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La teatralidad como estructura híbrida en la con todas sus connotaciones posibles, y lo comercial. Nuestro objeto de análisis se conecta con la búsqueda de constantes en la poética

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    el domingo 11 de mayo del 2003, con motivo de la celebracin de un nuevo cumpleaos de An-drs Prez (1951-2002), se realizaron una serie de manifestaciones artsticas para conmemorar a quien ha sido considerado uno de los directores teatrales de mayor significacin dentro del teatro chileno. De alguna forma, el fervor popular que se vivi durante algunas horas por las calles de Santiago de Chile, no fue ms que una especie de segunda parte del manifestado con ocasin de su fallecimiento en el mes de enero del ao 2002. Entonces, ms all de estos hechos puntuales y del reconocimiento tanto de sus pares como del pblico en general, queda en evidencia que las propuestas teatrales de Andrs Prez han abierto un slido camino en el contexto de un teatro, el chileno, que se ha debatido en los ltimos tiempos entre lo meramente experi-mental, con todas sus connotaciones posibles, y lo comercial.

    Nuestro objeto de anlisis se conecta con la bsqueda de constantes en la potica direccional de Andrs Prez que den cuenta, por un lado, de los elementos estructurantes en sus puestas en escena, y por otro, en funcin de lo anterior, de los motivos que han llevado al espectador chileno a ser un fiel testigo de estas propuestas. Para tales efectos, nos centraremos en tres de sus producciones: La Negra Ester, El desquite y La huida, las cuales nos permi-ten reconocer, entre otros componentes, la teatrali-dad como estructura hbrida. En las dos primeras, la hibridez se manifiesta en la utilizacin y puesta en escena de signos folclricos y populares, en el

    La teatralidad como estructura hbrida en la propuesta escnica de

    Andrs Prez

    Eduardo Guerrero del Ro

    tipo de actuacin, a la que llamaremos caracteri-zacin, y en el maquillaje utilizado como mscara. En la ltima de las producciones, la integracin y utilizacin de elementos mediales y el tema central de la dramaturgia nos llevar a proponerlo como el ms postmoderno de estos montajes. Desde una perspectiva sincrnica, las tres obras mencionadas estn contextualizadas en perodos poltica y so-cialmente claramente delimitados en nuestro pas y, ms que nada, en el ideario esttico de Prez. Tam-bin, no deja de ser sintomtico que las tres nos co-necten con la dcada de los veinte, permitindonos hablar de una obra inicitica, de la consolidacin como director y del testimonio de vida como testa-mento final, respectivamente.

    Para comprender el surgimiento de un es-pectculo como el de La Negra Ester, es necesa-rio efectuar ciertas puntualizaciones que se vincu-lan con los inicios teatrales de Andrs Prez, en lo fundamental, relacionadas con su experiencia en el teatro callejero y, sobre todo, en lo que sig-nificaron esos seis aos en que estuvo trabajando en el Thtre du Soleil, junto a Ariane Mnouchki-ne. En relacin con lo primero, en 1983, funda la Compaa Teatro Callejero, dirigiendo obras como Bienaventuranzas, Amerindia, El ciclo burgus y en donde, entre otros, participan como actores Rosa Ramrez, Aldo Parodi, trabajo callejero al cual se integrarn posteriormente Mara Izquier-do, Willy Semler, todos los cuales conformarn el primer elenco de La Negra Ester. Es as como esta experiencia en la calle, en un perodo en que ha-

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    cer teatro callejero y ms an hacer teatro en Chi-le era una actividad peligrosa por decir lo menos, posee un sinfn de elementos que son un valioso antecedente para acercarse con mayor propiedad a su trabajo con el Gran Circo Teatro. stos tienen relacin tanto con la modalidad especfica de ese tipo de espectculos como con lo que significa des-de la perspectiva del pblico asistente. Por ejem-plo, la ocupacin de espacios abiertos (amplitud), la preeminencia de lo festivo, lo meramente circense, la destreza corporal, el empleo de la mscara, lo po-pular y, sobre todo, una implcita concepcin de una mltiple teatralidad. Incluso, hacia fines de los aos setenta, Andrs Prez escribi una obra infantil en donde ya estaba presente el circo, llamada El cir-co diferente, en cuyo montaje participaron algunos de sus compaeros de curso, como el mencionado Aldo Parodi y, adems, Alfredo Castro y Patricio Stravosky.

    En relacin con lo segundo, en una entrevista que le realic a Andrs Prez en el ao 2001, seal que mi primer posgrado fue el teatro callejero. El ms-ter, entonces, fue estar con el Thtre du Soleil. Pri-mero que nada, esta vinculacin hizo que todas las intuiciones que posea, se confirmaran1. En todo caso, en lo especfico, esta experiencia en Francia como toda experiencia de vida en el extranje-ro (vale tambin esto para el aporte a mediados de los ochenta de Ramn Griffero al volver de Bruse-las) trajo consigo la incorporacin en su propues-ta escnica de la Comedia del Arte, de las tcnicas orientales, del Kathakali, del trabajo del maquillaje (concepto de mscara), entre otros elementos. De este modo, la actuacin de tipo realista que se vena dando en nuestro pas (herencia de la creacin de los teatros universitarios), se ve afectada por una nue-va concepcin del cuerpo, de la voz y del gesto, que se relaciona fundamentalmente con la Comedia del Arte. De las tcnicas orientales, Prez extrajo el mis-ticismo en lo que concierne a la preparacin actoral (no por casualidad era considerado por sus discpu-los como una especie de gur), a lo que se agregaba un exhaustivo trabajo corporal en lo acrobtico.

    Algunas consideraciones sobre cultura, fol-clore y lo popular

    A partir de los postulados de Lvi-Strauss (1987) y Lotman (1979), se puede establecer que cultura es lenguaje y que signo y signicidad fijan el lugar que la cultura ocupar en el universo se-

    mitico. As, al hablar de cultura, nos referiremos a modos de vida, conductas y comportamientos relacionados con signos, los que permanecen o cambian en el tiempo2. Un ejemplo de esto puede establecerse al analizar, bajo la luz de esta poca de hipertecnologizacin, masificacin de los instru-mentos tecnolgicos y rpido acceso a las comu-nicaciones, los conceptos popular y folclore. Propondremos que el folclore es un subconjunto de lo popular, diferencindose del segundo porque los signos que lo configuran han permanecido en el tiempo, arraigndose en la historia de los pueblos y constituyendo tradicin. Lo popular, por su parte, ha tenido y tiene un carcter ms efmero, sin lle-gar a constituirse en un elemento distintivo de una idiosincrasia determinada. En la actualidad, puede relacionarse lo popular con el trmino moda (Li-povetsky 1990), la que como forma de produccin y de difusin se corresponde con el concepto de aldea global.

    En Latinoamrica, el proceso de formacin del folclore surge en la poca colonial, perodo que se caracteriza por el arraigue paulatino de la cultura espaola, por el exterminio de las etnias primige-nias y sus manifestaciones culturales y por la con-figuracin de sociedades-colonias, eminentemente mestizas, heredad del perodo de conquista3. Por esto, en un estado inicial, el folclore latinoamerica-no, y en especial el chileno por ser nuestro suje-to de estudio como una de las caractersticas en la teatralidad de Andrs Prez, se corresponde con la hibridez cultural de la Espaa colonialista, la que en procesos posteriores de asimilacin y correspon-dencia con el medio (influencia de las etnias) ad-quiere rasgos localistas (una hibridez ms propia).

    La Negra Ester (1988): formacin de un co-lectivo

    En una primera instancia, el poema original de La Negra Ester haba sido trabajado por el actor y director Willy Semler para montarlo en la calle. Pero al tiempo, ste le entrega el texto a Andrs Prez, quien lo adapta para el teatro, a partir de tres elementos fundamentales, como lo menciona el propio Prez: la transmisin de los personajes, la emocin y la mscara (Guerrero: 2003). La Ne-gra Ester (dcimas espinelas, de Roberto Parra) debe considerarse como uno de los espectculos ms significativos del teatro chileno de los ltimos tiempos, pues le inyect vitalidad a nuestra escena.

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    Fue una obra ms que taquillera; por eso, cuando en diciembre de 1988 se estren en la localidad de Puente Alto (Plaza OHiggins)4, nadie sospech ni el propio Andrs Prez las resonancias no slo teatrales o artsticas, sino que fundamentalmente sociales que iba a tener la mencionada represen-tacin. Despus, al poco tiempo, durante los meses de enero y febrero de 1989, en pleno perodo ve-raniego, el cerro Santa Luca de Santiago fue es-cenario de una efervescencia pocas veces vista en torno a eventos culturales. Las giras a provincias, las invitaciones a certmenes teatrales de carcter internacional, las continuas reposiciones a lo largo de los aos, van configurando una situacin que re-basa la tpica relacin espectador/obra, pues, inclu-so, desde mucho antes de cada una de las funciones se crea una atmsfera que tiene mucho de magia, de poesa, de fiesta popular.

    La historia de los amores de Roberto Parra con la negra Ester, aquella prostituta del puerto de San Antonio (localidad a unos cien kilmetros de San-tiago), es en realidad un mero pretexto para que los actores den rienda suelta, con gran rigor y discipli-na, a una creatividad desbordante, apoyada por los mltiples lenguajes escnicos. En esencia, La Ne-gra Ester es un homenaje: a la poesa, al teatro, a la vida. Es la metfora que hace soar y suspirar; es la metfora de la palabra y el silencio.

    Lo anterior merece ms de una consideracin, tanto desde un mbito extrnseco como desde uno intrnseco. En ese ao de 1988, dos meses antes del estreno del espectculo, especficamente el 5 de oc-tubre, el pueblo chileno le dijo NO a la dictadura en forma rotunda, en un plebiscito convocado por el dictador con el propsito de afianzarse an ms en el poder. De este modo, estamos hablando de un pas que est saliendo lentamente del rgimen dictatorial5. Es un perodo en que, considerando la presencia de otros grupos que han dado que hablar en el tiempo, recin los teatristas estn despertan-do del letargo creativo: La Troppa ha estrenado e

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