BAUDELAIRE, Charles Eugene Delacroix 1846

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    09-Jan-2016

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Baudelaire, sobre Delacroix

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<p>BAUDELAIRE, Charles[footnoteRef:1]. Saln de 1846. Eugene Delacroix en Curiosits esthtiques. 2e d. Paris: Michel Lvy frres, 1873[footnoteRef:2]. [1: Paris, 9.4.1821-Paris, 31.8.1867.] [2: Trad.: Hermes Salceda. Saltana, revista de literatura y de traduccin. 2001, n 1, www.saltana.com.ar/1/docar/#. Una versin espaola de este texto, de la mano de Carmen Santos, fue publicada por la editorial Visor en 1996, en una antologa de textos del autor titulada Salones y otros escritos sobre arte. Esta traduccin me ha sido muy til para corregir algunos fallos y resolver algunas dudas de mi versin; tambin estoy en deuda con su documentado aparato de notas.] </p> <p>El romanticismo y el color me conducen directamente a Eugne Delacroix. Ignoro si l se siente orgulloso de su condicin de romntico;[footnoteRef:3] pero ah est su sitio porque desde hace tiempo, la mayora del pblico, incluso antes de su primera obra, lo ha considerado capitn de la escuela moderna. [3: Lejos de sentirse orgulloso de su condicin de romntico a Delacroix le irritaba que le encuadrasen en ese movimiento, de ah su respuesta a quienes le saludaban con el calificativo romntico: Caballero, yo soy un autntico clsico.] </p> <p>Al adentrarme en esta parte mi corazn se carga de una alegra serena, y elijo a sabiendas mis plumas ms nuevas, tan claro y lmpido quiero ser, tan cmodo me siento abordando mi tema ms querido y ms simptico. Es preciso, para entender bien las conclusiones de este captulo, que me remonte algo lejos en la historia de estos tiempos, y que someta a la mirada del pblico algunas piezas del juicio ya citadas por los crticos y los historiadores que me precedieron, pero necesarias para el conjunto de la demostracin. Por lo dems, no dejarn de releer con vivo placer, los entusiastas puros de Eugne Delacroix un artculo del Constitutionnel de 1822 extrado del Saln del seor Thiers, periodista.</p> <p>No hay cuadro, a mi entender, ms revelador del porvenir de un gran pintor que el de Delacroix, representando a Dante y Virgilio en los infiernos. Es sobre todo ah donde se deja ver este haz de talento, este impulso de la superioridad naciente que da aliento a las esperanzas algo desanimadas por el mrito, en exceso moderado, de todo lo dems.Dante y Virgilio, conducidos por Caronte, cruzan el ro infernal y se abren paso entre la muchedumbre que se agolpa alrededor de su barca para ocuparla. Dante, supuestamente vivo, tiene la espantosa tez de esos lugares; Virgilio, coronado por un oscuro laurel, tiene los colores de la muerte. Los desdichados, condenados a desear eternamente la orilla opuesta, se aferran a la barca: uno la agarra en vano y, derribado por un movimiento demasiado rpido, es devuelto a las aguas; otro la abraza y empuja con los pies a los que, como l pretenden abordar; otros dos aprietan con los dientes el maderamen que se les escapa. Ah estn el egosmo del desamparo, la desesperanza del infierno. En ese tema, tan cercano a la exageracin, encontramos sin embargo, un gusto riguroso, en cierto modo, una adecuacin local, que realza el dibujo, al que jueces severos, pero poco entendidos en este caso , podran reprochar falta de nobleza. El pincel es generoso y firme, el color sencillo y vigoroso, aunque algo crudo.El autor tiene adems de esa imaginacin potica comn tanto al pintor como al escritor, esa imaginacin del arte, a la que podramos llamar, en cierto modo, imaginacin del dibujo, y que nada tiene que ver con la anterior. Planta sus figuras, las reagrupa y las doblega a su voluntad con el atrevimiento de Miguel ngel y la fecundidad de Rubens. No s qu recuerdo de los grandes artistas se apodera de m ante el aspecto de este cuadro; reconozco esa fuerza salvaje, ardiente, pero natural, que cede sin esfuerzo a su propio impulso.No creo equivocarme, al seor Delacroix le ha sido dado el genio; que avance con seguridad, que se entregue a los inmensos trabajos, condicin indispensable del talento; y lo que debiera darle an mayor confianza, es que la opinin aqu vertida sobre l es la de uno de los grandes maestros de la escuela.AT...RS</p> <p>Estas lneas entusiastas son verdaderamente inauditas tanto por su precocidad como por su audacia. Si el redactor jefe del peridico se pretendiese, como es presumible, conocedor en pintura, el joven Thiers debi de parecerle un poco loco.Para hacerse una idea clara del profundo desasosiego que el cuadro de Dante y Virgilio debi de sembrar en los espirtus de entonces, del asombro, del estupor, de la colra, de los aplausos, de los insultos, del entusiasmo y de las carcajadas insolentes que rodearon este hermoso cuadro, autntica seal de una revolucin, hay que recordar que en el taller del seor Gurin, un hombre de gran mrito, pero dspota y exclusivista como su maestro David, slo haba un reducido nmero de parias que se ocupaban de los viejos maestros marginados y que tmidamente se atrevan a conspirar a la sombra de Rafael y de Miguel ngel. An no se trata de Rubens. El seor Gurin, rudo y severo hacia su joven alumno, slo mir el cuadro por el barullo que lo rodeaba. Gricault, que volva de Italia y que, segn se cuenta, haba abdicado de varias cualidades suyas casi originales a la vista de los grandes frescos romanos, y florentinos halag tanto al nuevo pintor, an tmido, que ste casi qued confundido.Fue ante esta pintura, o algn tiempo despus ante Los apestados de Quos,[footnoteRef:4] que el propio Grard, quien segn creo, era ms hombre de ingenio que pintor, se exclam: Acaba de sernos revelado un pintor, pero es un hombre que anda por todas las plazas pblicas! Para andar por todas las plazas hay que tener el pie firme y el ojo iluminado por la luz interior. [4: Pongo apestados en vez de matanza, para explicar a los crticos despistados las tonalidades de las carnes con frecuencia objeto de reproche. [Nota de Baudelaire.] El cuadro lleva por ttulo La matanza de Quos.] </p> <p>Gloria y justicia sean rendidas a los seores Thiers y Grard!Desde el cuadro de Dante y Virgilio hasta las pinturas de la Cmara de los Pares y de los diputados,[footnoteRef:5] el espacio es grande sin duda; pero la biografa de Eugne Delacroix es poco accidentada. Para un hombre as, dotado de semejante valor y de semejante pasin, las luchas ms interesantes son las que ha de mantener consigo mismo; los horizontes no necesitan ser amplios para que las batallas sean importantes; las revoluciones y los acontecimientos ms curiosos suceden bajo el cielo del crneo, en el angosto y misterioso laboratorio del cerebro. [5: Delacroix conclua en 1846 sus pinturas del Palacio del Luxemburgo (cmara de los pares) y segua con las del Palais-Bourbon (cmara de los diputados), iniciadas en 1838. [Nota de la edicin espaola.]] </p> <p>As pues debidamente revelado y, revelndose el hombre cada vez ms (cuadro alegrico de Grecia, el Sardanpalo, la Libertad, etc...), al empeorar da a da el contagio por el nuevo evangelio, el propio desprecio acadmico se vio forzado a fijarse en este nuevo genio. El seor Sosthne de la Rochefoucauld, por entonces director del museo de Bellas Artes,[footnoteRef:6] hizo un buen da llamar a Eugne Delacroix, y le dijo, despus de abundar en cumplidos, que era triste que un hombre de tan rica imaginacin y con tan precioso talento, para quien el gobierno deseaba lo mejor, no aceptase aguar un poco su vino; le pidi, finalemente, si no le sera posible cambiar su estilo. Eugne Delacroix, prodigiosamente sorprendido de esa extraa condicin y de esos consejos ministeriales, contest con una clera casi cmica que, a primera vista, si pintaba as, era por ser necesario para l y que no poda pintar de otra forma. Cay en completa desgracia , y se le priv de todo tipo de trabajos durante siete aos. Hubo que esperar a 1830. El seor Thiers ya haba escrito en el Globe un nuevo y pomposo artculo. [6: La conversacin Sosthne de La Rochefoucauld es real, pero la cada en desgracia de Delacroix, es una leyenda. El pintor goz gracias a Thiers de una cierta proteccin por parte del gobierno.] </p> <p>Un viaje a Marruecos marc, segn parece, su espirtu con una impresin profunda, all pudo estudiar a placer los movimientos del hombre y la mujer en su independencia y su originalidad primarias, y comprender la belleza antigua a travs del aspecto de una raza depurada de coyundas extraas y engalanada con su salud y el libre desarrollo de sus msculos. Probablemente daten de esa poca la composicin de Mujeres de Argel y un sinfn de bocetos.Hasta el momento se ha sido injusto con Eugne Delacroix. La crtica se ha mostrado con l amarga e ignorante; salvo algunas honrosas excepciones, incluso el elogio ha debido parecerle a menudo chocante. En general, y para la mayora de la gente, nombrar a Eugne Delacroix, equivale a arrojar a sus espritus no s que vagas ideas de fogosidad mal encauzada, de turbulencia, de inspiracin aventurera, de desorden incluso; y para esos seores que integran la mayora del pblico, el azar, honrado y complaciente vasallo del genio, desempea un gran papel en sus ms logradas composiciones. En la desgraciada poca de revolucin de la que hablaba ms arriba, y cuyos numerosos desaciertos he sealado, se compar con frecuencia a Eugne Delacroix con Victor Hugo. Tenamos al poeta romntico, haca falta el pintor. Esta necesidad de encontrar a toda costa semejanzas y analogas entre las distintas artes, lleva con frecuencia a extraas pifias, y sta demuestra hasta donde llega nuestra falta de entendimiento; ya que si mi definicin del romanticismo (intimidad, espiritualidad, etc.) sita a Delacroix a la cabeza del romanticismo, excluye naturalmente a Victor Hugo. El paralelismo ha permanecido en el banal mbito de las ideas convencionales, y estos dos prejuicios obstruyen an muchas cabezas dbiles. Hay que acabar de una vez por todas con estos remilgos de retrico. Ruego a todo aquel que haya sentido la necesidad de crear, para uso propio, determinada esttica, y de deducir las causas de sus resultados, que compare atentamente los productos de estos dos artistas.Victor Hugo, de quien no pretendo aminorar ni la nobleza ni la majestad, es un artesano mucho ms diestro que inventivo, un obrero mucho ms correcto que creativo. Delacroix es a veces torpe, pero fundamentalmente creador. Victor Hugo deja ver en todos sus cuadros lricos y dramticos un sistema de alineamiento y de contrastes uniformes. Incluso la excentricidad adopta para l formas simtricas. Posee a fondo y emplea con frialdad todos los tonos de la rima, todos los recursos de la anttesis, todas las trampas de la aposicin. Es un compositor de decadencia o de transicin, que emplea sus herramientas con una destreza verdaderamente admirable y curiosa. Hugo era naturalmente acadmico antes de nacer, y si vivisemos an en el tiempo de las maravillas fabulosas, creera de buen grado que los leones verdes del instituto, cuando pasaba ante el santuario encolerizado, le murmuraron ms de una vez al odo con voz proftica: Sers acadmico.Con Delacroix la justicia tarda ms. Sus obras son, al contrario, poemas, y grandes poemas ingenuamente concebidos,[footnoteRef:7] ejecutados con la insolencia habitual del genio. En los del primero no hay nada que adivinar; porque tanto se complace en la exhibicin de su destreza que no omite ni un ptalo, ni un reflejo de reverberacin. El segundo abre en los suyos hondas avenidas para la imaginacin ms viajera. El primero goza de cierta tranquilidad, mejor dicho, de cierto egoismo de espectador, que hace planear sobre toda su poesa no s qu frialdad, qu moderacin, que la pasin tenaz y biliosa del segundo, en lucha con las lentitudes del oficio, no siempre le permite mantener. Uno empieza por los detalles, el otro por la inteligencia ntima del tema; venga de donde venga, ste solo coge la piel, el otro le arranca las entraas. Demasiado material, demasiado atento a las superficies de la naturaleza, Victor Hugo ha llegado a ser pintor en poesa; Delacroix, siempre respetuoso con su ideal, es a menudo, a pesar suyo, poeta en pintura. [7: Hay que entender por ingenuidad del genio la ciencia del oficio combinada con el gnti sauton, pero la ciencia modesta que deja el mejor papel al temperamento. [Nota de Baudelaire.] Gnti sauton: concete a ti mismo, inscripcin del templo de Delfos adoptada por que Scrates. [Nota de la edicin espaola.]] </p> <p>En lo que al segundo prejuicio se refiere, el prejuicio del azar, no tiene ms valor que el primero. Nada es ms impertinente, ni ms estpido que hablar a un gran artista, erudito y pensador como Delacroix, de sus obligaciones para con el dios azar. Eso slo provoca, de pena, un encogimiento de hombros. No hay azar en el arte, en mecnica tampoco. Un buen hallazgo no es sino la consecuencia de un buen razonamiento, del que a veces se han omitido deducciones intermedias, as como un fallo es la consecuencia de un principio falso. Un cuadro es una mquina, cuyos sistemas son todos inteligibles para el ojo entrenado; donde todo tiene su razn de ser, si el cuadro es bueno; donde una tonalidad est siempre destinada a realzar otra; donde un error puntual en el dibujo es a veces necesario para no sacrificar algo ms importante.Esta intervencin del azar en los asuntos de pintura de Delacroix es tanto ms inverosmil cuanto que se trata de uno de los raros hombres que siguen siendo originales tras haber bebido en todas las fuentes que importan, y cuya individualidad indmita pas alternativamente bajo el yugo sacudido de todos los grandes maestros. Ms de uno quedara bastante sorprendido viendo un estudio suyo de Rafael, obra maestra de imitacin paciente y laboriosa, y escasas personas recuerdan hoy las litografas que hizo a partir de medallas y de piedras esculpidas.He aqu unas lneas del seor Henri Heine que explican bastante bien el mtodo de Delacroix, un mtodo que es, como el todos los hombres de vigorosa constitucin, el resultado de su temperamento:</p> <p>En cuestin de arte, soy sobrenaturalista. No creo que el artista pueda hallar en la naturaleza todos sus tipos, sino que los ms destacables le son revelados por su alma, al igual que el simbolismo innato de las ideas innatas, y al mismo tiempo. Un moderno profesor de esttica, que ha escrito Investigaciones sobre Italia, ha querido revalorizar el viejo principio de la Imitacin de la naturaleza, y pretender que el artista plstico tena que encontrar en la naturaleza todos sus tipos. Slo que el profesor, al exhibir de tal modo su principio supremo de las artes plsticas, haba olvidado una de esas artes, una de las ms primitivas, me refiero a la arquitectura, de la que a posteriori se intent encontrar los tipos en el follaje de los bosques, en las grutas de las rocas: esos tipos no se encontraban en absoluto en la naturaleza exterior sino en el alma humana. [footnoteRef:8] [8: El texto de Heine procede de su saln de 1831; el historiador al que alude es Carl Friedrich von Rumohr, y a su obra Investigaciones italianas.] </p> <p>As, Delacroix parte de este principio: que un cuadro debe, ante todo, reflejar el pensamiento ntimo del artista, que domina su modelo, al igual que el creador la creacin; y de este pr...</p>