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382 RESEÑA DE LIBROS BICC, XXVIII, 1 9 7 3 ción, frente al optimismo de la época renacentista. Intimamente ligada con el desengaño tenemos la soledad. Se trata del desengaño en el plano exclusivamente humano y natural, no sobrenatural, pues hay que tener en cuenta que el Barroco puso el arte al servicio de la religión. Finalmente, incluye una bibliografía, especialmente en español y alemán, dividida en tres partes: obras sobre el Barroco en general, obras sobre el Barroco literario y obras sobre el Barroco literario es- pañol. Cabe destacar en esta obra la abundancia de citas de autores que hace el profesor Carilla para confirmar sus conceptos y apreciaciones. Entre otros, de: Quevedo, Góngora, Tirso de Molina, Lope, Pérez de Montalbán, Calderón, Soto de Rojas, Gracián, Castillo Solórzano, Pedro Espinosa, Cervantes y Bernardino de Rebolledo. El profesor Emilio Carilla, a través de las páginas de este libro, nos da una idea clara y precisa de la literatura del siglo xvn y su en- sayo constituye una buena guía para los historiadores de la literatura y los cultivadores de la estilística. ÁNGEL HUMBERTO GRIMALDO S. Instituto Caro y Cuervo. CLARENCE FINLAYSON, Antología, prólogo y selección de Tomás P. Mac Hale, (Ensayos, 26), [Santiago de Chile], Editorial Andrés Bello, 1969, 472 págs. Como número 26 de la colección de Ensayos, publicados por esta Editorial, tenemos este grueso volumen dedicado a reunir en forma an- tológica los principales ensayos filosóficos y literarios del malogrado filósofo chileno de ascendencia escocesa, Clarence Finlayson. Son vein- tinueve ensayos, precedidos de un prólogo del compilador MacHale, donde se hace una conmovida evocación del autor. Este libro tiene es- pecial interés para Colombia, pues Finlayson pasó buena parte de su fecunda vida en nuestro país, y porque algunos de sus ensayos litera- rios están precisamente dedicados a tema colombiano. FILOSOFÍA. Son quince ensayos (págs. 23-244). La filosofía, disciplina esencial del hombre, págs. 23-26. — Co- mienza evocando un texto de la Metafísica de Aristóteles: "todos los hombres por naturaleza desean saber", y pone especial acento en lo que pudiera llamarse "primer despertar del niño" a la filosofía.

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ción, frente al optimismo de la época renacentista. Intimamente ligadacon el desengaño tenemos la soledad. Se trata del desengaño en el planoexclusivamente humano y natural, no sobrenatural, pues hay que teneren cuenta que el Barroco puso el arte al servicio de la religión.

Finalmente, incluye una bibliografía, especialmente en español yalemán, dividida en tres partes: obras sobre el Barroco en general,obras sobre el Barroco literario y obras sobre el Barroco literario es-pañol.

Cabe destacar en esta obra la abundancia de citas de autores quehace el profesor Carilla para confirmar sus conceptos y apreciaciones.Entre otros, de: Quevedo, Góngora, Tirso de Molina, Lope, Pérez deMontalbán, Calderón, Soto de Rojas, Gracián, Castillo Solórzano, PedroEspinosa, Cervantes y Bernardino de Rebolledo.

El profesor Emilio Carilla, a través de las páginas de este libro,nos da una idea clara y precisa de la literatura del siglo xvn y su en-sayo constituye una buena guía para los historiadores de la literaturay los cultivadores de la estilística.

ÁNGEL HUMBERTO GRIMALDO S.

Instituto Caro y Cuervo.

CLARENCE FINLAYSON, Antología, prólogo y selección de Tomás P. MacHale, (Ensayos, 26), [Santiago de Chile], Editorial Andrés Bello,1969, 472 págs.

Como número 26 de la colección de Ensayos, publicados por estaEditorial, tenemos este grueso volumen dedicado a reunir en forma an-tológica los principales ensayos filosóficos y literarios del malogradofilósofo chileno de ascendencia escocesa, Clarence Finlayson. Son vein-tinueve ensayos, precedidos de un prólogo del compilador MacHale,donde se hace una conmovida evocación del autor. Este libro tiene es-pecial interés para Colombia, pues Finlayson pasó buena parte de sufecunda vida en nuestro país, y porque algunos de sus ensayos litera-rios están precisamente dedicados a tema colombiano.

FILOSOFÍA.

Son quince ensayos (págs. 23-244).

La filosofía, disciplina esencial del hombre, págs. 23-26. — Co-mienza evocando un texto de la Metafísica de Aristóteles: "todos loshombres por naturaleza desean saber", y pone especial acento en lo quepudiera llamarse "primer despertar del niño" a la filosofía.

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Expresión de la cultura americana, págs. 27-37. — Trabajo dedica-do al profesor Luis López de Mesa y publicado por primera vez enBogotá, Revista de las Indias, enero de 1945. Sostiene que "en nuestrastierras de América surge hoy un movimiento que busca desesperada-mente su expresión". Comienza por mirar hacia los Estados Unidos deNorteamérica, y dice: "La cultura americana no ha padecido... Elhombre de Norteamérica es un hombre sin Edad Media. En las pro-vincias de lo económico y de lo político técnico (tal vez un poco más),ha conseguido un alto nivel de vida, el más subido del mundo; sin em-bargo, su proceso espiritual interior ha permanecido en la infancia".

En contraposición, "la Colonia de tiempos de España fue para no-sotros una Edad Media. España, en realidad, demoró la Edad Mediay se constituyó en baluarte de todos sus valores, así, a ultranza y debulto, sin distinciones". Concreciones de este espíritu las encuentra enla teología española y en el arte barroco.

Para terminar se pregunta: ¿Tenemos una actitud nueva, origi-nal? Responde con López de Mesa: "Nos hemos contentado con sem-brar sobre lo ya sembrado", y hace un ligero balance de la filosofía enAmérica Latina. La corriente argentina, "la más racionalmente europeay la menos original, siendo la más fuerte y la más estructurada". Lamexicana "es quizá la más autóctona y la más desesperada". En Co-lombia "sólo esfuerzos aislados y esporádicos, algunos pensadores quelaboran en la soledad y ante la intrínseca indiferencia de sus conciu-dadanos". [Veinticinco y más años después, creo que estamos en lamisma situación]. En Brasil y Chile, "el positivismo ha dominado ofi-cialmente".

Consideraciones sobre la cultura filosófica en la América Latina,págs. 39-47. — Este ensayo está en buena parte inspirado por uno deLópez de Mesa, intitulado Expresión de la cultura americana. Hace unbalance, ligero e incompleto, de las influencias filosóficas sobre la clasedirigente iberoamericana, olvidando el caso colombiano en que tan no-torio fue el impacto del utilitarismo, el sensualismo y el tradicionalis-mo en el siglo pasado.

Resume las características del fenómeno cultural iberoamericano:"En primer lugar . . . la ausencia de un pensamiento original. La se-gunda es la traslación de las corrientes europeas a nuestro continentesin discriminación. La tercera es el eclecticismo en que van cuajandotales corrientes...".

Y una reflexión que hace pensar: "Dos sendas y dos visiones exis-ten para el hombre: la heroica y la burguesa. Por la primera perspec-tiva sobre el universo, el hombre se siente un ser personal que deberealizar la doble misión de conquistarse y recobrarse a sí mismo en elarquetipo de un ideal, de salvarse en su realidad substancial. Por la

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segunda, el hombre pasa a ser un átomo del cosmos, un pedazo materialdel universo, una sombra efímera sumergida en el tiempo y en el es-pacio y ante los cuales todo heroísmo es ridículo e ilógico. El hombreamericano se ha hundido en esta última concepción de la existencia...".

Expedición a la muerte, págs. 49-73. — El tema tentaba a Finlay-son, y aquí se detiene en él para analizar la muerte en cuanto fenóme-no psicológico. Su punto de partida es la presencia de un moribundo,lo que le permite concretar al lector en la aparición y descripción delfenómeno biológico. Sostiene que "una de las más grandes experien-cias a que un ser humano puede asistir es a la agonía y muerte delprójimo". "El proceso biológico — añade más adelante — que llegafísicamente a su plenitud a los 30 o 35 años en el hombre, comienzaa descender después... En el adulto, especialmente después de los 30años, la finalidad de límite y desarrollo ha sido alcanzada y entonces hayun sentimiento casi físico de la proximidad aún lejana de la muerte".Este ensayo había sido ya recogido en el vol. VIII de la Biblioteca deCultura Hispánica, Bogotá, 1953, págs. 13-40.

La actitud espiritual del hombre ante la muerte, págs. 75-93. —Inspira este trabajo un pensamiento de Obermann: "¿Quién eres tú?Para el universo nada, para mí todo". Dice el autor: "La posición delhombre en el universo es ante todo la posición de un ser personal. Yosoy yo". La primera intuición existencial del niño es de tipo egoísta.Pero ya en el adulto aparece la conciencia de limitación. El universovale para el hombre en cuanto lo predispone al destino. La estructuraontológica y personal del hombre es la que fundamenta su actitud antela muerte. El hombre, como ser animado, está en actitud de acechopor motivos ontológicos y universales. "El hombre teme morir y tememorir por ser un algo, una unidad, un ser". De la relativa permanen-cia de lo específico orgánico, que se traduce en un sentimiento ami-norado ante la muerte, nace en el hombre la conciencia de la inmor-talidad. Entonces la muerte aparece menos temible cuando se han cum-plido y llenado las posibilidades propias. "Desde un punto de vista lamuerte es natural, pero desde un ángulo total la muerte es casi un ab-surdo". ¿Qué es la muerte? "Destruir una unidad que existe para síen cuanto conciencia". "Esta unidad —añade— es fundamental, po-derosa, es consciente, es decir, se da cuenta de su propia existencia yde su comunión con el Ser, es decir, con la inmortalidad". De dondeel sentido de la frase de Nietzsche: "Todos dan importancia a la muer-te, y para ninguno es una fiesta la muerte" {Así hablaba Zaratustra).

Complementan este ensayo unas consideraciones sobre las fronte-ras del problema, sobre el rostro de la muerte en las regiones visibles ysobre la muerte desde su propia casa. Concluye: "Para mí, la existenciadel espíritu humano, una vez abandonado el cuerpo, es una existenciatotalmente consciente. Sin embargo, siguiendo las consecuencias de núes-

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tra filosofía tomista que pone una unión substancial entre el alma y elcuerpo, debe decidirse que ella naturalmente entraría en la oscuridad.Pero, alumbrados por las enseñanzas de la Teología, sabemos que Diosregala al alma con especies inteligibles, sobrenaturales".

Este trabajo también había aparecido en 1953 en el volumen VIIIde la Biblioteca de Cultura Hispánica, Bogotá, Instituto Colombianode Cultura Hispánica, págs. 41-61.

Algunas observaciones metafísicas sobre la muerte, págs. 95-109. —Con dedicatoria para Ignacio Escobar López, ordenó Finlayson estasobservaciones motivadas en él por los contenidos psicológicos de las ex-periencias de la muerte. "La muerte es un fenómeno eminentementesingular", comenzó por decir, y, de acuerdo a su inspiración tomista,sostiene que "su relación al ser es sólo relativamente accidental".

Evoca el principio de individuación tal como lo concibe la filoso-fía tomista, "materia signata a quantitate", y observa que en el hombrees necesario distinguir la individualidad de la personalidad. De acuerdocon Santo Tomás (De ente et essentia, II), "individuum ineffabilis est",por lo que se concluye que "la individuación por medio de la materiaprima está más cerca de la nada que del ser". En esta referencia alprincipio de individuación el autor se basa en opiniones tomadas deMaritain en su Parafilosofía de la persona humana.

"La individualidad — sostiene Finlayson — que parte de los con-fines del no-ser y cruza con su contingencia todo el ser creado es unacontingencia esencial que se sostiene directamente sobre la nada... Lapersonalidad, por el contrario, desciende del super-ser, de las esencialesregiones de la pura entidad, y en su intimidad espiritual permanecefuera del devenir corruptivo que constantemente afecta al mundo ma-terial".

Hace una forzosa referencia a la teoría hilemórfica de Aristóteles(Metafísica, libro VII, lección II), concreta el sentido de las expresio-nes 'materia prima', 'materia secunda' y 'forma substancial', y llega a laconclusión de que "en toda mutación es en último término la desleal-tad de la materia prima la que obliga la salida de la forma substancial".

Todo movimiento llega a un fin, y en el universo material, unavez conseguido ese fin, se impone la obligación del movimiento. Deahí el proceso de anagénesis, "ascenso ontológico", y de catagénesis,"descenso", proceso que hay que analizar sin perder de vista el hechode que no es la forma la que existe en la materia, sino al contrario.Máxime en el hombre. "Se comprende la juntura en que se mueve lamateria a la vera del no-ser. La muerte es ese extremo de su procesototalístico. Viene a ser la determinante extrema y última de una inde-terminación esencial".

Estas observaciones siguen con el problema de la persona, segúnla clásica definición de Boecio, complementada por Santo Tomás (5.

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Th., I, q. 29, a. 3), y con el de la muerte y su singularidad, dondeFinlayson coquetea significativamente con la idea de la euthanasie,buena muerte, del filósofo socialista Proudhon.

También se incluyó este ensayo en el volumen VIII de la Biblio-teca de Cultura Hispánica, ya citado, págs. 62-79.

ha evolución del concepto del hombre, págs. 111-117. — Con refe-rencia al pensamiento de Pascal: "L'homme n'est qu'un roseau, le plusfaible de la nature; mais c'est un roseau pensant". Divide el ensayo endos partes: intercausalidad de las ideas, y correspondencias en el ordenconceptual. "En el mundo complejo del hombre — dice a propósito delprimer tema — se responden ocultamente las ideas, los deseos, los sen-timientos y se entrelazan en una gama millonaria de aspectos y de pla-nos ontológicos, psicológicos e históricos". En cuanto a lo segundo: "Hayuna profunda ecuación de identidad analógica entre las ideas que elhombre ha forjado sobre Dios, sobre su propia naturaleza humana,sobre el fin de sus acciones y la historia que en su relativo campo deinfluencia ha ido realizando".

El problema del destino y la existencia, págs. 119-143. — Ensayoque publicó Finlayson en el volumen VIII de la Biblioteca de CulturaHispánica, págs. 163-191. "Siempre me ha parecido —comienza pordecir— que las fundamentales interrogantes e intuiciones humanas sonproferidas o puestas ante la conciencia de evidente y casi idéntico mo-do". Ilustra la aseveración la coincidencia de planteamiento de los pro-blemas fundamentales del hombre observada en Shakespeare, Calderónde la Barca y Dostoievski. "Toda vida —dice— que se enfrenta a loabsoluto y eterno del hombre da la sensación de sueño". Más adelantehace esta observación, que no es difícil encontrar repetida una y otravez, y en diversos contextos, en la obra del malogrado chileno: "O secree en Dios y en la inmortalidad y se aguanta uno esta vida con laesperanza y la resignación, o sólo queda delante de nosotros el caminode suprimirnos". Porque para el creyente todo es soportable, mientrasque para el ateo "no únicamente el problema del mayor dolor queda-ría en pie sino la más mínima gota de dolor quedaría inexplicable, le-vantando dramáticamente la inmensidad del problema total y universaldel dolor". El ensayo se complementa con desarrollos en estos puntos:destino y conciencia (el problema del destino va junto con el de la fe-licidad), la vida como proceso de conciencia, el destino actual y la es-peranza, la posición del ateo, y la suprema pregunta. "La respuesta atoda pregunta, a toda duda reside eternamente en el Ser Subsistente, enla misma existencia a se... La suprema respuesta a la suprema pre-gunta es aquella que diera Dios a Moisés, cuando lo envió a liberar alos hijos de Israel: Ego sum qui sum".

¿Por qué soñamos?, págs. 145-155. — Dedicado a Silvia, su espo-sa, "que es un sueño", este ensayo apareció por primera vez en el vol.

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VIII de la Biblioteca de Cultura Hispánica (Bogotá, 1953, págs. 107-118). Es la refundición, corrección y ampliación de un ensayo intitu-lado Los sueños, que no sé donde apareció.

El autor acoge la expresión de Myers, el sueño ha sido "la cruz dela fisiología", y agrega que "sigue siéndolo y sobre todo de la psicolo-gía". Recuerda varias opiniones sobre el sueño: Brown-Séquard atribu-ye la inconsciencia del sueño a una acción inhibidora; para Claparédeel origen de la 'dormición' también está en una activa inhibición;Bergson sostiene que "dormir es desinteresarse".

Lo cierto es que "los materiales del sueño son extraídos . . . de losque experimentamos en el estado de vigilia, sea de una manera cons-ciente o subconsciente". Destaca Finlayson la absurdidad del sueño, yla atribuye a que "la consciencia está alejada del mundo exterior, delos objetos, que son los que fijan nuestras sensaciones y nuestras ideasy le dan su estabilidad".

El sueño tiene un doble objetivo: uno fisiológico de reparación yrevitalización de la capacidad antitóxica, y otro que se refiere a la vidaespiritual: "el descanso de la tensión nerviosa y el reposo que desea laconsciencia para fugarse de la atención constante en los hechos de laexistencia y del mundo, de los pesares de la vida, del sufrimiento, etc.".Biología y psicología interfieren en la esencia humana, "y tanto el cuer-po como el espíritu coadyuvan sin envidia a la salud y salvación delser humano".

Pasando a una dimensión escatológica, católica y paulina por lodemás, sostiene el autor que después de resucitados, en el Reino, no vaa haber lugar ni para el sueño ni para la dormición. "La contempla-ción de Dios, cara a cara . . ., nos mantendrá la atención fija y profun-damente feliz en una plenitud inefable que empapará eternamente nues-tro ser".

A la pregunta filosófica de ¿por qué soñamos?, responde en unplano más bien científico y de acuerdo con los principios establecidospor Cajal: "las terminaciones nerviosas que están directamente unidasdurante el estado de vigilia se separan en el sueño, y así quedando de-sunidos temporalmente los centros superiores con el resto del organismoéste se aleja, pone barrera con el mundo circundante". Psicológicamen-te hablando, "penetramos en un universo pretérito".

Hay que destacar los apartes complementarios: El sueño y la vo-luntad, y Hacia la adentración metafísica. "El sueño cumple . . . undestino total. Arraigado en el hombre, se presenta como una expresiónde su personalidad entera".

En torno a Spengler y a una filosofía de la historia, págs. 157-173. — Pretende el autor acercarse a la tesis básica de La decadenciade Occidente, aunque su condición de cristiano no le permita compar-tir las ideas de Spengler. Porque para Finlayson es imposible entenderel proceso histórico dejando de lado las exigencias de una investiga-

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ción de orden metafísico. "Cuando pronuncio el término Metafísica— tan desprestigiado en estos días — toma en mí el mismo sentido queel que involucra una realidad profunda; no el de lucubración despega-da de las cosas, puro juego dialéctico del espíritu. En este sentido, lahistoria, como cualquiera realidad, para ser comprendida en sus hondu-ras y poder gozar de panorama universal, debe prestarse a una profun-dización metafísica".

En este campo está la radical deficiencia de Spengler. "Metafísica-mente considerado, el panorama spengleriano de la historia es una no-che inmensa en donde la humanidad camina con la ignorancia de sudestino. El destino para Spengler no envuelve al conocimiento del fin,se refiere a la causa eficiente — en este caso la fuerza interna de lascosas— que empuja ciegamente la vida biológica del hombre".

Sin embargo, la posición de Spengler, censurada en principio, leha permitido al pensador alemán analizar la realidad decadente de Oc-cidente, que vista desde el punto de vista obsesivo de Finlayson, tieneun desenlace fatal. "La causa del suicidio — escribe — es en el fondola contemplación de un estado anímico que se ve sin finalidad. Estefenómeno afecta hoy a la civilización; es un suicidio lento de decaden-cia orgánica en que el mundo se encuentra empeñado. Spengler es real-mente el visionario de esta decadencia y ha dado en la esencia de porqué de ella".

Frente a la visión de Spengler, con todo, Finlayson, radicalmentecristiano, no puede menos de poner la visión agustiniana de la historia."Dentro de la concepción agustiana de la historia, repetidora de la doc-trina bíblica, el proceso histórico es, en el tiempo, el reflejo de la Vo-luntad de Dios. El tiempo refleja lo eterno en la realidad fugaz delinstante, en cuanto es algo real, imitación de la Esencialidad Divina.El proceso histórico, sometido a la ley del movimiento, no tiene su finen sí mismo y por consiguiente ha de terminar asumiéndose a lo eterno".

Otra observación interesante de este ensayo es la de que el marxi-mo, con relación a la teoría de Spengler, "vendría a ser una aplicaciónrestringida de la totalidad de su teoría a la realidad económica conside-rada como fundamental".

Este trabajo apareció por primera vez en Medellín, revista Univer-sidad de Antioquia, tomo VII, 1938, págs. 167-179.

Mensaje a los jenomenólogos llamados católicos, págs. 175-184. —Recuerda el autor que el precursor de la fenomenología fue FranzBrentano. Desgraciadamente "el pensamiento de Brentano no prosiguiósobre las líneas ontológicas que su fundador planteara. Con EdmundHusserl la tendencia se extremó hasta encerrarse totalmente en el reinodel más puro idealismo. No es un evento del azar el de la publicaciónde las Meditaciones cartesianas de Husserl, compilación de sus confe-

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rencias dadas en París y editadas en francés. En ellas resume su pensa-miento y reasume la clásica posición de Renato Descartes".

Planteándose el problema de la explicación del universo, recuerda,Finlayson las respuestas dadas en el Medioevo, tanto desde el punto devista de la analogía del ente como de la univocidad del mismo. Y dice:"Ha sido este hincapié, este enfoque de atención sobre el conceptounívoco del ente — iniciado por Scoto y Occam en la Edad Media yboyante hoy en el mundo científico aún bajo la égida de Kant— elcausante de la enorme confusión y de la pretendida incompatibilidadentre la Escolástica tomista y las ciencias coetáneas".

A los problemas suscitados por estos planteamientos, presenta Fin-layson una solución, que llama "asintotismo dinámico". Hela aquí: "Elerror del materialista o del espiritualista exagerado es pretender erigiruna explicación unívoca y unilateral como explicación total, la que enrealidad para ser tal debe ser fincada en una unidad trascendente y to-mar en consideración todas las causas del ser. Se me ocurre llamar lasolución con el nombre de teoría asintótica dinámica y aproximativa.Cada explicación en una línea causal de unilateralidad tiene valor cir-cunscrita sólo a esa línea y cada explicación, aparentemente a veces conmayores visos de realidad, no hace sino lanzarse sobre un plano linealde paralelismo asintótico. Líneas paralelas que se juntan en el infinito".

En aparte intitulado La fenomenología es una filosofía cerrada,hace el autor esta rotunda afirmación: "La filosofía es filosofía tantoen cuanto es metafísica". Y como concibe la filosofía bajo el prisma delo cristiano, añade: "Una filosofía que comienza por afirmar la impo-sibilidad de conocer las regiones metafísicas y existenciales, de conocerla existencia de lo nouménico y substancial, de demostrar la existenciade Dios, etc., no puede ser una filosofía cristiana y en absoluto puedecompaginarse con la posición teológica y dogmática".

En este aspecto precisamente se centra la crítica a los planteamien-tos filosóficos de Husserl, que son considerados como un retorno in-fecundo al cartesianismo y al idealismo. Cfr. Universitas, 2 de junio de1952, núm. 2, págs. 3-10.

Proceso y problemática del existencialismo, págs. 185-190. — Es unensayo inédito, donde Finlayson trata del existencialismo, "filosofía demoda", cuyos precursores son Nietzsche y Kierkegaard.

La filosofía del siglo xix tuvo que enfrentar el manifiesto divorcioentre las disciplinas espirituales y las científicas, con todo lo que de pro-blemático se suscitó en los diversos campos de la economía política, dela religión, de la cultura humana. "Desde dos ángulos extremos y des-de dos posiciones también extremas un mismo común denominadorhace sentir su presencia. Carlos Marx y Sóren Kierkegaard se encuen-tran traspasados por la doliente espada de la angustia existencial. Elconflicto entre la razón y la voluntad, entre el desiderátum y la reali-

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dad, entre lo ideal y lo positivo, vive y late en el subfondo de aquellospensadores. Mientras Marx vuelca su atención al problema social de lasmasas proletarias, Kierkegaard intensifica el foco volitivo de cada hom-bre individual".

Dice más adelante: "La primera guerra mundial acabó la edad delliberalismo, dando paso al socialismo aunque únicamente en sus inicioso semillas. Medio siglo antes de 1914, dos hombres sintieron la aproxi-mación de la muerte y del derrumbamiento liberal del tipo rousseau-niano o stuartmilleano. Fueron Fedor Dostoiewski y Sóren Kierke-gaard. Ambos fueron pesimistas". Y todavía añade: "Contra el optimis-mo social del liberalismo protestante y el optimismo social de las co-rrientes izquierdistas, contra el progreso por reforma y el progreso porla fuerza, Dostoiewski afirmó la necesidad eterna del alma de ser siem-pre ella misma".

Características del existencialismo kierkegaardiano son el indivi-dualismo y el pesimismo. "El trágico conflicto del alma con las condi-ciones paupérrimas de la existencia, la creencia común a todas las teo-logías protestantes — especialmente calvinistas — de la esencial corrup-ción de la naturaleza humana después del pecado original, empapan depesimismo la concepción de la vida kierkegaardiana". Creo con todoque una fuente del pensamiento y la actitud vital de Kierkegaard hayque ponerla en el talante luterano de su espíritu, aspecto que no des-taca Finlayson.

En cuanto al valor filosófico del existencialismo, dice el autor; "Elexistencialismo ha originado en la filosofía una metafísica de lo huma-no y elevado a planos metafísicos, a categorías universales, realidades,sentimientos, instintos, manifestaciones, psiquismos y fenómenos delhombre. También, desde el ángulo sociológico y de la filosofía de lahistoria, el existencialismo representa la réplica al artificioso y vacuoIdealismo hegeliano, apartado de la realidad".

/. P. Sartre o la filosofía del absurdo, págs. 191-196. — Se tratade un ensayo publicado el 27 de enero de 1952 en El Colombiano, deMedellín.

Parte de una identificación inicial entre existencialismo e idealis-mo. "El punto de partida del existencialismo —dice— es la experien-cia personal, la experiencia contenida en los fenómenos de concienciaque miran a la provincia de la afectividad y de las aspiraciones o disa-tisfacciones volitivas. Tanto el idealismo como el existencialismo se danla mano en la estación inicial. Ambos se conjuntan en el vano intentode traspasar el mundo fenoménico y de sembrar raíces sólidas en elcampo ontológico con el fin de erigir el imponente edificio del cono-cimiento universal".

La filosofía de Sartre se desarrolla en cierta forma en torno al con-cepto de náusea, resultado de la autonomía dada al valor de libertad

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al margen de todo nexo exterior. Pero hay que salir de la náusea, ysólo se ofrecen tres caminos de liberación: la ciencia, la magia y la lo-cura (Realidad, Valor y Trascendencia). De estos caminos se destacael de la locura, que en definitiva viene a encontrarse con el de la magia.

"La locura —observa Finlayson— es similar a la magia y nos lle-va derechamente al mundo mágico; con su poder levantamos una me-tafísica que a su vez es poderosa para elevar y arquitecturar un univer-so superior y divino, libre de trabas, incólume y desafiante sobre la fazde la tierra. Esta tentativa encubre la nada y la limitación, lanza suneblinoso manto sobre el proclive proceso de todo lo que existe y quenuestra sangre alimenta. Es tal actitud una suerte de trampa que loslocos colocan artificialmente ante la realidad para vencerla".

Reconoce el autor en la filosofía de Sartre elementos parcialmenteverdaderos. "La existencia es el acto del ser y está insertada en el planode la causalidad. En última instancia, en el confín del extremo el exis-tir proviene de la Primera Causa, de la libérrima voluntad divina. Elexistir ut sic escapa a la contemplación intelectual, se halla en el terri-torio de la voluntad y entraña un elemento arracional en el fondo, aun-que no sólo se oponga al reino de las esencias y sí antes al contrario enel existir se plenifiquen estas, pero las existencias han sido dadas yson dadas continuamente a las entidades posibles, no por internas yobligantes razones ontológicas sino por el libre amor del poder creador".

Destaca también Finlayson las coincidencias y oposiciones entre elpensamiento de Sartre y el de Kierkegaard, fundador del moderno exis-tencialismo. Sartre busca la construcción de una metafísica por un ca-mino audaz e ilógico, mientras que Kierkegaard, profundamente cris-tiano, hace una filosofía ajena a la sistematización.

La evolución homogénea de la idea de Dios, págs. 197-214. — Estejugoso ensayo forma parte del tomo intitulado Hombre, mundo y Dios,publicado en Bogotá en 1953 por el Instituto Colombiano de CulturaHispánica, como vol. VIII de la Biblioteca de Cultura Hispánica (págs.263-283).

Parte de una idea culturalmente rica y reveladora: "La concepciónde Dios que la Iglesia mantiene es la de un Dios Trascendental, y to-das las grandes verdades dogmáticas y de fe contenidas explícita o im-plícitamente en las Escrituras y en la Tradición pertenecen también aeste orden trascendente y de allí que siempre puedan aplicarse a distin-tas modalidades históricas y servir de principios directrices para infor-mar civilizaciones cristianas de tipo bastante distinto. Uno es el Cris-tianismo, una es la Iglesia, pero muchos pueden ser por analogía lostipos de culturas y civilizaciones cristianas".

Enmarca Finlayson la idea de Dios dentro de la concepción cris-tiana de la vida en su doble manifiestación de vida contemplativa y

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vida activa. Porque, según él, "la noción de Dios plasma las direccio-nes de la vida". El mensaje de Cristo al mundo está resumido en laspalabras "Deus charitas est", de donde se deduce que "la paternidaddivina es el fundamento social de la fraternidad de los hombres".

Para el autor es importante establecer los elementos esenciales dela concepción filosófica de Dios tal como aparece en la teoría tomista.Estos puntos son muy concretos: 1) La existencia, "elemento esencialde la filosofía", aportación religiosa ya registrada en el Éxodo: "Egosum qui sum". 2) Hay un largo camino de la definición aristotélica deDios, "Inteligencia de la Inteligencia en la Inteligencia" (Metafísica,libro XII), a la cristiana de San Pablo: "En El vivimos nos move-mos y somos", con el genial desarrollo agustiniano: "Dios es más ín-timo a nosotros que nosotros mismos". 3) La idea de creación, de es-tirpe bíblica. "En el principio Dios creó el cielo y la tierra" (Gene-sis, 1. 1).

Otro punto que interesa a Finlayson es el de los nombres metafí-sicos de Dios: "Desde un punto de vista específico —dice—, desde elángulo de la línea operacional nos aparece Dios como PensamientoActualísimo... Desde el punto de vista terminal del dinamismo de losseres visionamos a Dios como sobreabundancia ontológica, como Amor".

Por último se propone el problema del constitutivo formal de Dios."El Primer Nombre Metafísico de Dios, absolute loquendo, es la Asei-dad o Independencia Radical. Dios es el Ens a Se. Este nombre inefa-ble fundamenta, quoad nos, todos los demás atributos y nominacionesdivinos".

Consideraciones sobre los tiempos actuales, págs. 215-244. — Comoúltimo ensayo de esta serie filosófica, recoge el editor MacHale estegrupo de interesantes consideraciones, donde, mejor que en muchas otraspáginas, se nos revela el noble espíritu del malogrado Finlayson. Sonpáginas de notorias sinceridad y actualidad, donde tropieza uno conpensamientos como este: "Cuando Karl Marx afirmó que la historiano hacía sino reflejar la causalidad económica expresó una enorme ver-dad, verdad casi absoluta en el siglo xix y en el nuestro. Marx ha sidoel gran revelador que quitó la venda hipócrita bajo la cual se ocultabanlos más sórdidos intereses y los que pretendían pasar por espirituales".

Voy a destacar algunas de estas ideas, por considerarlas de signifi-cativo valor, aunque a primera vista puedan resultar un tanto descon-certantes.

Primera consideración: el mundo marcha al suicidio. "El naciona-lismo es la tremenda remora que nos impide avanzar. Constituye en elorden filosófico un error de marca mayor. Este nacionalismo no sola-mente es un error sino que ha sido expuesto en las enseñanzas de lasescuelas como una verdad muy alta y una virtud inmaculada. Y estas

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enseñanzas no sólo han sido impartidas en la instrucción cívica, en lasleyes, en los sistemas filosóficos, etc., sino que han sido puestas de re-lieve por los ministros de religión. Entre Dios y la patria jamás se hapuesto otro valor intermediario, y la humanidad es un valor interme-diario. No se piensa ni se ha pensado en función humana, sub speciehumana, y menos en función de universo". Idea que he visto dolorida-mente expresada en Simonne Weil.

Segunda consideración: técnica y resultados. "El homo jaber ma-tó al homo sapiens. Estas épocas técnicas son épocas que no pueden serconsideradas como sapienciales. Y toda la era que se inicia en el Rena-cimiento y que encuentra su filosofía en el espíritu de Francis Bacones una época de naturaleza técnica, de dominio de la tierra. El senderode su desarrollo desemboca siempre en un callejón sin salida. La técni-ca no puede en sí misma realizar la plenitud y la felicidad del ser hu-mano".

Tercera consideración: el peso del pasado. "La tradición contieneen sí misma un arma de doble filo, un elemento constructor y otro des-tructivo. Generalmente, la tradición termina por encadenar a los pue-blos en aquello que de estacionario y destructor posee... No hay pro-fundo dinamismo sino en los impulsos nuevos y creadores".

Cuarta consideración: la mecanización de la vida. "Solamente convalores espirituales puede el hombre soportar su soledad y la mismameditación, honda base para una soledad gozosa, es un diálogo queentablamos con nuestro espíritu, con los seres ideales o posibles o conDios. El contacto que el hombre coetáneo mantiene con sus semejanteses cada día que pasa una relación puramente externa y superficial. Elprójimo ha pasado a ser una simple cifra o valor material utilitario oun instrumento del que nos servimos para ganar la vida. La concep-ción del prójimo, tal como se encuentra en todas las grandes religiones,ha sufrido graves heridas. No puedo concebir una comunidad que notenga como base una vitalidad de amor o de caridad".

Quinta consideración: el peligro de las ciencias. "Estamos a la es-pera de una metafísica que nos venga a solucionar muchos de los pro-blemas científicos planteados por el hombre de ciencias. A las concep-ciones de Pitágoras sucedieron las grandes cosmovisiones de Platón yde Aristóteles, es decir, a una etapa matemática sucedió una era meta-física. El nuevo gran metafísico que aparezca en nuestros tiempos ten-drá eso sí que ser un gran matemático. En la Edad Media hubo unaunidad superior y suprema que reunía la multiplicidad de las ciencias yque se llamaba la teología. Una etapa propedéutica sería fundamenta-ción de una metafísica mínima que se constituiría o pudiera constituir-se como unidad superior y establecer así una cierta jerarquía. Un mí-nimum de principios éticos sería también uno de sus resultados y estosprincipios son hoy de urgente necesidad".

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Sexta consideración: el sentimiento del destino en los pueblos. "Lassoluciones materialistas han demostrado su ineficacia. El retorno a unavisión trascendental del universo y del hombre, incorporativo de todoslos elementos vitales que se encuentran diseminados en nuestra civili-zación occidental, se nos presenta ahora en la actualidad. Nuestro pre-sente está cargado de todos los errores y de todas las experiencias acu-muladas en el pasado y hace peso en la conciencia social. El naciona-lismo — esa plaga de nuestros tiempos y del siglo pasado muy en es-pecial — de ninguna manera es una solución y sí un lastre. La respues-ta angustiosa que se exige a nuestra humanidad y en cuya responsabili-dad cada uno debe sentir su pequeña parte (en el mundo espiritual nohay pequeñas partes) para aceptar el desafío implicado y envuelto enla desunión y desintegración de los pueblos posiblemente encontrarásus obstáculos en las grandes naciones civilizadas, en aquellas que hanhecho historia, que poseen un pasado que no las deja enfrentar elporvenir sino en función y en nombre de ese pasado. La salvacióntal vez venga de aquellas agrupaciones humanas sin historia, al me-nos sin historia política".

LITERATURA. La segunda parte de esta Antología (págs. 245-474)la integran catorce ensayos de índole literaria. Como en realidad el as-pecto en que Finlayson se movía con indiscutible propiedad era el fi-losófico, y no adelanto un juicio peyorativo de estos escritos literarios,no voy a reseñarlos en la forma minuciosa que he seguido con los an-teriores. Apenas si voy a indicar los títulos, agregándoles alguna obser-vación.

Meditaciones sobre la lectura, págs. 247-250. — Inédito. Pareceque este breve ensayo iba a servir de introducción a un trabajo extenso,"itinerario teórico y práctico que [sirviera] al mismo tiempo de guíapara los lectores".

Observaciones sobre el lenguaje, págs. 251-253. — También iné-dito. "El lenguaje es instrumento de la psique entera del hombre. Pen-samiento, afectividad, volición, factores de practicidad, todo este con-glomerado, en consonancia con el medio ambiente, respirando en fun-ción de determinadas colectividades, derivando el peso de la tradición,latiendo con la situación y las circunstancias, todo en fin, constituyeeste plasma social".

La precisión en el lenguaje, págs. 255-257. — "El lenguaje es elmedio común de expresión de nuestras^ideas y sentimientos, y él cons-tituye un patrimonio legado por nuestros antecesores, tanto individua-les como grupales. La importancia del idioma es fundamental en casitodos los sentidos. En primer lugar, nos levanta a la participación enla común mentalidad de un pueblo y de una civilización... Hay querenovarse sobre lo esencial, pero jamás saltar bruscamente olvidándose

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del pretérito. La precisión en el uso de los vocablos es de capital im-portancia... En segundo lugar, el conocimiento del significado de laspalabras nos ordena mentalmente, nos fija a determinados objetos, a en-tidades rigurosas y nos hace espontáneamente ser lógicos e inteligiblesen el modo de hablar y escribir".

Francisco de Quevedo en los grandes temas del hombre, págs. 259-275. — Este ensayo está incluido en el vol. VIII de la Biblioteca deCultura Hispánica, Bogotá, 1953, págs. 132-150. Sus partes son las si-guientes: El espíritu renacentista español, La actitud española ante lavida, Presencia profunda de Quevedo, Poesía y vida y Ronda la m«er-te en sus poemas.

La muerte en la poesía de Federico García Larca, págs. 277-284. —En este ensayo inédito de Finlayson aparece de nuevo su idea obsesiva,relacionada esta vez con un poema concreto de García Lorca: La cogi-da y la muerte, del Llanto por Ignacio Sánchez Mejías. Destaco, a pro-pósito, una curiosa observación de Finlayson, que no deja de tener sufondo irónico. "No olvidemos que en el Renacimiento español, etapasui generis o período demorado de la Edad Media (entonces nacieroncon el ceremonial moderno las corridas de toros), el español siente ensu sangre el imperio de la Catolicidad, sueña con defender con la espa-da, y de hecho la defiende, la causa de la Iglesia. El barroco reemplazaal gótico. El barroco es el estilo que trasunta un despertar de los nue-vos tiempos, lanza sus elementos recargados, llenos de mundo, hacia elaire de lo temporal, pero todavía con base espiritual pura en un recón-dito fondo. Después de la Conquista, de la Colonia, cuando el derrum-be de España acontece y pierde sus territorios de allende el mar, cuan-do nada le queda de sus pasadas glorias, solamente le resta el torerocomo un espejo en que el pueblo ve inconscientemente al conquistador,al misionero, al teólogo".

En torno al Hamlet, págs. 285-297. — Siete interesantes considera-ciones constituyen este ensayo. "Penetramos en una era crepuscular onocturna. El hombre de hoy vive regido por elementos materiales, noc-turnos, que lo impulsan ciegamente. Cree, sin embargo, experimentarcomo ningún otro habitante de pasados tiempos su libertad, su pose-sión y dueñura de destino". "El Hamlet, aquel desgraciado y loco prín-cipe de Dinamarca, expresa y refleja en múltiples aspectos y perfileslos contornos y el rostro de nuestra época". "En el estado de vigiliatodos comulgamos en un mismo pan. 'Sólo en el sueño', había dichoel viejo Estagirita, 'los hombres gozan de su mundo propio'. La trage-dia del Hamlet es vivir la vigilia en un perpetuo sueño". "¿Está locoHamlet? Y ¿qué es, metafísicamente hablando, la locura? La locurasiempre ha sido un misterio para el hombre. Tengo para mi entenderque la locura funda una desproporción y que la universalidad de lascosas que se presentan ante el loco son solamente visionadas desde un

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ángulo fijo y unilateral". "El célebre monólogo que empieza To be ornot to be, (fíat is the question tiene un carácter existencial... Sobre elser esencial, sobre lo que las cosas son, no hay dilema y no puede ha-berlo". "El suicidio exige un fondo de ser limitado. El hombre es elúnico ser que conocemos que es capaz de enfrentar el suicidio, la des-trucción de su naturaleza". "Una de las más cimeras grandezas deShakespeare es el profundo patetismo musical".

Leopardi, el poeta del desengaño cósmico, págs. 299-318. — Esteensayo inédito aparece también dedicado a Silvia, su esposa, "con elcorazón puesto en ella". Está dividido en varios apartes: Un pueblo,una época y un espíritu, Los "Cantos" de la inmortalidad, Pintor depaisajes con pincel de suavidad, Análisis de algunos poemas y ritornel-lo de analogía, El lenguaje y la permanencia y la elección, y Leopardiy la edad contemporánea.

"La vuelta a Leopardi — dice — debe significar el retorno a laprofundidad. Y este retorno no ha de quedar sólo en Leopardi, sinoque, trasmontando el sendero de la vieja tradición poética de Italia,atravesando ese estadio transeúnte del Renacimiento, embalanceado ensí mismo e híbrido en sus componentes integrales, ha de llegar hastalos fundadores poéticos del alma italiana que no sólo son de Italia y sídel mundo, y que se llaman Dante Alighieri y Jacopone de Todi".

La poesía humana de Porfirio Barba-Jacob, págs. 319-343. — "Pa-ra mí, es el primer poeta de Colombia y uno de los más perfectos yprofundos que la América ha producido", dice Finlayson. Lo relacionacon Baudelaire, con Neruda, con Carducci, con Leopardi, y tambiéncon Byron. Incluso lo pone en la línea espiritual de Ñietzsche.

En un primer aparte trata de los grandes poetas de América y dela situación de su poesía. José Asunción Silva, el precursor del moder-nismo en la poesía latinoamericana; Darío, González Martínez, Ñervo,Herrera y Reissig, Lugones, Valencia, la Mistral, Chocano. Y los quevienen luego: Reverdí, Huidobro, Neruda, Carrera Andrade, León deGreiff.

Otro aparte: el paisaje en la poesía de Barba-Jacob. "Campesinode corazón y de paisaje", se consideraba Barba-Jacob. Finlayson lo com-prueba con referencia a poemas inolvidables: Lamentación de octubre,Elegías de septiembre, La estrella de la tarde, y Nueva canción de lavida profunda. A La canción de la vida profunda, "la más popular detodas las creaciones de Barba-Jacob", dedica Finlayson un aparte espe-cial, relacionándola entre otras cosas con el poema Sagesse de PaulVerlaine.

Por último un aparte dedicado a la muerte de Porfirio Barba-Ja-cob. Este triste acontecimiento tuvo lugar en México el 4 de enero de1942. Murió en el seno de la Iglesia y asistido por sus amigos AlonsoJunco y el sacerdote Gabriel Méndez Planearte. Como escribió en supoesía Futuro, "'era una llama al viento, y el viento la apagó".

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La poesía nocturna de José Asunción Silva, págs. 345-353. — En-marcado dentro de lo que llama el Siglo del Romanticismo, y al ladode Hugo, Baudelaire, Verlaine y Mallarmé, destaca Finlayson la obra deJosé Asunción Silva, "a quien corresponde el abrir una nueva puertaa la poesía castellana, a subjetivizar y psicologizar el idioma hastacumbres nunca logradas antes, en una especie de sofrosine, de sereni-dad armoniosa y musical, donde el sonido llegue hasta la frialdad esen-cial del pensamiento puro". Se hace especial referencia, desde luego,al inmortal Nocturno.

La poesía apolínea de Guillermo Valencia, págs. 355-372. — Co-mienza el autor por hacer cierta crítica a la poesía colombiana. En ella,según él, "ha predominado el culto a la externa forma, tal vez una ex-cesiva veneración por las palabras en aquello que tienen de atuendoaccidental, como la sonoridad, la musical disposición, la prestancia en-volvente". "No se advierten —añade más adelante— a lo largo delrecorrido de la poesía colombiana grandes tentativas de creación denuevos patrones, de técnicas renovadoras".

Hay dos excepciones: José Asunción Silva y León de Greiff. Por-que el caso de Valencia encaja dentro del Modernismo, que mantiene"el culto a la forma aparencial y [da] nuevo y refinado giro a la ex-presión verbal". Fenómeno que no cubre solamente a Valencia sinotambién a poetas de la calidad de Darío, Lugones, Santos Chocano,Ñervo, Blanco Fombona y Herrera y Reissig. Del colombiano se hadicho que fue un poeta parnasiano, movimiento del que dice Finlay-son: "El parnasianismo convirtió analógicamente el sonido en imagenvisual. Según sean las capacidades de los sentidos o de los espíritus,por ellas se lanzan los matices y los rostros de la expresión artística delser humano".

Destaca el autor en tres apartes lo que quisiera decir de Valencia:idioma y objetividad. "Es indudable el potente sentido que poseía Va-lencia del léxico castellano. Se revela esta capacidad sobre todo en laelección de los adjetivos y muy especialmente en los colores y en lassensaciones que se refieren a las tonalidades vigorosas, evanescentes".Algunas críticas presentadas en boca de sus autores: Carranza, GómezRestrepo, López Narváez, Cornelio Hispano y Andrés Holguín. Suge-rencia y fuga: "La vagarosa sugerencia de la poesía de Valencia es unade sus más altas calidades... La evanescencia y la huida —como elhumo — provienen de un fontanar, de un centro. La atmósfera es di-luida y así debe ser la fuente, más densa en su punto substancial ycausal, pero apta para desleírse en espirales o en formas que apenas setocan o ven, que sólo vislumbra o barrunta el poderío ensoñador dela fantasía".

Paisaje en Pablo Neruda, págs. 373-385. — Dice Finlayson: "Ne-ruda, uno de los más grandes poetas de nuestra época, posee un sello

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característico, su chilenidad, los perfiles de la tierra, su psicología, supaisaje. El panorama de Neruda refleja en alto grado y acentuado colorla naturaleza de la tierra de Chile y su tristeza prendida al alma. Ne-ruda es del sur, de esa región cerrada por la lluvia, de esa zona colma-da largamente por las aguas vencidas interminables, de ese cielo sinpicotazos en el pecho, con su color ceniciento y su flor dormida, consu mordedura resignada hacia la tierra". Luego entrelaza sus conside-raciones en torno a dos textos nerudianos: Barcarola y El sur delOcéano.

Visión de la muerte en Pablo Neruda, págs. 387-411. — "Neruda— dice Finlayson —, como todos los grandes espíritus, se ha sentidoatraído por el motivo de la muerte. Neruda es un espíritu grande: to-do lo que toca lo convierte en poesía, o mejor dicho, contacta al uni-verso en función poética. La concepción de la vida en Neruda es trá-gica, eminentemente trágica. Un hálito sin cesar renovado impulsa elesfuerzo creador del poeta, un soplo hondo de hondura penetrante, enlucha constante consigo mismo y en derechura a la muerte". Las con-sideraciones que todo esto sugiere son ilustradas con los versos de Elhondero entusiasta.

Más adelante sostiene Finlayson que "la muerte no puede ser com-prendida integralmente ni podemos sentir, experimentarla como unaexperiencia metafísica si carecemos del sentido de unidad". Enriqueceesta idea un poema de Neruda, intitulado precisamente Unidad. Porúltimo, dedica unas páginas, con intención de profundizar metafísica-mente en la idea del poeta, al poema Sólo la muerte. "La poesía neru-diana — dice a este propósito — con su compactación, con su gemidoque encubre al mundo, que gime por cada poro un grito de desconso-lación, como noche cósmica, mortaja grandiosa que revolotea por losaires, marcando la obra humana con un sello de hielo, penetrando fríoen los huesos y en el espíritu, es poesía grande".

Poesía de Neruda: Significación de elementos, págs. 413-448. —"¿Cómo estudiar la poesía de Neruda?", se pregunta Finlayson. Y res-ponde: "Busquemos primeramente las aposentadurias hondas de su es-píritu. Acudamos a la analítica de la causa, que es el sujeto creador:allí adivinamos el efecto y sus formas como desde lo interior columbra-mos los contornos. Vemos que el espíritu tiende de suyo a la unidad,porque es 'forma substancial simple', una, y los conceptos son 'síntesis'y las categorías del espíritu son formas de unidad, a que reducimosconstantemente la multiplicidad de las cosas que nos hieren; que launidad es la medida del ser y que todo el universo está jerarquizado,estático o dinámico, en función de unidad. Y la unidad se confundejerárquicamente con la perfección: a mayor perfección, mayor unidad.La unidad inmanente se explica y vive en función céntrica de la uni-dad trascendente, y ésta es en último término la medida suprema, co-

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mo Causa y Fin de la valoración de todos los seres, que mientras más[sic] participan de Ella más valen. El retorno no es más que un apro-ximarse, un devenir, tránsito perenne de la potencia al acto".

Esto supone un acercamiento filosófico a la obra de Neruda, y eslo que pretende Finlayson en estas páginas, tal vez un poco abstrusas,pero que se iluminan con la referencia oportuna a poemas admirablesdel chileno: Fantasma, Galope muerto, La noche del soldado, Un díasobresale, Barcarola, El sur del Océano, Madrigal escrito en invierno,El hondero entusiasta, Crepusculario, etc.

El problema de la muerte ontológica y lo poesía de Pablo Neruda,págs. 449-474. — "La Muerte — sostiene Finlayson — se ofrenda a Ne-ruda como liberación cósmica. Es una concepción búdica". Hecha estaafirmación remite a las páginas de su obra Analítica de la contempla-ción, publicada en Chile en 1936. El tema lleva al autor a una serie deconsideraciones filosóficas, a una especie de analítica metafísica, a mo-do de glosa de conocidos poemas de Neruda: Colección nocturna, Sig-nifica sombras, Galope muerto, etc.

"Neruda —concluye— en una visión de movimiento sobre estemundo que aparece lentamente a la investigación del hombre, contem-pla el ciclo de las cosas que pasan y se borran en su movimiento esen-cial de creaturas. Cantando al no-ser ha alcanzado las estrellas que per-manecen más allá de las sombras, y sentido el sonido de la realidadinteligible. Esa es su tragedia: llevar una concepción materialista cuan-do toda su inspiración poética asume caracteres metafísicos".

CARLOS VALDERRAMA ANDRADE.

Instituto Caro y Cuervo.

Luis DUQUE GÓMEZ, LOS quimbayas, Bogotá, Instituto Colombianode Antropología, 1970.

Luis Duque Gómez es uno de los pocos autores de temas preco-lombinos que van a lo esencial, que saben extraer el grano de oro delfarragoso montón de heno y darnos orientaciones claras y precisas enlo que puede despejarse, dejando lealmente en la penumbra lo quetodavía es oscuro o dudoso. Nada fácil resulta esa tarea sobre todocuando se toca la materia de las etnias indígenas del occidente delantiguo Departamento de Caldas, del norte del Valle y del sur deAntioquia, verdadero mosaico cultural, asiento de varias civilizacionesa través de las épocas, algunos de cuyos pueblos, seguramente muymezclados, vivían allí a la llegada de los conquistadores. El cuadrose complica aún más con las influencias venidas del Perú (pág. 117)y Centroamérica (pág. 130), explicable la primera muy posiblemente