LA FORMACI“N CIUDADANA EN LA FORMACI“N CIUDADANA EN BIBLIOTECONOMA Y DOCUMENTACI“N: ESPA‘A Y EL

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    LA FORMACIN CIUDADANA EN BIBLIOTECONOMA Y DOCUMENTACIN: ESPAA Y EL ESPACIO EUROPEO DE

    EDUCACIN SUPERIOR*

    Pedro Lpez Lpez**

    En: Gimeno Perell, Javier; Lpez Lpez, Pedro y Morillo Calero, M Jess, De volcanes llena: biblioteca y compromiso social. Gijn: Trea, 2007, pp. 445-488

    Cuando reflexionemos sobre nuestro siglo XX, no nos

    parecer lo ms grave los crmenes de los malvados,

    sino el escandaloso silencio de las buenas personas. Martin Luther King

    Existen dos superpotencias en el mundo;

    una es Estados Unidos, la otra eres t

    [Palabras pronunciadas por Jos Saramago en la manifestacin de Madrid contra la guerra

    de Iraq, el 15 de febrero de 2003]

    1. Introduccin

    La condicin de ciudadanos es el mayor logro de la civilizacin moderna, en palabras de Salvador Giner (2004, p. 145). Cualquier otro logro, segn este autor, tiene su fundamento moral y jurdico en la entronizacin de la ciudadana como principio. La condicin ciudadana est ligada contemporneamente a la idea de democracia. Hoy da, las sociedades democracticas pueden caracterizarse por cuatro notas fundamentales: el imperio de la ley, la representacin parlamentaria, el compromiso con la proteccin de los derechos humanos y la existencia de una ciudadana proactiva.

    Merece la pena considerar detenidamente esta ltima nota. Las sociedades

    democrticas necesitan ciudadanos, no pueden reducirse a unas declaraciones formales, un organigrama jerrquico, o unos procedimientos rutinarios y

    ceremoniales (democracias procedimentales), sino que han de contener unas relaciones vivas capaces de poner en activo los valores de cada grupo que las

    compone (Rodrguez-Villasante, 2004, p. 95). Una democracia formada por una masa amorfa de consumidores compulsivos que aceptan acrticamente un modelo comunicativo (especialmente en lo que se refiere a la televisin) y de consumo absolutamente alienantes, que no participan en la colectividad, que son indiferentes a la injusticia social, es solamente la cscara de una democracia. Algunos autores (v.gr., Robert Entman) hablan de la tendencia hacia una democracia sin ciudadanos. La

    * En parte, este captulo se debe al trabajo realizado por el autor para el desarrollo del proyecto de investigacin titulado La educacin en valores democrticos y el Espacio Europeo de Educacin Superior. Estrategias docentes en Biblioteconoma y Documentacin, financiado por la Universidad Complutense de Madrid en el marco de la convocatoria de Proyectos de Innovacin y Mejora de la Calidad Docente. ** El autor expresa su agradecimiento a Inmaculada Vellosillo, Irene Martn y Felipe Meneses, que han tenido la amabilidad de leerse este captulo antes de su publicacin y cuyos comentarios han sido de gran utilidad.

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    democracia se protege fortaleciendo la ciudadana, y esto slo o principalmente- puede hacerse a travs de la educacin. Pero no sirve cualquier tipo de educacin. Conseguir un alto nivel cultural no protege contra la barbarie, como demostr la Alemania de los aos treinta y cuarenta, el pas ms adelantado de su poca, tanto cultural como cientfica y tecnolgicamente. El nazismo, barbarie en estado puro, tuvo dirigentes con exquisito nivel cultural. Podemos decir, con Voltaire, que la civilizacin no suprime la barbarie, sino que la perfecciona. Como deca Soledad Gallego-Daz en una columna publicada en el diario El Pas (21-1-05)

    Desde entonces, como escribi George Steiner, sabemos que los hombres pueden leer a

    Goethe o a Rilke por la tarde, interpretar a Bach y a Schubert por la noche, e ir a la

    maana siguiente a su trabajo diario en un campo de concentracin. La cultura, toda la

    cultura europea, no fue capaz de protegernos de la barbarie y desde entonces todos

    sabemos tambin que, como escribi otro sabio alemn, T.W. Adorno, la nica cultura

    verdadera es la que alienta la crtica, la que alimenta la ciudadana, la capacidad de

    resistencia frente a la inhumanidad y sus dogmas... Desde Auschwitz todos deberamos

    saber que lo que importa es mantener engrasados los mecanismos que permiten el libre

    conocimiento de los hechos frente a la propaganda... El conocimiento de los hechos y la

    capacidad crtica son los diques de la barbarie.

    Han pasado algunas dcadas desde el nazismo, pero la democracia no est tan protegida como solemos creer. El retroceso de los derechos humanos en los ltimos aos est siendo palpable, tanto en los derechos civiles y polticos, con un modelo de lucha contra el terrorismo que en realidad lo est alimentando1 y que justifica el recorte de estos derechos para todos, como en los derechos sociales, con un modelo de globalizacin sustentado por una ideologa antisocial que justifica su desaparicin.

    El nazismo represent un modelo paradigmtico de barbarie, pero las masacres y los crmenes contra la humanidad no han cesado desde entonces. Y todos aquellos que participan en crmenes contra la humanidad muestran su falta de civismo acudiendo a dos argumentos: o bien cumplen rdenes, o bien se consideran profesionales que no tienen por qu plantearse dilemas ticos. En la Segunda Guerra Mundial se lanz la primera bomba nuclear de la historia sobre poblacin civil en Hiroshima. El piloto que la lanz no mostr posteriormente el menor remordimiento; por el contrario, se jactaba de su accin, reivindicando su brillante ejecucin tcnica y, por tanto, su profesionalidad. En Vietnam, la matanza ms conocida, en la que un pelotn estadounidense asesin a sangre fra a casi todos los habitantes de la aldea de May Lai, provoc un gran escndalo en Estados Unidos. En el juicio por estos hechos, el oficial al mando, William Calley, declar cnicamente que no haba ido a la guerra a usar el sentido comn, sino a cumplir rdenes (Bilbeny, 1993). Y no hace tanto (2005), un tribunal estadounidense condenaba a diez aos de prisin al sargento Charles Graner, responsable de la crcel de Abu Ghraib (Afganistn), en la que se practicaban torturas sistemticamente, algunas de cuyas aberrantes imgenes dieron la vuelta al mundo. 1 Y no como puede creerse ingenuamente- como efecto colateral o secundario, sino como efecto buscado para justificar intervenciones blicas deseadas; bien para conseguir lo que se llama la profeca autocumplida, en este caso con las tesis de Hungtington; bien para conseguir un escenario blico que permita llevar a cabo planes geoestratgicos que no podran desarrollarse en un escenario de paz. Sobre el ataque de Israel a Lbano en julio de 2006, as como sobre otras acciones contempladas en Oriente Medio por Estados Unidos y perpetradas bajo la coartada de la lucha contra el terrorismo, existe una extensa bibliografa, pero como botn de muestra, vanse los excelentes artculos de Thierry Meyssan, Los neoconservadores y la poltica del caos constructor (http://www.voltairenet.org/article142563.html), y de Michel Chossudovsky, La guerra del Lbano y la batalla por el Petrleo (http://www.rodolfowalsh.org/spip.php?article2195).

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    Parece ser que cuando conoci su sentencia declar sentirse fantstico; al parecer se senta un profesional que cumpla rdenes y tampoco daba seales de arrepentimiento.

    Recientemente, la excelente y estremecedora- pelcula documental La Pesadilla de Darwin (dirigida por Hubert Sauper) mostr cmo funcionan los negocios de los pases del primer mundo con el tercero. En ella, aparece un grupo de pilotos rusos que vuelan hasta Tanzania para importar a Europa quinientas toneladas diarias de perca, un pez que, primando las razones comerciales, ha destruido la fauna del lago Victoria. Los vuelos de ida son aprovechados para llevar a frica cargamentos ilegales de armas con las que seguir alimentando conflictos blicos en la zona. Los pilotos se definen como "profesionales", as que no estn en lo ms mnimo interesados en cul es la carga que llevan hacia frica, ya que no les interesa "la poltica", dicen.

    En su obra El idiota moral: la banalidad del mal en el siglo XX2, Bilbeny reflexiona sobre un nuevo tipo de maldad no visible en siglos anteriores, en los que el mal poda de ser de tres tipos: pasional, satnico y mesinico. A partir del siglo XX, el nuevo tipo de malo es el idiota moral, protagonista de un mal banal que excluye la culpabilizacin y el pensamiento. Un mal ms siniestro por menos perverso, dice Bilbeny, precisamente por ser el nico en que no existe deliberacin ni intencionalidad por parte del sujeto que lo lleva a trmino, aunque este sujeto sea inteligente. En el diario El Pas de 8 de agosto de 2006 pudo leerse un reportaje que informaba sobre el juicio que un tribunal militar llevaba a cabo en Bagdad contra varios soldados de Estados Unidos que violaron a una nia iraqu de catorce aos y a continuacin la mataron junto a su familia. El hecho es de por s monstruoso, pero todava ms monstruosa, si cabe, es la falta de arrepentimiento de estos sujetos y la actitud con la que encararon el juicio, lo que constituye una autntica muestra de la banalidad del mal de la que habla Bilbeny. Durante dicho juicio, podemos leer en la prensa, el capitn Jimmie Culp, abogado de la defensa, haca globos con su chicle ayer en Bagdad

    mientras Yribe [uno de los sujetos inculpados] chupaba una piruleta. Seguramente, estos sujetos se consideran buenos profesionales, pero espeluzna leer el relato. Con toda tranquilidad, despus del asesinato, el soldado Barker, uno de los participantes, se puso a asar alas de pollo, segn constaba en sus declaraciones. Qu formacin tica han podido recibir estos individuos, que no parecen tener conflictos morales?

    Tampoco hay que olvidar que estos sujetos monstruosos moralmente cuentan con la complicidad de otros que esquivan los conflictos morales con diversas coartadas psicolgicas. Dest