Durrell Gerald - La Excursion

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    05-Dec-2014

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Gerald Durrell La excursin

La excursin Gerald Durrell, 1979 Traduccin de Juan Antonio Santos Ttulo original: The picnic Ediciones Alfaguara, S.A. ISBN 842043910X

NDICELa entrada................................................................................................................................5 El viaje inaugural..................................................................................................................35 La excursin..........................................................................................................................53 Nota final...............................................................................................................................70 Bibliografa parcial................................................................................................................71 Contraportada........................................................................................................................72

Este libro est dedicado a mi hermana Margo, que me ha permitido, con muy buen humor, satirizarla en lengua impresa.Con cario.

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La entradaMis amigos Paul y Marjorie Glenham son ambos artistas fracasados, o quiz, para decirlo deun modo ms caritativo, ninguno de los dos tiene xito. Pero disfrutan de su fracaso ms de lo que la mayora de los artistas de xito disfrutan del mismo. Eso es lo que les hace tan buenos compaeros, y una de las razones por las que siempre voy a verles y me quedo con ellos cuando estoy en Francia. Su laberntica granja de Provenza se hallaba siempre en un estado de caos, con sacos de patatas, montones de hierbas secas, platos de ajos y bosques de maz seco codendose con pilas de los ms horribles leos y acuarelas a medio terminar, perpetrados por Marjorie, y extraas esculturas del Neanderthal, obra de Paul. Por este revoltijo de mercado se paseaban gatos de todas las tonalidades y manchas y un ro de canes, desde un perro lobo irlands del tamao de un pony hasta un viejo bulldog ingls que haca ruidos como la Rocket de Stephenson. Alrededor de las paredes, alojada en vistosas jaulas, estaba la coleccin de canarios Roller de Marjorie, que cantaban con incansable vigor a cualquier hora del da, haciendo as difcil la conversacin. Era una atmsfera clida, amistosa y cacofnica, y a m me encantaba. Cuando llegu, a la cada de la noche, llevaba largo rato conduciendo y estaba cansado, situacin que Paul se dispuso a remediar por medio de un coac caliente con limn de proporciones hercleas. Me alegr de haber llegado, pues durante la ltima media hora una tormenta estival haba avanzado pesadamente por el paisaje como un gran manto negro, y los truenos retumbaban entre los peascos como un milln de rocas precipitndose por una escalera de madera. Acababa de alcanzar la seguridad de la clida y ruidosa cocina, perfumada con los apetitosos olores de los guisos de Marjorie, cuando empez a llover a cntaros. El ruido de la lluvia sobre el tejado de tejas, mezclado con el de los imponentes truenos que hacan temblar hasta la slida casa de piedra, despert el espritu competitivo de los canarios, y todos rompieron a cantar simultneamente. Era la tormenta ms ruidosa que haba visto en mi vida. Otro vasito, muchacho? pregunt Paul con aire optimista. No, no! grit Marjorie por encima de los gorjeantes cantos de los pjaros y el rugido de la lluvia. La comida est lista y se estropear si os hacis esperar. Tomad vino. Ven y sintate, querido Gerry. Vino, vino, eso es. Tengo algo especial para ti, muchacho dijo Paul, y se dirigi a la bodega para reaparecer un momento despus con los brazos llenos de botellas, que deposit reverentemente sobre la mesa cerca de m. He descubierto un Gigondas especial. Te aseguro que es sangre de brontosaurio, querido amigo, puro jugo de monstruo prehistrico. Ir bien con las trufas y la gallina de Guinea que ha preparado Marjorie. Descorch una botella y escanci el vino rojo vivo en una copa generosamente grande. Tena razn. El vino se deslizaba en tu boca como ter ciopelo rojo y luego, cuando alcanzaba la parte trasera de la lengua, estallaba como fuego de artificio en las clulas del cerebro. Bueno, eh? dijo Paul, observando mi expresin. Lo encontr en una pequea cave cerca de Carpentras. Era un da de calor abrasador, y la cave estaba tan, fresca y agradable que antes de darme cuenta de lo que haca me beb dos botellas. Desde luego es un vino seductor. Naturalmente, cuando volv a salir al sol el muy maldito me golpe como un martillo piln. Tuvo que conducir Marjorie. Me dio tanta vergenza dijo Marjorie, poniendo ante m una trufa negra del tamao de un 5

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melocotn recubierta de una capa frgil, ligera co mo una pluma, de crujiente pasta parda. Pag el vino y luego se inclin hacia el patrn y cay de bruces. El patrn y sus hijos tuvieron que llevarle en volandas al coche. Fue repulsivo. Tonteras dijo Paul, el patrn qued encantado. Dio a su vino el espaldarazo que precisaba. Eso es lo que t te crees dijo Marjorie. Empieza ya, Gerry, antes de que se te enfre. Cort la esfera de pasta dorada que tena delante y liber el perfume de la trufa, semejante al delicioso aroma de un bosque hmedo en otoo, un milln de olores frondosos y terrosos agrupados en uno: Con el Gigondas como acompaamiento, prometa ser una comida para dioses. Guardamos silencio mientras atacbamos nuestras respectivas trufas y escuchbamos el ruido de la lluvia contra el tejado, el rugido de los truenos y el canto casi apopltico de los canarios. El bulldog, que sin razn aparente se haba enamorado sbita y profundamente de m, estaba sentado junto a mi silla y me observaba fijamente con sus ojos saltones y castaos, jadeando y resollando de modo apacible. Magnfico, Marjorie dije mientras el ltimo fragmento de pasta se disolva como un copo de nieve en mi lengua. No s por qu no abrs un restaurante t y Paul: con tu mano para la cocina y el gusto de Paul en la eleccin de vinos no tardarais nada en tener tres estrellas en la gua Michelira,: Gracias, querido dijo Marjorie sorbiendo su vino, pero prefiero cocinar para un pequeo pblico de gourmets a hacerlo para un gran pblico de gourmands. Tienes razn, no se puede negar convino Paul, sirviendo vino en nuestros vasos con alegre abandono. El sbito y prolongado estampido de un trueno, justo encima de nuestras cabezas, impidi la conversacin durante un largo minuto, y fue tan violento y prolongado que hasta los canarios guardaron silencio, intimidados por el ruido. Cuando termin, Marjorie seal con el tenedor a su marido. No te olvides de dar a Gerry tu chisme Chisme? pregunt Paul sin comprender. Qu chisme? Ya sabes dijo Marjorie de modo impaciente, tu chisme... tu manuscrito... Es precisamente el tipo de noche idneo para que lo lea. Oh, el manuscrito... s dijo Paul con entusiasmo. La noche perfecta para que lo lea. Me niego protest. Vuestros cuadros y esculturas son ya suficientemente malos. Que me ahorquen si encima leo vuestros esfuerzos literarios. Mal bicho dijo Marjorie con buen humor.. De todas formas no lo ha escrito Paul, sino otra persona. No creo que merezca leerlo despus de esos comentarios despreciativos sobre mi arte dijp. Paul. Es demasiado bueno para l. Qu es? pregunt. Es un manuscrito muy curioso que encontr... empez Paul, pero Marjorie le interrumpi. No le hables de ello, djale leerlo dijo. Podra decir que a m me produjo pesadillas. Mientras Marjorie serva porciones de gallina de Guinea envuelta en un aroma casi tangible de hierbas y ajo, Paul se dirigi a un rincn de la cocina en el que se alzaba un tambaleante montculo de libros, como una especie de castillo en ruinas, entre dos sacos de patatas y un gran tonel de vino,. Anduvo revolviendo durante un rato y luego apareci triunfalmente con un grueso cuaderno rojo, muy deteriorado por el uso, y lo puso sobre la mesa. Aqu est! dijo can satisfaccin. Nada ms leerlo pens en ti. La encontr entre un montn de libros que compr cuando vendieron la biblioteca del viejo Doctor Lepitre, en tiempos mdico de la crcel de Marsella. No s si ser una broma o qu. Abr el cuaderno y en el interior de la cubierta encontr un ex libris en negro, tres cipreses y 6

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un reloj de arena bajo el cual estaba escrito en letras gticas Ex Libras Lepitre. Hoje sus pginas y descubr que el manuscrito estaba redactado con una letra regular, de las ms hermosas y elegantes que he visto, y la tinta se haba desteido hasta adquirir un colar pardo mohoso. Deseara haber esperado a que se hiciera de da para leerlo dijo Marjorie con un estremecimiento. Qu es? Una historia de fantasmas? pregunt con curiosidad. No dijo Paul con aire de duda, al menos no exactamente. Por desgracia el viejo Lepitre est muerto, de modo que no podra averiguar nada al respecto. Es una historia muy curiosa. Nada ms leerla me acord de ti, pues conozco tu inters por lo oculto y las cosas que suceden de noche. Lelo y dime qu te parece. Si quieres puedes quedarte con el manuscrito. En cualquier caso puede que te divierta. Yo no lo llamara divertido dijo Marjorie. Cualquier cosa menos divertido. Creo que es horrendo. Horas despus, lleno de buena comida y Vino, cog la enorme lmpara dorada de aceite, limpiada con esmero, y a su dulce luz de un amarillo narciso me encamin escaleras arriba hacia la habitacin de los huspedes, donde me aguardaba un lecho de plumas del tamao de una puerta de granero. Me haba seguido el bulldog, que me observ entre jadeos mientras me desnudaba y me acostaba. Ahora, tumbado junto a la cama, me miraba de modo conmovedor. Segua arreciando la tormenta, y el retumbo de los truenos era casi continuo, mientras que el deslumbrante fogonazo de los relmpagos iluminaba a intervalos la habitacin. Regul la mecha de la lmpara, me la acerqu, cog el cuaderno rojo y me acomod contra las almohadas para leer. El manuscrito comenzaba sin prembulo. 16 de marzo de 1901. Marsella. Tengo toda la noche por delante, y como s que no podr dormir a pesar de mi resolucin, he pensado en escribir con detalle lo que acaba de sucederme. Me temo que no por ello resultar ms creble, pero har pasar el tiempo hasta que llegue la aurora, y con ella mi liberacin. En primer lugar, debo explicar algo sobre m mismo y mi relacin con Gideon de Teildras Villeray, para que el lector (si es que llega a haber alguno) entienda cmo llegu a verme en el corazn de Francia en mitad del invierno. Soy librero anticuario, y puedo decir con toda modestia que estoy en la cumbre de mi profesin. O quiz sera ms exacto decir que estaba en la cumbre de mi profesin. Uno de mis colegas libreros lleg a describirme espero que con nimo ms ligero que celoso como un sabueso literario, descripcin que supongo me cuadra a su divertida manera. Cien bibliotecas o ms han pasado por mis manos, y he sido responsable de algunos hallazgos importantes; por ejemplo, el del manuscrito original de Gottenstein; el de la rara Biblia ilustrada "Conrad", tan hermosa segn algunos como el Libro de Kells; el de cinco poemas inditos de Blake, que rescat de un saldo provinciano nada prometedor en los Midlands; y de muchos descubrimientos menores pero no menos satisfactorios, como el de la primera edicin firmada de Alicia en el Pas de las Maravillas , que encontr en un bal lleno de libros y juguetes rotos en el cuarto de los nios de la casa de un prroco de Shropshire, y un ejemplar de regalo de los Sonetos del portugus, firmado y con una estrofa de seis versos escrita al alimn en la hoja de guarda por Robert y Elizabeth Browning. La facultad de descubrir tales cosas en lugares improbables resulta bastante parecida a la del zahor: o se nace con ella o no se tiene. No es algo que pueda adquirirse, aunque desde luego es posible, por medio de la experiencia, agudizar las percepciones y hacer ms penetrante la mirada. Dedico adems mi tiempo libre a catalogar algunas de las ms pequeas e importantes bibliotecas, pues simplemente estar entre libros me, procura un placer enorme. El silencio de una biblioteca, el olor y el tacto de los libros son para m como el sabor y la textura de la comida para un gourmet. Acaso parezca fantstico, pero cuando estoy en una biblioteca puedo or en torno a m una mirada de voces, como si estuviera en medio de un vasto coro, un coro de sabidura y belleza. 7

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Naturalmente, debido a mi trabajo, fue en Sothebys donde conoc a Gideon. Haba encontrado en una casa de Sussex una pequea pero interesante coleccin de primeras ediciones, y como tena curiosidad por saber qu cotizacin alcanzaran, asist a la subasta. Mientras se sucedan las ofertas tuve la incmoda sensacin de ser observado. Ech una mirada a mi alrededor, pero no pude ver a nadie cuya atencin no estuviera puesta en el subastador. Sin embargo, a medida que avanzaba la subasta me sent cada vez ms incmodo. Quiz sea una palabra demasiado fuerte, pero acab convencido de que era objeto de un intenso escrutinio. Al fin el gento de la sala se movi ligeramente y vi quin era. Era un hombre de estatura media con rostro apuesto pero un tanto mofletudo, ojos oscuros penetrantes y muy grandes, y pelo negro y rizado que llevaba bastante largo. Iba vestido con un abrigo oscuro de buen corte, con cuello de astracn, y en sus manos elegantemente enguantadas llevaba el catlogo de la subasta y un sombrero de terciopelo oscuro y ala ancha. Tena sus brillantes ojos agitanados clavados con fuerza en m, pero cuando se dio cuenta de que le observaba su mirada perdi intensidad, y me dirigi una plida sonrisa y una leve inclinacin de cabeza, como para reconocer que le haba sorprendido examinndome de un modo tan vulgar. Luego se volvi, se abri paso entre la gente que le rodeaba y pronto le perd de vista. No s por qu, pero el intenso escrutinio de este extrao me desconcert hasta tal punto que apenas atend al resto de la subasta, excepto para fijarme en que el lote que haba aportado alcanz una puja ms elevada de lo que haba previsto. Una vez acabada la subasta, me abr paso a travs del gento y sal a la calle. Era un da fro y desapacible de febrero, con ese desagradable olor ahumado en el aire que augura niebla y te pone spero el fondo de la gar ganta. Dado que pareca tan destemplado como si fuera a empezar a lloviznar, tom un coche: Poseo una de esas casas altas y estrechas en Smith Street, al lado de Kings Road. La hered de mi madre y me viene muy bien. No est en una zona elegante de la ciudad, pero es suficientemente grande para un soltero como yo y sus libros, pues a lo largo de los aos he ido formando una biblioteca pequea pero sumamente escogida sobre las diversas materias que me interesan: arte hind, sobre todo miniaturas; algunas de las primeras Historias Naturales; una coleccin restringida pero bastante rara de libros sobre ciencias ocultas; cierta cantidad de volmenes sobre plantas y grandes jardines, y una buena coleccin de primeras ediciones de novelistas contemporneos. Mi casa est amueblada de modo sencillo, pero resulta cmoda; aunque no soy rico...