Click here to load reader

abc del comunismo

  • View
    89

  • Download
    4

Embed Size (px)

Text of abc del comunismo

  • 1

  • Alexander BerkmanEl ABC del comunismo libertario1929

    ndice generalPrefacio a la edicin de 1937 . . . . . . . . .. . . . . . . . . .. . . .3Prefacio del autor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . 7Introduccin . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . 10Parte primera: Ahora 12I. Qu le pides a la vida? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .12II. El sistema salarial .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .17III. Ley y gobierno . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .22IV. Cmo funciona el sistema . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .30V. El paro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . 38VI. La guerra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43VII. La Iglesia y la escuela. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .54VIII. La justicia. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .57IX. Puede ayudarte la Iglesia? . . . . . . . . . . . . . . . . . . 79X. El reformador y el poltico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 83XI. El sindicato . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 96XII. De quin es el poder? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 110XIII. El socialismo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .116XIV. La revolucin de febrero . . . . . . . . . . . . . . . . . . .135XV. Entre febrero y octubre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 141XVI. Los bolcheviques. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .149XVII. Revolucin y dictadura . . . . . . . . . . . . . . . . . . .161XVIII. La dictadura en accin . . . . . . . . . . . . . . . . . . 166Parte segunda: El anarquismo 186XIX. Es el anarquismo violencia? . . . . . . . . . . . . . . .177XX. Qu es el anarquismo? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .186XXI. Es posible la anarqua? . . . . . . . . .. . . . . . . . . .190XXII. Funcionar el anarquismo comunista? . . . . . . 199

    2

  • XXIII. Anarquistas no comunistas . . . . . . . . . . . . . . . .215Parte tercera: La revolucin social 218XXIV. Por qu la revolucin? . . . . . . . . . . . . . . . . . .218XXV. La idea es lo importante . . . . . . . . . . . . . . . . . . 224XXVI. La preparacin . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 231XXVII. La organizacin de los trabajadores para la revolucinsocial . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .247XXVIII. Los principios de la prctica . . . . . . . . . . .. 268XXIX. Consumo e intercambio . . . . . . . . . . . . . . . . ..273XXX. La produccin . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 283XXXI. Defensa de la revolucin . . . . . . . . . . . . . . . . 294

    Prefacio a la edicin de 1937La calidad superior de la literatura anarquista, comparada con losescritos de otras escuelas sociales, consiste en su simplicidad deestilo. Mijail Bakunin, Elisee Rclus, Errico Malatesta y otros es-cribieron de un modo que sus ideas pudieron ser entendidas fcil-mente por los trabajadores. Esto es particularmente verdad deKropotkin y Malatesta. Sin embargo, sera verdad de que inclusoellos, apenas pensaban en el hombre medio, el hombre medio dementalidad anglosajona. No se puede eludir el hecho de que exis-te una considerable diferencia entre la mentalidad del trabajadorlatina y la de su hermano en los Estados Unidos y en Inglaterra: elprimero se ha empapado en las tradiciones y luchas revoluciona-rias por la libertad y otras causas, mientras que el ltimo ha sidoeducado en las bendiciones del parlamentarismo. Por consi-

    3

  • guiente, era esencial un tratamiento diferente, si se quera llegarde algn modo a la mentalidad anglosajona. Fue este factor el que decidi a Alexander Berkman a escribir estelibro El ABC del comunismo libertario1 y a escribirlo en el estilosencillo de la conversacin, un estilo que se dirigir al hombre dela calle, cuyo conocimiento y uso del lenguaje ingls no va mu-cho ms all del estadio elemental, esto era lo ms necesario,pues es precisamente el hombre de la calle el que est saturadocon las nociones ms extravagantes sobre el anarquismo. La pren-sa diaria se ha encargado de esto: un da s y otro no, llenan a suslectores con historias horripilantes de bombas, puales, complotspara asesinar presidentes y otras espeluznantes descripciones deesos terribles criminales, los anarquistas empeados en el asesina-to y en la destruccin.Tampoco sera verdad asumir que tan slo son las masas ignoran-tes de la humanidad las que estn imbuidas con esas nociones es-tpidas sobre el anarquismo comunista. Existe un nmero consi-derable entre las denominadas clases educadas que no han esca-pada al influjo funesto ejercido por la prensa capitalista y que noestn ms informadas con respecto al significado del anarquismocomunista. Aun cuando no ven ms bombas y dagas en el aire, to-dava se aferran a la creencia de que los anarquistas son indivi-duos chiflados y que el anarquismo es una idea totalmente absur-da, y que slo cuando los humanos se conviertan en ngeles po-dra ser posible poner en prctica el anarquismo.Toda esa gente necesita un libro de texto elemental sobre el anar-quismo, un ABC, por decirlo as, que les ensee los principios ru-dimentarios del anarquismo comunista y les estimule el deseo poralgo ms profundo. El ABC del comunismo1En el texto original Comunist Anarchism, que podra traducirse igualmentepor anarquismo comunista o anarcocomunismo. Hemos preferido la de-nominacin comunismo libertario por ser, como lo reconoce la mismaEmma Goldman en el prlogo, la preferida en Espaa. (N. de T.).

    4

  • libertario tena la intencin de servir este objetivo. Nadie quehaya ledo este librito negar que ha cumplido su propsito.Haba, adems, otro motivo que impuls a Alexander Berkman aemprender este trabajo. Era la necesidad urgente de una nuevaorientacin en la tctica revolucionaria, extrada de la Revolucinrusa. Los anarquistas, lo mismo que todos los revolucionarios so-ciales se han impregnado con el hechizo romntico de la Revolu-cin francesa. Todos nosotros creamos (no me incluyo a m mis-ma) que la revolucin social tena un poder mgico no slo paradestruir el viejo sistema caduco, sino que podra, por su propiafuerza terrible, construir el nuevo edificio social. La Revolucinrusa demoli este sueo romntico. Prob que, aunque puede ele-var las masas hasta el mismo cenit del fervor revolucionario, nopuede mantenerlas en esa altura durante mucho tiempo. El propiohecho de que Lenin y sus camaradas consiguieran en un espaciode tiempo muy breve alienar a las masas rusas de la revolucin yque Stalin fuera capaz de mutilar a esta ltima del todo, mostra-ron que no bastaba el mero fervor revolucionario. Se necesitabams para salvaguardar la revolucin de las intenciones del Estadopoltico de los nuevos amos de Rusia. Se necesitaba la voluntadpara el trabajo constructivo, la preparacin econmica y socialpara dirigir la revolucin hacia los canales por los que se tena laintencin de marchar.Ninguno de los escritos anarquistas posteriores a la revolucin haintentado tratar la nueva orientacin. Se le dej a Alexander Berk-man llevar a cabo esta tarea difcil, y sin embargo de la mximaimportancia. Y quin haba tan eminentemente cualificado, tancapaz y con un entendimiento tan penetrante como para tratardebidamente un asunto as?Ni en sus fantasas ms exaltadas anticip Alexander Berkmanque la leccin de la Revolucin rusa, discutida por l con tantahabilidad en este volumen, se convertira en un factor vital esca-samente a los seis aos de su creacin. La Revolucin espaola

    5

  • del 19 de julio de 1936 y la parte que desempearon en ella losanarco-sindicalistas y los anarquistas dotaron de un sentido mu-cho ms profundo las ideas presentadas en el presente volumen deEl ABC de comunismo libertario de Alexander Berkman de loque su autor se atrevi alguna vez a esperar. Desde el primer mo-mento mismo del 19 de julio, la Confederacin Nacional del Tra-bajo (CNT) y la Federacin Anarquista Ibrica (FAI) las organiza-ciones ms dominantes, ardientes y atrevidas fueron las fuerzasque hicieron retroceder a las hordas fascistas de Catalua. Su rea-lizacin maravillosa es la primera de su gnero en cualquier revo-lucin. Meramente hace patente la evidencia afirmada por Ale-xander Berkman con respecto a la necesidad imperativa de unapreparacin constructiva si la revolucin social no va a repetir loserrores del pasado. Cmo se hubiera enorgullecido mi viejo ami-go y camarada con la Revolucin espaola, con la determinacinheroica del pueblo de luchar contra el fascismo!Sobre todo, qu compensacin hubiera sido para l ver al puebloespaol que daba seales de un sentimiento y una comprensinprofundos del Comunismo Libertario!2 Cmo hubiera sido estarejuvenecedor para nuestro camarada y le hubiera dado a l nue-vas fuerzas, nueva esperanza! Si hubiera vivido tan slo un pocoms! Pero los muchos aos en el exilio, las increbles humillacio-nes a las que estuvo sometido, teniendo que suplicar el derecho arespirar a unos oficiales horribles, la lucha enervante y agotadorapor la existencia, y su grave enfermedad se combinaron para ha-cerle la vida intolerable. Alexander Berkman odiaba la dependen-cia, odiaba convertirse en una carga para los que amaba, y de estemodo hizo lo que siempre haba dicho que hara: acort su finmediante su propia mano. Alexander Berkman se entreg a suideal y le sirvi resueltamente, excluyendo cualquier con

Search related