TEODICEA ENSAYOS SOBRE LA BONDAD DE  · TEODICEA 3 PROLOGO Debe ser muy voluminosa la personalidad

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  • T E O D I C E AE N S A Y O S S O B R E L A B O N D A D D E

    D I O S , L A L I B E R T A D D E LH O M B R E Y E L O R I G E N D E L M A L

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    Diego Ruiz
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    PROLOGO

    Debe ser muy voluminosa la personalidad cientfica deGo-dofredo Guillermo, barn de Leibnitz, cuando sus con-temporneos se disputaron la suerte de tenerlo a su lado o degranjearse su amistad, y las diversas escuelas filosficas,posteriores al siglo XVIII, han intentado aproximarlo a sucampo, ya que no encuadrarlo en l. Desde el positivismohasta el escolasticismo, pasando por el racionalismo sistemay racionalismo doctrina y por el desmo, existe una puja enese sentido. Sin ser individualista en el sentido egoltrico delvocablo, Leibnitz forma rancho aparte en la filosofa con-tempornea. Es cierto que sobre l han ejercido ms o me-nos influencia Platn y Aristteles, Descartes y Espinoza,Locke y Hobbes, Tomasio, Scherzer, Weigel, Beirsterfed,Mercator, Pascal, Cavaleri, Hughes y aun el mismo PedroBayle, pues aunque dedica toda su Teodicea a combatir allibrepensador francs, no por eso dej de aprender de lmuchas cosas. Pero el hecho de que hubiere bebido o sehubiere inspirado en tan numerosas y distintas fuentes, capa-ces de volver loco a un espritu menos firme y sagaz que l,

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    no le impidi que a muchos de ellos volviese las espaldas yhasta combatiese certeramente, cuando no se hallaban acor-des con sus tendencias. De todos ellos tom lo que encontrajustado a la verdad, como el sabio arquitecto que, despusde la demolicin de un palacio, va seleccionando los mate-riales adecuados para la monumental construccin que pro-yecta en substitucin de aqul. Esto no quiere decir, empero,que Leibnitz sea eclctico, aunque el serlo puede ser en oca-siones una gloria. El eclctico no tiene nada propio y ademsse propone, ante todo, conciliar doctrinas diversas, pertene-cientes a distintos sistemas, con una idea preconcebida casisiempre de carcter religioso. En este sentido podemos con-siderar eclcticos a Justino y Atengoras, Agustn y Tomsde Aquino; Avicebrn y Maimnides, quienes intentaronconciliar la filosofa, los cuatro primeros con los dogmascristianos y los otros dos con el Judasmo. Leibnitz no sepropuso en primer trmino conciliar en la formacin de susteoras filosfico-cristianas, no obstante las gestiones conci-liatorias, ms polticas que cientficas, que llev a cabo en susltimos tiempos. Apenas salido de la escuela primaria, seencierra en la rica biblioteca de sus antepasados, hombres deciencia y de leyes (de casta le viene al galgo ser rabilargo), yall se le despert el amor (ms propiamente el hambre) a laslenguas clsicas, a las Escrituras y a la filosofa; y sin otromaestro o gua que su portentoso ingenio (Guillermo fue enel estudio de todas las disciplinas autodidacto), pens, pensmucho, rumiando cuanto lea, dndole mil vueltas, pasandolas ideas por la criba, asimilando o eliminando; y delineandoprimero, rellenando despus y adornando por ltimo, form

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    un sistema propio de caractersticas intermedias, alejado, portanto, de todo extremismo. Muy acertado anduvo aquel cl-rigo de Vich, cuando dijo de l: "No hay que buscar en susobras a un discpulo de Descartes ni de otro filsofo cual-quiera; es original en todo. No puede tocar una cuestin sinemitir alguna idea nueva. Este es un hombre extraordinarioen quien el genio rebosa, aun en sus teoras ms extraas."(J. Balmes, Hist. de la Filosofa, cap. LI).

    Entre todos los pensadores de todos los tiempos, nin-guno ejerci sobre Leibnitz mayor influencia que Platn. Lodice l mismo a Locke, comparando su sistema con el deste: "Le sien a plus de rapport a Aristote; et le mien, a Pla-tn." Un ligero examen de las doctrinas leibnitzianas nosconvencer de ello. Aqullas coinciden substancialmente conlas platonianas, aunque no de manera absoluta, pues aun conrelacin a su pensador favorito es Guillermo siempre elmismo, a saber, el hombre independiente de toda tutela au-toritaria, si esa auto-ridad no es razonable. Por eso lo vemosa veces simpatizar con Aristteles y la Escolstica. Qu fuelo que en esas ocasiones le llev a la Escolstica? Su afecto alas ideas tradicionales acerca de Dios, de la religin, de lainmortalidad del alma, de la revelacin, de lo sobrenatural.Educado en un ambiente profundamente religioso y conse-cuente con las ideas que haba recibido de sus progenitores,fue Guillermo un fervoroso protestante, enamorado de laConfessio Augustana, presentada por los prncipes luteranosen la Dieta de Augsburgo (24 junio 1530). De su adhesin alo religioso y sobrenatural dan sobrado testimonio sus es-critos, especialmente su Systema theologicum, su tratado en

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    defensa de la Trinidad y la obra que estamos prologando, enla que el lector encontrar ampliamente desarrolladas lasideas siguientes: Existe perfecta armona entre la verdad y lafe, entre la razn y la revelacin, pues todas ellas procedende Dios, son ddiva preciosa de la Divinidad a los hombres,y, por lo tanto, repugna la contradiccin entre ellas. Los ar-gumentos, dice, contra la doctrina revelada no son sino apa-rentes, se resbalan al chocar contra la firmeza y consistenciade lo revelado. Es preciso distinguir, aade, entre lo quesupera a la razn y lo que es contrario a la razn. Los miste-rios superan, pero no contradicen a la razn. Por este moti-vo nos extraa que un autor de reconocida solvenciacalifique a Leibnitz de hombre "sin principios ni conviccio-nes religiosas", considerndolo por ello inepto para llevar acabo la reconciliacin de las diversas ramas cristianas de quehablaremos ms adelante. Estamos conformes con el PadreLlorca, pues de l se trata (Manual de Historia Eclesistica,N 183), acerca de la ineptitud de Leibnitz para llevar a cabodicha reconciliacin, pues fuera de una gracia tumbativa,como la que se dio a San Pablo, nadie en el mundo, seaquien fuere, ni un Francisco de Ass, ni un Agustn, tipos debondad y de ciencia, respectivamente, hubiera coronado conel xito negociaciones de esa ndole, si han de ser sinceras, yno meramente polticas, como a veces ha ocurrido. Cmorenunciar a una religin que se ha profesado desde la niezde buena fe, para aceptar otra; cuyos dogmas difieren subs-tancialmente? Cun diferente es el concepto que de Leibnitztiene Jaime Balmes! "Sean cuales fueren las dificultades a queestn sujetas las teoras de Leibnitz, procuraba el ilustre fil-

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    sofo soltarlas concilindolas con la libertad de Dios y delhombre; no sera justo atribuirle consecuencias que l recha-zaba; en tal caso debe impugnarse la doctrina, pero respe-tando la intencin del autor. . . Versado en las cienciassagradas hasta el punto de sostener una polmica con elmismo Bossuet. . ., absorbido continuamente en meditacio-nes filosficas y religiosas, buscaba la verdad con un ardorincreble; siendo de notar que, nacido y educado en la reli-gin protestante, supo elevarse sobre las preocupaciones desus correligionarios haciendo justicia al Cato-licsmo en casitodos sus puntos, y escribiendo su famoso Systema theologi-cum que pudiera hacernos dudar de que muriera protestan-te." (Historia de la Filosofa, cap. LI). Aunque su adhesin alo sobrenatural le llev a veces a la Escolstica, difiere de lasteoras de ella en numerosas cuestiones de importancia. Bus-c la conciliacin de lo sobrenatural con la razn por otroscaminos de los que segua la Escolstica tomista. Esto expli-ca que en varios lugares de la Teodicea se lean frases comoestas: "Luego que logr emanciparme de la trivial filosofa dela Escuela, me apliqu a los modernos y todava recuerdoque a los quince aos sola pasear sin compaa por un pe-queo bosque cercano a Leipzig, que llaman Rosental, y dis-cuta conmigo mismo si deba mantener o no las formassubstanciales. La solucin mecanicista llev al cabo la victo-ria." Dice en otro lugar que le da lstima de los Escolsticosa causa de la teora de stos sobre las formas substanciales, yque se enredan muchas veces en sus sutilezas, y toman lapaja de los trminos por el grano de las cosas. Concibenalguna nocin quimrica de la que se figuran sacar alguna

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    utilidad, y procuran sostenerla valindose de argucias." Noobstante, dice de Santo Toms "que acostumbra a marcharcon pulso, y el sutil Escoto, al buscar ocasiones de contrade-cirle, obscurece muchas veces las cosas, en vez de aclararlas."Es muy ilustrativo el prrafo que dedica a la historia del pro-blema de la conciliacin de la razn y la fe. "La cuestin dela conformidad de la razn y de la fe ha sido siempre unproblema. En la Iglesia primitiva los autores cristianos msilustres se amoldaron a los pensamientos de los platonianos,que era con los que ms simpatizaban y los que entoncesestaban ms en boga. Poco a poco Aristteles fue reempla-zando a Platn y cuando comenz a desarrollarse el gustopor los sistemas y cuando la teologa misma se hizo mssistemtica por virtud de las decisiones de los concilios gene-rales que suministraban formularios precisos y positivos, SanAgustn, Cassiodoro y Boecio en Occidente, y San Juan Da-masceno en Oriente, contribuyeron en primer trmino a dara la teologa forma cientfica, prescindiendo de Beda, Alcui-no, San Anselmo y algunos otros telogos versados en filo-sofa; hasta que vinieron por fin los escolsticos, y dandoocasin el ocio de los claustros a las especulaciones, auxilia-das por la filosofa de Aristteles traducida del rabe, acabpor formarse un compuesto de teologa y filosofa, cuyascuestiones procedan en su mayor parte del deseo de conci-liar la fe con la r