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ENSAYO Los riesgos jurídicos del individualismo Dignidad, · PDF filetado a la dignidad humana, pues la dignidad es tener empleo. El Comité rechazó su petición por conside-rar

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  • 104Nuestro Tiempo otoo 2017

    manuel wackenheim, ciudadano francs, aque-jado de enanismo, actuaba desde julio de 1991 en un espectculo denominado lanzamiento de enanos, que se desarrollaba habitualmente en discotecas. Con las debidas protecciones, era lanzado por los clientes, a corta distancia, sobre un colchn neumtico. En aplicacin de una orden ministerial, el alcalde de Morsang-sur-Orge dict un bando para prohibir ese peculiar entretenimiento. Pero los tribunales ante los que impugn el Sr. Wackenheim alegaron que no atentaba contra el buen orden, la tranquilidad o la salubridad pblicas. El municipio llev el caso ante el Consejo de Estado, que anul la sentencia aduciendo que el espectculo representaba un ataque contra la dignidad de la persona humana, cuyo respeto es uno de los elementos del orden pblico.

    El Sr. Wackenheim no se dio por vencido y acudi al Comit de Derechos Humanos de Naciones Uni-das. Argumentaba que la prohibicin haba tenido consecuencias negativas para su vida y que vulneraba su dignidad. Se declaraba vctima de una violacin de sus derechos a la libertad, al trabajo, al respeto de la vida privada, as como de ser objeto de discrimina-

    cin. Sealaba que su trabajo no constitua un aten-tado a la dignidad humana, pues la dignidad es tener empleo. El Comit rechaz su peticin por conside-rar que la medida, lejos de ser abusiva, era necesaria para proteger el orden pblico, en el que intervienen en particular consideraciones de dignidad humana.

    Como puede apreciarse, este caso suscita cuestio-nes de gran calado sobre los derechos humanos, su relevancia en el mundo actual o los lmites de la au-tonoma de la voluntad. Ms all de las circunstancias concretas, plantea un debate de mayor trascendencia sobre el concepto de dignidad, fundamento de los derechos. Por ejemplo, la dignidad del embrin la invocan quienes se oponen a su destruccin y el pos-terior uso instrumental de sus clulas para la investi-gacin; mientras que la dignidad del enfermo que se podra curar con los supuestos avances de la ciencia es alegada por los partidarios de la investigacin con clulas embrionarias. A la dignidad de la mujer apelan quienes quieren limitar la prostitucin, pero tambin quienes consideran que se debera regular como un oficio ms. La dignidad de la persona en situacin ter-minal la aducen quienes proponen la profundizacin

    NGEL J. GMEZ

    MONTORO Catedrtico de Derecho

    Constitucional de la Universidad

    de Navarra

    Dignidad,autonoma y

    derechos humanosDesde el ltimo tercio del siglo pasado, se aprecia una tendencia a imponer la capacidad de autodeterminacin de la persona sobre cualquier otro tipo de consideraciones, incluidos el bien comn,

    la seguridad, el valor de la vida o los intereses de los menores. Este nuevo paradigma, que sustituye a la dignidad como fundamento de

    los derechos, entraa grandes riesgos.

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    en los cuidados paliativos; pero al pretendido dere-cho a una muerte digna acuden tambin los partida-rios de la eutanasia, hasta el punto de que Dignitas es el nombre elegido por un conocido grupo suizo que ayuda a morir a personas con enfermedades graves fsicas y mentales, o ya en estado terminal, y que pro-mueve el suicidio asistido tambin entre individuos sanos pero cansados de vivir.

    Tras estas radicales discrepancias se advierte un distinto entendimiento tanto de la dignidad como de los derechos humanos que en ella se fundamentan.

    el nacimiento de los derechos humanos. Est generalmente admitido que los derechos fun- damentales o derechos naturales, como se les lla-m entonces nacen como una categora nueva, uni-da al movimiento constitucionalista que se produce en Francia y Estados Unidos en las ltimas dcadas del siglo xviii y primeras del xix. Particular relevan-cia tendr el pensamiento de John Locke, recogido en sus Dos tratados sobre el gobierno civil (1689), para quien la libertad y la propiedad del hombre son dere-chos naturales, indisponibles para el propio hombre

    y a los que, en consecuencia, no puede renunciar ni al formar la sociedad ni al decidir vivir en una comuni-dad poltica y someterse al poder.

    Estos principios sern los que inspiren las pri-meras Declaraciones de derechos. Segn el artculo 1 de la Declaracin de Derechos de Virginia, de 1776, todos los hombres son por naturaleza igualmente libres e independientes y tienen ciertos derechos de los que, cuando entran en un estado de sociedad, no pueden ser privados o despojados en su posteridad por ningn tipo de pacto. Y en trminos parecidos se pronunciaba la clebre Declaracin de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, aprobada en Francia en 1789.

    A pesar de que no hubo un gran debate terico estbamos ante verdades evidentes (self-evident truths) y de las contradicciones histricas la san-grienta Revolucin Francesa y el mantenimiento de la esclavitud en el constitucionalismo norteamericano durante casi un siglo quedarn perfiladas las notas de los nuevos derechos: son inherentes al ser huma-no, previos y, por tanto, superiores al poder poltico e indisponibles para su titular y para el Estado. Desde

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    el punto de vista del Derecho positivo, los derechos se incorporan a la Constitucin Supreme Law of the Land y, con ello, se convierten en lmite del poder constituido, tambin del legislador (es decir, de las mayoras), y es posible su defensa ante los tribunales.

    No aparece en este momento ninguna mencin a la dignidad como valor y soporte de los derechos. Sin embargo, no resultan lejanos de ese concepto los valores en los que se basan estas declaraciones. El Prembulo de la Declaracin de Independencia, de 1776, se abre con la siguiente afirmacin: Sostene-mos como evidentes por s mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalie-nables; que entre estos estn la vida, la libertad y la bsqueda de la felicidad. Y, segn el artculo 1 de la Declaracin francesa de 1789, los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Esa liber-tad e igualdad esencial en derechos se explica porque todos tienen la misma dignidad por el mero hecho de ser personas y, cabra decir, en cuanto criaturas hechas a imagen y semejanza de Dios (Gn 1, 26).

    Por otra parte, y a pesar del fuerte individualismo que inspira el movimiento constitucional y del gran peso que el valor libertad tendr en los padres de la Constitucin norteamericana, las Declaraciones no protegen una libertad general para hacer lo que se quiera, un principio de autodeterminacin, diramos hoy. Garantizan ms bien aquellas de sus manifes-taciones que se consideran relevantes para el ser humano y que, como acredita la historia, han estado especialmente en peligro: la vida, la libertad religiosa, la libertad de expresin, la prohibicin de detencio-nes arbitrarias, el derecho a un juicio justo, etctera.

    la dignidad como fundamento de los de-rechos. La verdadera edad de oro de los derechos comienza despus de la Segunda Guerra Mundial.

    Los derechos se convierten en el ncleo de las Consti-tuciones europeas y se pretende, adems, que ocupen la centralidad del orden internacional, a lo que con-tribuy de manera definitiva la aprobacin en 1948 de la Declaracin Universal de Derechos Humanos. El objetivo de los nuevos textos es claro y explcito: hacer lo posible por impedir que vuelvan a producirse en el mundo sucesos como los que acababan de vivir-se. Y quizs ello explica el protagonismo que asume el concepto de dignidad.

    No han faltado quienes se han mostrado extre-madamente crticos con el concepto, como Scho-penhauer. En pocas posteriores, Ruth Macklin Dignity Is a Useless Concept, 2003, Steven Pinker The Stupidity of Dignity, 2008 o, de manera destacada, Peter Singer Unsanctifying Human Life, 2002 han reprobado lo que conside-ran el intento de utilizar la dignidad como lmite de los avances cientficos. Guste o no, la idea de dignidad se ha impuesto tanto en el Derecho Constitucional como en el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, hasta el punto de que Michael Rosen, profesor de Harvard, considera que estamos ante un concepto central para el discurso de los derechos humanos (1). Por eso, hoy da, ms que cuestionar el uso del concepto de dignidad, lo que se percibe es un intenso debate no exento de tintes ideolgicos por fijar sus perfiles.

    Hay un acuerdo prcticamente generalizado en que el concepto de dignidad al que apelan las mo-dernas declaraciones de derechos entronca con una doble tradicin: la primera va de Roma a Kant e incluye autores como Cicern o Pico della Miran-dola, que entiende la dignidad sobre todo como una obligacin (para con nosotros y para los dems); la segunda, el pensamiento social cristiano que se desarrolla desde finales del siglo xix y que adquiere su plenitud en el siglo xx. Ambas lneas estn a su vez

    ENSAYO Los riesgos jurdicos del individualismo

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    relacionadas y, en todo caso, no resultan incompati-bles. Kant usa con poca frecuencia el trmino digni-dad (wrde), pero es central en su Fundamentacin de la metafsica de las costumbres. En un conocido pasaje de su obra afirma: En el reino de los fines todo tiene o un precio o una dignidad. Aquello que tiene precio puede ser sustituido por algo equivalente; en cambio, lo que se halla por encima de todo precio y, por tanto, no admite nada equivalente, eso tiene una dignidad. Solo el hombre tiene dignidad; solo l tiene un valor insustituible y por ello debe ser tratado siempre como fin y no meramente como medio.

    Pero el concepto de dignidad tiene unas races anteriores a la filosofa kantiana. Sin desconocer los precedentes en el mundo pagano, cabe afirmar que tanto la nocin de dignidad como la de persona, con la que est intrnsecam