieron robin -sonianamente de la caza y de la pesca durante casi treinta años, hastaque fueron desalojados por el director del Fondo Nacional para el Turismo(FONATUR) por oponerse a la privatización del Parque Nacional Huatulco,que ellos mismos contribuyeron a declarar.

La obra de Da Jandra, sea ensayo filosófico, novela o relato, siempreexpresa con fuerza intempestiva y única un pensamiento vivo en busca deuna verdad individual capaz de trascender el tiempo y abrirse a una rea-lidad más amplia. Su novela Samahua ganó en 1997 elPremio Nacional de Literatura IMPAC.

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