COMPASI“N ORGANIZADA_caps1-10

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Novelización del primer capítulo que escribí al salir al mercado Oblivion, de Bethesda. Nunca lo he considerado fanfiction porque considero "la novela no oficial de Oblivion que algún día terminaré".

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Compasin Organizada

Zimnel

COMPASIN ORGANIZADA, porZimnel1. Tahk weg knotz est bjhugg! bram el Prncipe Valkynaz, el gobernante del plano en el que me encontraba. Literalmente, traedme esa basura. Al fin y al cabo, las largas horas de estudio de monolitos y ruinas dadricas en Vvardenfell me haban servido para algo, porque comprenda lo que deca. Dependa de unas pocas pociones para pasar desapercibido y llegar hasta la torre principal de la ciudadela. Me arriesgaba en mi improvisado escondite, agazapado tras un enorme banco olvidado. En el gremio conocamos los signos y estudibamos volmenes y pergaminos casi quemados a causa del lugar del que procedan, los planos abrasadores de Oblivion. Pero no sabamos casi nada de su sociedad, apenas unas pocas notas sobre una organizacin de tipo piramidal. Por ese motivo la escena me intrigaba sobremanera. Presenciaba un castigo. Reconoc al reo cuando le vi. Era el dremora guardin del Sigillum Sanguis de la fortaleza dadrica que haba amenazado la ciudad de Skingrad. As que entre ellos tambin existen penalizaciones y recompensas Tambin me preguntaba si experimentaran la amarga sensacin del fracaso o saborearan la victoria como cualquier etnia. Porque eso eran. Y ahora me daba cuenta. Empec a distinguir entre machos y hembras, o mejor debera decir, varones y fminas dremora. Pensaban, reaccionaban, pasaban incluso por algn tipo de infancia y eran criados de algn modo. Esta experiencia cambiaba mi modo de ver la guerra por completo. Ya no eran nuestros ejrcitos contra hordas de monstruos con el nico instinto de matar, sino que nos enfrentbamos contra fuerzas organizadas que formaban parte de una sociedad estructurada. El dremora Kynmarcher apareci con los brazos apresados por dos guerreros Markynaz que llevaban la caracterstica armadura dadrica negra veteada de rojo casi completa, pues se haban quitado el casco. l llevaba solamente la tnica negra de mago y un bculo colgado a la espalda. Quera ver la escena ms de cerca, me senta arrastrado hacia el suceso que presenciaba por completo accidente, as que me camufl lo suficiente para pasar inadvertido utilizando la columna que tena a tan slo unos metros. Avanc muy lentamente y pegu el cuerpo a la piedra, que pareci latir a mi contacto. Decididamente, casi todo en esta tierra estaba vivo. Tom una posicin cautelosa y estir el cuello para ver la cara del Kynmarcher. Me qued helado. El dremora estaba asustado. Pude ver en sus ojos la certeza de la muerte tras un castigo ejemplar. Qu tipo de penas se infligiran entre ellos? Por una parte, no quera ni pensar qu clase de atrocidades poda cometer esta raza en sus dominios, aunque ya haba visto con creces qu era capaz de hacer en los nuestros. Los Markynaz seguan aferrando al preso, quizs le mataran all mismo, pero de momento slo le inmovilizaban. Como si esperaran algo. Otro Markynaz apareci en escena, un mago de rango superior. Portaba una botella de color verde oscuro. El Kynmarcher tena los ojos muy abiertos y las pupilas fijas en el recipiente que le tenda su superior de gremio. Iban a envenenarle? Un procedimiento demasiado refinado, me pareca a m. Esper.

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Empec a sentirme incmodo e impaciente, pero por suerte toda la atencin dadrica estaba fija en el preso. No tena ni idea del tipo de sensaciones que podan experimentar los que presenciaban cmo se castigaba a un igual, pues la mayora de convocados eran Kynmarcher, Caitiff y Churl, stos ltimos, dremora menores. El Kynmarcher hizo ademn de apartar la cabeza hacia un lado, como si quisiera retrasar lo inevitable. El mago Markynaz le agarr el pelo con fuerza y le tir la cabeza hacia atrs. Acto seguido, destap la botella y estrell el cuello del recipiente contra la dentadura del Kynmarcher, obligndole a tragar el contenido maldito. La multitud estaba ahora en silencio. Esperaba la reaccin del penado. sta no tard en manifestarse. El lquido pareci abrasar la garganta del dremora y su cuerpo se convirti en un repentino saco de espasmos. Sus captores le agarraban con fuerza para no dejarle caer. Las convulsiones eran cada vez ms fuertes; le castigaban el organismo de una forma que reconoc. Los Markynaz intentaron inmovilizarle mejor para que el reo pudiera mantener la vista ms o menos fija hacia el frente entre convulsin y convulsin. Shatze dasshahk! Khirl! El Valkynaz me confirm la primera parte de la sentencia. Vislumbr la atrocidad que seguira al silenciamiento del mago. Se le condenaba a una muerte en combate desigual. Dehetz Con esta orden le desposean del bculo que rompieron ante sus ojos. Le humillan antes de acabar con l. No poda moverme. Estaba paralizado y con la vista fija en la vctima. Aunque no me lo poda creer ni yo, empezaba a sentir rabia por lo que le hacan. Senta pena por un enemigo, por un siervo del seor daedra que quemaba nuestras ciudades y enviaba a sus demonios a travs de los portales que infectaban nuestra hermosa tierra. O era compasin por un miembro de una sociedad recin descubierta, por un ser al que acababan de desposeer de toda dignidad? No lograba ordenar mis pensamientos y, ni mucho menos, darles coherencia. Los espasmos se redujeron y una lnea fina de sangre man de la comisura del labio del castigado. El veneno le aturda y le emborronaba la visin. Los Markynaz que le apresaban se pusieron en marcha y le obligaron a caminar a su ritmo. Le llevaban hacia el lugar de su ltimo combate. Las rodillas del Kynmarcher se doblaban y apenas poda articular dos pasos sin caerse. Se habra desplomado en el suelo si no le hubiesen agarrado tan fuerte y si no estuviesen tirando de l. La congregacin les segua encabezada por el prncipe Valkynaz, el nico en lucir una capa larga negra con vetas rojas y un casco coronado con rubes engastados sobre bases circulares de oro. Los pasos metlicos resonaban por la estancia y pens rpidamente en el modo ms discreto posible de seguirles. Maldita sea. Iban hacia abajo. Primero, yo no tendra que estar aqu y, segundo, no debera estar haciendo esto. De acuerdo, estoy desperdiciando recursos para aumentar mi conocimiento sobre la sociedad dremora Era slo eso? Por supuesto que no.

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Tena algo en mente. Era como si Sheogorath, el patrn de la locura, hubiese depositado esa idea en mi cabeza. El dios daedra de la locura estaba presente en mis actos. Quera sacarle de all, evitar que ese ser muriera de aquel modo. Un mago silenciado no era nada. Un mago desposedo de su bculo, an menos. Inspir. Desat una de las costosas pociones de invisibilidad del cinto. Frunc el ceo, pero no tena ms tiempo para reproches. Beb y esper. Me quit el anillo y lo guard en un bolsillo. Las lneas de mis manos, escudo y armadura comenzaron a desdibujarse. Me embarg una ligera sensacin de ahogo y sent un cosquilleo en los dedos. Ya no era visible para nadie. Ni para m mismo. Segu la procesin que descenda apresuradamente por el tnel. Distingu el sonido sordo de las botas que se arrastraban penosamente entre el estruendo de pasos metlicos. Me adher al extremo izquierdo del tnel. La pocin era un verdadero xito. Pasaba al lado de decenas de dremora sin ser detectado. Una pizca de vanidad se apoder de m hasta que volv los ojos hacia el prncipe Valkynaz. Haba detenido la marcha. Uno de los guerreros accion el pesado mecanismo que abri un panel en el extremo del corredor. Nos adentramos en un estadio macabro. Me esforc para frenar la bilis que se empeaba en escalar mi garganta. La visin de los cadveres en descomposicin y el olor que proceda del centro y los lados de la Arena me hizo dar un paso hacia atrs. No quera estar all, pero deba. Dos arqueros lanzaban flechas con fuego a las masas de carne ms voluminosas. Tres magos reducan a polvo los huesos apilados a los lados. Limpiaban el escenario antes de comenzar la funcin. Qu considerados. El plan que se haba gestado en mi cerebro cobr forma cuando vi el muro interior del estadio. Un pequeo muro circular que dejaba una distancia de unos tres palmos y medio respecto a la pared. Localic los agujeros destinados a las canalizaciones, demasiado pequeos para colarnos por ellos Con un hechizo de telequinesia en el momento adecuado quizs tuviera una oportunidad. Arrodillaron al reo ante el Valkynaz y le forzaron a alzar la vista hacia su superior. Los ojos enturbiados por el veneno miraban al infinito, atravesando la materia que le costaba percibir. El Valkynaz se inclin hacia l y extendi las uas afiladas, negras como sus pensamientos. Profiri un sonido similar al siseo de los bfidos y marc dos finas lneas rojas en el rostro del Kynmarcher. Una en cada mejilla. Las sutiles marcas sangraron dbilmente. Era el estigma del condenado a morir en combate, las primeras heridas recibidas por la mano de un representante de su dios. An no haban terminado con la ceremonia. No entenda por qu era tan extensa. El reo deba ser alguien especial, pero no consegua atar cabos. Hice memoria de mi combate con l en la sala del Sigillum Sanguis. El guardin haba cado inconsciente bajo un potente hechizo de parlisis combinado con una descarga de fuego.

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Mi prioridad durante la misin en la fortaleza instalada en las inmediaciones de Skingrad haba sido apoderarme de la llave de la sala principal y tomar la piedra Sigil que daba vida al portal que mantena unido el plano de Oblivion con nuestro mundo. Aquel mago dremora era el guardin de la sala, el poseedor de la llave que sobrevivi a mi ataque Pero un simple Kynmarcher no poda ser el principal responsable de aquella fortaleza porque ese honor les corresponda a los Markynaz de alto rango. A menos que La idea pas fugazmente al pensar en mi propia iniciacin. Los gritos de la multitud me devolvieron a la realidad del estadio. Un Xivilai se abri paso entre los presentes. Llevaba una gran espada claymore de bano con una sola mano y un smbolo metlico en la otra. Deposit el ob